lunes, 31 de octubre de 2022

Otra nueva oportunidad de Pedro Sánchez


La cuestión territorial en España es como el dinosaurio del cuento de Augusto Monteroso. Cuando el 15M despertó del no nos representan, del no somos mercancía en manos de banqueros, el dinosaurio seguía allí. Quien quisiera sostenerse con empuje de ruptura con el 78 y su bipartidismo habría de aceptar sin más remedio la plurinacionalidad de España. Hubo de incluirse en el análisis de época la clave territorial junto con el empuje feminista, el ecologismo sin fronteras, la clase obrera, llamada trabajadora con las fábricas en China, estrujada por el capital, y los poderes del estado controlados por el triunvirato del franquismo, la banca alemana y los fondos de inversión residenciados en Wall Street.

Tras la dimisión, por fin, de Carlos Lesmes, ya expresidente del Consejo General del Poder Judicial, el PSOE y el PP rememoraban el bipartidismo para renovar el órgano de gobierno de la judicatura con funcionamiento inconstitucional caducado por casi cuatro años. El acuerdo estaba hecho a falta de fecha y hora para anunciarlo. Entonces un WhatsApp de Isabel Díaz Ayuso,sincronizado con un titular inmundo y una arenga en la radio copera de los santos obispos, lo desbarataron y señalaron que Feijóo rompía también España al pactar con quienes negociaban con ERC reformar el delito de sedición.

El sustituto de Pablo Casado, después de que éste fuese desalojado con urgencia de la presidencia del partido por osar intentar cortarle las alas a Isabel Díaz Ayuso, utilizando un feo asunto de compra masiva de mascarillas, consultó al único apoyo con fuerza real, el presidente andaluz Juan Manuel Moreno Bonilla. El andaluz le dijo que lo que él viese, vamos, que se quitó de en medio con la bandera andaluza entre las piernas, dejando al gallego más solo que la virgen de la Soledad.

En palabras del gallego el acuerdo bipartidista ha quedado congelado hasta que haya un nuevo PSOE, es decir hasta que el actual gobierno de coalición pierda las elecciones. La forma de la ruptura ha servido para recordar la naturaleza genética anticonstitucional de la derecha española. Feijóo ha caído en el agujero negro de Madrid. El PP seguirá entre el Palacio de Oriente y el Alcázar de Toledo. Un señor de Galicia, que llegó a Madrid bajo los epítetos de moderado y hombre de estado, huele a alcanfor y se achanta para no oler a cadáver en el mismísimo mes que empieza con fiesta de difuntos.

Las posiciones de la prensa madrileña, tanto la progresista, si quiera en apariencia, como la de derechas, siguen condicionando para mal la política en España. Una alianza progresista, federal y plurinacional debería abordar eso y achicar el espacio de influencia de la capital. España no es Madrid. A ver si RTVE asume el reto. Importantes columnistas de medios progresista, incluso de izquierdas, ya preparaban, y empujaban, la posibilidad de un Feijóo que se entendiese con la derecha vasca y catalana, que, como Juan Manuel Morteno Bonilla achicase el espacio de Vox en beneficio de un moderado PP, para que todo volviese a un bipartidismo, ya fuese imperfecto, con una izquierda anti Otan, pacifista, republicana y plurinacional reducida, otra vez, a escombros. Victoria Rosell y Podemos pagaban el pato con el visto bueno de cierta izquierda de cartel. Lástima, era un mal cálculo.

Pedro Sánchez, que como confesó a Jordi Évole, también ha sufrido la amenaza de la terna formada por el franquismo incrustado en el estado, los fondos extranjeros y el poder mediático, vuelve a tener una oportunidad histórica para avanzar democratizando España o quedar al albur de la derecha reaccionaria que ha parado los pies a Núñez Feijóo. Se dan las condiciones para liquidar un delito extemporáneo e inexistente en la UE como el de sedición, y para reformar la ley orgánica del poder judicial para que no pueda existir minoría de bloqueo en la elección de sus miembros.  Europa no tendrá ningún inconveniente, al contrario.

La composición del Congreso emana de los resultados electorales, o sea del pueblo, no hay nada que impida en el articulado de la CE que los diez integrantes del CGPJ de extracción parlamentaria puedan ser elegidos, como propone Podemos, por mayoría reforzada, la mitad mas uno de los votos a propuesta de cinco grupos parlamentarios. Si Pedro Sánchez quisiese, a Feijóo y a Ayuso se les acabaría el cuento de Monterroso con el que han decidido continuar el próximo ciclo electoral, el dinosaurio es Cataluña, la frase España se rompe. El presidente Sánchez puede optar entre más democracia o el continuismo del viejo PSOE con el que se ha vuelto a ver este finde en Sevilla. Los partidos que forman la coalición de gobierno y los que ayudan a su estabilidad representan la España democrática con futuro, la diversa y plurinacional. Nunca lo tuvo Sánchez tan fácil para arrinconar al PP en la ultraderecha.

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jueves, 27 de octubre de 2022

Por Victoria Rosell, jueza en el CGPJ


Si hay un cuerpo del estado en el que los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad para el acceso a la función pública quedan sesgados indefectiblemente por las cuestiones de clase y las cuestiones ideológicas, ese cuerpo es la judicatura.

