lunes, 10 de enero de 2022

Bulos, macrogranjas y elecciones en Castilla y León

Para las fuerzas del mal a las que la democracia estorba, en tiempos de límites planetarios visibles, el combate contra el feminismo, la ecología y los poderes territoriales es estratégico. El feminismo une la democracia a la vida, el ecologismo la une al territorio, el federalismo vincula el poder de la gente con la tierra donde vive.

Antes del 15M la institucionalidad española funcionaba alejada de los problemas de la gente. El celofán brillante del consumo y el crédito ocultaba el bloqueo de los poderes políticos a las demandas ciudadanas ante actuaciones concretas de los poderes económicos. Ni el latrocinio de lo público, ni los daños ambientales ni los urbanísticos, tenían coste electoral. La ecología era green washing. Los cauces de reivindicación se habían desplazado a la constitución de plataformas ciudadanas, luchas de causa sin conexión ideológica. Con el sindicalismo debilitado in extremis, el ecologismo ciudadano irrumpía sin etiqueta en multitud de conflictos. Quijotes contra molinos.

Cuando el capitalismo especulativo quedó con los pies colgando sobre la economía real llegó la crisis de 2008. En 2011, el 15M vulcanizó el malestar e inició una repolitización contrapartidista, adanista e ideológicamente blanda, que acabaría convirtiendo las causas de lucha en la lucha de causas. Podemos tradujo la repolitización en proyecto político.

Pero la crisis sistémica de la democracia española no solo era una crisis de inutilidad institucional para solventar los problemas de la gente, era una crisis de fondo de organización territorial. Una crisis de concentración del poder. La cuestión catalana es la manifestación más significativa de los déficit democráticos del estado español por causa de una evolución centralista de la interpretación y aplicación del modelo autonómico.

La derecha española tiene un proyecto de España basado en la concentración total del poder. La España progresista no se aglutina en torno a un proyecto alternativo, entre otras cosas por la negativa del PSOE a asumir la necesidad de un nueva configuración territorial del poder en España. Sus vínculos con poderes económicos y financieros a los que interesa concentrar sus interlocuciones y tejemanejes se lo impiden. Los movimientos de la España vaciada, los agravios interprovinciales en comunidades de gran tamaño, como la andaluza, son una válvula de escape ante la ausencia de proyecto alternativo al de Madrid es España. Un proyecto que no puede ser más que de reparto plurinacional del poder, y de desconcentración y descentralización democrática del mismo dentro de naciones, nacionalidades o autonomías hacia las provincias, las comarcas y los municipios.

Las elecciones en Castilla y León, a pesar de que las encuestas fabricadas por los poderes de la derecha indican que está cantado que PP y Vox se repartirán el gobierno, son un melón cerrado. Las reacciones del bipartidismo al bulo fabricado contra Alberto Garzón, a partir de unas declaraciones a The Guardian relativas al daño ambiental de la ganadería intensiva, las macrogranjas, y la mala calidad alimentaria de la carne fabricada, ha puesto de manifiesto el nerviosismo tanto del PP como del PSOE.

Días antes dirigentes del PP acusaban a las candidaturas provinciales de la España vaciada, que se presentan en Soria, Salamanca, Palencia y Burgos, de ser marcas blancas del PSOE. Por su parte Pablo Casado las acusa de querer destruir España en cantones; el España se rompe contra las demandas provinciales. Por su parte el PSOE se alinea con PP y Vox al desacreditar al ministro de Consumo de Unidas Podemos, sin advertir a sus ministerios y sus líderes territoriales en Castilla y León, Castilla la Mancha, Aragón, Asturias y Extremadura que las palabras de Garzón responden a las estrategias de sostenibilidad verde europeas asumidas por el gobierno de España.

La actitud del PP abre espacio a Vox, la del PSOE entrega espacio de combate electoral a las candidaturas de la España vaciada, muy sensibles con el daño que produce la ganadería industrial, y a Unidas Podemos cuya convicción ecologista es fuerte. El resultado de las elecciones en Castilla y León nos dirá en qué proporción se reconfiguran los espacios electorales en una comunidad de nueve provincias y amplio territorio. Cualitativamente podemos pensar, como sabe el PP y y debería saber el PSOE, que se verá afectado el bipartidismo.

La actitud del PSOE al usar una fake contra Garzón torpedea la percepción de ser visto como alternativa que cure los males de la España vaciada. Las plataformas provinciales saben el gravísimo problema económico, social y ambiental que provocan las macrogranjas, luchar contra ellas es una de sus banderas. Que el PSOE no lo haya visto y decida hacer política basura con el asunto es, además de repugnante, de una torpeza inaudita.

PP y Vox están temerosos de las candidaturas provinciales, el PSOE en Babia dejando espacio para ellas y para Unidas Podemos. A lo mejor no está tan cantado el resultado de las elecciones del 13 de febrero en Castilla y León. El feminismo, la ecología y la demanda de reparto territorial del poder, en el marco de la defensa de derechos y de lo público, tendrán muchas cosas que decir para enfrentar la invasión mediática de las mentiras.

viernes, 7 de enero de 2022

Energía nuclear verde, una imposibilidad científica


En un momento propicio, a la vista de los precios de la energía eléctrica en toda Europa, y de fuertes tensiones geoestratégicas entre Rusia y China con los EE.UU en profunda crisis de legitimidad democrática mundial, el lobby pronuclear que no es otro que el bancario de los fondos de inversión, aprovechan el terreno abonado en Francia por la ultraderecha para vincular energía nuclear y soberanía energética. Para que sea más creíble buscan alianzas extraterritoriales, e inducen al presidente francés Enmuel Macron y al Consejo de Europa a introducir en el pack verde el gas natural como fuente energética de transición al modelo renovable.

