sábado, 27 de junio de 2026

Cuanto más lejos, mejor

Si algo demostró el debate parlamentario del martes veinticuatro de junio de 2026, es que la izquierda que no se aleje de la pasividad negacionista del PSOE está condenada a compartir el deterioro de su peso político en el sistema bipartidista del 78. Cuanto más lejos del cerco al que está siendo sometido el partido pilar de la monarquía parlamentaria mejor. El principal baluarte del sistema que mantiene incrustado en la estructura del estado, en los medios de comunicación, en la judicatura, en el alto funcionariado, en las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y en el ejército el legado monárquico franquista está siendo dinamitado a las bravas y a cielo abierto por los poderes fácticos que consideran que en estos tiempos no tiene ninguna función de utilidad a sus intereses. “El que pueda hacer que haga” es eso.

La militancia socialista está catatónica, sus liderazgos ojipláticos. No han comprendido todavía la profundidad de la crisis del capitalismo global dirigido por el trumpismo estadounidense. No han comprendido que las socialdemocracias liberales, primero en Europa, pero también en sus formas de Asía, Japón o Latinoamérica, ya no tiene función de utilidad para mantener la farsa de la apariencia de democracia.

La crisis de 2008 reveló que la ficción especulativa bursátil hace crack si el valor no está sustentado sobre la economía real. Por eso el capitalismo occidental dominado por el anglosionismo estadounidense busca sostener su imprescindible dinámica del crecimiento mediante el control total de recursos naturales y flujos de energía y materias primas. Por eso está obligado a contener a China y a los brics. Pero no le basta. Los capitalistas, esa minoría del 1% que posee más del 50% de la riqueza mundial, lo necesitan todo todo el tiempo. Para ello, usando el control político de los estados, aplican dinámicas extractivas mediante la privatización de todos los servicios públicos, también los de coerción o defensa. Para ello dominan la propiedad en sectores básicos para la subsistencia y la vida como la alimentación o la vivienda.

Para ello necesitan mantener a raya a mujeres y migrantes, principales grupos sobre los que recae la explotación de su tiempo de vida. Para ello necesitan el negacionismo de los daños en los equilibrios biofísicos planetarios construidos con tiempo de escala geológica. Para ello necesitan mantener estructuras y superestructuras de dominación colonial que aniquilen o desprecien identidades culturales fruto de procesos históricos de larguísimo alcance temporal.

En este momento global, desde el flanco izquierdo y plurinacional, del debate parlamentario del pasado martes 24 de junio de 2026 debemos prestar especial atención a tres intervenciones: la de Ione Belarra, la de Gabriel Rufián y la de Mertxe Aizpurua. La primera, Ione Belarra, marcó la distancia precisa con el PSOE al indicar que el ciclo político de Pedro Sánchez está agotado, que no da más de sí y que no podemos convivir sin mancharnos con un partido que no está dispuesto de verdad a hacer frente, en favor de las mayorías sociales, a los mismos agentes que lo están expulsando del consenso de régimen del 78 del que participa y es cómplice.

El segundo, Gabriel Rufián, rematando con la expresión interrogativa “y qué”, vino a decir que sí, que la corrupción mal muy mal, que la oposición PP y Vox, lo peor de lo peor en materia de corrupción y en materia de lo que venga cuando venga, pero que sin combate político efectivo más allá de la retórica del sanchismo y su gobierno compartido con Sumar, no merece la pena mantener un gobierno con respiración asistida. Que el “y tú más” es el campo abierto sobre el que avanza Vox.

Y la tercera, Mertxe Aizpurúa, haciendo un importantísimo ejercicio de memoria de lo que significó la construcción del régimen del 78 en la transición, sostuvo la tesis probada de que lo que le está ocurriendo ahora al PSOE ya ocurrió antes en Euskadi y, aportación mía ahora, también le ocurrió al independentismo catalán y a Podemos, sin ni siquiera motivos indiciarios, desde 2014, con la complicidad manifiesta de PSOE que ahora sufre con motivos reales.

De esas tres intervenciones y del conocimiento de la naturaleza del PSOE, podemos inferir que Pedro Sánchez no va a tener más reacción que la retórica sin acción de fondo. La intención anunciada de presentar los primeros presupuestos generales del estado de una legislatura que dura tres años, a sabiendas de que no serán aprobados, para vender humo discursivo de izquierdas y luego convocar elecciones, como ha explicado Ione Belarra, es solo una operación de marketing de supervivencia.

Por tanto, del PSOE cuanto más lejos mejor para trabajar en la articulación de un nuevo consenso que dibuje un horizonte común republicano plurinacional, un horizonte que puedan compartir cooperativamente los pueblos culturales y políticos del estado español. Un acuerdo entre pueblos frente al acuerdo de las elites que construyó el régimen del 78, hoy dominadas por el régimen de guerra que impone en toda Europa el capitalismo anglosionista occidental.