Cuando uno va al médico, el perfil medio de quien te atiende, tras muchos años de acceso por MIR y de alta precariedad, es mujer, progresista, procedente de una amplia franja de clase trabajadora urbana o rural. Si uno tiene que vérselas con la justicia en cualquiera de sus frentes, el perfil medio de quien ostenta la amplia potestad de decidir es varón, con ideología conservadora tirando a muy conservadora, toques patriarcales y cierta pose de estar por encima del bien y del mal. También hay altas dosis de consanguineidad. Cuanto más alta es la posición en el escalafón judicial, más se agudizan los rasgos del perfil medio.

El perfil personal de Victoria Rosell se parece más al perfil medio de quienes nos atienden en la sanidad pública que al perfil medio de quienes ostentan el poder de aplicar, o mejor interpretar, las leyes que deben ser igual para todas y todos. Victoria Rosell llegó a la política con Podemos, el partido que vino a curar los males incrustados en el régimen del 78. La cura no se ha conseguido, pero ciertas vacunas, y no poco importantes, sí que se han ido poniendo. Rosell es feminista y va en serio con el feminismo, Rosell es de izquierdas y va muy en serio con la defensa de intereses amplios que primen los de quienes están más desfavorecidos.

Quienes hablan de que hay que despolitizar la justicia, los órganos de poder judiciales, en realidad de lo que hablan es de que quieren que sigan siendo órganos compuestos por amplias mayorías reaccionarias. Son las mayorías que ha impuesto el PP con la connivencia del PSOE desde los orígenes del régimen del 78, en el que la justicia franquista quedó incrustada vía sagas familiares, del Opus Dei o de grupos económicos de interés.

Para que España tenga una justicia que se parezca a la ciudadanía media y cuide más, en aplicación de las leyes, los intereses de esa ciudadanía, se necesita que juezas como Victoria Rosell lleguen, no solo a lo más alto de los estamentos jurídicos, también a lo más alto de los gobiernos, por supuesto a lo más alto del los órganos de gobierno de los jueces. Por eso es tan importante que quienes defiende los intereses del 99% de la ciudadanía española, igualdad, justicia, paz, y necesidades educativas, sanitarias, asistenciales y de vida cubiertas, tengan claro que no se puede ceder ante quienes están acostumbrados a hablar de justicia con la boca pequeña.

Hubo una izquierda que en 2016, antes y después de la repetición electoral, cuando el PSOE no quiso asumir los resultados de 2015, propuso dejar pasar Pedro Sánchez y con Ciudadanos. El esfuerzo impugnador del 15M hubiese quedado así al albur de los de siempre. Hubo entre junio de 2019 y noviembre de 2019 quienes desde la izquierda dudaron o abogaron por dejar pasar al PSOE para que gobernase en solitario con el presidente durmiendo a pierna suelta. La fuerza electoral de lo que representaba y representa Podemos hubiese quedado diluida con la aspiración futura de obtener despachos lánguidos adjuntos a los del PSOE. La tenacidad del núcleo dirigente de Podemos con Pablo Iglesias en el liderazgo impidió que la izquierda del 78 se añorase a sí misma, llegando al gobierno y forzándolo, a la vanguardia de Europa, a afrontar las graves y sucesivas crisis recientes con políticas para las mayorías.

Los nombres importan, la elección siempre es una cuestión de nombres, los nombres tiene procedencias, trayectorias, currículums. Quienes pretenden no hablar de nombres tienen una baraja con sus nombres escondida en la manga. Que Podemos haya cerrado filas con el nombre de Victoria Rosell es una gran noticia, que ella esté dispuesta a asumir la alta responsabilidad de ser miembro del CGPJ lo es aún más. La justicia española para avanzar y democratizarse, limitar su espectro reaccionario, necesita nombres como el de Victoria Rosell en su máximo órgano de gobierno. No cedan, Victoria Rosell debe de ser miembro del Consejo General del Poder Judicial porque representa algo muy importante, representa la democracia. Política viene de polis, el lugar de las y los ciudadanos, y como dejó escrito Voltaire, debemos devolverle su viejo significado, en la judicatura también.

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martes, 25 de octubre de 2022

Por un poder andaluz


El coloquio entre Alejandro Rojas Marcos y Juan Manuel Moreno Bonilla con motivo de la presentación del libro de José Luis VillarPor un poder andaluz, sobre la historia del Partido Andalucista, hasta 1984 Partido Socialista de Andalucía, ha dado que hablar. En cuanto termine estas letras salgo a comprarlo.

El personaje político Alejandro Rojas Marcos, dirigente egregio del Andalucismo de partido desde la transición hasta su retirada de la política a finales de 2004, seguirá dando que hablar cada vez que haga una nueva presentación del libro. Elegir, y conseguir sin esfuerzo, que sea el presidente andaluz, heredero de las derechas de UCD y Alianza Popular, que decían “Andaluz, este no es tu referéndum” y pedían la abstención en la campaña del 28F de 1980, el que acompaña la presentación en la Casa de la Alegría, Dar al Farah, de Blas Infante demuestra, interesada o no, una gran visión política por ambas partes.

Las cortes constituyentes de la transición, resultado de las elecciones generales preconstitucionales de junio de 1977, no contaban con ningún diputado andalucista. El PSA de Rojas Marcos concurrió a las mismas en alianza con el PSP de Enrique Tierno Galván y la Federación de Partidos Socialistas. El PSA no obtuvo ningún escaño. Esas cortes preparaban una constitución en la que las únicas nacionalidades con instituciones propias iban a ser Cataluña, Euskadi y Galicia junto con la foralidad Navarra, el resto eran regiones con cierta descentralización administrativa.

