jueves, 28 de mayo de 2026

Otegi en La Vanguardia

No son tiempos de mirar la loseta que pisamos, sino de levantar la cabeza, mirar al mundo y pensar y proponer un horizonte republicano plurinacional fruto de un pacto entre pueblos que supere el pacto entre elites de la transición. El titular que extraía Enric Juliana, analista político de altura y gran conocimiento histórico, en una reciente entrevista que realizó al líder de EH Bildu, decía así: Arnaldo Otegi: “hay que concluir la legislatura con un programa plurinacional.” Lo más relevante de la entrevista es que en las palabras del líder del independentismo vasco se observa la evidencia implícita de que las independentistas son vías muertas e irrecuperables. Al menos mientras dure el régimen de guerra global.

En Cataluña, los partidos que hasta antier estaban aliados en la vía independentista, que tanto sufrimiento, persecución y desencanto ha causado en Cataluña, como alimentado el centralismo y fascismo reaccionario en el resto del estado, demuestran que el agotamiento del procés es palmario. Se comprueba con el reposicionamiento de ERC respecto de Sánchez y el PSC. Y por la desorientación de Junts, mientras mantiene su líder, Carles Puigdemont, en el exilio en tanto crece en su margen derecho el voxismo en lengua catalana.

Que Otegi hable de manera explícita de un nuevo estado plurinacional supone un giro de guión con fundido al negro. Curioso que se dirija al PNV, como viene haciendo desde hace un tiempo, pidiéndole un proyecto conjunto de país, al tiempo que abre sutilmente la puerta para alejarse del partido del empresariado y la burguesía vasca. Es la primera vez que vemos que el independentismo de izquierdas vasco dice, al hablar de plurinacionalidad del estado, que quiere participar en la reforma del estado español. Algo inconcebible en un independentismo que hasta hace un cuarto de hora, medido en tiempos políticos, quería romper con España.

La idea de Otegi no parece lanzada a la ligera. Al hablar de programa plurinacional está introduciendo la variable clave para dar textura y soporte a una alianza estratégica con otras fuerzas políticas territorializadas, llamenlas soberanistas si quieren, así como con quienes reconozcan activamente que la única alternativa democrática a la España monárquica en deriva autoritaria es plantear con claridad un horizonte republicano plurinacional.

Las izquierdas no tienen tiempo que perder a la vista del deterioro acelerado del PSOE y del propio gobierno de Pedro Sánchez. Un deterioro consecuencia de su inacción en el desmontaje del estado antidemocrático profundo, de su alineamiento efectivo con el régimen de guerra y la OTAN, sin romper relaciones con el estado genocida israelí, de su reactividad al ejercicio de políticas de izquierdas, principalmente en materia de vivienda y de, con lawfare o sin lawfare, el cerco judicial al propio partido, sus secretarios de organización y su principal referente cívico, José Luis Rodríguez Zapatero. Todo esto en un momento en que hay voces dentro del mismo, como la de Óscar Puente, que confiesan haber sido los más fieles servidores de la monarquía.

No hay tiempo que perder porque acecha un horizonte reaccionario que, de tomar el poder, iniciará un proceso acelerado y sin complejos de desmontaje del estado social y autonómico. Por ello, no son tiempos de mirar la loseta que pisamos, sino de levantar la cabeza, mirar al mundo y pensar y proponer un horizonte republicano plurinacional, fruto de un pacto entre pueblos que supere el pacto entre elites de la transición.

Publicado en Fuentes de Información

lunes, 18 de mayo de 2026

El andalucismo hegemoniza la izquierda andaluza

Las preguntas que las elecciones andaluzas habían de resolver definían anticipadamente el campo de lo posible: ¿Mantendrá el PP la mayoría absoluta o necesitará a Vox? ¿Sobrepasará Adelante Andalucía a Por Andalucía? ¿Sostendrá María Jesús Montero los resultados del PSOE-A de 2022 o los empeorará? Y por último ¿Vox aguantará o se debilitará?

De las preguntas se deducía que en Andalucía seguiría gobernando la derecha. De modo que el electorado de izquierdas no ha albergado en ningún momento esperanza de cambio. De ahí la estrategia de Moreno Bonilla de plantear la decisión entre “estabilidad” o “lío,” pidiéndole al electorado que decidiese entre gobierno en solitario o con Vox. La estrategia la ha chafado Adelante Andalucía. Anoche lo dijo su líder, José Ignacio García, “hemos evitado la mayoría absoluta del PP.”