Si la Unión Europea cae en esta trampa del capital las consecuencias serán gravísimas. Para empezar, internamente se darían argumentos a Polonia y otros países para demandar no limitar los fondos next generation a la transición energética renovable en virtud de la defensa de su propia soberanía energética. La lucha de Europa contra el cambio climático, y su dinamización industrial y tecnológica territorializada que supone este green new dealse iría al traste.

Hay más, el baluarte que da credibilidad en el mundo a la UE es la democracia, tanto la energía nuclear como las tecnologías fósiles ponen en riesgo el propio sistema democrático. Son tecnologías con una alta capacidad de concentración de la producción y el poder tecnológico, que requieren grandes inversiones y que muchas veces están en manos de poderes ajenos a los propios estados.

El objetivo es renuclearizar Europa de forma acelerada. Los defensores de un nuevo boom nuclear afirman que la construcción de nuevas centrales contribuirá a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el 40% de las emisiones de CO2 se deben al transporte, sector en el que no podría competir la energía nuclear. Lo que se esconde tras la energía nuclear no es más que un modelo energético especulativo que pretende, con dinero público, enriquecer indiscriminadamente a las empresas eléctricas y a la gran banca, propietaria de ellas y de las grandes constructoras, futuras adjudicatarias de las obras. Las centrales nucleares actuales nacieron amortizadas, se construyeron con fondos públicos y con prestamos con interés subvencionado. El modelo de mercado eléctrico europeo permite a los propietarios precios muy por encima de sus costes, el pool eléctrico está diseñado para favorecer a las nucleares.

En la naturaleza de la energía nuclear está el poder antidemocrático. La energía nuclear permite una alta centralización en la producción y distribución, por lo que es una herramienta de control político y económico. La sola iniciativa privada nunca hubiese construido una nuclear, necesita dinero de las arcas públicas, mucho dinero. Por eso la pretensión, una vez más, de utilizar fondos europeos, que deben ir dirigidos al sector de las renovables, para rehabilitar las nucleares, empezando por las francesas.

En términos económicos, la consideración de la energía nuclear de fisión como la energía más barata se ha construido sobre una falacia, sobre una operación de ingeniería económica y financiera. Sumando, al costo de construcción, operación, mantenimiento y desmantelamiento de una nuclear, la gestión medianamente segura de los residuos nucleares, aunque se opere con residuos a cien años, y la construcción de los almacenamientos geológicos en profundidad –AGP-, las cuentas no salen. Incluyamos lo que una aseguradora cobraría por garantizar la cobertura de los daños provocados por un accidente nuclear. El balance en contra resultará abrumador y definitivo.

Los problemas derivados de la industria nuclear son los mismos desde decenios. La eliminación de los residuos altamente radioactivos no está solucionada. La idea de que la energía contenida en los núcleos atómicos es prácticamente ilimitada se traduce en la impresión de que disponemos de recursos ilimitados. Pero esto no es cierto, el combustible nuclear también es agotable. El veto a Irán para que construya centra-les nucleares pone de manifiesto la relación entre programas de desarrollo nuclear y armas nucleares. Por no hablar de la inseguridad añadida al ser las industrias nucleares potenciales objetivos bélicos o terroristas.

No es generador de energía, no es soberano, quién depende tecnológicamente del exterior para el mantenimiento de su producción, o para el enriquecimiento de uranio. Esta premisa solo la cumple Francia en la UE. El actual gobierno francés pretende romper el consenso ciudadano antinuclear en un intento de basar su fuerza en el control estratégico de la energía. La energía nuclear no produce riqueza colectiva, produce sólo beneficio empresarial. El territorio que la acoge es, simplemente, un contenedor de riesgos.

El viento y el sol son recursos distribuidos por todo el planeta, de los que se dice que no son constantes, pues están sometidos a los avatares climáticos y a los ciclos naturales. En este sentido, tampoco es constante la generación nuclear o térmica, pues las nucleares no pueden parar cuando su energía nos es requerida, están obligadas a man-tener su producción 24 horas, todos los días, aunque nadie la compre. Esto ocurre a diario. La acumulación de la energía solar o eólica es posible por diversas tecnologíasincluida la fabricación de hidrógeno, un gas cuya combustión o utilización en la pila de combustible produce agua.

Energías renovables, eficiencia energética y sostenibilidad son las recetas racionales que contribuyen al bien común, lo demás son artificios de grupos de poder. En un futuro energético renovable España tendría mucho que decir en la UE y el mundo. Imaginemos un avance tecnológico e industrial en la fabricación de todos los elementos relacionados con estas tecnologías energéticas. ¿Vamos a dejar también que la fábrica sea China?

El mito nuclear no termina con la fisión. La energía nuclear de fusión, proceso que reproduce una reacción similar a la que ocurre en el núcleo del sol, tiene, en términos económicos, un significado similar al expresado para la fisión: elimina el problema del riesgo de la radioactividad y de los residuos radioactivos, lo que no es poco, pero contabilizando los años y las inversiones necesarias para su, aún dudoso, desarrollo comercial, no salen los números. Y, lo que es peor, una vez conseguida, el control de la tecnología y la producción estaría concentrado en unos pocos grupos financieros que tendrían a los países, poblaciones y gobiernos atrapados con el chantaje de su dependencia.