En Andalucía se daban por aquel entonces las condiciones culturales y políticas para que un movimiento andalucista transversal se interpusiera en los planes exclusivos para las llamadas nacionalidades históricas. Andalucía era, y es, un pueblo cultural histórico impregnado de acentos y manifestaciones expresivas y simbólicas enraizadas en su historia europea, mediterránea, africana y latinoamericana. Andalucía tenía conciencia de pueblo expoliado y relegado a la subalternidad en el interior de España. Andalucía no solo exportaba mano de obra barata, producción agraria barata y capital ambiental barato, también manifestaciones culturales con fuerte identidad: flamenco, rock andaluz, cantautores, pop andaluz, poesía, teatro y cine, haciendo, por un lado, que la cultura española se identificase con la andaluza en el mundo y, por otro, que la percepción de Andalucía en otros territorios de la península como entidad diferente fuese nítida.

En estas condiciones, el PSA liderado por Alejandro Rojas Marcos, sin representación en el Congreso, tampoco Blas Infante fue nunca diputado, consigue impugnar el acuerdo territorial que relegaba a Andalucía a ser como las demás. Consiguió movilizar el sentimiento andaluz de agravio en favor de una autonomía como las que más. Tanto dentro como fuera de Andalucía, el andalucismo en Cataluña también estuvo a la vanguardia de las demandas de autogobierno para Andalucía. Tal fue la fuerza andalucista popular que obligó al resto de partidos progresistas o de izquierdas, centralistas, a pugnar por situarse al frente de la reivindicación de autonomía para Andalucía. Las grandes movilizaciones populares del 4 de diciembre de 1977 determinan la inclusión en la CE de 1978 del artículo 151. Dos años, dos meses y veinticuatro días después, el 28 de febrero de 1980, en Andalucía suenan las campanas de la historia. Si el PSA y Alejandro Rojas Marcos tienen legado reconocible, es este, haber sido movilizadores indiscutibles e imprescindibles para que Andalucía se convirtiese en pueblo político con instituciones propias. Si eso no es histórico que venga Moreno Bonilla y lo diga. No lo hizo en la presentación de Por un poder andaluz, al contrario, lo reivindicó en un intento de lavado del pecado original de la derecha para con Andalucía.

La trayectoria política de PSA, después PA, tuvo aciertos y errores, algunos muy gordos. Sin más, el progresivo abandono de posiciones de izquierdas, la concentración de los esfuerzos políticos en el occidente andaluz, una forma de centralismo sevillano, no podemos olvidar el canje de la alcaldía de Granada por la de Sevilla tras las primeras elecciones municipales constitucionales de 1979, que lastró irreversiblemente la fuerza del andalucismo en el oriente andaluz, o la última deriva del andalucismo hacia las concejalías de urbanismo cuando su poder ya no era ni siquiera testimonial.

Intuyo que la lectura de la serie de textos de Por un poder andaluz de José Luis Villar va a ser imprescindible para conocer en profundidad el origen, legado y evolución del andalucismo moderno. Si Blas Infante y su legado representa sin duda el andalucismo histórico, el tamiz de la historia moderna del andalucismo deja en Andalucía, nada más y nada, menos que el logro de nuestras instituciones políticas por primera vez en la historia, si no tenemos en cuenta Al-Andalus donde la Europa medieval vivió su primer renacimiento.

Por supuesto yo también hago la crítica al presidente del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, partiendo de que abrazar la bandera andaluza no significa nada si no se defiende la descentralización y desconcentración de poder de Madrid y de Sevilla, si no se lucha contra la colonización y expolio de Andalucía, si no se promueve una actividad empresarial autóctona y respetuosa con nuestro medio y los derechos sociales y de género, si se prefiere los toros y la caza en Canal Sur a la ciencia, la educación y la educación en igualdad, contra el machismo, la homofobia o la xenofobia. Si se bajan impuestos a los ricos y se dilapida la capacidad fiscal propia, haciendo a Andalucía mucho más dependiente de decisiones externas, o sí se usa la bandera para acometer contra el gobierno central solo para defender la patria del capital.

Si la bandera andaluza es algo no es precisamente las políticas que defiende el partido de Moreno Bonilla. Los textos históricos andalucistas desde la Constitución Federal de Antequera de 1883 hasta los de la Asamblea de Ronda en 1918 o la de Córdoba en 1919 son textos claramente progresistas de izquierdas. En cualquier caso el presidente andaluz, por interés electoral, por creérselo o por verse atrapado en el discurso emocional de Alejandro Rojas Marcos, o por todo a la vez en cualquier grado, expresó su andalucismo, recordó que la noche de su gran victoria electoral no salió a celebrarlo con la bandera de España, que era la que le había legado cuatro años antes la última presidenta del PSOE, Susana Díaz, sino con la de Andalucía, se afirmó andalucista y llegó a decir que con mucha probabilidad podría declarar el 4 de diciembre Día de la Bandera de Andalucía. Ojalá así sea y la familia de Manuel José García Caparrós vea satisfechas todas sus demandas.

