lunes, 20 de enero de 2025

Charnegos

Eduard Sola, premiado por el mejor guion por 'Casa en flames'.

Los dos acontecimientos estelares de la entrega de los premios Gaudí de la Acadèmia del Cinema Català han resultado un elogio de lo charnego. Calificación despectiva con la que en los años sesenta y setenta del siglo pasado la clase burguesa catalana señalaba a la población emigrante de Andalucía y Extremadura que llegaba a Cataluña para buscarse la vida huyendo del hambre y de la desigualdad territorial impuesta por el franquismo. El desprecio, como ahora respecto de la emigración de otras partes del mundo, esa actitud de desprecio se inoculaba en parte de la clase trabajadora de raíz catalana para mantener a la clase trabajdora enfrentada entre sí y no con los patrones.

La Cataluña de hoy no puede entenderse sin la sangre del sur. Sin el millón de andaluces que irrigaron con la sangre de su vida, trabajando en los empleos más duros, el crecimiento del capital catalán. Eso es lo que hemos visto en los Gaudí. Hay una conexión entre la historia que se cuenta en El 47 y el discurso emocionado de Eduard Sola al recibir el premio al mejor guion por Casa en flames. Casi dos millones de andaluces y extremeños emigraron fuera y dentro del territorio español a zonas donde el franquismo había decidido establecer la industria que sustentaba el desarrollismo que permitió el tresillo, el seiscientos y el telefunken. En esas zonas lucharon por su dignidad y la dignidad de todos y todas, andaluces o no.

Imaginen un mundo al revés. Si la SEAT en vez de instalarse en Martorell se hubiese instalado en Linares. A lo mejor en Andalucía hoy estarían los cineastas “polacos” reivindicando ese término y la valentía de sus abuelos catalanes para salir de su tierra a buscarse la vida. Un millón de andaluces y andaluzas recalaron en Cataluña. Sus nietos y nietas son hoy culturalmente catalanes. Es lo que hemos visto en los premiso Gaudí con El 47, premiada como mejor película, y en el discurso de Eduard Sola, premiado por el mejor guion por Casa en flames.

Esto dijo resumidamente Eduard Sola: “Mi familia está lejos de ser la familia de Casa en llamas. Nos gustaría tener una casa en la Costa Brava y un barquito para salir a navegar, pero no lo tenemos. En casa somos orgullosamente charnegos. Mis abuelos, todos, vinieron de Andalucía. El abuelo Eduardo era analfabeto y yo me dedico a escribir. Podría entender este Gaudí como una venganza por todas estas miradas de superioridad que en tres generaciones hemos tenido que soportar los que venimos de abajo de todo. Pero no lo haré. Si mi abuelo era analfabeto y yo me dedico a escribir es porque ha pasado una cosa y esa cosa se llama progreso, y el progreso es, indudablemente, un éxito colectivo. Si estoy aquí delante recogiendo un Gaudí no es gracias solo a mí, sino a la escuela pública, a los movimientos cívicos, a las casas de acogida, a las plazas donde he crecido y a las decenas de personas que me han acompañado. Enviemos a la mierda a los xenófobos, a los que se aprovechan de los otros, sigamos, por favor, acogiendo a los de fuera con los brazos abiertos, veremos como de aquí a unos años escribirán grandes historias catalanas”.

Emociona que las y los nietos de la emigración andaluza y extremeña, que hablan catalán como su propia lengua, reivindiquen la memoria de sus abuelos y sus padres, de sus abuelas y sus madres. El orgullo del catalanismo de raíces charnegas es trascendente porque rompe con el etnicismo, va contra el racismo y lanza un mensaje para el hoy. Sería magnífico que las y los catalanes auténticamente progresistas hicieran algún gesto de agradecimiento a estos charnegos y charnegas que dieron todo a Cataluña y lucharon por los derechos de la clase trabajadora. Lo único que han hecho es aportar. Si esto se reconoce, será más fácil un futuro político plurinacional en común en tiempos de ultraderecha despiadada.

Publicado en La Voz del Sur

viernes, 17 de enero de 2025

La decisión de María Jesús Montero

María Jesús Montero, anunciando su candidatura para dirigir el PSOE de Andalucía.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, ha instado a María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, a ser la oposición del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. Los datos persistentes de las encuestas indicaban que el PSOE andaluz no remontaba, iba a menos. La culpa no es solo del liderazgo de Juan Espadas, también de la carencia de un proyecto renovado que saque a Andalucía del letargo.

La operación con apariencia de alcurnia pretende parecerse a la operación Salvador Illa en Cataluña. Pero el papel de Cataluña y Andalucía en el contexto de actual es muy distinto. Cataluña pinta para sí en la política de Estado, Andalucía no. Andalucía pinta para Madrid y las tácticas de poder del bipartidismo monárquico.

El PSOE necesita recuperar fuelle en Andalucía, una comunidad que aporta 61 de los 350 diputados en el Congreso, 13 más que Cataluña, 24 más que Madrid, 28 más que la Comunitat Valenciana, 30 más que Castilla y León, 38 más que Galicia y 40 más que Castilla-La Mancha. Sin Andalucía ni el PSOE ni la izquierda levantarán cabeza frente a un horizonte de fortalecimiento de la ultraderecha que podría gobernar España en alianza con el PP.

La vicepresidenta primera tiene dificilísimo darle la vuelta a las encuestas. La forma en que Moreno Bonilla ejerce el Gobierno andaluz se lo pone muy difícil. El PP andaluz ha absorbido en su beneficio toda la maquinaria de poder institucional que dejó engrasada el PSOE tras casi 40 años de ejercicio ininterrumpido del poder autonómico.

Durante cuatro decenios el PSOE hizo de la Junta de Andalucía una máquina de gestión administrativa dedicada a operar sobre la base de buena parte de la llamada sociedad civil, el empresariado, los medios de comunicación y los sindicatos UGT y CCOO. Juanma maneja la misma maquinaria autonómica con diplomática maestría. Por eso se muestra condescendiente con Montero, porque sabe que el barco solo ha cambiado de tripulación, pero el rumbo y las intenciones son similares. Mantener Andalucía controlada y a su favor.

María Jesús Montero lo tiene casi imposible porque no supone una renovación real del proyecto del PSOE para Andalucía. Pertenece a la vieja guardia socialista y tiene mácula en las políticas económicas y territoriales del PSOE respecto de Andalucía. Estuvo con Susana Díaz, la presidenta más nefasta que haya tenido esta tierra, cuando se puso al frente de la lealtad institucional para aplicar los durísimos recortes que imponía Rajoy.

Estuvo con Susana Díaz cuando pactó con Ciudadanos, despreciando a Podemos, a cambio de deteriorar la fiscalidad andaluza en favor de los ricos y de arrodillar Andalucía ante el españolismo centralista. Estuvo con Susana Díaz cuando se puso a la vanguardia del “a por ellos” enfrentando al pueblo andaluz con el catalán. Ahora con Sánchez tiene el papel de negociar la singularidad catalana al tiempo que ignora la singularidad andaluza. Lo tiene casi imposible sin proyecto andaluz propio.

Sorprende que el PSOE-A, que dice tener 40.000, no tenga proyecto y persona que supongan una auténtica renovación de su propuesta andaluza. Sorprende que en el PSOE andaluz no haya la más mínima capacidad de interpretar las necesidades de Andalucía a la luz de nuestra situación de desigualdad. La decisión de María Jesús Montero debería ser para la izquierda andaluza y andalucista un incentivo para aupar un proyecto de transformación, que no sea subalterno de la socialdemocracia liberal, ni se conforme con ser una pieza irrelevante en un proyecto de Estado. Un proyecto que piense en una habitación propia.

Publicado en La Voz del Sur

martes, 14 de enero de 2025

De la extraterritorialidad a la territorialidad

Donald Trump — BBC

La operación de reconfiguración del capitalismo occidental que aborda Donald Trump trata de anclar la economía especulativa de dominio estadounidense al territorio. Buena parte de los capitalistas de Wall Street necesitan aterrizar la economía para reconducirla hacia la propiedad, la fábrica, y el intercambio de mercancías. Volver a la territorialidad es la manera en que buscan defenderse de China y sus BRICS.

Vuelve el capitalismo occidental con los pies en la tierra. Para ello los capitalistas de los EE.UU. necesitan territorio rico en materias primas, despreciar los límites biofísicos planetarios, expoliar masivamente el tiempo de las mujeres y liquidar cualquier atisbo de democracia trasformando toda relación con sus aliados occidentales en relaciones coloniales de imposición y dependencia. Sus necesidades señalan donde deben estar las prioridades de la lucha política de las izquierdas. Piensa gloal, actúa local.

En la crisis de 2008 los mercados y la gran banca quebraron consecuencia de la distancia del valor de los productos financieros y el valor real de las cosas. Tras las primeras crisis del petróleo, crisis ecosistémicas de límites, el capitalismo occidental decidió desprenderse de la fábrica y delegarla a China y el sudeste asiático. Se especializaría en mercados de futuros, suprime y artificios bursátiles para que el dinero ganase dinero a fuerza de algoritmos, información privilegiada y clicks. Eso se acabó con la crisis de 2008.

Como ha descrito en este medio Cristina Buhigas en un artículo reciente titulado Los ‘PIGS’ están ahora en el norte, los límites de la economía estadounidense no son financieros. La Reserva Federal fabrica todo el dinero que necesitan sus capitalistas y el estado cuando lo necesitan. La deuda pública estadounidense está al cierre de 2024 en 1,9 billones de dólares (superior al 120% de su PIB, su déficit público es del 6,4%. Así mismo, tanto Reino Unido, como Alemania, Italia o Francia tiene valores de deuda y PIB muy superiores a los aprobados por el parlamento europeo en abril como objetivos para 2025, 60% del PIB y 3% de déficit. Por mucho menos fueron condenados Portugal, Italia, Grecia y España en 2010.

