domingo, 4 de junio de 2017

El laicismo y la religiosidad popular andaluza no deberían verse contradictorios


No les vamos a dejar, o al menos lo vamos a intentar, el espacio donde se disputan las mayorías a los Trump, las Le Pen, los Grillos, las Merkel, los Macron, o las Santa Teresas May de Turno.

No, no les vamos a dejar el espacio de lo simbólico y lo emocional, sobre el que se construye la forma de ver el mundo. La religiosidad social y popular andaluza, junto con el flamenco visto de manera extensiva, algunos referentes literarios, musicales y artísticos, el mundo jornalero y lo que supuso Al-Andalus, y supone su huella, como primer renacimiento europeo sin el cual es imposible entender el segundo, son, a falta de idioma propio, lo que conforma nuestro propio idioma.

Lo que parece sorprendente, o no, es la beligerancia "laicista" con la que alguna izquierda, que nunca fue de mayorías, como sí lo es el alcalde de Cádiz, se ha tomado el asunto de la medalla a la popular patrona de Cádiz, diosa del pueblo y de la marinería toda, no sólo la militar sobre todo la pesquera.
Qué guerrilla interna ¡dios! Que usa la dialéctica que compartimos de separación iglesia estado, anticoncordato, contra las subvenciones, la exención del IBI, el dinerito a la concertada, contra las inmatriculaciones, etc., etc. etc, contra lo popular.

Miren:

"El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.” Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles.

Pues eso, Andalucía ha sabido alentar lo que dentro del catolicismo jerárquico puede ser subvertido popularmente cambiando el sentido clasista del rito religiosos por una explosión callejera de pasión, emoción, compasión y alegría. Cambiar el infierno católico por pueblo. La saeta no se ideó en ningún cónclave obispal, ni la pagó un arzobispo como si fuese un requiem.

Hay que desprenderse de esa idea de izquierda que gusta vivir pontificando en minoría como si entrase al reservado de un restaurante de lujo. Con la mayoría, pero de verdad. Comparar a la Chari con el monstruo del espagueti es un insulto a la inteligencia popular.

La religiosidad popular andaluza no es entrega al catolicismo obispal. Pensar eso es como confundir la pasión por el Real Madrid por amor por Florentino Pérez. Nada que ver, claro.

@marioortega

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