Tras la presentación, cabe exigirle al presidente andaluz que lleve el andalucismo por bandera y lo demuestre. Que no regale los recursos andaluces a fondos extranjeros, que promueva un cambio de modelo productivo que enraíce población, genere empleo,  liquide las desigualdades de género y territoriales y reduzca el daño ambiental. A lo mejor al exigirle que busque la soberanía de nuestra tierra, política, alimentaria, energética, productiva, algunos se ven desnudos en sus exigencias al comprobar que son los primeros que nunca se aplicaron esa exigencia o que no comprenden el sentido de la existencia de un auténtico pueblo cultural y político andaluz.

Lo importante del gesto del presidente la Junta de Andalucía, es que puede servir para que una parte del empresariado con raíz andaluza tome conciencia de que un andalucismo de derechas le beneficia frente a los intereses de los peces gordos extranjeros de los que son subalternos, muchos con domicilio en la Castellana madrileña, y que una parte de las izquierdas se den cuenta de una vez por todas que las luchas no son solo de clase, de género o ambientales, que también son territoriales, que unos pueblos tienen posiciones privilegiadas de dominio y otros están condenados a la colonización. Aprendamos y espabilemos, por un poder andaluz.

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martes, 11 de octubre de 2022

Cataluña se mueve


Desde 2014 la política española está condicionada por dos fuerzas tensoras. La del producto organizado del 15M, Podemos, y la del nacionalismo catalán devenido en independentismo. Sendas fuerzas se alimentaron del malestar creado por la salida neoliberal de la crisis de 2008. El catalanismo además tuvo un acelerante consecuencia de la sentencia del Tribunal Constitucional de julio de 2010, que cercenó el Estatut de 2006, aprobado por las Cortes catalanas, por el Congreso de España y refrendado por el pueblo catalán.

Como en la mecánica de Newton, toda fuerza de acción genera una de reacción. El régimen del 78, configurado políticamente de forma bipartidista con las excepciones vasca y catalana, activó su clave de bóveda monárquica para que cloacas policiales, profundidades judiciales y poderes mediáticos actuasen concertadamente contra los tensores que ponían en un brete los incumplimientos de la constitución del 78. El “es muy burdo, pero voy con ello” de 2016 está tan unido al discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017, como la reforma del artículo 135 de la CE de 2011 lo está a la aplicación del 155. Ciudadanos es consecuencia de Podemos y Vox del procés. El primero amortizado, el segundo vive al amparo de neofascismos que crecen en el mundo aprovechando la incertidumbre del futuro envuelta en tambores de guerra.

El PSOE y el PSC se alinearon en los momentos más críticos con las fuerzas reactivas. Lo siguen haciendo cuando se trata de indagar la monarquía o las cloacas. Yolanda Díaz, señalada para ser líder del espacio de cambio, todavía Unidas Podemos, da por amortizados los partidos que lo constituyen echando tierra sobre el brillo de los logros en el gobierno. Ningunear la organicidad que ha logrado las mayores conquistas sociales, laborales, feministas, ecologistas y en derechos para los animales en los últimos tres decenios, incluidas las de su ministerio, resulta extravagante viendo la persistencia de las fuerzas reactivas atacantes de la democracia.

La salida de Junts del gobierno catalán tras el referéndum a las bases convergentes es el final de procés, lo ha dicho Jordi Sánchez. Se pone fin a la alianza independentista transversal. La parte ganadora de Junts deposita su esperanza en el rápido deterioro del gobierno de ERC, con una minoría parlamentaria precaria, y en que Feijóo y Vox sumen en las generales del próximo año para reforzar su argumento de que como España no tiene solución, no hay más solución que irse de España. Son hipótesis inerciales e instintivas. ERC, lo ha dicho Oriol Junqueras, puede gobernar prorrogando los presupuestos sin entregarse al PSC y manteniendo la tensión con el PSOE. Reducida en el escenario la unilateralidad, ni siquiera un gobierno de Feijóo ahondaría en la confrontación política con Cataluña.

La ruptura del bloque independentista en Cataluña deja a ERC las manos libres para negociar con el gobierno de España y con el PSOE de Pedro Sánchez. ERC puede gobernar por la izquierda sin la bola de la derecha catalana atada al tobillo. A su vez, Pedro Sánchez tiene otra oportunidad de oro para plantear una salida democrática que rompa con la historia penal reciente del independentismo catalán, y afronte una solución territorial que pase por el derecho a decidir en Cataluña. Pero Sánchez nunca ha actuado con iniciativa propia, ni en materia de derechos y políticas de redistribución, ni en materia territorial, siempre lo ha hecho forzado por los acontecimientos o la correlación de fuerzas.

La historia reciente nos dice que para ERC las únicas fuerzas fiables son Podemos en el estado, Los Comunes en Cataluña, junto con las nacionalistas vascas, PNV y Bildu. Para que ERC pueda avanzar en su estrategia de ampliar sus espectro electoral, necesita fiabilidad en sus alianzas tácticas y estratégicas fuera y dentro de Cataluña. Dentro con Los Comunes, fuera con los partidos vascos y con un Podemos, que para aguantar y crecer necesita como el agua ampliar su estrategia de bloque de dirección de estado a otros territorios autonómicos. El único camino para forzar al PSOE a trabajar en la izquierda es articular un proyecto político de estado federal/confederal claramente visible. El gran espacio federalista por ocupar está en Andalucía.