Si la nuclear resultase tan barata y abundante como se dice, además de no requerir subvenciones como se pide, el riesgo de consumir tanta energía acumulada en los núcleos atómicos y liberarla en forma de calor, teniendo en cuenta la irreversibilidad de los procesos naturales –segundo principio de la termodinámica-, incrementaría los problemas del calentamiento terrestre provocado por los gases de efecto invernadero.Es lo que se llama contaminación por energía, el efecto calórico práctico del aumento de la entropía. El uso masivo de la energía nuclear provocaría la conversión del planeta en una sala de calderas, lo contrario de lo que han hecho los ecosistemas natura-les durante millones de años. Considerar la energía nuclear como verde es anticientífico, antiecológico y antidemocrático.

miércoles, 5 de enero de 2022

Energía, democracia y territorio


Si el agua es la sangre de la tierra, la energía es el nervio de la vida. Vuelve a Europa, desde Francia, el debate nuclear, desde otros lugares la demanda de subvenciones a las tecnologías nuclear y del gas. Esperemos que por poco tiempo.

Los inviernos son primaveras, las primaveras veranos, los veranos saharianos y los otoños secos. Que nos lo digan en Andalucía. El clima ya ha cambiado. Las causas son antrópicas, humanas, que tiene que ver con el funcionamiento del modelo capitalista. Un modelo extractivo de recursos limitados cuyos residuos, -calor, basuras, contaminación y destrucción de sistemas agropecuarios y naturales- modifica las condiciones biofísicas de los ecosistemas, incluidos los humanos, estrechando los límites de la vida, reduciendo su capacidad de reproducción. El gran meteorito de la extinción humana es la depredación capitalista.

Se puede negar por ignorancia, por ser parte interesada o simplemente sicario del mal. La confrontación entre democracia y capitalismo se agudiza en tiempos de cambio climático. En la naturaleza de las energías renovables está su potencial democrático, se reparten territorialmente por todo el planeta. El sol, su primera derivada el viento y sus segundas y terceras derivadas relacionadas con el agua, más el calor interno terrestre, tienen constitución global federal. Ni los combustibles fósiles, ni mucho menos la nuclear, albergan potencial democrático, en su naturaleza está la concentración y centralización del poder.

Se pretende desideologizar el debate sobre el modelo energético, diciendo que la energía no es ni de izquierdas ni de derechas. Esto es lo que está ocurriendo en Francia, el país más nuclearizado de Europa. Ni de izquierdas ni de derechas es de derechas, las pruebas son abrumadoras. La concentración y centralización del poder es un vector antidemocrático, por ello los grupos financieros que buscan beneficio rápido a costa de vidas, territorio y medio ambiente, prefieren la nuclear y los fósiles. Ya tienen el grifo del dinero en pocas manos, quieren en exclusiva el grifo de la energía.

El debate sobre la nuclear como modelo de soberanía energética y el gas como modelo de transición a las renovables ha vuelto a Europa. Los intereses van a llenar las teles de falsedades. Hay grupos financieros y bancarios presionando por la nuclear en Francia y buscando alianzas en otros países de la UE al sumar el gas, para que sendas tecnologías se incluyan en la taxonomía de finanzas verdes de la UE. El objetivo es  acceder a las subvenciones para la transición energética. No serán tan baratas como dicen cuando son incapaces de competir con las renovables a poco que se incluyan en sus costes los de reparación de los daños externos que producen.

El precio de la energía eléctrica en Francia es estos días similar al de España. Los precios están desatados en toda Europa. Luego la cuestión no es más nuclear y más gas, la cuestión es cambiar las reglas del juego del mercado eléctrico para que la formación de precios no sea especulativa, crear empresas públicas de producción y comercialización energética y fomentar las renovables, la producción de hidrógeno renovable y las tecnologías de ahorro y eficiencia energética en los sectores domésticos y productivos.

La nuclear y el gas lo defienden en España, un país de sol y viento, Vox, el PP y Ciudadanos, su patria es el dinero, son la derecha. La transición hacia las renovables con la clave del hidrógeno como vector energético, lo defiende el arco progresista, la patria es la gente y el medio en el que vivimos, llamémosle izquierda. Sí, la cuestión de la energía es una cuestión de izquierdas o derechas, de democracia o desigualdad, de poder concentrado o poder distribuido.

Nota a pie de página: Cerrar todas las nucleares de España, con una potencia instalada de 7.400 MW, podría hacerse instalando diez mil aerogeneradores con potencia de 2,5 MW (la potencia media de las máquinas eólicas instaladas en España. Imaginemos que los aerogeneradores se fabricasen en Andalucía. Imaginemos que los paneles fotovoltaicos y la tecnología electrónica también.

Publicado en La Voz del Sur

viernes, 17 de diciembre de 2021

Andalucía abrirá el próximo ciclo electoral


No sabemos cuándo el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, convocará elecciones en Andalucía. Serán en 2022. Su intención era agotar la legislatura con un pacto presupuestario con el actual PSOE andaluz, el mismo de antes con ligeros arreglos de encaje.