Entregada Europa al régimen de guerra impuesto por las necesidades de la máquina capitalista estadounidense, como explica Manel Pérez en La Vanguardia en un artículo titulado El 5% de Trump: el impuesto imperial: "el dólar y la hegemonía militar son dos vasos comunicantes del mismo mecanismo que gobierna el mundo y su economía. EE.UU. necesita colocar cada año, prácticamente gratis, casi 2 billones de dólares, para mantener la bicicleta en marcha.” Con el régimen de guerra gestionado en Europa por el ex primer ministro neerlandés, actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Donal Trump quiere reducir su deuda y afrontar sus planes expansionistas a costa de deuda europea para comprar armas y combustibles fósiles a los EE.UU.

El comandante en jefe del capitalismo occidental, Donald Trump, para reconducir el crecimiento desde la extraterritorialidad especulativa a la territorialidad, necesita, por un lado, territorios ricos en materias primas, Canada y Groenlandia, control de las rutas comerciales, Canal de Panamá y el Ártico, dominio de las reservas petrolíferas, Venezuela, Oriente Medio y apoyo total al sionismo genocida israelí, y por otro, colocar procónsules en toda Europa y América latina, para lo cual ha delegado en Elon Musk y su capacidad digital de subversión de cualquier atisbo de democracia mediática. Trump no quiere aliados, quiere súbditos. Enric Juliana lo ha dicho en La Vanguardia, Imperio, palabra de 2025.

La política imperial territorial de los EE.UU. coge a Europa con el fascismo cabalgando de nuevo en su interior, habiendo roto toda relación de vecindad con Rusia, y, lo que es peor, con un conjunto de líderes que dirigen los estados de la UE mirándose el obligó y de reojo el de sus socios, sin perspectiva ni capacidad para defender un proyecto común alternativo al régimen imperial de guerra al que el trumpismo apuntala. Si duras fueron las consecuencias de la huida del capitalismo occidental a la esfera extraterritorial de la ficción bursátil, más duro pude ser su aterrizaje en un mundo biofísico hastiado de calentamiento global, daño ambiental y permanente escasez de recursos para sostener los indicadores de crecimiento.

Publicado en Diario Red

viernes, 10 de enero de 2025

María Jesús Montero, ¿baronía o federalismo?

MARIA JESUS MONTERO
Francisco J. Olmo / Europa Press

El PSOE bajo la dirección estratégica de Pedro Sánchez está reestructurando su oferta electoral territorial de cara al nuevo ciclo electoral que se abrirá con alta probabilidad en 2026. No hay política sin territorio. No hay poder político sin territorio, pregúntenselo a Donald Trump. En el Estado español toda política está condicionada por la diversidad territorial. La tensión entre los poderes económicos, judiciales, mediáticos y políticos que operan en Madrid y los intereses de comunidades políticas constituidas o no institucionalmente, o de sectores económicos o sociales enraizados en las periferias, es permanente.

Pronto, en el Estado de las autonomías, sin cámara territorial fruto de la CE del 78, aparecieron en la prensa los términos barón o baronesa para designar a las presidencias de las distintas comunidades autónomas. El concepto medieval alude por un lado a la persona que ostenta la gestión del poder en un territorio concreto, baronía, y por otro, a su obligada obediencia al rey. La baronía la otorga el rey, el cual tutela la gestión que ejecuta el barón, o la baronesa.

Desde Madrid DF (expresivo hallazgo de Enric Juliana para designar el lugar donde se concentran los grandes poderes del Estado), los términos barón o baronía se usan con enfoques despectivos o conflictivos. La idea que se quiere trasladar desde el centralismo monárquico bipartidista es que el poder territorial es un estorbo para el ejercicio de las políticas de Estado. En realidad el estorbo para la auténtica democracia es siempre la concentración de todo el poder en un punto.

A pesar del esfuerzo homogeinizador para imponer una visión de España monótona, nadie ha podido acabar con la diversidad cultural y plurinacional del Estado. Ni siquiera durante el tiempo en que gobernó directamente el fascismo asesino franquista. Las realidades culturales históricas pueden ocultarse pero no extirparse. Por ello, tanto el PP como el PSOE no tienen más remedio que aceptar y gestionar la existencia de voces territoriales.

Tanto el PSOE como el PP se ven obligados a adaptar territorialmente sus estrategias de Estado a sus condicionantes autonómicos si quieren tener posibilidades de gobernar España. Eso es lo que está haciendo Pedro Sánchez. Esa es el fondo de la designación de María Jesús Montero como secretaria general del PSOE andaluz. Esa es la clave de la convivencia en el PP de Isabel Díaz Ayuso con Juan Manuel Moreno Bonilla, o de Emiliano García Page con Salvador Illa en el PSOE. Baronías toleradas.

España es una realidad impuesta desde el centro que no puede ser gobernada sin las periferias salvo liquidando la democracia, el proyecto de Vox y Ayuso; ni sin la atención a su diversidad cultural y política territorial, la necesidad que aceptan sin quererla los partidos monárquicos, PP y PSOE. Por ello, una nueva izquierda que aspire a gobernar superando el bipartidismo solo podrá hacerlo con la articulación orgánica interna de un proyecto verdaderamente federal. Es el momento de activar esa propuesta. Es el momento de pasar de la epifanía extraterritorialidad del 15M, radiada desde Madrid, a la asunción orgánica de la complejidad territorial. Además, como en la naturaleza, la complejidad es una condición para la resiliencia.

Publicado en Diario Red

sábado, 4 de enero de 2025

La arbonaida es un arma cargada de futuro

Juan Manuel Moreno, en el día de la bandera de Andalucía.

La economía va como un tiro, dijo Pedro Sánchez el verano pasado. El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, se enorgullece de las exportaciones agrarias andaluzas, de los impresionantes datos de número de turistas que visitan en Andalucía y de la creación de empleo. Carlos Cuerpo, ministro de Economía, saca pecho, este principio de año, del índice de crecimiento económico de España en el marco europeo y proyecta para 2025 la felicidad crecentista. Para el bipartidismo con poder institucional, uno en España y el otro en Andalucía, esto es jauja y nadamos en la abundancia.

Las familias andaluzas tienen la percepción domesticada por Canal Sur. Todo son albricias a Bonilla y abucheos a Sánchez, todo es Cataluña y España se entendiendo contra Andalucía. Andalucía no existe en Canal Sur si no es para ayudar a Ayuso y sus intereses en el capitalismo castizo y el fondismo buitre global. Se oculta que el PP andaluz no tiene proyecto social para Andalucía. El PP andaluz vive de las mismas albricias bipartidistas del PSOE que gobierna el estado. Sendos viven de los indicadores macroeconómicos de crecimiento,  PIB y déficit público. Indicadores que no dicen nada sobre la vida de la gente común.

El proyecto fiscal del PP andaluz proyecto es bajar impuestos a la fracción de población más rica, como el de Ayuso o el de Trump. Su proyecto económico es la insistencia en el turismo, la construcción y la economía agraria intensiva, cada vez más en manos de fondos ajenos a Andalucía. Con una política así el gobierno andaluz tiene cero credibilidad para exigir, en un imprescindible pacto de estado para la financiación autonómica, lo que a Andalucía corresponde por derecho propio y por el expolio histórico que ha sufrido en emigración, capital y déficit inversor del estado en infraestructuras e industria.

Cuando las familias andaluzas dejen de mirar en Canal Sur y en las calles de los centros de nuestros pueblos y ciudades la fantasía de la iluminación led, y miren sus nóminas, sus cuentas bancarias y los precios de la vida, chocarán con una realidad que no coincide con el espejismo. Cuando las deudas de las tarjetas de crédito digan aquí estoy yo, aflorarán las preocupaciones sobre el coste de la vivienda, de la luz, del agua, del teléfono, de internet, de los alimentos, de los productos de primera necesidad, del comedor escolar, las actividades extraescolares y la cultura. En febrero, donde las tarjetas bancarias han desplazado la cuesta de enero, retornará, si es que se fue tan solo unos días, la realidad de la mala atención sanitaria, la deficiente aplicación de la ley de dependencia, y la visibilidad del deterioro de la educación y la universidad con la entrega de dineros y gestión a las fábricas de ideología ultraconservadora que son los centros concertados.

El desempleo ha bajado en Andalucía una barbaridad, como lo ha hecho en todo el estado, pero mantiene un diferencial del 6% respecto de la media del Estado. Andalucía renquea no solo en el tirón de la creación de empleo, sino que el empleo que crea es de bajo valor añadido. Un empleo para bares y restaurantes, para prestar servicios en hoteles, para la agricultura mal pagada y para el gran comercio. Empleos de bajos salarios que tiran a la baja del salario de todos los demás sectores, incluidos los que requieren alta cualificación.

El sector turístico, del que tanto se enorgullecen nuestros próceres políticos, antes del PSOE y ahora del PP, encarece directa e indirectamente la vivienda, una vivienda inasequible con los bajísimos salarios. Una vivienda, tan cara para el alquiler o la compra, que las familias no pueden afrontarla sin asfixiar su economía de supervivencia. Necesitamos otro modelo turístico que cree valor añadido real y no destruya Andalucía. Por su parte, el sector agrario, solo puede competir a base de explotación de la clase jornalera y la inmigración. Esta no es la economía que se merece Andalucía. Y no vamos a salir de ella si no exigimos lo que nos corresponde.

Andalucía no va a salir de ser la peor situada en los indicadores de empleo, desigualdad, pobreza, indice salarial, desigualdad de género estructural, industrialización, déficit de infraestructuras ferroviarias o flujo de emigración cualificada, si no aborda una estructura fiscal propia que sea justa social y ambientalmente. Si no extrae de los beneficios del sector turístico una fiscalidad de compense los daños ambientales y sociales que crea. Andalucía no va a salir del atraso relativo respecto del resto de territorios del estado plurinacional si no se opone con fuerza a las consecuencias de las balanzas fiscales y la ordinalidad que quieren imponer los soberanismos catalanes, el de derechas y el de izquierdas.

Andalucía no va a salir de su atraso relativo si no reivindica a su gobierno y al gobierno del estado un trato privilegiado para la reindustrialización de todo nuestro territorio, un territorio conectado con África, América Latina y Europa que tiene costa este y costa oeste. Andalucía no va a salir de su atraso relativo si no exige imperativamente que el tren de mercancías y pasajeros articule todas nuestras comarcas conectándolas con el sur, el norte, el este y el oeste. Andalucía no va a salir del atraso histórico sin una apuesta clara por la agroecología, el urbanismo bioclimático y la industria cultural con raíces para ser propietaria de su potencia identitaria universal.