En el campo de la izquierda andaluza, el sorpaso de Adelante Andalucía a Por Andalucía, demuestra dos cosas. La primera es que la identidad andaluza convertida en motor político es un elemento imprescindible para defender posiciones emancipadoras. Ya la activó el primer Partido Socialista de Andalucía en la transición y Julio Anguita con Convocatoria por Andalucía. Y es que todos los indicadores de desigualdad territorial sitúan a Andalucía entre los territorios peor tratados. Unas desigualdades que se ceban especialmente con las mujeres. Consiguientemente, existen causas estructurales profundas para incorporar el andalucismo como pared maestra de la izquierda andaluza.

La segunda es que el debate sobre la unidad de la izquierda sin compartir un horizonte de transformación no subalterno del PSOE es no solo inútil, sino dañino, pues oculta bajo la matemática electoral los marcos de confrontación contra la derecha y contra la farsa del propio PSOE, reflejando un acomplejado instinto de supervivencia y alimentando el voto útil del mal menor.

De otro lado, las elecciones andaluzas ratifican, por si había dudas, que el pueblo andaluz existe. Por eso el andalucismo, que no es otra cosa que la defensa de los intereses del pueblo andaluz, es un motor ideológico con enorme potencial de empuje. Un andalucismo que deberá incorporarse a un bloque plurinacional cooperativo para situar Andalucía en pie de igualdad con la vanguardia de las demandas de justicia social y territorial en el Estado.

Habrán de hacerlo, además, porque tras estas elecciones, a la vista de los resultados dramáticos de Maria Jesús Montero, enviada inexplicablemente a la hoguera andaluza, el PSOE de Sánchez, y especialmente el PSOE andaluz, hará un fuerte giro discursivo hacia la izquierda y enmarcará ese giro en la plurinacionalidad y diversidad del Estado. Lo hará con absoluto descaro y sin despeinarse. No sería la primera vez.

Publicado en La Voz del Sur, El Independiente de Granada y en Fuentes de Información

martes, 12 de mayo de 2026

Por qué Moreno Bonilla no se despeina

La encuesta de 40dB, publicada este lunes 11 de mayo, a 7 días del domingo electoral, nos dice que la ciudadanía andaluza considera que la comunidad está peor que hace 4 años. Un 44.3% cree que la situación de Andalucía es mucho peor o peor que en 2022, frente al 28.1% de andaluces que afirma que Andalucía está mucho mejor o mejor tras esta última legislatura. A pesar de eso, ninguna encuesta da que el voto de las izquierdas crezca de modo relevante y todas dan la caída del PSOE-A.

Además, todas las encuestas dan la victoria rotunda del Partido Popular en Andalucía. Si acaso, las mismas encuestas dudan entre si el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, romperá la barrera de la mayoría absoluta o se quedará en el borde. La inercia de la campaña, en la que ni el PSOE ni las izquierdas, Por Andalucía y Adelante Andalucía, están saliéndose del lugar común de denunciar la evidencia del deterioro de la sanidad pública andaluza, nos dice que el presidente y candidato del PP sostendrá su mayoría absoluta parlamentaria con 55 o más escaños sobre los 109 totales que esperan vacíos en el hospital de las Cinco Llaga. Por cierto, teniendo más población y más provincias que Cataluña o Madrid, nuestro parlamento está compuesto por 25 escaños menos, lo que nos habla de un fuerte déficit relativo de representación del pueblo andaluz y su realidad territorial en su parlamento autonómico. Un déficit democrático de primer nivel.

A lo que voy. Si a pesar de que el cuerpo electoral andaluz piensa que Andalucía está peor que hace cuatro años, a pesar de la crisis de los cribados del cáncer de mama, Moreno Bonilla no tiene su mayoría en cuestión, ni la izquierda levanta el vuelo para hacerle sombra, entonces es que plantear la campaña exclusivamente en términos de deterioro de los servicios públicos y la sanidad pública como cuestión central, para pasar al grave asunto de la vivienda, no es suficiente.

El horizonte que Moreno Bonilla dibuja insistentemente es la “estabilidad” contra el “lío” por la vía de la "moderación" aunque sea falsa. Un horizonte que le funciona mientras regala Andalucía a agentes externos, principalmente a los ricos de Madrid amigos de Isabel Díaz Ayuso, a la banca sin raíz andaluza, a los dueños de Quiron, Adeslas o Asisa, y a fondos buitres como BlackRock.

Contra la farsa inmovilista de la estabilidad, el pueblo andaluz necesita un horizonte de esperanza contra las desigualdades estructurales que siguen asolando Andalucía. Las izquierdas deben señalar a los culpables y las causas de que nuestros indices de paro, pobreza, desigualdad salarial e industrialización, que afectan con mayor gravedad a las mujeres andaluzas, para después lanzar un proyecto de transformación que defienda los intereses de Andalucía. 