A Bonilla y Espadas les convenía el pacto. Más al primero al reforzar su construida imagen de moderado, menos al segundo que solo ganaba tiempo para hacerse ver. Pedro Sánchez también estaba interesado. El pacto presupuestario andaluz PP/PSOE situaba a Pablo Casado como un personaje con pies de barro entre Ayuso y el tándem Feijó/Bonilla. Ese temido efecto provocó la filtración desde Génova, en la que el vicepresidente Andaluz, Juan Marín, decía a su grupo parlamentario de Ciudadanos en las Cinco Llagas, que era una tontería aprobar unos presupuestos en año electoral. La filtración reventó la negociación PP/PSOE-A que se estaba produciendo con sigilo en tiempo real.

Si Andalucía fuese un país de la UE-26 sería por tamaño poblacional el número 16, con una población ligeramente inferior a la de Austria y una superficie ligeramente superior. En España es la comunidad con más población y la que más congresistas aporta a las Cortes Generales, 61. Bastantes más que Cataluña, 48, o Madrid, 37, casi el doble que la Comunidad Valenciana, 32 o Castilla y León, 31, casi el triple que Galicia, 23, o Castilla la Mancha, 21, más del triple que el País Vasco, 18 y cuatro veces más que Canarias, 15.

Para la política andaluza, también para la de estado, la potencia andaluza no sirve de nada si no hay verdadera voluntad de poder. En la actualidad Andalucía está tomada por la derecha y la ultraderecha, haciéndose eco de los mensajes que la caverna lanza desde Madrid. El poder institucional andaluz, el gobierno de Moreno y Marín, construido con el apoyo de Vox, no actúa en defensa de los intereses de las y los andaluces, sean currantes, agricultores, autónomos o empresariado con intereses enraizados en el territorio.

Las clases populares, las clases medias andaluzas, sufren desde la irrupción de la crisis de 2008 una sangría de jóvenes profesionales altamente cualificados. Se fueron y se van dejando una fractura emocional, un inmenso dolor de corazón. Como en los sesenta. Baste el ejemplo de la emigración andaluza reincidente para demostrar la desigualdad territorial por causas estructurales. Añadamos la grave situación de la sanidad, la educación, y resto de servicios públicos, desde la dependencia hasta la protección forestal. Sumemos la línea histórica de la desindustrialización de Andalucía desde el siglo XX hasta la actualidad. Una tierra del tamaño de Austria con los mayores índices de desempleo, pobreza y precariedad de toda la UE.

El próximo ciclo electoral comenzará en Andalucía. Lo que ocurra determinará los debates y la acción política de estado. Es sencillamente una cuestión de números. Si el pueblo andaluz no pelea por sí, si la derecha gana con Vox determinando la acción de gobierno desde dentro o desde fuera, el peso de Andalucía se dirigirá contra el bloque de progreso en el estado para frenar la necesidad de un avance progresista federal.

Es preciso por tanto, con urgencia, construir en Andalucía un bloque histórico de progreso que de voz y busque representar con amplitud los intereses del pueblo andaluz en el marco de la reconfiguración de fuerzas mundial, de la crisis ecológica, de la crisis de límites del capitalismo global y de la crisis territorial en el estado español. Un proyecto común sobre el eje del progreso y la izquierda es factible basado en el feminismo, el ecologismo, el socialismo y el federalismo.

Consiguientemente, la cuestión de la unidad en Andalucía para articular un frente amplio no es ni la inexistencia de las condiciones políticas ambientales y estructurales para ello, ni la posibilidad de construir un programa común. Adelante Andalucía fue eso, una construcción unitaria con potencial de ampliación civil y popular. La dificultad para la unidad proviene más de la definición estratégica y de la lealtad a un proyecto común de estado. Sin voluntad de poder y sin voluntad de sostener lealmente un proyecto político de largo plazo para Andalucía y España, la unidad es inútil. Tras el proceso electoral volvería la diáspora por intereses legítimos o espurios.

Que Unidas Podemos esté en el gobierno de España se debe al éxito de una estrategia basada en la voluntad de poder. Ganó democráticamente la voluntad de poder contra propuestas que mantenían dejar pasar al PSOE en solitario, incluso con Ciudadanos, en tanto no se fuese fuerza mayoritaria. La voluntad de poder también ganó siempre en Andalucía. Lo hizo de forma aplastante en noviembre de 2019 en una consulta interna de Podemos que superó el sí del 96% de personas inscritas.

La ausencia de voluntad de poder, al negar en campaña el acuerdo con el PSOE de Susana Díaz, impidió mejores resultados de Adelante Andalucía, bloqueando la transferencia de voto progresista desde el PSOE-A a lo que podía haber sido el primer e incipiente frente amplio del estado, Adelante Andalucía, en las últimas elecciones andaluzas de diciembre de 2019. 400.000 votos se quedaron en casa.

La utilidad de estar presente en los gobiernos de progreso, dos años después de la constitución del primer gobierno progresista de izquierdas desde la segunda república, es indudable. La retahíla de logros es ya muy larga, el próximo la derogación de la reforma laboral de Rajoy antes de que finalice el año. Negarlo en plena gestión de la pandemia, en medio de una crisis global, es ignorar adrede la realidad. Con pactos con el PSOE sin entrar a compartir gobiernos los avances son imposibles, como lo demuestran las líneas de tensión cuando los ministerios de Sánchez se han resisten a cumplir el pacto de gobierno de coalición.

Hay además una utilidad visible de mayor calado político, uno de los frutos de ese gobierno de coalición es la revelación de un liderazgo con intensa capacidad de gestión como el de Yolanda Díaz. No es asunto menor.