Andalucía no va a salir de su desigualdad interna y externa si la izquierda andaluza no interioriza que nuestra auténtica bandera republicana es la verdiblanca, que el andalucismo es el marco de acción táctica y estratégica. Las banderas no son trapos, la bandera andaluza no tiene lastre negativo del pasado, todo su simbolismo es positivo. Lo usa el presidente andaluz para resignificarla a su favor. El sentido de la verdibalnca que hay que enarbolar no solo es para rendir homenaje a nuestra pasado, si no para convertirla en arma para ganar nuestro futuro. La arbonaida es un arma cargada de futuro.

martes, 31 de diciembre de 2024

El niño del coro

Ambiente flamenco en Santiago este sábado.

Os voy a contar porqué me hace mucha ilusión publicar de vez en cuando en la sección de opinión de lavozdelsur.es. Este medio digital tiene sus raíces más profundas en Jerez de la Frontera, donde nació. Yo viví varios años en Jerez de la Frontera, justo los últimos años de colegio y los primeros de instituto. Se dice que uno es de donde estudia el bachillerato. Ahora sería la secundaria. Entre unas cosas y otras tengo mi corazón partío y repartío por toda Andalucía, pero en Jerez tengo el bachillerato.

Nací en Granada, mis padres se conocieron en el Albayzín, soy de Granada. Todas las navidades pongo en casa villancicos flamencos. Los que más pongo son los villancicos que canta Jerez. Jerez de la Frontera. Afortunadamente por razones de trabajo, cuando yo era un niño, mi familia recaló en ese pueblo auténtico que lleva en sus genes la esencia cultural mestiza de Andalucía. Esencia que Jerez siente, conserva y promueve gracias a la fuerza expresiva del pueblo gitano andaluz.

Hice octavo de EGB en el colegio público Carmen Benitez. En Jerez lo saben, pero para quien no lo sepa les diré que el colegio estaba en el corazón del barrio de Santiago. No es bueno comparar porque Andalucía es la matria del flamenco, pero es justo decir que Santiago, y Jerez entero, en cuestión de flamenquería gitana, está fuera de concurso. El antiguo BUP lo hice en el Padre Luis Coloma, el COU y Químicas en Granada.

En ese edificio neoclásico de principios del siglo XX, el Carmen Benitez, y en ese barrio jerezano habitado por familias gitanas, el niño que era no era consciente de que estaba construyendo una identidad que, años después ya en Granada, se le revelaría como propia al volver a visitar la casa del flamenco que estaba en su memoria.

Fue en Santiago, vivíamos en la calle Juan de Torres, donde mi madre me preguntó imperativa que qué iba a estudiar. Un negado para la música, no digamos ya para el cante, como yo era, ya se sabía por entonces de memoria la tabla periódica de los elementos. Le dije que química. Mi padre al lado se quedó ojiplático pidiéndole a mi madre que me preguntará que a dónde iba yo a ir con eso en Andalucía. Años después cuando me acuerdo de ese hecho anecdótico pongo en casa el tema Química de Diego Carrasco. Disfruto con su ritmazo, soniquete y compás santiaguero, recreando aquella escena en la cocina de casa.

También fue en Santiago, en el colegio público Carmen Benítez donde me echaron del coro. Un maestro de música retaquillo y pelirrojo preparaba el coro del colegio para la gira navideña. El coro del Carmen Benitez no tenía rival. Me apunté al coro, como me apunté al baloncesto o a escribir redacciones. Llevábamos tres días de ensayos cuando Don Carmelo, nos ordenó y dijo: hoy vamos a hacer una pruebas de sonido. Vamos a empezar cantando esto, no me acuerdo el tema, cuando yo baje la mano, todo el mundo se calla ipso facto.

Y así a la tercera vez me quedé solo. El maestro, aún vivía el dictador, no se andó con miramientos. Me miró fijamente y me dijo: vete de aquí y no vuelvas más. No recuerdo frustración alguna. Llegué a mi casa y en la misma cocina en que le dije a mi madre que iba a estudiar química le conté lo sucedido. Mi madre, que me conocía como si me hubiese parido, me dijo: ¿que te han echao del coro? Normal, tu dedícate a otra cosa que tienes el mismo oído que tu padre. Ahí terminó el disgusto.

Muchos años después, recuerdo estas anécdotas y otras, las recuerdo con más emoción cuando escucho los villancicos que Jerez ha llevado al altar de la historia de Andalucía. Las recuerdo escuchando las maravillas que hace Luis de Perikín con su gente en Así canta Jerez por Navidad y pienso, con alegría, que, en ese coro de Santiago, quién sabe, podían estar La Macanita o José Mercé, y que yo, claro, como dijo acertadamente mi madre, no estaba hecho para destrozar la belleza flamenca y gitana del coro de voces de Santiago.

Publicado en La Voz del Sur

domingo, 29 de diciembre de 2024

Aterrizaje turbulento en 2025

 Foto: Dani Gago

Acaba 2024, el año en que occidente ha consolidado el régimen de guerra. El régimen de guerra es el artificio con el que la política imperial de los EEUU hace frente al “peligro” chino. Durante el primer cuarto del siglo XXI China se ha consolidado como la gran potencia de la economía real. Para ello no ha necesitado un ejercito imperial. La capacidad tecnológica y productiva del gigante asiático es imparable. Al capitalismo de los BRICS no lo han parado ni los EEUU de Joe Biden ni lo van a parar los EEUU de Donald Trump.

El régimen de guerra trata de dominar la mente de las poblaciones con gobiernos sometidos a los intereses de los capitalistas estadounidenses. Como ha expresado mejor que nadie Javier Miley, la batalla cultural es clave. Al tiempo, dando una nueva vuelta de tuerca camino de la destrucción de lo que queda de estado social en la UE, y en otros países con elites alineadas con la Sexta Flota, sustenta el crecimiento económico sobre el aumento del gasto militar. Lo que se llama keynesianismo militar pero con cargo al adelgazamiento de políticas sociales, sanitarias y educativas. El fuerte déficit de los EEUU está anclado a la economía de guerra.

Los limites de los modelos productivistas, tanto del capitalismo neoliberal como del modelo estatal Chino son ecológicos y sociales. El crecimiento se basa en la apropiación del tiempo geológico, extractivismo, del tiempo de trabajo, explotación, y del tiempo de las mujeres, reproducción social. El régimen de guerra es una nueva huida hacia delante del capitalismo occidental en su modo neoliberal. Al régimen de guerra no solo le estorba la democracia, le estorba toda función del estado que no tenga que ver con la coerción. Los ricos occidentales, tipo Elon Musk, lo quieren todo todo el tiempo.

El neoliberalismo es un producto evolutivo del capitalismo que ha conseguido extirpar la capacidad de los estados de definir las políticas monetarias y económicas. Ha logrado el consentimiento de sectores muy amplios de población, que es víctima, mediante la batalla cultural dada en un ejército de medios de comunicación de su propiedad. Así ha revelado los límites de la democracia liberal (burguesa). Ante el choque del crecimiento permanente contra los límites planetarios –escasez de materias primas y crisis biofísica planetaria–, y para evitar la acumulación de conflictos capital/trabajo, huyó hacia la economía especulativa financiera y entregó la fábrica a China.  Así engendró la crisis de 2008. Ahora huye con la economía de guerra en un intento desesperado de retorno al control total de recursos, producción y mercados mundiales. Eso es la guerra proxy de Ucrania y el belicismo genocida de Israel en Oriente Medio.

Alineada con el discurso trumpista, la ultraderecha crece camino de sustituir a los partidos conservadores. Todo movimiento de resistencia a la ultraderecha que no se oponga al régimen de guerra está condenado al fracaso. La ultraderecha italiana y húngara acaban de asaltar, tras las elecciones europeas, el muro del convenio entre la socialdemocracia liberal y el conservadurismo surgido después de la segunda guerra mundial. La Comisión Europea, dirigida por la alemana Ursula Von der Leyen, ha integrado el fascismo en su equipo directivo con la connivencia de lo que queda de socialdemocracia liberal, a cuyo frente está el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

Enmanuel Macron se despeña en Francia, el gobierno de Olaf Scholz está descompuesto en Alemania. Fuera de la Unión, el laborismo inglés, entregado al otanismo y la bolsa de Wall Street, gobierna de milagro gracias al sistema electoral del Reino Unido. Entregada al pasado de la democracia liberal europea, cómplice de la destrucción de lo que se ha venido llamando estado del bienestar, la socialdemocracia se precipita en la fractura entre lo que dice y lo que hace. El PSOE español no es menos partícipe del alineamiento con el régimen de guerra. Si aguanta es por el legado de la coalición con Unidas Podemos en la pasada legislatura y por el soporte in extremis de la España periférica y el feminismo que resistieron las embestidas del PP y Vox en las elecciones del 23J de 2023.

Con esta coyuntura aterrizamos en 2025. La incertidumbre sobre lo que quiere hacer o podrá hacer el gobierno de Donal Trump está viva. Ha prometido acabar con la guerra de Ucrania. El nuevo presidente del imperio quiere hacer negocios al tiempo que dejar a las elites políticas y económicas europeas a los pies de los misiles rusos y los coches chinos. Los pueblos europeos son víctimas del régimen de guerra y de la actuación de sus elites políticas como capataces para defender los intereses del capital americano. No es casual que el actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sea el expresidente de Holanda (Países Bajos), un paraíso fiscal intra europeo para fondos buitre con oficina en Wall Street. Un tipo que en la crisis de 2008 llamaba PIGS (cerdos) a Portugal, Irlanda, Grecia y España, pide ahora, en crudo sin sutilezas, cambiar políticas sociales y jubilaciones decentes por inversión en guerra.

Muy pocos focos de resistencia política existen en al Unión Europea capaces de confrontar con el régimen de guerra. En Francia, la Francia Insumisa, en España, Podemos y los soberanismos de izquierdas gallego, vasco, y catalán. Todo movimiento de resistencia a la ultraderecha que no se oponga al régimen de guerra está condenado al fracaso. Con presupuestos o sin presupuestos, no habrá elecciones en 2025, ni PSOE, ni PNV, ni Junts se lo pueden permitir. El riesgo de una mayoría absoluta PP/Vox es manifiesto.