Al otro lado de la “estabilidad” del presidente andaluz no se está poniendo el acento en que somos la comunidad con los peores indicadores socioeconómicos y con más emigración de talento, no se están señalando las tremendas desigualdades estructurales y de inversión respecto de otros territorios del estado. Consiguientemente, no se crean las condiciones para dibujar un horizonte nuevo de esperanza para acabar con los males endémicos, los dolores de nuestra tierra, de los que son culpables los componentes del bipartidismo.

No basta señalar los daños, es preciso apuntar a las causas de que la nacionalidad con mayor población del estado, que podría ser el país número dieciséis por tamaño territorial, esté relegada a ser comparsa de Madrid, Cataluña o Euskadi. No sé si en lo que queda de campaña hay tiempo para que las izquierdas dibujen y hagan visible el horizonte de esperanza de Andalucía para romper las cadenas que la atan. El tiempo vuela y el 17 está a la vuelta de la esquina.

Publicado en Fuentes de Información y La Voz del Sur

sábado, 9 de mayo de 2026

La quiebra de Europa

 El canciller alemán, Friedrich Merz - Bernd Elmenthaler / Zuma Press / ContactoPhoto

La potencia económica alemana está en declive. En los años ochenta y noventa del pasado siglo, si comprabas tecnología electrónica o industrial la probabilidad de que fuese de fabricación alemana era muy alta. El made in Germany fue marca de calidad y el made in China marca de escombrera. En cuatro décadas todo ha cambiado. El capitalismo neoliberal, huyendo de las crisis de límites, decidió poner las fábricas en el sudeste asiático para dedicarse a la especulación bursátil, los mercados de futuros y la apropiación de lo público.

Se trataba de mantener alta la tasa de crecimiento a costa de desplazar la producción de bienes materiales a lugares donde la mano de obra era más barata y la legislación ambiental prácticamente nula. Se trataba de controlar desde los centros de poder occidental los flujos y precios de la energía, las materias primas, los recursos naturales y la producción agraria, al tiempo que se entregaba la capacidad de fabricación a China, India y los llamados en su día se llamaron tigres asiáticos. Se trataba de manejar los hilos sin mancharse las manos.

Pero al igual que las ideas ni pueden escapar de su materialidad corporal, el capital no puede escapar de la territorialidad. Al desplazar la producción material fuera de Estados Unidos y Europa se crearon las condiciones para que estados fuertes como el Chino, con niveles de desarrollo tecnológico muy inferiores, no sin daño ambiental y social, promoviesen la formación de mano de obra cualificada, la investigación y la innovación con la que hoy hablan de con manifiesta superioridad al mundo.

Tal es así que ya hay más preocupación por los límites planetarios y el medio ambiente en China que en Estados Unidos. Mientras la potencia asiática se preocupa por las condiciones biofísicas planetarias de supervivencia de la especie humana cada vez más, en Europa se abandona la transición verde en favor de la industria de la guerra y los EE.UU. abandonan todo organismo internacional que pretendan abordar de forma cooperativa, si quiera mínimamente, la cuestión del cambio climático. La ceguera de los actuales liderazgos europeos y estadounidenses es telúrica. Además. ni Alemania ni los EE.UU. tienen capacidad industrial para competir con China por mucho que lo deseen.

En un conservador e ideológicamente intencionado artículo titulado La cuestión de Alemania Enric Juliana escribe en referencia al motor de la economía europea: "Han perdido el gas ruso, han perdido la amistad norteamericana y han visto limitado el mercado chino. Esto es una crisis de modelo como la copa de un pino.” Una artículo en el que solo resulta disonante el papel que el analista le otorga a Angela Merkel. La ex presidenta alemana, al contrario de lo que Juliana afirma, generó y activó relaciones de vecindad económica con Rusia, fue durante sus mandatos cuando se pusieron en marcha los gasoductos Nord Stream, reventados con toda probabilidad por Ucrania con la colaboración de la administración Biden al principio de la guerra de Ucrania.

El gobierno alemán CDU/SPD se dispone a construir el ejército más grande que se haya visto en Europa sin computar al déficit. Su presidente Friedrich Merz anuncia un recorte de 47.000 M€ en dos años (5% del presupuesto bianual federal). No oculta que afectará al estado social. No deberíamos olvidar el riesgo que supone el pueblo alemán en crisis y armado hasta los dientes. La UE gira su política energética, su política ecológica y su política social con el empuje y el consentimiento alemán, ocultando el vínculo entre gasto en armas y recortes del estado social y de derechos, atrapada en una pinza geoestratégica entre la Rusia de Vladimir Putin y los EE.UU. de Donald Trump.