En Andalucía abrazar la bandera del andalucismo para ponerla al servicio de los intereses del pueblo andaluz y utilizarla de fuerza activa contra la reacción centralista monárquica debería ser un a prioridad. Quien está usando de manera decidida la bandera de Andalucía es el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, para regalarla a intereses afincados en el Madrid de Isabel Díaz Ayuso.

Vienen las municipales. Mirar la loseta que pisamos como si lo que ocurre en ella no estuviese determinado por lo que ocurre en el mundo, o eludir dar la cara esperando la belleza por venir en campos de margaritas son actitudes de poco vuelo. Nunca se debe dejar de pensar en grande. Las municipales son una oportunidad para ampliar el espacio de reconocimiento de las conquistas echas en el gobierno y construir en cada comunidad autónoma proyectos cooperativos con un modelo federal/confederal en la cabeza. Es la manera de reforzar para el futuro el bloque histórico de dirección de estado que defienda la democracia.

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viernes, 30 de septiembre de 2022

Andalucismo y voluntad de poder


En ocho meses se celebrarán elecciones municipales en Andalucía. Aparte del PSOE, cuyo horizonte político es el regreso al bipartidismo monárquico, la izquierda en el estado español parece dividirse por el espacio en el que sitúa la línea del horizonte, fuera o dentro del cuadro del '78. La que asume los límites del cuadro buscará un proyecto concordante con el del PSOE. La que traza el horizonte fuera del marco quiere avances que se consoliden y duren, que sean difícilmente reversibles, es beligerante contra los poderes heredados del franquismo que habitan las estructuras del estado. También, aunque no estaba en los debates del 15M, parece tener interiorizada la plurinacionalidad de España. Digo parece porque con Andalucía duda.

Desde la constitución del 1978 ha habido dos proyectos de estado. Uno, el que representa la clave de bóveda monárquica, va desde Suárez a Sánchez. Dos, el que dibuja un horizonte de transformación fruto de la impugnación de régimen que significó el 15M y de la irresuelta cuestión territorial, lo representan Podemos, junto con fuerzas más o menos nacionalistas, como Els Comuns, Compromís, ERC, BNG, PNV o Bildu, incluso el PSV de Ximo Puig o el PSIB de Francina Armengol cabrían en ese conjunto. Todas ellas sitúan su contribución actual a la dirección de estado, en expresión de Pablo Iglesias, como elemento determinante para avanzar hacia un país más democrático, consiguientemente más federal/confederal.

Las izquierdas que comparten un horizonte situado fuera del cuadro borbónico son las atacadas con saña por todo el establishmen del régimen. Medios de comunicación, judicatura, cloacas policiales y alto funcionariado, actúan de líneas ofensivas. Montajes policiales, law fare, fake news y violencia política, ponen en práctica con precisión golpes blandos a la democracia. Ese bloque de dirección de estado no va a avanzar si en Andalucía no tiene fortaleza una izquierda andalucista con voluntad de poder. Sin un bloque andalucista de izquierdas reconocido y reconocible, la impugnación y el horizonte de transformación chocará con el Madrid es España y Andalucía su colonia interior. Piensen en el tamaño y población de Andalucía.

Los procesos relevantes de Podemos en Andalucía son buen ejemplo para intuir que existe un punto de máxima eficiencia para el que no se ha encontrado cartografía que dibuje su posición en el espacio político. Cuando los debates internos eran más o menos autonomía, más o menos capacidad de decisión propia, más o menos Andalucía nacionalidad histórica, más o menos poder territorial, las posiciones de Teresa Rodríguez arrasaban. Cuando el debate era más o menos voluntad de poder, más o menos querer entrar en los gobiernos con el PSOE para forzar cambios, más o menos institución, las posiciones de Pablo Iglesias arrasaban.

Llegarán las elecciones municipales, hay que decidir táctica y estratégicamente donde trazar la línea del horizonte andaluz. Unas alianzas son refugio, otras refuerzo. Unas pasado, otras futuro.

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lunes, 12 de septiembre de 2022

La revolución del Carrefour


Si IKEA trajo la república a nuestras casas, Carrefour va a traer la libreta de abastecimiento comunista. El CEO de la gran empresa de distribución y comercialización en hipermercados, de capital francés, lo vio a la primera, una vicepresidenta tercera y un ministro del Gobierno de España con competencias en consumo le han puesto una alfombra roja, militan en el PCE, para erigirse en una especie de Cáritas aconfesional.

Decenios de movimiento ecologista, de ecología política, en defensa de la vida y el comercio en los pueblos y ciudades, montones de programas electorales de la izquierda, incluida IU, contra la gentrificación, la destrucción de la vida comercial de los centros históricos y los núcleos urbanos consolidados, contra las prácticas oligopólicas de grandes distribuidoras que imponen precio de compra y precio de venta, contra los modelos de comercio y consumo que obligan, sin capacidad electiva de las y los consumidores, a coger el coche y hacer kilómetros para comprar lo necesario y, de paso, lo innecesario, y de repente se descubre que Carrefour es la solución para la revolución.

Sindicatos como CCOO poseen serios estudios en los que se demuestra que los hipermercados han destruido tres empleos por cada empleo precario que han creado. El ecologismo sabe de la insensatez ecosistémica de la ocupación del territorio agrario o natural circundante a las ciudades y pueblos para crear enormes superficies comerciales que funcionan como catedrales del consumismo. La economía sabe que el sector de la distribución alimentaria y productos de gran consumo funciona en régimen de oligopolio, puede imponer el precio de compra a proveedores y el precio de venta a consumidores. Las organizaciones agrarias saben que los grandes márgenes comerciales de los productos del campo, superiores a veces al quinientos o mil por cien, son consecuencia de posiciones dominantes de mercado.