Mientras llega la sentencia del Constitucional que obligue a los jueces a aplicar la ley de amnistía, el partido de los jueces está haciendo el principal trabajo de desgaste de Pedro Sánchez. La alta judicatura rompió los límites del estado de derecho actuando contra Podemos y el independentismo. Con ese entrenamiento en el golpismo de baja intensidad, hay jueces que se sienten impunes para seguir levantando el brazo derecho contra la democracia. El “pacto de estado” para la renovación del CGPJ entre el PSOE y el PP funcionará como rémora antidemocrática en los años venideros.

El PP, Junts y PNV se coordinan para empujar políticas fiscales y económicas de derechas que permitan mantener el pacto entre elites sobre el que ha girado el bipartidismo de régimen. Pero en tanto Vox esté por encima del diez por ciento y Ayuso domine Madrid DF, con Trump como presidente de los EEUU, esto no será fácil. No parece por tanto que la estrategia de aproximación vaya a servir a PNV y Junts para ser futuros pilares periféricos de un gobierno del PP, aunque ahora sirva para sus pataletas de negociación con Sánchez o de ataque a Podemos por no plegarse a lo que ellos digan. Por su parte, el PSOE se aferra a su papel de soporte espiritual de la monarquía parlamentaria. Ese papel ya es el de un farsante, por eso insiste en autodenominarse de izquierdas. Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Todo movimiento de resistencia a la ultraderecha que no se oponga al régimen de guerra está condenado al fracaso. Por eso no cabe defender el malmenorismo para vivir doblegado al PSOE. Todo soberanismo que no se sitúe en el marco de la geopolítca mundial tendrá un campo de actuación limitado y un horizonte poco halagüeño. En España, un país complejo y diverso, toda estrategia política que no reconozca e integre a las distintas identidades territoriales que definen a pueblos culturales y políticos trabajará, aún sin quererlo, para el régimen de guerra. Si, como dice Iván Redondo, la derecha solo gobernará articulando una España Plural, y la izquierda articulando un proyecto plurinacional, para lo primero el impedimento es Vox, y para lo segundo el estorbo lo representa la farsa del PSOE.

Publicado en Diario Red

 

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Elogio del pueblo andaluz

Estudiantes palestinos se solidarizan con el pueblo andaluz en la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en Sevilla.

Una mañana de agosto, hace unos años, sentado en la cocina de mi suegra con mi portátil, ella se asoma a la ventana y dice “vaya taró que hace hoy”. Ojiplático la curiosidad me llevó a Google. Taró, palabra de origen fenicio que define una niebla espesa proveniente del mar que no acaba de levantar durante el día. Tres mil años de historia hablaban se expresaban en una cocina almeriense.

La cultura andaluza, cuyo idioma habla con una impecable diversidad de acentos, es una aleación que contiene componentes históricos de todo el arco mediterráneo desde Sidón hasta Tartesos, pasando por Grecia, Roma, el mundo árabe, el norte africano, la negritud, el pueblo gitano y, como en el flamenco, a modo de los cantes de ida y vuelta, los pueblos latinoamericanos.

El pueblo cultural histórico andaluz existe sin necesidad de traductores al idioma castellano. Un pueblo autorreconocido y reconocible universalmente por sus formas expresivas, a cuya vanguardia están el flamenco y la huella cultural de Al-Andalus, así como por habitar el lugar en el que se dio el primer renacimiento europeo, sin el cual Europa no sería, en la historia del pensamiento y la ciencia, lo que es.

El 4 de diciembre es el Día Nacional de Andalucía, el día del pueblo andaluz. Ese día, un luminosos domingo de 1977, dos millones de andaluces y andaluzas salimos a las calles de las capitales de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla, también de Madrid, Bilbao y, sobre todo, de Barcelona –más de doscientas mil almas de la diáspora de la emigración en Cataluña–, bajo el lema  “Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía.” No fue una manifestación más. Fue el día en el que pueblo cultural andaluz se constituyó como pueblo político. La incipiente España plurinacional renacía tras la dictadura franquista.

Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, a petición de Alejandro Rojas Marcos, líder histórico de andalucismo de la transición, declaró el 4D como Día de la Bandera de Andalucía. No es poco, frente a la farsa andalucista del PSOE que ha gobernado durante cuarenta años Andalucía sin reconocer ese día como el día más importante de nuestra historia política.

El Día de la Bandera de Andalucía no celebramos “el día en el que el pueblo andaluz, por encima de ideas e ideologías, se unió en la calle para reclamar autonomía e igualdad”, como afirma el presidente andaluz. El 4D celebramos el día en que nos constituimos como pueblo político, reclamando que queríamos ser como el que más. El 4D el andalucismo de izquierdas de la transición, asumido mayoritariamente por un pueblo andaluz oprimido y condenado a una economía de supervivencia y emigración, obtiene su más importante logro. Celebrar los logros es mantener viva la esperanza.

El pacto de las elites de la transición cuya forma visible fueron los pactos de la Moncloa, firmados el 15 de octubre de 1977, mes y medio antes de que el pueblo andaluz desbordara las calles, tenía tres elementos centrales. La monarquía sería la forma constitucional indiscutible, el soporte para que todo cambiase pero todo siguiese igual. La crisis del momento, alimentada por la primera crisis ecosistémica capitalista, la crisis del petróleo de 1973, se cargaría a las espaldas de la clase trabajadora. Y tres, la territorialidad del estado, que se iba a escribir negro sobre blanco en la CE de 1978, estaría formada por tres nacionalidades, a las que se les llamaba históricas (Galicia, Euskadi y Cataluña), y el resto serían regiones administrativas para la gestión descentralizada de las competencias del estado.

De las tres condiciones del acuerdo entre elites para la transición de la dictadura a la democracia, dos se cumplen. La tercera la rompe el pueblo andaluz el 4 de diciembre de 1977 primero reclamando ser como la que más, y después, ejerciendo el derecho a decidir, consecuencia de ese momento histórico, el 28 de febrero de 1980 en las urnas.

El pueblo andaluz merece el elogio del resto de pueblos del estado que pudieron lograr después una capacidad de autogobierno como la del pueblo andaluz, gracias a que nuestra fuerza política rompió uno de los candados que impuso el régimen franquista en la transición, un candado centralista que dejaba sin soberanía política a todo el estado menos a Galicia, País Vasco y Cataluña.

Vivimos tiempos en los que la derecha Española que gobierna Andalucía intenta resignificar al andalucismo como un apéndice de nacionalismo españolista afincado en Madrid. La operación intenta adormecer el carácter reivindicativo del pueblo andaluz en interés propio y, a un tiempo, instigarlo con el “a por ellos” para usarlo como ariete contra los intereses de otros pueblos.

Por eso, la construcción del andalucismo para el siglo XXI debe ser una prioridad absoluta de la izquierda andaluza, por eso celebramos hoy el gran logro de las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977, porque celebrar los logros es avivar la esperanza para que tres mil años de historia cultural sigan hablando orgullosos en las cocinas de nuestras madres.

Publicado en La Voz del Sur

domingo, 1 de diciembre de 2024

La ordinalidad perjudica a Andalucía

Asociación Andalucía y Democracia con motivo del 4D de 2024

Para despegar económica, social y culturalmente, Andalucía necesita un nuevo andalucismo político que sea capaz de romper el modelo de financiación ideado por las élites del norte y de Madrid basado en la ordinalidad. Ese andalucismo sólo será posible con la implicación activa de la intelectualidad académica y cultural andaluza. Conviene recordarlo una vez más con motivo de la conmemoración del 4 de diciembre, Día Nacional de Andalucía, fecha en la que el pueblo andaluz se constituyó en las calles como actor político de primer orden.

Lo primero es hacer crecer el andalucismo como ideología de defensa de los intereses del pueblo andaluz. Para ello, hacemos un llamamiento a la intelectualidad andaluza, al mundo académico, a los referentes artísticos y culturales y al periodismo de raíz andaluza, para que se impliquen masivamente en la defensa de Andalucía. Es imprescindible cultivar la conciencia cultural y política del pueblo andaluz tal como hicieron sus antecesores en la transición.

Los debates de la izquierda andaluza basados en la mera unidad electoral no son productivos, como se ha demostrado sobradamente. El debate sobre unidad no ha tenido en cuenta los problemas reales que aquejan al pueblo andaluz y están basados sobre todo en intereses partidistas. Tampoco lo es creer que el nacionalismo andaluz solo puede ser representado por partidos o coaliciones de ámbito exclusivamente andaluz. La cuestión estratégica para la izquierda andaluza es pensar, abonar y hacer crecer el andalucismo para el siglo XXI.

En el mismo sentido, el debate del andalucismo no puede ser sobre si éste es auténtico o no si defiende un proyecto sin conexión orgánica con aspiración de estado o que marque sus límites en el territorio andaluz. La forma orgánica o electoral con la que se defiendan los intereses del pueblo andaluz es parte de la cuestión táctica y del debate interno sobre la organización de partidos, coaliciones o proyectos electorales. Nada tiene que ver con el trabajo analítico e ideológico que recupere la capacidad de autodefensa y reivindicación del pueblo andaluz.

La segunda necesidad es impulsar un consenso que defienda los intereses del pueblo andaluz contra el principio de ordinalidad. Los nacionalismos soberanistas, tanto de izquierdas como de derechas, buscan imponer el principio de ordinalidad, basado en las balanzas fiscales, en las aportaciones que hacen las comunidades autónomas al estado, dirigidas a la solidaridad interterritorial. El sistema pretende que una comunidad autónoma mantenga la misma posición en la inversión per cápita del estado que ocupa en el orden de recaudación de impuestos estatales. De este modo, las comunidades autónomas que son contribuyentes netas nunca quedarán por detrás de las que tienen menor recaudación.