Por consiguiente, unidad sí, frente amplio andaluz sí, la unidad es un valor en sí misma. Pero la existencia de valor no garantiza la utilidad ni la continuidad de un proyecto. La auténtica alianza estratégica es la que se produce en torno a los intereses de las mayorías, de los grupos de la sociedad civil y sindicatos y de los campos ideológicos con más fuerza y potencia de futuro, el feminismo y el ecologismo. Si eso se suma con un proyecto federal en el estado, entonces la potencia de Andalucía podrá ser lo que otrora fue, voluntad real de poder.

Querer gobernar de verdad, querer construir una voluntad de poder andaluz de largo aliento, engarzar con lealtad la potencia andaluza a un proyecto de estado, a un bloque histórico de dirección de estado, parecen las claves para que la unidad tenga valor futuro y utilidad presente.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Aliento para la voluntad de poder andaluz


Los poderes dibujan la geopolítica trazando redes de transporte de mercancías y energía, zonas extractivas, espacios de dominio de mercado, regiones industriales, territorios al servicio de capitales especulativos y lugares colonia, cuya población y medio natural no cuenta si no es para explotar o expoliar.

El cambio climático, la pandemia, la certeza de la escasez de combustibles y materias primas son nítidamente visibles. La crisis ecológica es la madre de todas las crisis: calentamiento global, pérdida de biodiversidad y límites planetarios. El neoliberalismo y su salida a la crisis financiera de 2008 han chocado con los límites de la economía real, con la deslocalización de la producción en China y con la ansiedad vital de buena parte de las clases medias estadounidense y europea.

Las potencias mundiales reajustan lo mapas. El capital productivo europeo y mundial, también parte del financiero, necesita estados con amplias capas de población seguras de su futuro, lo que hace imprescindibles las organizaciones civiles, los sindicatos y las organizaciones empresariales para defender intereses territorializados. Ese capital tiene un problema crítico ideológico ante el crecimiento de ultranacionalismos antidemocráticos que abrazan adaptaciones patrias del trumpismo.

En las regiones de Europa la línea divisoria entre bienestar y explotación, entre seguridad vital e inseguridad, entre calidad de los servicios públicos y sálvese quien pueda, entre derechos o retrocesos, en definitiva entre democracia e involución totalitaria, la marca la fuerza electoral de la ultraderecha. El riesgo para Andalucía es Vox, donde irrumpió en España a través de la puerta de la alianza de la entonces presidenta Susana Díaz con la consigna monárquica del “a por ellos”.

No sabemos cuándo serán las elecciones andaluzas; el año entrante. Las encuestas que luce el Gobierno andaluz dicen que el PP gana, que Vox condicionará el Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla más que lo ha hecho hasta ahora. Puede obtener un resultado suficiente para que el PP tenga que compartir Gobierno. Tras Polonia, Hungría, Austria, antes Italia con la Liga, Andalucía sería la siguiente en tener a la ultraderecha en el gobierno. No es asunto menor. El tamaño poblacional de Andalucía la sitúa en el puesto número quince de la UE de los 26, sin Reino Unido, con una población similar a la de Austria.

El agravante en el contexto actual es que Andalucía está ayuna de iniciativa política, muy dependiente de las políticas de estado de los partidos de Estado. A pesar de tener una identidad cultural de alto calibre, carece de proyecto político propio que presente una alternativa de progreso, un plan de futuro que nazca de la tierra. Ni el continuismo del viejo (y no renovado) PSOE-A, controlado ya por Pedro Sánchez, ni el conservadurismo agravado del PP andaluz, cuyas residencias están entre la del gobierno de la Comunidad de Madrid y el centralismo de la Calle Génova, tienen proyecto andaluz.

El presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, se muestra reacio a acelerar la convocatoria electoral a pesar de no tener presupuestos para 2022. El tiempo juega en su contra si fragua un proyecto andaluz de progreso potente. La sanidad se deteriora día a día, el daño ha saltado a la atención primaria con listas de espera de más de 15 días, la educación pública sufre recortes inhumanos, no hay política agraria, ni industrial, ni de empleo, ni de ningún tipo. Juana Manuel Moreno y Juan Marín surfean sobre la propaganda, con la insana esperanza de que la construcción se reapodere de Andalucía y, junto con el turismo, alimente con gotero un cuerpo económico andaluz comatoso.

El pueblo andaluz, destruida por parte de parte de sus creadores, lo que en la práctica era el primer frente amplio y ampliable de estado español, Adelante Andalucía, no puede permitirse un minuto de descanso. Es preciso activar la voluntad de poder andaluz, la voluntad real de gobernar, la voluntad de influir en las políticas de estado para hacer frente desde la territorialidad a los problemas estructurales sangrantes de Andalucía.

El próximo ciclo electoral comenzará en Andalucía y, como en el anterior, la fuerza electoral de cada espacio determinará la capacidad de avance progresista ante los grandes retos de país. La cuestión territorial será la pieza clave diferencial que delimitará la línea divisoria entre opciones de progreso democrático, freno o involución. Si Andalucía por interés propio no suma a un proyecto de Estado progresista, feminista y ecologista, restará, lanzada como ariete contra la única España justa posible, la España federal.

sábado, 4 de diciembre de 2021

4D, memoria y futuro de Andalucía


La derecha española orquesta, con su brazo colonial andaluz y la batuta del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, que Andalucía –sus gentes, agricultores, autónomos o empresas– esté a la greña con todo quisque menos con el centralismo capitalino radicado en Madrid.