Dos ministerios del Gobierno de España, han tenido la ocurrencia de pedir por favor ayuda a Carrefour, Mercadona, Lidl, Consum, Alcampo, El Corte Inglés, DIA, Aldi, Covalco, GM Food, Covirán, grandes de la distribución, para paliar los efectos de la profunda crisis inflacionista, que irá a más consecuencia de un factor de fondo y un catalizador acelerante, la crisis de raíz socioecológica del capitalismo en su choque con los límites planetarios y la guerra de Ucrania.

Mientras se daban reacciones airadas de la derecha, del PSOE y del empresariado por razones distintas, el CEO de Carrefour se anticipó y ofreció al ministerio un paquete de 30 productos básicos domésticos por 30 euros, detrás podrán llegar el resto de grandes distribuidoras en una apariencia de competencia a la baja. Finalmente pagarán los pequeños y medianos productores y proveedores asentados en los distintos territorios a los que les apretarán bien las tuercas para tirar sus precios al suelo y estos a su vez apretarán sobre salarios y condiciones laborales. La práctica de la bajada temeraria de algún precio en la línea de supermercado es conocida, se bajan el pan o los pañales con el fin de que la clientela llegue a por ellos, compre todo lo demás y quede fidelizada. Lo mismo pero con el marchamo del gobierno y el plus de solidaridad es el fondo de esta ocurrencia. Como cuando la comunidad de Madrid entregó a El Corte Inglés la vacunación del Covid. A Carrefour le ha salido la mejor campaña de publicidad gratuita de su historia. El comercio de proximidad queda ojiplático pagando la factura eléctrica, la hipoteca o el alquiler y los impuestos con menos ventas.

Para luchar contra la escalada inflacionista de precios hay que ir a las causas, afrontar el problema de la dependencia y el exceso de consumo energético, acabar con el mercado marginalista que sigue produciendo beneficios caídos del cielo, montar una empresa de titularidad estatal para la producción y comercialización de la energía. Promover, dentro y fuera del gobierno, que la UE se salga del marco belicista de la OTAN que ha impuesto los intereses de un puñado de capitalistas de las armas y los combustibles fósiles. Las recetas para reequilibrar la desigualdad social, compensar y frenar el daño ecológico, y sobre la producción y el comercio de proximidad, que provocan los grandes  hipermercados, son la fiscalidad sobre los grandes beneficios y la fiscalizad ecológica por externalidades ambientales y sobre el tejido empresarial de pueblos y ciudades. Lo primero compete al gobierno del estado, lo segundo a las comunidades autónomas, que bien podrían beneficiarse de una ley marco para la fiscalidad ecológica sobre las grandes superficies comerciales. Además, si queremos comunismo del de verdad, una empresa pública de distribución alimentaria que compita con las privadas, tense los presos a la baja y fomente la producción y consumo agroecológico, o el fomento del cooperativismo de productores para que juntos se hagan fuertes en la distribución.

Una ocurrencia así viene a decir lo mismo que cuando se nos decía que privatizando todo el sector bancario, todo el sector energético, todo el sector de la telefonía, todo el sector del agua, de los transportes públicos, de los cuidados, de los residuos o la jardinería, la competencia entre empresas haría que bajasen los precios. No ha ocurrido nunca. Al contrario. Como no ocurrirá que la salud privada o la educación privada actúen por interés colectivo o bondad hacia el prójimo. IU/PCE pactó en su programa de gobierno con el PSOE en Andalucía, año 2012, un impuesto ecológico a las grandes superficies comerciales que no se llegó a implantar porque el PSOE, si no se le aprieta en serio, nunca cumple lo que pacta por la izquierda. Defendí ese impuesto en un texto de 2013 con el título Grandes superficies comerciales, un daño impagable.

Políticamente la revolución de la canasta básica del Carrefour, El Corte Inglés, Mercadona o Eroski, funciona como una cortina de humo para tenernos entretenidos y que olvidemos que hay que derogar la ley mordaza, promulgar ya una ley de vivienda que garantice el derecho constitucional, y pelear unos presupuestos expansivos antibelicistas y con fiscalizad justa. Pareciera que hay ministerios que se diferencian del PSOE y marcan perfil propio, pero en realidad, voluntaria o involuntariamente, ocultan esas cuestiones de fondo. Que nos regale el pan Carrefour no servirá de nada, porque nos va a llover a la intemperie uranio radiactivo en medio de huracanes, olas de calor, escasez y alza exorbitante de precios, en una economía que tenga uberizado hasta el sector alimentario. Caritas/Carrefour nos señala el suelo para que no miremos arriba, mientras el asteroide entra en la atracción gravitacional del planeta. Hay que decirlo.

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martes, 30 de agosto de 2022

Guerra y energía


Una situación critica en términos de precio de la energía está conduciendo a la alta política en Bruselas a replantearse el modo en que está regulado el mercado eléctrico en la UE. Pero la situación dramática estaba ya anunciada antes de la guerra de Ucrania, la guerra ha acelerado la visión de la segura catástrofe si seguimos sin querer afrontar el verdadero problema.