Sabemos que la ordinalidad potenciará la desigualdad territorial y no abordará el verdadero problema del déficit de financiación de las comunidades autónomas, que no es otro que una estructura fiscal que favorece a las grandes empresas, a la banca y a las rentas altas. Es mentira que en España paga más quien más tiene. Como hemos dicho en textos anteriores, la inmensa mayoría de las grandes empresas, incluidas las del sector turístico junto con la banca, tienen sus sedes sociales fuera de Andalucía. Más del 50% están en Madrid. Por lo tanto, Andalucía debe rechazar soberanismos desequilibradores que firman pactos contrarios a los intereses de Andalucía, fraguados entre las elites políticas madrileña, vasca o catalana, con el aval del bipartidismo.

Los impuestos se fijan en función de las rentas y de los beneficios empresariales y se pagan en los territorios donde las personas residen o las empresas tienen su sede social. Por lo tanto, la ordinalidad beneficia a los territorios donde se concentra la mayor parte de las empresas, por lo que es contraria a la solidaridad interterritorial y a la igualdad de derechos de las personas sea cual sea el territorio en el que residan. Tampoco tiene que ver con la necesidad de reducir las manifiestas desigualdades territoriales. La ordinalidad solo favorece a los ricos y perjudica a los pueblos del estado, independientemente de su grado de conciencia soberanista. La ordinalidad no es de izquierdas y beneficia sobremanera a Madrid.

Ese modelo hace que, como respuesta malintencionada, broten discursos anticatalanistas y antisoberanistas que aprovecha electoralmente la extrema derecha. Esto hace retroceder las posiciones del republicanismo plurinacional. Por eso, la izquierda andaluza está obligada a poner el andalucismo político en el frontispicio de su lucha y propugnar un pacto entre los pueblos basado en el republicanismo federal y plurinacional. Un pacto que profundice en la protección y desarrollo de todo tipo de derechos sociales, de género y de defensa del medio ambiente. La izquierda andaluza debe interponerse entre el “España nos roba” y el “a por ellos”.

La realidad política andaluza está marcada también por la pervivencia del bipartidismo y por la incapacidad del andalucismo político, cuya desorientación ideológica ha contribuido a impedir el crecimiento de la conciencia política del pueblo andaluz. Eso ocurre pese a los logros históricos del 28 de febrero de 1980, resultado a su vez de las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977.

Para el crecimiento de la conciencia andalucista es precisa la implicación de la intelectualidad académica y cultural andaluza en el análisis, proyección y divulgación de las causas históricas y coyunturales que sostienen la desigualdad de Andalucía respecto de los territorios más ricos del estado, como son Madrid, Euskadi, Navarra o Cataluña. Es preciso alimentar la decencia intelectual para romper la dependencia del centralismo de estado y madrileño, con su actuación extractiva de capital ambiental, humano, cultural y económico andaluz.

En este movimiento de decencia intelectual deben participar, como decíamos al principio, la intelectualidad, la producción académica universitaria, los profesionales de la enseñanza, los medios de comunicación, el periodismo, los artistas y, claro que sí, el mundo empresarial arraigado en Andalucía que no quiera ser eternamente subalterno del capitalismo centralista ni del capitalismo usurero global. Esto último es imprescindible para que despegue un modelo productivo propio, que reduzca la dependencia de Andalucía de sectores tan insostenibles como son el turismo de masas, la construcción de segundas residencias o la agricultura intensiva.

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Mario Ortega Rodríguez, presidente de la asociación Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta; Salvador Soler García, secretario, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, profesora Universidad de Granada, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Rubén Pérez Trujillano, jurista profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Francisco Garrido Peña, profesor de la Universidad de Jaén; Marcos García Mariscal, abogado laboralista, Manuel Rodríguez Alcázar, técnico municipal; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Juan Manuel Sanz Marín, empresario; Antonio Aguilera Nieves, economista; Raúl Solís Galván, periodista; Belén Bravo Rodríguez, Arquitecta, profesora de urbanismo en la Escuela de Arquitectura de la UGR.

Publicado en La Voz del Sur

lunes, 25 de noviembre de 2024

La decisión política del teniente general

Francisco José Gan Pámpols — RTVE

El teniente general Francisco José Gan Pámpols, nombrado por Carlos Mazón vicepresidente de la Generalitat Valenciana con la misión de reconstruir las zonas destrozadas por la DANA, ha afirmado que no aceptará “directrices políticas”. Sin embargo, tanto la virulencia de las lluvias torrenciales provocadas por la DANA, como su nombramiento, son consecuencia de decisiones políticas. Las políticas que  defiende abiertamente el partido al que pertenece quien lo ha nombrado, ignoran o niegan las causas y efectos del cambio climático.

Despreciar el cambio climático, priorizar la crueldad taurina, afirmar que la DANA se iba para Cuenca, recluirse a comer horas con una periodista, engañar sobre los avisos de AEMET y las notificaciones de la Confederación Hidrográfica del Júcar, es tan político como nombrar a un teniente general jubilado vicepresidente de la Generalitat.

Carlos Mazón pretende con el nombramiento de un militar de alta graduación compensar su indolencia y temeridad manifiesta en la gestión de los días y las horas previas y posteriores al desastre meteorológico, al tiempo que vestir el nombramiento como no político, para mantener la estrategia de que su ausencia de gestión, es producto de un fallo del sistema. Mientras el president no dimite como debiera, un teniente general como hombre de autoridad pondrá orden sin recibir directrices políticas. Ese es el mensaje.

Antipolítica militar de cara a la galería y políticas típicas del Partido Popular para repartir euros a dedo. El gobierno negacionista de Carlos Mazón entrega ya a dedo millones de euros a empresas amigas, algunas de las cuales estuvieron en la trama Gürtel. Regar de dinero con el dedo índice a amigos, compadres y familiares, es una decisión política, tan política como dejar morir cruelmente a 7.291 ancianos en las residencias de Madrid, lucrase intermediando la compra de mascarillas, o entregar a mutuas y capital privado el dinero de la salud pública.

Lo que la ecología, que es ciencia y es política, viene pronosticando para nuestra zona mediterránea, es que las consecuencias del modelo de producción basado en los combustibles fósiles, serán largos periodos de sequía, calor abrasante con veranos extensos y lluvias torrenciales de extrema violencia cada vez más frecuentes. Lo que la ecología previó es que el calentamiento global tendría consecuencias muy graves  y costosas sobre los ecosistemas, las migraciones, la industria, la agricultura y sobre cualquier actividad humana. Las vemos a diario.

Ni la técnica, ni la ingeniería, ni la ciencia gozan de neutralidad política. El teniente general ha aceptado una decisión política de un personaje cuyas decisiones por activa o por pasiva han causado la muerte de 220 personas y daños irreparables en un vasto territorio de la comunidad valenciana. La cuestión ahora es si, en su tarea de reconstrucción y, evidentemente, de prevención de futuros daños por seguras DANAS, sus decisiones técnicas se plegarán a la ingeniería del hormigón y la maquinaria pesada que desprecia los ecosistemas, o atenderán las propuestas de equipos multidisciplinares que pongan por delante la complejidad de las relaciones entre naturaleza y actividad humana. Y esta es la auténtica decisión política.

Publicado en Diario Red

sábado, 9 de noviembre de 2024

DANA, inutilidad y colaboracionismo

 Personas ayudando en una recogida solidaria para Valencia.

Desde que se produce la alerta roja de Aemet a las 7:36 horas del 29 de octubre, hasta antes de que se desatan las terribles inundaciones a las 18:30 del mismo día, la prioridad absoluta para el presidente valenciano, Carlos Mazón, debió ser proteger vidas y minimizar daños. Despreció el riesgo. Doscientas veinte personas fallecidas, noventa desaparecidas e inmensos daños son consecuencia directa de su incapacidad y su defensa de intereses espurios.

El día después, ajena a lo ocurrido, la prensa madrileña ignoraba en sus portadas la tragedia. El Madrid de la corte, el centralista, no el ciudadano, al ignorar la tragedia valenciana ignora la España que dice ser. Pedro Sánchez, ante la emergencia anunciada por Aemet la mañana del 29, y evidenciada por los datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar la tarde del 29, despreció las consecuencias mortíferas de la desidia gestora del Carlos Mazón.

Los unos por ignorantes ideológicos, el PP, y los otros, el PSOE, por tacticistas de la política bipartidista, juegan a desplazar con cuentos la culpa a la otra parte, sin afrontar lo que la población y el sentido común demandan, cooperación institucional y actuación inmediata para minimizar los efectos de la DANA y acelerar la recomposición de la vida. El rey, oliendo su oportunidad, quiso jugar su papel en la foto como piedra angular del rifirrafe bipartidista, en Paiporta salió igualmente embarrado.

Hay un vínculo entre ideología y modelo de gestión de los intereses comunes. Lo demuestran siempre las derechas en casos de catástrofes, sean sanitarias, naturales, ambientales, tecnológicas, bélicas o por acciones terroristas. A las derechas les gobierna el cerebro individualista, a las izquierdas el cooperativo. Cooperar mejor que competir.

El colaboracionismo de la socialdemocracia con el cerebro anticientífico de las derechas la sitúa fuera del campo político que defiende el bien común. Pedro Sánchez no ha actuado para afrontar la DANA y sus efectos como si presidiese un gobierno de izquierdas. Desde que se comprobó la incapacidad de Mazón, la mañana del 29 de octubre, debió asumir el control de la situación. Si te dices de izquierdas pero actúas como la derecha, no tienes función de utilidad para el bien común.

Publicado en LA VOZ DEL SUR

Menos mal que la pandemia la gestionó un gobierno con Unidas Podemos dentro, porque allá donde gobernaba la derecha o la ultraderecha el daño fue muy superior. Mientras en EE.UU, Trump preguntaba si se podía tomar lejía para matar al bicho, la región de Madrid, gobernada por Isabel Díaz Ayuso se convertía en la zona cero de las muertes en España, tanto en las residencias como en el conjunto de la sociedad. Un 34% más de muertes que en el resto del estado.