Todos los centralismos son un problema para la democracia, se ejerzan desde donde se ejerzan. El centralismo español además tiene la característica de ser profundamente conservador, su raíz es nacionalcatólica. Defiende los intereses de las grandes empresas, la banca, los fondos de inversión y las multinacionales con sede social extranjera, tanto como los de una clase alta rentista dependiente de que sus prebendas se escriban en el BOE. Un centralismo que lo mismo daña el tejido social de los barrios y pueblos de Madrid como el de los territorios que considera colonias, como Andalucía.

Andalucía es para la actual hegemonía política ultraconservadora patio trasero y lugar de recreo. Una tierra especializada en chachas al estilo de la imagen que el franquismo daba de las mujeres andaluzas, chachas o folclóricas, y camareros que con aire rapero recitan la carta de pescaíto con la alegría de un buen comercial. Una tierra que sirve y a la que se va para que te sirvan.

Las facciones del PP que disputan el poder en España, lideradas por Casado y Ayuso, vinieron hace un par de semanas a Granada con la intención de librar su batalla en territorio andaluz. También Vox, socio del PP y Ciudadanos en materia presupuestaria andaluza ha roto su lealtad para forzar la convocatoria electoral anticipada, en virtud de las expectativas de entrar en el gobierno de la comunidad autónoma de mayor tamaño; su objetivo es preparar en el sur las condiciones para acceder al gobierno de España.

También el PSOE de Pedro Sánchez utiliza Andalucía al empujar a su secretario general, Juan Espadas, a que logre un pacto presupuestario con el gobierno andaluz con el fin de señalar la deriva ultra radical de Pablo Casado.

La situación de Andalucía no es de comedia sureña, es de tragedia antigua. Andalucía no suma en la actualidad, como debería por su peso cultural, político, territorial, poblacional y electoral, con la España progresista que empuja un futuro democrático, plurinacional y federal. Andalucía está tomada por la rojigualda y el “a por ellos”, sean ellos los catalanes, los vascos, los trabajadores sideromelaúrgicos gaditanos, los de Unicaja, el personal sanitario despedido o el docente despreciado.

El neoliberalismo tienen la necesidad de concentrar el poder en pocos puntos para reducir el número de actores a manipular para la consecución de sus intereses. Intereses que no son otros que la acumulación de capital y bienes sin importar los daños sociales, ambientales, contra las mujeres o la diversidad cultural. Hay un vínculo entre desconcentración y descentralización del poder con la calidad democrática, al igual que lo hay entre centralismo con modelos antidemocráticos o totalitarios.

Andalucía tiene en su geografía una historia cultural milenaria, identidad propia fraguada sobre siglos de vaivenes con distintas hegemonías políticas, culturales y religiosas. El esplendor de Al-Andalus albergó, promovió y exportó el primer renacimiento europeo. Europa vivía la Edad Media, mientras Córdoba primero y Granada después eran capitales intelectuales del mundo. Eso es historia.

El 4 de diciembre de 1977 las y los andaluces pusimos esa identidad cultural, esa historia milenaria, al servicio de las luchas por la democracia, la amnistía de los presos políticos, el pan, el trabajo y la libertad, la sanidad universal y la educación pública y gratuita, sin olvidar la necesidad de frenar la sangría emocional que suponía tener a más de dos millones de emigrantes repartidos por el mundo, casi un millón en Cataluña.

El 4 de diciembre el pueblo andaluz se constituyó en las calles de las capitales andaluzas y de Barcelona, Madrid y Bilbao, como pueblo político. Eso es historia. Así se forzó la redacción del artículo 151 de la CE mediante el cual, en condiciones procedimentales leoninas (se requería el sí de más del 50% del censo de cada circunscripción electoral, no del electorado votante) accede a la consideración constitucional de nacionalidad histórica como Galicia, País Vasco y Cataluña, en el referéndum del 28 de febrero de 1980. Eso es memoria.

No hay futuro sin memoria. Recordar es decir porque fuimos somos y porque somos seremos. Si el centralismo está vinculado al retroceso en Andalucía, a situarnos en posición subalterna como territorio de expolio de derechos laborales, destrucción medioambiental, desigualdad, desindustrialización y pobreza; el federalismo y la plurinacionalidad son los instrumentos más potentes que, como demuestra nuestra historia, pueden hacer que las y los andaluces seamos dueños de nuestro futuro.

La Andalucía que trabaja por sí y por la humanidad tiene la obligación política de defender sus intereses territoriales, los de la población que aquí vive, y los de las empresas y autónomos que honestamente desarrollan su negocio aquí. El pueblo andaluz debe volver a ser, como lo fue en la transición, vanguardia de progreso y no territorio para echar a pelear contra los legítimos intereses de otros pueblos del estado.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

La tanqueta

La tanqueta es propiedad del estado cedida a Fernando Grande-Marlaska, bilbaíno, juez, ministro del Interior nombrado por Pedro Sánchez, y diputado cunero por Cádiz. Wikipedia no da luz alguna sobre que haya residido alguna vez ni en Cádiz ni en Andalucía. La tanqueta es el “a por ellos”, ellos son ahora los gaditanos, los currantes de la murga de Carlos Cano, las y los andaluces de siempre.