Publicado en Diario Red y Fuentes de Información

miércoles, 3 de junio de 2026

Agresión a una profesora o la legislatura del desencanto

Momento en el que un agente de la Policía Nacional arroja a una maestra jubilada a la carretera

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, debería haber hecho dimitir, o haber cesado, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con carácter inmediato tras las imágenes de la profesora jubilada agredida por un policía antidisturbios en Valencia. El vídeo de la agresión a la profesora que se manifestaba por la calidad de la enseñanza en el País Valencià ha recorrido redes sociales, informativos, prensa y tertulias televisivas. Gracias a que la tecnología móvil nos hace reporteros del momento, la aberración antidemocrática cometida por el antidisturbios ha llegado a panaderías, bares y peluquerías, me consta. Pero no debemos quedarnos en la infamia del hecho, hemos de pensar lo que representa.

La profe iba uniformada con la camiseta de la Marea verde, la que lleva el lema Escuela pública de tod@s para tod@s. La agresión policial es el símbolo de la inutilidad de esta legislatura, no ya para ampliar y consolidar derechos, sino tan solo para frenar retrocesos. ¿Tenemos de verdad un gobierno de izquierdas? Su acción, desde que Sánchez lo nombró en noviembre de 2023, demuestra que no. El tabique nasal roto y la barbilla cosida de la profe jubilada lo certifican.

Tras la expulsión de Podemos del gobierno, precedida del derribo a Irene Montero como ministra de Igualdad, en el marco de la operación Sumar, con la artillería de las togas judiciales y los medios adeptos a la monarquía, nada huele a izquierda real en el gobierno de Sánchez. Todo es supervivencia. En esta legislatura ha habido un buen puñado de ocasiones para que los ministros de Sumar se planten y planten cara real a la inacción de Pedro Sánchez en materia de vivienda, de genocidio o de gasto en guerra y armas, las mismas que ha habido para que el sindicalismo de régimen lo haga de manera decidida. Ni están ni se les espera.

Pero lo peor de la legislatura es que, aún habiendo una mayoría parlamentaria que podía apoyar políticas de regeneración democrática del estado, se ha activado solo para la necesaria ley de amnistía. Ni Pedro Sánchez ni el PSOE, ni sus socios en el gobierno (Comunes, Más Madrid e IU) han querido actuar para que el CGPJ se nombre de acuerdo con lo que es de verdad España fuera de Madrid DF. Tampoco han querido limpiar las estructuras antidemocráticas de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para evitar la mansedumbre con la que tratan a los manifestantes de ultras, en contraposición a la agresividad con la que acometen en las protestas sociales y antifascistas.

La agresión a la profesora jubilada y la chulería con la que algunos sindicatos policiales han respondido a la tibia respuesta crítica de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, saca del marco institucional la realidad que se nos viene encima, alimentada por una legislatura inútil. Estamos viendo las consecuencias de haber permitido por acción u omisión la condena sin pruebas al fiscal general del Estado, al haber entregado todo el poder judicial al derecha más reaccionaria. Es la legislatura del desencanto.

En la militancia del PSOE están absortos viendo cómo la familia del presidente del gobierno es perseguida judicialmente. Entre tanto, en los cenáculos y medios de la derecha se escribe abiertamente que Pedro Sánchez será imputado tras dejar el gobierno y acabará entre rejas, porque le salpicará, y si no buscarán, como a José Luis Rodríguez Zapatero, la manera de que le salpique, alguno de los procesos abiertos contra la corrupción interna en las figuras de Ábalos, Cerdán o Leire Díaz.

La derecha española, sus cloacas judiciales y policiales, la monarquía, y sus conexiones con el trumpismo global, en el contexto de régimen de guerra global, crisis del imperio estadounidense y lucha por el control de recursos y rutas de las superpotencias mundiales, no necesitan a la socialdemocracia, siquiera liberal y derechizada, para vestir de democracia el Estado. Es el aroma en toda Europa.

Los poderes reaccionarios concentrados en Madrid DF lo quieren todo todo el tiempo. La imagen de una profesora de 68 años jubilada agredida por un armario antidisturbios es la imagen de la legislatura. Está en panaderías y peluquerías, mientras Pedro Sánchez y el gobierno que preside son el trampantojo de una farsa. Ni siquiera tiene el coraje necesario para hacer dimitir o cesar a Marlaska.

Si Sánchez no es capaz de limpiar su gobierno de quienes toleran por acción u omisión las acciones antidemocráticas dependientes de sus ministros, no puede presentarse como la solución a la entrada de un gobierno del PP y Vox. Necesitamos una alternativa, siquiera como alianza estratégica, acorde con la realidad del estado español fuera de los límites de Madrid DF.

Publicado en Fuentes de Información, La Voz del Sur (publicado como: La legislatura del desencanto)  y Diario Red