Los fósiles y la nuclear producen cambio climático, dependencia exterior extrema, concentración de poder, riesgos inasumibles para la humanidad, destrucción de países, expolio colonial, muerte, guerras y emigración. Desigualdad local y global.

La necesidad de reformar un mercado eléctrico intervenido en favor de los lobbies energéticos era evidente con guerra en Ucrania o sin guerra en Ucrania. Un mercado marginalista con normas para facilitar la acumulación de beneficios de los grandes grupos propietarios de productoras y comercializadoras es sencilla y llanamente capitalismo neoliberal. La formación de leyes en el estado solo para beneficio de unos pocos.

La causa principal, coyuntural, de la subida del precio de la energía es haber hecho una apuesta bélica para “solucionar” la guerra en Ucrania, en lugar de una apuesta diplomática que tal vez la hubiese parado en las primeras semanas. Disculpen la broma en la tragedia, lo salado no se borra con más sal ni lo dulce con mas azúcar, la guerra no se apaga con más guerra.

En lugar de ahondar en la diplomacia, y actuar decididamente a favor de la conversión del modelo energético hacia las renovables, con el vector hidrógeno, la política de la UE ha ido a equiparar como verdes la nuclear y el gas. Una aberración científica. En lugar de tomarse en serio la reducción drástica del consumo energético con políticas efectivas sobre el transporte, la edificación, la industria, la agricultura, el comercio o el consumo, se pretende sostener el sistema quemando carbón y aumentando la vida de las nucleares. Riesgo sobre riesgo.

Esto ocurre en Europa, con una Alemania cogobernada por liberales, socialdemócratas y, atención, verdes (convertidos al belicismo), que vuelve a quemar carbón como en los tiempos de la lluvia ácida que dañaba la salud de la naturaleza, la agrícola y humana. ¿Quiénes mandan de verdad? En la agenda política de Macron y Scholz está incrementar el riesgo de accidente nuclear en territorio europeo alargando la vida de las viejas y obsoletas centrales nucleares. Parte del gas ruso que ya no llega se está sustituyendo por gas de fracking de EE.UU. La política ambiental, la lucha contra el cambio climático (qué verano estamos viviendo) y la reducción de la dependencia, a la mierda. Nuestra soberanía en manos del decadente imperio americano, de Rusia y de China. Qué listos nuestros gobiernos.

Para afrontar la escalada de los precios de la energía y sus consecuencias para las mayorías sociales y las empresas productivas es preciso parar la guerra. La principal política europea de defensa debería ser instigar una solución diplomática y no alimentar el combate. Sí mister Borrell, preferimos la mantequilla a los tanques, somos mejores que usted. Con la guerra están ganando los lobbies del armamento, los de la energía y las materias primas, y seguirán haciéndolo. El principal damnificado es el pueblo ucraniano pero toda la humanidad está en riesgo extremo.

En este momento los gobiernos europeos saben del riesgo de insurrección de la población, basta ver lo que está pasado en Reino Unido, los avisos en España, Alemania y Francia, y recordar las movilizaciones de los chalecos amarillos en Francia o el transporte en España. El fascismo acecha en Italia sin camuflaje. Es evidente que hay que intervenir sobre los precios de la energía y subvencionar su acceso a las capas más desfavorecidas. Acabar con el mercado eléctrico marginalista era una necesidad antes de la guerra en Ucrania, ahora es imperioso. Produce beneficios caídos del cielo a las eléctricas y energéticas, propiedad de señores que viven en mansiones lujosas para los que el mundo es un cortijo de su propiedad.

Pero no basta. Mucho menos quedarse solo en la extensión del “modelo ibérico”. Se precisa un verdadero control público de todo el proceso de producción, distribución y comercialización de la energía. Se precisa al estado como propietario. Son imprescindibles empresas públicas de energía y banca pública que las ampare en caso de necesidad. Empresas que, en competencia con las privadas, establecerían directamente las condiciones para que el acceso a la energía no fuese un factor determinante en el incremento de la desigualdad. Esa es la auténtica reforma del mercado energético que necesitamos en España. Y ayudar a parar la guerra. Dicen, como siempre, que no se puede, pero sí, sí que se puede.

Publicado en La Voz del Sur y en La Última Hora Noticias

domingo, 19 de junio de 2022

La suma no es más


Lo dramático de este artículo es que estaba escrito hace una semana. No lo publiqué para no meter distorsión en una campaña de la izquierda que ya venía cuesta arriba desde las fotos de la feria de abril.

Queda demostrado que tratar Andalucía como colonia cuando se viene por la izquierda no produce resultados. Los mejores resultados de Julio Anguita, andaluz de Córdoba, llevaban el marco “Convocatoria por Andalucía”. Nadie vino de Madrid tocando la gaita a decir lo que teníamos que hacer sin saber bailar sevillanas, mucho menos sin querer aprender a bailarlas. La foto de la feria de Sevilla lo dejó claro. Canjear Andalucía por Madrid se paga. Cuando el referéndum del 28F de 1980 la derecha ucedista pagó con 37 años aquello de “Andaluz este no es tu referéndum”.