En esta fase del capitalismo occidental anglosionista, en la que quince o veinte personajes calificados como tecnofeudalistas, volcados con la estrategia trumpista de control de flujos, fuentes de recursos materiales y combustibles, lo quieren todo todo el tiempo, el déficit de los estados ya no cuenta si es para gastar en guerra. Los interesados apóstoles del nuevo orden mundial, como escribe, también en La Vanguardia, Manel Pérez, dominan el entorno trumpista y se disponen a cambiar el mundo impulsados por el Manifiesto Palantir, a cuyo frente ideológico se sitúa Peter Thiel y Alexander C. Karp, dueño y  consejero delegado de la tecnológica especializada en técnicas Inteligencia Artificial para la coerción, el asesinato y la guerra que da nombre al manifiesto.

Pero que el déficit de las cuentas públicas se esconda bajo la moqueta de los ministerios de hacienda no quiere decir que no exista. El gasto en guerra y el desorden bélico y genocida en oriente medio promovido por Israel, está afectando a la economía del imperio estadounidense, la guerra contra Irán es una trampa de la que el trumpismo ya no sabe cómo salir. El gasto en guerra como dijo explícitamente el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, afectará a pensiones y estado social, el gasto en guerra, como ha anunciado el canciller alemán Friedrich Merz se hará a costa de recortes en los servios públicos y la protección de las personas.

El ministro de economía español, Carlos Cuerpo, anuncia con total descaro que el gasto militar, 40.000 millones de dólares, un 50% superior al de 2024 no computará al déficit, cuando hace menos de diez años el déficit era el ogro del estado social causante de desigualdad y muerte social. Lo que no dice es que se está haciendo a costa de olvidar el estado social, la protección del derecho a la vivienda, o la adecuada financiación de las autonomías de las que dependen la sanidad, la educación o la dependencia, por ejemplo.

Para los operadores del capital, el régimen de guerra, es un win win, ganan con la industria de la guerra y con el incremento de los precios de la energía, y ganan, al recortar el estado social, con el desplazamiento de la demanda de servicios imprescindibles (sanidad, educación, dependencia...) hacia los operadores privados. En el contexto global, nos adentramos (estamos) en un totum revolutum europeo y no sabemos cómo se moverán los cimientos políticos del estado alemán, la vieja locomotora europea, mientras los grandes beneficiados son los tecnoligarcas anglosionistas que operan en el entorno de familiar Trump.

La CDU y el SPD se disponen a abordar su propia crisis por la vía de las armas, AfD acecha acumulando fuerza con el malestar social como hizo el nazismo. Al tiempo, empiezan a surgir movimientos que se oponen a la la leva obligatoria alemana. En Francia será más difícil afrontar recortes para armas, la izquierda está allí más fuerte y orientada al futuro. Meloni huye de Trump. Polonia es la gran baza trumpista para desarticular la UE. El trumpismo y el putinismo tienen a Europa en una pinza. Ucrania es la manzana envenenada para el "jardín" europeo, la guerra con Irán el desfiladero que ponen en jaque la economía estadounidense y occidental. El Israel genocida es el pilar del imperialismo de los EEUU.

La dependencia de los combustibles fósiles hace temer a Francia y Alemania la mudanza industrial hacia el sur, donde el potencial del hidrógeno verde es inmenso. En el subsuelo de Europa se acumula un magma que, sin liderazgo europeista cooperativo, reventará las puertas del sálvese quien pueda. El capitalismo alemán acabará añorando a Merkel, los Nord Stream y la buena vecindad con Rusia. Entre tanto, los EEUU aceleran su decadencia envueltos en aranceles y operaciones militares ilegales e ilegítimas, y China refuerza su posición confuciana con paciencia estratégica.

La actual “burbuja” económica española sostiene su crecimiento debido a que las renovables mantienen el precio de la energía bajo y al aumento del turismo en un mundo convulso. Pero la bondad macroeconómica no se corresponde con la realidad de las familias. El turismo es la toxina que traba el acceso a la vivienda y el precio de la vivienda vinculado a la concentración de la propiedad el modo más extremo de extracción de las plusvalías fruto del trabajo. Cuando los sueldos no llegan para vivienda, alimentación y transporte al mismo tiempo y la salud, la educación, la FP, la universidad y la atención a la dependencia requieren gasto familiar, el magma del descontento se acumula debajo de la corteza social esperando que un acontecimiento abra las grietas del malestar.

En este contexto resultan dramáticas las disputas en la izquierda por las migajas electorales de lo que vaya quedando. Pensar en grande no pasa por operaciones de rehabilitación sino por construir un proyecto con-federal sobre un horizonte común para todos los pueblos del estado.

Publicado en Diario Red