La tanqueta ha salido a las calles de Cádiz, Puerto Real, barriada del Río San Pedro; “guardia no tires pelotas, que pa pelotas (y ovarios) Puerto Real”, cantaba también Carlos Cano. No pasa el tiempo, bueno sí, el tiempo pasa y Cádiz, Andalucía, destapa la podredumbre del España va bien, la Andalucía imparable y la Segunda modernización, operaciones de marketing político/electoral para ocultar que se nos vendía, regalaba y robaba delante de nuestras narices. Cádiz sigue ahí, nos recuerda su fuerza milenaria, su raíz liberal y republicana, su ¡viva la Pepa!, su carnavalería crítica con la que ni Franco pudo acabar. El pueblo de Cádiz, de la bahía, es hoy faro y guía del pueblo andaluz.

La tanqueta es la España que dispara contra la democracia, contra los derechos laborales, contra la justicia social. La tanqueta es asunto serio, la tanqueta en las calles de Cádiz se le ha atragantado a Pedro Sánchez, al PSOE andaluz, al presidente andaluz del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla y a su vicepresidente Juan Marín. La tanqueta muestra cuál es el verdadero signo de su “moderación”. La tanqueta es Vox. La tanqueta viene a mantener a raya a Andalucía, viene a disparar contra nuestro cerebro colectivo, contra nuestra memoria. ¡Viva Cai! ¡Viva Andalucía libre!

La tanqueta nos recuerda la desindustrialización de Linares, la caída de Abengoa, las decisiones para contener industria contaminante en Huelva o Algeciras, losrecortes en Airbus, los vertederos tóxicos y nucleares en Córdoba y Huelva, la catástrofe de Aznalcóllar. La tanqueta conmemora la desindustrialización de la Bahía, Solchaga, Gónzalez, Chaves.

La tanqueta ha de recordarnos que cuando se pudo invertir en industria de y para las energías renovables, no se hizo, que nos robaron todo lo que de banca pública tenía Andalucía, que se entregó el campo andaluz a multinacionales de la producción agraria y la alimentación, que se agredió a las pymes y se las puso al servicio de oligopolios de capital extranjero, que se elimino la vida de los centros históricos y el empleo en ellos y en los barrios con la aceptación masiva de grandes superficies comerciales.

Que se desmanteló nuestra red ferroviaria, sobre todo la de Andalucía oriental. Que se regaló el sol, la playa y la naturaleza a capital extranjero para convertirnos en esclavos y esclavas alimentadas por la precariedad, con nuestros hijos e hijas condenados una vez más a la emigración.

La tanqueta atravesada en el camino de las y los gaditanos es la viva imagen del peso muerto recaído sobre Andalucía. Juan Manuel Moreno Bonilla no va a sacar adelante sus presupuestos, o sea los presupuestos con los que entrega Andalucía a agentes externos a nuestra tierra, insiste en la destrucción de nuestro litoral, nuestra naturaleza, nuestro patrimonio agrario y urbano, y debilita los servicios públicos educativos y sanitarios. Presupuestos con mucho dinero para concentrar en pocas manos. Al presidente andaluz se le ha atragantado la tanqueta, no habla, regurgita silencio.

La tanqueta ha conseguido lo contrario de lo que pretendía, en vez de asustar a las y los gaditanos nos ha mostrado su ejemplo de dignidad, dándole un poco mas de conciencia al pueblo andaluz.



domingo, 21 de noviembre de 2021

A Andalucía que le den


Si para la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, la libertad era tomar cañas ocultando las muertes en las residencias, para el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, la libertad es poder convocar elecciones en Andalucía cuando le convenga a él y no a Pablo Casado, algo es algo. A Andalucía que le den.

El tema central del congreso andaluz del PP no ha sido el estado crítico de nuestra desigualdad estructural fruto del escaso peso industrial y tecnológico. No ha sido la precariedad laboral de hostelería y hotelería.No ha sido el paro, la pobreza laboral y infantil. No ha sido la mayor desigualdad salarial entre hombres y mujeres que en otros lugares.

No. No ha sido el malvivir de las personas que trabajan en los servicios de atención a la dependencia, no ha sido el estado crítico de la atención primaria y hospitalaria, ni los despidos masivos de personal sanitario gracias a la bajada masiva de impuestos a las grandes rentas. No ha sido el máximo deterioro de la educación pública, sus aulas saturadas, su liquidación de unidades y cierre de centros educativos en zonas rurales. No ha sido el abandono de la atención al alumnado con NEE y la precariedad y falta de contratación del personal que lo cuida, ni, por supuesto, sus bajos salarios.

No, en el congreso andaluz del PP tampoco ha interesado el campo andaluz, la degradación ambiental y las situaciones críticas fruto del cambio climático y un modelo intensivo atrapado por la plusvalía crediticia bancaria, cuyo valor añadido se basa en la explotación laboral. No ha sido la degradación urbana, la gentrificación, la carestía de la vivienda, o los problemas endémicos del sector turístico.

No ha sido la desarticulación de Andalucía en materia ferroviaria. No ha sido el gran problema de la contaminación en las áreas metropolitanas. No ha sido la ausencia de movilidad sostenible, la necesidad de la transición energéticahacia las renovables, la apuesta por el potencial de la agroecología, la ecoindustria o la industria rural. No han sido las causas de la huelga del metal en Cádiz; eso ni mencionarlo.

No ha sido el abandono generalizado de todos los servicios públicos, la financiación municipal o la escasez de una necesaria oferta potente de trabajo público. No ha sido el olvido del patrimonio cultural, no ha sido la desidia ante el mundo y las gentes del flamenco, del cine, del teatro o del arte en general.