Desde los hilillos del Prestige, hasta la DANA de Valencia, la derecha muestra su inutilidad ideológica. Carlos Mazón recogía premios, se reunía con patronal y sindicatos vips, negaba a las 13:00 el riesgo en comparecencia pública, comía durante más de tres horas con una periodista y llegaba dos horas tarde al Cecopi para “gestionar” la emergencia porque desprecia la protección del común. Aguada su legislatura, el daño y el dolor son su legado. Dimitir es lo que debería hacer cuanto antes. Jugar con la DANA al bipartidismo, como está haciendo Pedro Sánchez, es sumarse a la culpabilidad del legado de Carlos Mazón.

miércoles, 16 de octubre de 2024

Antonio Maíllo en La Vanguardia

 Antonio Maíllo y Yolanda Díaz.

En periódico La Vanguardia, el catorce de este mes, el coordinador general de Izquierda Unida desde hace cinco meses, Antonio Maíllo, afirma que “quien no quiera unificar la izquierda, que lo diga. Que se retrate”. La afirmación es el titular. El entrevistador, Asier Martiarena, remacha que Maillo celebra la corrección del rumbo por parte de Sumar tras los resultados de las elecciones europeas del 9-J, pero apela a un reagrupamiento del espacio con “todos dentro”.

Si algo debe caracterizar a la izquierda en sus decisiones tácticas y estratégicas es el ejercicio de la memoria. Sin memoria es imposible no caer en las mismas trampas, en las mismas angustias, en las mismas traiciones, en los mismos desencantos. No dedica Antonio Maíllo ni un solo segundo a reconocer de forma meridiana que fueron IU, PCE y sectores de la coalición y el partido vinculados a CC. OO. quienes impulsaron y cooperaron con la gran mentira de la unidad de la izquierda que ha supuesto Sumar. La estrategia fallida de aniquilación de Podemos y, consiguientemente, de la unidad construida en forma de Unidas Podemos, la destapé en noviembre de 2022 en un artículo con el título Las fotos de Yolanda Díaz y los números del CIS.

La actual vicepresidenta segunda del gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, junto con el presidente Pedro Sánchez, decidieron reducir Podemos a cenizas. La idea era volver a la situación anterior al 15M de 2011, un PSOE que habla con la mano izquierda y gobierna con la derecha, manteniendo a su izquierda una docilidad militante de biblia comunista, a cambio de alguna que otra prebenda que justifique la colusión contra los intereses de la clase trabajadora.

La idea era muy buena, engañó a mucha gente inocente. Se trataba de destruir la hegemonía política y estratégica de Podemos, entregando Cataluña a Los Comunes bajo el dominio de cuadros de la vieja Iniciativa per Catalunya Verds, el País Valencià a Compromís, Madrid a Más Madrid y Andalucía al PCE bajo la forma de IU. El resto de fuerzas territorializadas que vistieron el santo eran meras comparsas para ocupar el espacio que Podemos tenía en sus territorios. El enemigo de toda esa izquierda de cortos vuelos era Podemos, justo quien la llevó al gobierno de España.

No estamos en tiempo electoral para estar todo el día con la monserga de la unidad. La izquierda que quiere representar el actual coordinador general de IU habría de hacer un ejercicio de constricción. Lo primero es pedir perdón por el daño hecho. Lo demuestra el entreguismo de Sumar y sus ministerios, incluido el de IU, a la farsa de “izquierdas” que es el gobierno de España desde que expulsaron a Podemos.

 Conviene recordar que fue en Andalucía, en coherencia con el reparto territorial planificado por las torpes cabezas de Sumar, donde en las elecciones autonómicas de 2022 se inició la estrategia de demolición de Podemos a las órdenes de Sánchez y Díaz. Así que debería ser desde aquí para todo el Estado, donde Antonio Maíllo reconociese en público la contribución de IU al daño a la izquierda transformadora. Que se retrate primero, que ya vendrán tiempos electorales cuando hayan de venir.

Publicado en LA VOZ DEL SUR

martes, 15 de octubre de 2024

Alberto Garzón en el Palacio Real

Alberto Garzón durante el besamanos. 12 de Octubre 2024

No es una anécdota ni un hecho aislado. No es la manera de despechar las críticas de su propia organización que le obligaron a retractarse de trabajar para el consulting dirigido por el exministro, ex vicesecretario general y ex responsable de organización del PSOE, Pepe Blanco. Alberto Garzón acudiendo, sin necesidad, al besamos borbónico por invitación de la Casa Real, es la representación simbólica de la izquierda que domesticó el régimen del 78.

El pacto de la transición del franquismo a la democracia, aceptado por el PCE y, por supuesto, por el PSOE, suponía la interiorización en la izquierda de tres cuestiones de fondo. La aceptación de la monarquía borbónica reinstalada por el dictador como clave de bóveda del todo atado y bien atado. La aceptación de que la crisis económica de régimen, agravada por la primera crisis del petróleo, la pagase la clase trabajadora. Y, tercero, la aceptación de que la estructura territorial del estado sería la compuesta por las tres nacionalidades cuyos estatutos habían sido aprobado antes del golpe de estado de julio de 1936, Galicia, País Vasco y Cataluña, la comunidad foral de Navarra, quedando relegados el resto de territorios a meras estructuras administrativas, sin capacidad política, dirigidas desde el centralismo gubernamental.

De esas tres vigas maestras del pacto de la transición, la única que se rompe es la territorial. La rompe Andalucía el 4 de diciembre de 1977. Ese día el pueblo cultural andaluz sale masivamente a la calle para constituirse como pueblo político. Fuerza el artículo 151 de la CE, que los padres de la constitución redactan de manera infame, imponiendo unas condiciones de referéndum para que fuese imposible que Andalucía obtuviera el reconocimiento de nacionalidad histórica. La infamia es desbordada en las urnas andaluzas el 28 de febrero de 1980. En el proceso autonómico andaluz, tanto el PSOE como el PCE fueron siempre a rebufo del andalucismo político, liderado entonces por el PSA.

Alberto Garzón en el besamos del Palacio Real representa a la izquierda de una España que es una ficción hecha realidad a fuerza de absolutismo, centralismo y represión territorial. Una España Real que no es la España real. El bipartidismo de régimen que alimenta el ex coordinador general de IU, de regreso en forma de nuevas corruptelas, se ha fortalecido con el apoyo, ora a unos ora a otros, del PNV y la derecha política catalana, y con una izquierda preocupada en exclusiva por su reproducción y supervivencia electoral. Una izquierda regresada, tras el fracaso de Sumar, a la cantinela extemporánea de la unidad.

Salvo que la corrupción sistémica del régimen del 78, representada por la monarquía  y, en esta fase, por  Isabel Díaz Ayuso y su mundo y por el mundo del exministro y ex secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos, provoque un anticipo electoral, parece que hay margen temporal para que, sin urgencias tácticas, se aborde un proyecto político que vincule la realidad de la diversidad política, cultural y territorial, con los avances republicanos y democráticos hurtados a los pueblos del estado español en la transición. Desde luego, para un proyecto así, no cabe la hegemonía de una izquierda como la que simboliza Alberto Garzón en el besamos del Palacio Real.

Publicado en Diario Red

lunes, 30 de septiembre de 2024

Andalucía y federalismo plurinacional

 Dos personas pasean por delante del Parlamento de Andalucía.

La realidad plurinacional del Estado español hace inevitable el debate sobre su configuración territorial institucional. España no es Madrid ni Madrid es España. España es una ficción hecha realidad a base de imposición centralista, bien facistoide, bien borbónica, sostenida en estos tiempos por el capitalismo neoliberal. El Estado español federal/confederal es un sueño que precisa acuerdos plurinacionales para construir una realidad republicana.

El procés ha muerto. Mientras el nacionalismo catalán se zafa del pasado inmediato, el andalucismo del siglo XXI no puede por más que usar la fuerza de una Andalucía que, por tamaño y población, podría ser el país dieciséis o diecisiete de la UE, para promover un pacto entre pueblos que confronte con el pacto entre elites al que está suscrito el régimen del 78.

El bipartidismo imperfecto, del que habla insistentemente Pablo Iglesias, beneficia más que a nadie a las elites capitalistas que medran en Madrid, amparadas por el PSOE y por el PP, BOE mediante. Pero también a las elites burguesas apegadas al nacionalismo catalán y vasco, que siempre terminan succionando una porción del jugo que desde Madrid DF, como lo define Enric Juliana, se extrae del resto de territorios del estado.

En el actual contexto bélico global, con la democracia en riesgo de oclusión bajo el régimen de guerra impuesto por Wall Street y la OTAN, malo será que las izquierdas plurinacionales y soberanistas no formulen un horizonte estratégico común. Si los soberanismos de izquierdas gallego, vasco y catalán ignoran la fuerza cultural y poblacional de Andalucía, y a la inversa, si la izquierda andaluza desconoce el sustrato identitario popular sobre el que hacer crecer el empuje reivindicativo contra nuestra desigualdad estructural histórica, el horizonte republicano federal se situará, invisible, tras las empalizadas de intereses de las distintas burguesías que constituyen las derechas española, catalana y la vasca, subalternas todas del gran capital global.

El pueblo cultural y político andaluz existe. Es preciso en Andalucía sentar las bases ideológicas para la construcción de una propuesta propia que ponga por delante la soberanía política andaluza como parte esencial de la plurinacionalidad del Estado. Dicha propuesta ha de estar asociada a un proyecto democrático republicano que garantice derechos, justicia, igualdad, paz y ecología, cualquiera que sea el lugar de nacimiento y residencia de las personas a las que va dirigido.

La propuesta republicana para el siglo XXI, como objetivo estratégico de las distintas izquierdas soberanistas y la izquierda plurinacional, está vinculada a la propuesta de un Estado federal plurinacional. Para encarar el futuro sin que releguen al pueblo andaluz a la subalternidad del capitalismo global y de las elites madrileñas, vascas y catalanas, la izquierda andaluza debe proponer un pacto entre pueblos al conjunto de las izquierdas del Estado español. A su vez, debe luchar por la propia singularidad fiscal y la bilateralidad con el Gobierno de España, reconocida en el estatuto de autonomía en sus artículos 184, 220 y en su disposición adicional tercera.

Publicado en La Voz del Sur 

lunes, 23 de septiembre de 2024

El PSOE no es un partido de izquierdas

El último comité federal del PSOE.

