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Provocan esta reflexión sobre frentes amplios en el Estado español dos piezas periodísticas recientes. La primera es una entrevista que Jaime Ferrán hace a Joan Tardà en La Opinión de Murcia, con motivo de la concesión del VII Premio Memoria Histórica de la Región de Murcia, otorgado por la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRM). Tardá es un destacado referente intelectual republicano e independentista catalán de ERC. El titular de la entrevista es “Joan Tardà, este sábado en Alhama: "O nos entendemos o nos van a matar a todos por separado". El encabezado recuerda inmediatamente lo que viene diciendo, con amplia repercusión en el mundo de la izquierda, el diputado de ERC Gabriel Rufián.
Cuando Jaime Ferrán pregunta a Tardà si aboga por hacer un frente común entre las distintas izquierdas catalanas y españolas, éste responde: “Tengo la impresión de que los partidos tienen que abandonar sus zonas de confort y establecer un debate sobre cómo y de qué manera se para al fascismo. Al republicanismo catalán le interesa que en el Estado español gobiernen las izquierdas porque solo así seremos capaces de superar la situación actual y encarar los retos que tenemos por delante.” A lo que el periodista contesta: “O sea, que quiere que aguante Pedro Sánchez.” Y aclara el premiado: “Se trata de conseguir que en el año 2027 la socialdemocracia continúe gobernando el Estado español. De igual manera que, en Cataluña, el republicanismo tuvo claro que era necesario investir al presidente Salvador Illa en las últimas elecciones.”
El segundo es el último artículo que Iván Redondo publica en La Vanguardia este lunes, primero de diciembre de 2025, con el título La cota 46. El analista y eminente asesor político evalúa, de cara a hacer pronósticos para las futuribles elecciones generales, las posibilidades de que Pedro Sánchez pueda volver a conformar Gobierno frente al bloque formado por PP-Vox. El ex jefe de gabinete del autor de "Manual de resistencia", tras escudriñar la relación entre datos numéricos y LOREG, escribe: “Si el antiguo espacio de ruptura, a la izquierda del PSOE, no presenta, por tanto, una candidatura competitiva que intente pelear con Vox por la tercera plaza en las circunscripciones medianas y grandes, como acertadamente demanda Gabriel Rufián , dará igual la progresión del PSOE. Sin una candidatura única que rebose, al menos, los tres millones de votos, todo será bilis negra y frustración. Se trata de saber leer las virtudes de la LOREG. El epic fail al que se encaminan Sumar y los morados debería acabar. De no suturar esa herida, ese espacio entraría además en campaña sin su propósito: contener o limitar el empuje imparable de Vox y la aritmética de derechas. En el caso de recomponer el error Magariños, 11 circunscripciones bailarían entre Sumar-Podemos y Vox. En otras palabras, sin sutura, Vox arrasa. Con sutura, la cota 46 serían de saque 175 escaños de la derecha.”
La conexión entre las “propuestas” de Joan Tardá e Iván Redondo, de las que Gabriel Rufián ha asumido el liderazgo, está trazada por la ley D´Hont sobre la España provincializada, que el motrileño Javier de Burgos dibujó en 1833 con el incipiente reinado de Isabel II. La densidad poblacional provincial y la LOREG de 1985 fundamentan la base matemática de la propuesta política de frentes amplios en Cataluña y el Estado. A la que, según lo expresado por sus destacados defensores, sólo podemos añadir el exclusivo objetivo político de sostener a Pedro Sánchez y el PSOE como hegemón de un futuro Gobierno de España que impida el gobierno de la ultraderecha.
El bloque reaccionario formado por la monarquía, la alta judicatura y otras profundidades hediondas del Estado, representado políticamente por PP y Vox, muestra a las claras, y a las bravas, como hemos visto en el lawfare contra Podemos, en el “a por ellos” y la persecución judicial de independentismo, en la violencia política e institucional contra el feminismo que representa Irene Montero, y en la condena al ya exfiscal general del Estado, su proyecto recentralizador de control absoluto del poder político desde la capital del reino, Madrid. Un proyecto acorde con las necesidades del capitalismo neoliberal sionista y occidental de concentración y absorción de los poderes políticos distribuidos territorialmente, para dominar el mundo desde muy pocos centros de poder. Un proyecto anti democrático, anti plurinacional y anti federal.
Contra ese proyecto ultraconservador Pedro Sánchez y el PSOE no oponen ni resistencia ni acción. Se doblegan al rearme, la complicidad con el genocidio, la promoción de la guerra en Ucrania, el consentimiento de la agresión permanente del trumpismo que gobierna EEUU contra América Latina, o la participación en políticas contra los derechos humanos, civiles y políticos de la inmigración. Contra ese proyecto el gobierno del PSOE/Sumar está plegado a los intereses de oligopolios bancarios, energéticos o inmobiliarios sin impulsar medidas efectivas que siquiera atenúen la precariedad laboral, la crisis habitacional, la pobreza, la desigualdad de género o el cambio climático.
La propuesta de Gabriel Rufián es matemáticamente consistente, la ha desgranado Iván Redondo. Desde luego no debemos despreciar la búsqueda de buenos resultados para la izquierda diversa y plurinacional. Lo que hemos de destacar de la propuesta son sus carencias. En el actual contexto global y europeo, con el fascismo cabalgando al galope, incrustado en el cerebro político del capitalismo neoliberal para defenderse del potencial de China y el sur global, la izquierda no debería aferrarse en exclusiva, ni al instante político ni a la matemática electoral. Es su deber dibujar verdaderos horizontes de transformación.
En el Estado español, el horizonte de transformación de la izquierda republicana plurinacional, no debería pasar por sostener sus cuotas de poder vinculadas a los actuales o furturibles gobiernos del PSOE, como buscó el Sumar de Magariños, como busca la súplica de unidad de IU en Andalucía y, ahora, explícita o implícitamente se expresa en la propuesta de Gabriel Rufián.
La izquierda de Estado plurinacional, el motor Podemos, como iluminó Redondo, y las izquierdas soberanistas habrían de sondear con empatía la posibilidad de alianzas estratégicas con auténtico calado de transformación, para las que la matemática sea la sal y no la substancia. Para las que la esperanza sea el viento y la vela la herramienta de las alianzas. La izquierda habría de trazar un plan para escapar de la condena que impone el bipartidismo monárquico fruto del franquismo engarzado en la Constitución del 78.
Desde luego, ese plan no puede pasar por poner en el frontispicio la necesidad de que Pedro Sánchez siga gobernando el Estado, con el interés para unos de ocupar un sillón en el despacho de al lado, y para otros de mantener la tensión de las demandas territoriales para así aguantar su espacio de representación nacionalista una vez liquidado el procés. Un futuro gobierno de izquierdas, progresista y plurinacional, debería ser la consecuencia práctica de un proyecto de freno y superación del momento reaccionario ultraconservador, con un proyecto republicano plurinacional y federal que garantice desde el minuto cero en el que gobierne o condicione el gobierno el abordaje de la democratización profunda del Estado.