No, no se ha hablado de empresariado andaluz, de autónomos, de potencial productivo y creativo, de raíces productivas atrapadas por la banca con domicilios fiscales lejanos. No se ha hablado de la necesaria imbricación de la universidad andaluza en la economía productiva y del conocimiento. Bueno, es que lo de la universidad es ajeno a un partido cuyo jefe obtuvo 12 asignaturas en cuatro meses.

No, de nada de eso se ha hablado en el congreso del PP andaluz. El elefante en la sala ha sido la convocatoria de elecciones en Andalucía. Unelefante que ha barritado el tema central del evento Popular, celebrado este pasado finde en el Palacio de Congresos de Granada, camuflado en el debate sobre la libertad del presidente andaluz. El viernes, Doña Isabel Díaz Ayuso, presidenta madrileña y reina colonial de Andalucía, le pidió a Moreno Bonilla que fuese libre: “Juanma, te recomiendo que vueles libre. Aquí solo se desgasta quien actúa como una marioneta”. El sábado el presidente andaluz dijo que él siempre se había sentido libre, y Don Teodoro García Egea, al que solo le falta la canana, que “no tenemos que venir de fuera a decirle a Moreno lo que hacer”. La guinda la puso Pablo Casado el domingo: “Juanma y yo nunca hemos hablado de la fecha de las elecciones andaluzas”. Ya se sabe, excusatio non petita, accusatio manifesta.

Así que el congreso del PP andaluz ha sido un debate sobre la libertad de Juan Manuel Moreno Bonilla, en función de los intereses personales de cada quien, y no sobre los problemas y el futuro de Andalucía. Porque los problemas de las y los andaluces les importan un pimiento. El lema del congreso bien podía haber sido “A Andalucía que le den”, al menos sería cierto, y no esa cosa de “Andalucía, el cambio funciona”, porque funcionar, es evidente, no funciona.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Elecciones en Andalucía


Los suyos de Génova en Madrid, le han hecho la pirula al presidente andaluz, Ciudadanos mediante. Juan Manuel Moreno Bonilla puede perfectamente decir en el congreso que el Partido Popular andaluz celebrará este sábado entrante en Granada, “al suelo que vienen los nuestros.”

La filtración de un audio del vicepresidente andaluz, Juan Marín, diciéndole al grupo parlamentario de Ciudadanos que en año electoral presupuestos andaluces con recortes para qué, desmonta cualquier relato que justifique echarle la culpa a la oposición o a Vox, sobre el adelanto electoral en Andalucía.

Todo se ha pergeñado, según insiste Marín, en un despacho de la obrada sede central del Partido Popular, ocupado por uno de sus hasta no hace mucho camaradas. Concretamente Fran Hervías, que fuese responsable de organización de su partido, cooptado por su homólogo del PP, Teodoro García Egea, consecuencia de lo de Murcia. Desde entonces Hervías, a modo de espía pasado al enemigo, colabora en el desguace de Ciudadanos.

La pregunta que nos permite entender la filtración y su momento es ¿a quién beneficia el destape del audio? Beneficia al poder del PP concentrado en la región de Madrid y a Pablo Casado en particular. Este PP afincado en el centralismo sobradamente reaccionario, no puede consentir que las negociaciones para la aprobación del presupuesto andaluz con el PSOE de Juan Espadas pudiesen tener éxito. Algo sabían de la intención real del PSOE andaluz de facilitar los presupuestos a Moreno y Marín para ganar tiempo, y por eso la han reventado.

Un presupuesto con los fondos Next Generation, el mayor con diferencia de la historia de Andalucía, 43.000 millones de euros, aprobado por una especie de nuevo monopartidismo andaluz, PP más PSOE, beneficiaría la estrategia de apariencia moderada de Moreno Bonilla, y la intención del nuevo viejo PSOE andaluz, dirigido por Pedro Sánchez, de volver a medio plazo al gobierno sin necesitar apoyo verdaderamente progresista en lo estructural, ya sea económico, fiscal, feminista, andalucista o ecologista. Los grandes perjudicados serían Vox y la estrategia radical extrema del PP de la capital de España, ya de Ayuso ya de Casado.

La filtración viene de Génova porque Pablo Casado tiene una posición de extrema debilidad. Está cogido en una pinza entre el tándem que forma Ayuso con la marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo, y la intención de Moreno Bonilla de representar una derecha más centrada para crecer en Andalucía por el espacio que el PSOE le cultiva.

Las elecciones andaluzas abrirán un nuevo ciclo electoral. Si había alguna posibilidad de que no se adelantasen como interesaba a Espadas (PSOE-A) y a Marín (C´s), ésta ha quedado reducida a escombros. La filtración va contra el presidente andaluz para laminar toda posibilidad de terminar la legislatura sin adelanto electoral tras un acuerdo presupuestario con el PSOE, lo que claramente le beneficiaría aumentando su espacio, con Ciudadanos en vía muerta y Vox reduciendo su capacidad de influencia.

Así son las cosas en Andalucía, un juego de intereses personales por parte de los líderes de las derechas y un juego de interés partidista por parte del PSOE andaluz. Todos al servicio de su ombligo, olvidan los intereses de las y los andaluces en un momento político tan determinante, que bien podría servir para que Andalucía liderase un proyecto de transformación productiva, que erradicara las causas estructurales de nuestra dependencia de poderes lejanos y de nuestro diferencial persistente de desigualdad.