El PSOE no es un partido de izquierdas. Esta afirmación no es contradictoria con que su electorado sea de izquierdas, considere al PSOE de izquierdas o crea que votándolo frena a la ultraderecha, incluso con que buena parte de su militancia sea de izquierdas. El PSOE es el partido instrumental de los poderes económicos y monárquicos herederos del franquismo para vestir al régimen del 78 de aires democráticos.

El PSOE, en su papel de partido de régimen, ha entregado a la derecha el control del órgano de gobierno de los jueces. El pacto con el PP para renovar el Consejo General de Poder Judicial va contra los intereses de la mayoría social. Lo notaremos agravado en los próximos años, como notamos su pacto con el PP para reformar el artículo 135 de la CE, su apoyo a Rajoy en la aplicación del artículo 155 de la CE a Cataluña, o su obstrucción a la derogación de la ley mordaza. Por recordar solo algunas de sus últimas hazañas de derechas

Conseguida la investidura para la XV legislatura, promulgada la ley de amnistía, a la espera de su ratificación en el Constitucional, con Salvador Illa presidiendo la Generalitat, el refrendo del legislativo a la acción de gobierno pasa a segundo plano. El presidente lo dijo en un desliz comunicativo en su discurso ante el Comité Federal del PSOE del 7 de septiembre, "vamos a avanzar con determinación en esa agenda, con o sin apoyo de la oposición, con o sin el concurso de un poder legislativo que necesariamente tiene que ser más constructivo y menos restrictivo".

Pedro Sánchez está decidido a resistir, tiene motivos. Si convocara elecciones por falta de presupuestos para 2025 entregaría el gobierno al PP y Vox. El PSOE no se puede permitir esa derrota, reduciría al mínimo su poder territorial, y el PSC (única federación fuerte con poder) se quedaría sin amparo en Madrid, quedando al pairo en Cataluña.

Sánchez tiene que resistir para que el PSOE mantenga la farsa de una democracia deficitaria. Seguirá lanzando cortinas de humo, espejismos de propuestas que si hubiese números para sacar las adelante en el congreso no lanzaría. Mientras tanto apoyará la política migratoria antiderechos humanos de la Unión Europea, seguirá vendiendo y comprando armas a Israel, apoyando la escalada bélica en Ucrania, entregando más poder ideológico a la derecha potenciando la enseñanza concertada, o impidiendo una política de vivienda que frene la ambición de los fondos buitre y los grandes propietarios.

Andalucía, si no hay sorpresas, abrirá el nuevo ciclo electoral en la primavera/verano de 2026. Aquí se producirá el primer combate electoral. No hay visos de que el PSOE andaluz recupere fuelle, mucho menos con un Pedro Sánchez atrapado en un gobierno sin horizonte de transformación progresista. El PSOE ya ha advertido el fracaso de la operación Sumar que instigó contra Podemos. Sin un flanco izquierdo mínimamente fuerte está condenado a perder irreversiblemente el poder. Las maniobras para reconstruir una izquierda dócil, sin la cual el PSOE no podrá ya gobernar, van a continuar, ya están en marcha otra vez con el PCE y Sumar. La izquierda no subalterna ha de ser cauta en Andalucía y fuera de Andalucía, ya la han engañado un buen puñado de veces.

Es tiempo de trabajar un proyecto ideológico que aspire a sustituir al PSOE como actor hegemónico en el electorado de izquierdas. Las claves sociales, las feministas de clase, las de la ecología política y las del andalucismo como ideología para defender los intereses del pueblo andaluz, están llamadas a ser los pilares de una izquierda andaluza y andalucista que no se conforme con ser subalterna ni aspire a suplantar la farsa teatral que representan el llamado Partido Socialista Obrero Español.

 Publicado en La Voz del Sur

martes, 17 de septiembre de 2024

Alianza Europea de Izquierdas por los Pueblos y el Planeta

 Manon Aubry (Francia Insumisa), Ione Belarra (Podemos) y otros dirigentes de la izquierda — Twitter

El nuevo partido de izquierdas europeo forjado por la Francia Insumisa, Podemos, el Bloco de Esquerda portugués y otros partidos de distintos países de la Unión Europea, se llama Alianza Europea de Izquierdas por los Pueblos y el Planeta. Noto en ese nombre resonancias del himno de Andalucía que la izquierda andaluza entona: “Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad, sean por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad.” Dotar a la naturaleza y los animales de personalidad jurídica para protegerlos, es considerar la protección del planeta condición de posibilidad para la supervivencia de la humanidad.

El nombre del nuevo partido reconoce la existencia de pueblos culturales, muchos de los cuales han devenido, por voluntad propia, pueblos políticos. Al igual que desde la mirada de la ecología, el planeta es un inmenso conjunto de ecosistemas, desde una mirada política el planeta es un conjunto inmenso de pueblos culturales y políticos. Un pueblo es a la política lo que un ecosistema es a la biología. Un conjunto de relaciones que promueven la supervivencia del conjunto, un conjunto de relaciones que forjan la resiliencia, esa capacidad intrínseca de resistencia.

El nombre del nuevo partido de izquierdas europeo, una alianza de partidos, es un acierto. Representa en sí los tres bienes mayores que la izquierda debe proteger, la clase trabajadora, los pueblos y el planeta. Al igual que en el planeta la base de la supervivencia de la vida es la biodiversidad, encargada de cerrar los ciclos metabólicos, la base de la supervivencia de la humanidad es la federación pacifista del poder democrático. Por los pueblos y el planeta es lo mismo que decir por los pueblos y la humanidad.

El nuevo partido de la izquierda europea se aleja de una izquierda subalterna de la socialdemocracia liberal. A su vez, a la vista de las estrategias que sus principales componentes tienen en sus países, no pretende suplantarla, en todo caso sustituirla como agentes hegemónicos de los distintos pueblos de Europa. El desastre que ha supuesto en el estado español el fracasado proyecto de Sumar, se debe al delirio en la creencia de que se puede ser fuerza subalterna del PSOE y a su vez suplantarlo. Ni subalternidad ni suplantación, el proyecto ha de ser para sustituir a la socialdemocracia liberal.

La nueva izquierda con aspiraciones de hegemonía ha de proyectarse hacia el horizonte de sustitución de la socialdemocracia liberal, devenida ésta en el proyecto ideológico más light de la derecha económica, útil a los capitalistas como tampón de una izquierda rupturista. Esa nueva izquierda cuyos componentes reconocen las identidades de clase y las identidades de género, reconoce en su nombre las distintas identidades de los pueblos culturales y políticos. Un avance importante que no eludirá reconocer la existencia de, además de desigualdades de clase y de género, desigualdades entre pueblos y, consiguientemente, la obligación de la solidaridad internacionalista.

Intuyo que un proyecto de cooperación política a nivel europeo como el de la Alianza Europea de Izquierdas por los Pueblos y el Planeta es, si no en forma de partido, extrapolable al estado español. La plurinacionalidad no es otra cosa que el reconocimiento mutuo de la existencia de diferentes pueblos políticos asentados en territorios. Una alianza plurinacional estratégica hacia un horizonte republicano, se torna imprescindible en el actual momento político. El objetivo es ganar espacio a la decadencia ideológica de un PSOE que está entregando conscientemente el estado español a la derecha.

Publicado en Diario Red

 

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Democracia y federalismo plurinacional

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No hay política sin territorio, como no hay vida sin ecosistema. El federalismo es la distribución normativa y caleidoscópica del poder territorial. Introduciendo en esta operación también los niveles municipales. A los dueños del capital les interesa reducir al mínimo tanto el estado como la interlocución con el poder político del mismo. Eso es lo que les ofrece el bipartidismo en España. El capital, en su forma ideológica neoliberal, potencia el centralismo. El centralismo es la concentración de poder en un punto. La concentración del poder es lo contrario a la democracia.

En esta fase del neoliberalismo occidental, en la que los dueños del capital lo quieren todo todo el tiempo, estos no pueden ocultar su aversión a la democracia. Sus peones, como estos días Macron en Francia, actúan siempre en consecuencia. Para enfrentarse a la escasez de recursos naturales y a la capacidad productiva de China y los BRICS, con objeto de mantener las imprescindibles tasas de crecimiento, el centralismo, la concentración del poder, es la mejor forma institucional de operar contra la democracia.

La reforma del artículo 135 de la CE, que se hizo para priorizar el rescate a la banca frente a las inversiones en políticas públicas, y para disciplinar con recortes la política fiscal y económica de ayuntamientos y comunidades autónomas, fue un acto bipartidista de carácter substancialmente centralista ejecutado por Zapatero y Rajoy a las órdenes de los entonces capataces mundiales del capital, Obama y Merkel. La protesta que desató la crisis social, consecuencia de esa acción centralizante, se atacó con más legislación centralista, la ley mordaza.

La substancia ideológica de la izquierda es la defensa de la democracia. Si, como intentamos demostrar, el centralismo es un operador anti-democrático, el federalismo es un operador pro-democrático. Como se viene repitiendo en los editoriales de Diario Red, en la composición del congreso para esta legislatura no hay mayoría de izquierdas. Consiguientemente será muy difícil el avance federal tal y como está vistiendo Pedro Sánchez la potencialidad del pacto PSC/ERC para la singularidad en el modelo de financiación de Cataluña.

Una propuesta de modelo de financiación federal de las comunidades autónomas, que modifique la actual LOFCA, está condenada en esta legislatura al fracaso, porque no hay mayoría en el congreso que la refrende. Pero es que es eso lo que sabe el PSOE y esa es la trampa en la que ha caído ERC. La aplicación de la singularidad a Cataluña no será matemáticamente posible y, si lo fuese alguna vez, el PSOE, que es un actor centralista en el estado español como lo demostró su apoyo a la aplicación del artículo 155 a la autonomía catalana, obstaculizaría con fuerza el avance federal. Lo haría, porque la llamada socialdemocracia liberal es un agente al servicio de los intereses del capital y, el capital busca gestionar sus intereses dominando todo desde un solo punto.

Mientras transcurre la legislatura, con presupuestos o sin presupuestos, con la inercia otanista de Pedro Sánchez, enmascarada por sus discursos de izquierdas que chocan con sus políticas prácticas de contención de avances sociales, cuando no directamente de derechas, tal vez las izquierdas soberanistas y plurinacionales, como hace Irene Montero en Europa, con los pies en el suelo y la mirada en el horizonte, deban considerar que el debate territorial, para que sea útil a la democracia, consiguientemente a los pueblos que componen la diversidad regional y plurinacional del estado español, pasa por coordinarse para avivar ideológicamente el federalismo plurinacional, en vez del aislamiento que facilita el choque entre pueblos del estado, como buscan con toda claridad las ultraderechas españolas, incluida la que representa el PP.

Publicado en Diario Red

 

 

lunes, 12 de agosto de 2024

Andalucía y Cataluña

 EuropaPress_4689425_presidente_junta_andalucia_juanma_moreno_interviene_celebracion_xxvGustavo Valiente / Europa Press

El principal fabricante de desigualdad y deterioro de los servicios públicos andaluces es el Sr. Juan Manuel Moreno Bonilla. Para atacar el fruto democrático de los resultados electorales del pueblo catalán usa la verdiblanca, una bandera de paz con la que enfrenta Andalucía con Cataluña. El presidente andaluz prometió en su campaña electoral una “bajada masiva de impuestos”, es decir, un arma de destrucción masiva de la capacidad normativa y gestora de la Junta de Andalucía, una bomba nuclear contra nuestras competencias.

Al poner la corona borbónica sobre el escudo de Andalucía, el presidente del Partido Popular, que en la pasada legislatura alcanzó el poder de la Junta con el apoyo de Vox, manda la señal de que entrega nuestro autogobierno al absolutismo madrileño de Isabel Díaz Ayuso. La política del presidente andaluz se basa en entregar todo el poder a Madrid y todo el capital ambiental, patrimonial, natural, social, cultural y monetario del pueblo andaluz a manos privadas que declaran sus impuestos y rentas fuera de Andalucía.

Moreno Bonilla recorta en los servicios públicos, no solo en sanidad, educación y dependencia, también en todas las prestaciones y funciones que dependen de la JJ.AA. Con una mano baja los impuestos de competencia autonómica o transferidos a las clases altas, los ricos y las grandes empresas, o se niega a implementar impuestos imprescindibles para la financiación municipal, como la tasa turística, y con la otra actúa como un pedigüeño ante el gobierno central comprometiendo la fuerza política reivindicativa de Andalucía.

No se puede regalar con una mano el dinero andaluz, el campo andaluz y el patrimonio andaluz a manos externas con la privatización y eliminación de controles democráticos para la protección del territorio y el medio ambiente, y con la otra acusar al pueblo catalán de robar a Andalucía. Señor Moreno Bonilla, para defender los intereses del pueblo andaluz, empiece por ser coherente y abandone ser el polichinela de Madrid y de las elites económicas que representa su camarada, amiga de Milei, Isabel Díaz Ayuso, que es la que verdaderamente roba a Andalucía con, como decía Carlos Cano, cuatro palabritas finas.

Si en Cataluña se abre la brecha para avanzar hacia un modelo federal, Andalucía tiene que ser como la que más. Nuestra arbonaida, nuestro país deber defender nuestra singularidad, reclamar la compensación por el déficit histórico en inversiones e infraestructuras, exigir las competencias en materia ferroviaria y el dinero para llevarlas a buen puerto. Exigir un plan de industrialización para Andalucía con fondos del estado y europeos, que afronte el cambio del modelo productivo y energético permitiéndonos limitar nuestra dependencia del turismo o la construcción, que solo generan precariedad laboral, destrucción ambiental y colonización económica.

Y más, Sr. Bonilla, recupere usted primero los impuestos a los ricos que eliminó, como el de sucesiones o patrimonio, eleve su parte del IRPF a las rentas altas, incremente al máximo el impuesto del juego, instale un impuesto ambiental a las grandes superficies comerciales, ponga ya la tasa turística que hasta sus propios alcaldes le piden, exija a los municipios que gobierna su partido que suba el IBI de los grandes tenedores, deje de regalar terreno y privilegios para que la iglesia monte universidades privadas para regalar títulos al pijerío, invierta en formación profesional pública y no conceda más grados a operadores privados, recupere los impuestos ambientales como el de emisiones contaminantes, el de residuos peligrosos o de vertidos a ríos y mar. Impulse una banca pública de obediencia andaluza. Exija un cambio profundo en la estructura fiscal del estado para que paguen más quienes más tienen con beneficios abusivos, empezando por la banca.

Y, acompasado con todo eso, lo que lo legitimaría para reclamar lo que a Andalucía le corresponde como nacionalidad histórica, exija un acuerdo en la línea del que han firmado PSC y ERC. Exija la competencia para la gestión total de los impuestos que se recaudan en Andalucía. Reclame una norma, o hágala usted, que contabilice todo lo que las y los andaluces pagan en impuestos a empresas con sede fiscal exterior a nuestro territorio y que se embolsan otras comunidades como la madrileña, pregúntele al estado cuánto ingresa por las actividad portuaria, aeroportuaria y ferroviaria en Andalucía, o cuánto ingresa por el beneficio bancario del Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell o Bankinter fruto del expolio de capital andaluz.

Andalucía no es una comunidad subsidiada, es, con el apoyo del PP y también del PSOE, una comunidad expoliada. Deje de usar la bandera de Andalucía, Sr. presidente, como un arma contra otros pueblos que conforman la plurinacionalidad del estado, úsela para reclamar lo que es del pueblo andaluz.

Publicado en La Voz del Sur y Diario Red

 

 

 

viernes, 2 de agosto de 2024

Andalucía y Cataluña

Juanma Moreno en el Parlamento de Andalucía.

El principal fabricante de desigualdad y deterioro de los servicios públicos andaluces es el Sr. Juan Manuel Moreno Bonilla. Para atacar el fruto democrático de los resultados electorales del pueblo catalán usa la verdiblanca, una bandera de paz con la que enfrenta Andalucía con Cataluña. El presidente andaluz prometió en su campaña electoral una “bajada masiva de impuestos”, es decir, un arma de destrucción masiva de la capacidad normativa y gestora de la Junta de Andalucía, una bomba nuclear contra nuestras competencias.

Al poner la corona borbónica sobre el escudo de Andalucía, el presidente del Partido Popular, que en la pasada legislatura alcanzó el poder de la Junta con el apoyo de Vox, manda la señal de que entrega nuestro autogobierno al absolutismo madrileño de Isabel Díaz Ayuso. La política del presidente andaluz se basa en entregar todo el poder a Madrid y todo el capital ambiental, patrimonial, natural, social, cultural y monetario del pueblo andaluz a manos privadas que declaran sus impuestos y rentas fuera de Andalucía.

Moreno Bonilla recorta en los servicios públicos, no solo en sanidad, educación y dependencia, también en todas las prestaciones y funciones que dependen de la JJ.AA. Con una mano baja los impuestos de competencia autonómica o transferidos a las clases altas, los ricos y las grandes empresas, o se niega a implementar impuestos imprescindibles para la financiación municipal, como la tasa turística, y con la otra actúa como un pedigüeño ante el gobierno central comprometiendo la fuerza política reivindicativa de Andalucía.

No se puede regalar con una mano el dinero andaluz, el campo andaluz y el patrimonio andaluz a manos externas con la privatización y eliminación de controles democráticos para la protección del territorio y el medio ambiente, y con la otra acusar al pueblo catalán de robar a Andalucía. Señor, Moreno Bonilla, para defender los intereses del pueblo andaluz, empiece por ser coherente y abandone ser el polichinela de Madrid y de las elites económicas que representa su camarada, amiga de Milei, Isabel Díaz Ayuso, que es la que verdaderamente roba a Andalucía con, como decía Carlos Cano, cuatro palabritas finas.

Si en Cataluña se abre la brecha para avanzar hacia un modelo federal, Andalucía tiene que ser como la que más. Nuestra arbonaida, nuestro país deber defender nuestra singularidad, reclamar la compensación por el déficit histórico en inversiones e infraestructuras, exigir las competencias en materia ferroviaria y el dinero para llevarlas a buen puerto. Exigir un plan de industrialización para Andalucía con fondos del estado y europeos, que afronte el cambio del modelo productivo y energético permitiéndonos limitar nuestra dependencia del turismo o la construcción, que solo generan precariedad laboral, destrucción ambiental y colonización económica.

Y más, Sr. Bonilla, recupere usted primero los impuestos a los ricos que eliminó, como el de sucesiones o patrimonio, eleve su parte del IRPF a las rentas altas, incremente al máximo el impuesto del juego, instale un impuesto ambiental a las grandes superficies comerciales, ponga ya la tasa turística que hasta sus propios alcaldes le piden, exija a los municipios que gobierna su partido que suba el IBI de los grandes tenedores, deje de regalar terreno y privilegios para que la iglesia monte universidades privadas para regalar títulos al pijerío, invierta en formación profesional pública y no conceda más grados a operadores privados, recupere los impuestos ambientales como el de emisiones contaminantes, el de residuos peligrosos o de vertidos a ríos y mar. Impulse una banca pública de obediencia andaluza. Exija un cambio profundo en la estructura fiscal del estado para que paguen más quienes más tienen con beneficios abusivos, empezando por la banca. 

Y, acompasado con todo eso, lo que lo legitimaría para reclamar lo que a Andalucía le corresponde como nacionalidad histórica, exija un acuerdo en la línea del que han firmado PSC y ERC. Exija la competencia para la gestión total de los impuestos que se recaudan en Andalucía. Reclame una norma, o hágala usted, que contabilice todo lo que las y los andaluces pagan en impuestos a empresas con sede fiscal exterior a nuestro territorio y que se embolsan otras comunidades como la madrileña, pregúntele al estado cuánto ingresa por las actividad portuaria, aeroportuaria y ferroviaria en Andalucía, o cuánto ingresa por el beneficio bancario del Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell o Bankinter fruto del expolio de capital andaluz.

Andalucía no es una comunidad subsidiada, es, con el apoyo del PP y también del PSOE, una comunidad expoliada. Deje de usar la bandera de Andalucía, Sr. presidente, como un arma contra otros pueblos que conforman la plurinacionalidad del estado, úsela para reclamar lo que es del pueblo andaluz.

Publicado en La Voz del Sur  y en Diario Red