Desde la foto de la feria de abril hasta el acto de Por Andalucía en Málaga el día 12 de junio, pasaron semanas sin que se viesen banderas de Andalucía de forma relevante, ni en el escenario ni entre el público. Las banderas no son trapos, como las palabras no son letras, son símbolos, tienen semántica y etimología. En Andalucía, la bandera republicana es la verdiblanca. La que Abu Asbag iben Arqam, poeta andalusí de la cora de Guadix, describe sobre la alcazaba de Almería en el siglo XI: Una verde bandera, que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón, despliega sobre ti un ala de delicia, que ella te asegure la felicidad al concederte un espíritu triunfante. La primera referencia escrita a una bandera europea. En Andalucía, desde 1977, la bandera de la libertad es la arbonaida. Por lo que significa: escuelas gratis medicina y hospital, que vuelvan pronto los emigrantes, haya cultura y prosperidad. La murga de los currelantes no se canta con gaitas ni con eses silbantes.

Andalucía es la clave de bóveda de un proyecto posible plurinacional para España. Que la haya tomado la derecha va a obstaculizar ese proyecto. Tamaño, población e identidad fuerte, tan fuerte como que no necesitamos idioma propio para sentir Andalucía en las venas. Nuestros acentos, diversos y del sur, y nuestro flamenco universal son nuestro idioma. Oír a Rigoberta Bandini, a la que podemos admirar, en los actos de Por Andalucía, da una idea de cómo se ignoraba nuestra fuerza cultural. Esa que hay que poner al servicio de un proyecto andaluz y de estado de profundización democrática, un proyecto plurinacional con Andalucía como la que más. Esa que es el imprescindible sostén para luchar contra las causas estructurales de nuestra desigualdad. Otra vez será para la izquierda andaluza, en Andalucía el andalucismo es pan de futuro.

En Andalucía, la bandera republicana es la verdiblanca

El punto virtuoso del papel de Andalucía por sí, por los pueblos, por España, por la humanidad es el cruce entre la defensa de nuestros intereses y la voluntad de poder andaluz y poder en el estado, voluntad de gobierno y voluntad de sumar a un bloque de dirección histórica confederal capaz de defender un proyecto de ruptura con el régimen del 78. Como Melenchón en Francia pero a la española, es decir, a la andaluza.

Lo ha escrito Ivan Redondo, proyecto Yolanda Díaz sí, pero con el motor Podemos y creyéndose de verdad la plurinacionalidad en Andalucía. Veremos próximamente si la conductora ha gripado su futuro en la feria de abril. No porque Podemos sea lo más de lo más, sino porque es símbolo, como la bandera de Andalucía, de proyecto de voluntad de poder. No solo de voluntad de hacer el papel de una izquierda del PSOE dócil. Efectivamente los partidos no son lo relevante, lo relevante son los proyectos políticos que defienden. La suma no es más, ha quedado demostrado, la suma es tener un proyecto de estado que no sea un PSOE Bis, con el que parecen estar encantadas las baronías del PSOE, los poderes mediáticos madrileños y hasta las derechas centralistas. La suma no es tener un proyecto sin verdadera voluntad de poder, la suma no puede ser la construcción de un nuevo Ciudadanos con apariencia de PSOE por la izquierda, la suma no es afirmar la plurinacionalidad y bloquear el poder andaluz con alianzas forjadas en Madrid.

Publicado en La Voz del Sur y en La Última Hora Noticias

viernes, 17 de junio de 2022

Andalucía, ¿tierra de esclavos?


Andalucía es nuestra matria, tierra de promisión, espacio de cultura milenaria y ámbito por el que lucharon y se sacrificaron las generaciones pasadas. Este 19J Andalucía se juega seguir siendo tierra para la convivencia en paz de las actuales y futuras generaciones, o doblegarse como tierra de esclavos. Debemos construir un país próspero y culto y no un territorio de esclavitud sometido a los designios de capitales externos o a dirigentes de otros pueblos o regiones políticas. O sometido al centralismo de Madrid.

Por eso es tan importante en este momento votar pensando en Andalucía. ¿Y qué significa votar pensando en Andalucía el próximo 19 de junio? Significa elegir opciones electorales progresistas y de izquierdas. El voto progresista es una obligación de todos los que anhelamos una vida justa, digna y con igualdad de oportunidades para todo el que viva en Andalucía, haya nacido aquí o en otro lugar del mundo. Defendemos el voto ideológico porque es el que más puede beneficiar la vida de andaluces y andaluzas, de las empresas y de los autónomos de nuestra tierra, de nuestra nacionalidad histórica constitucional.


Pedimos el voto para la izquierda porque sabemos que, si el 19J vence la derecha, la desigualdad seguirá creciendo en los próximos años. Que si no gana la izquierda progresista peligrarán muchos derechos cuya conquista ha costado sangre y sufrimiento a varias generaciones de andaluces y andaluzas. Andalucía perderá el tren del progreso y será empujada al corral de las colonias de Madrid, relegada a la condición de patio trasero de España. Eso, que ya sucede de un tiempo a esta parte, se acelerará de forma vertiginosa si se registra una victoria rotunda de la derecha. Si el 19J gana la derecha, gana el patriarcado y pierden las mujeres de nuestra tierra.


La derecha se empeña en lucir la etiqueta de moderada, cuando en realidad su etiqueta es la de la indolencia, ha gobernado Andalucía de manera continuista y pasiva, mirando al pasado lejano y al pasado reciente, la ha gobernado apoyada desde fuera por quienes solo inyectan conflicto y violencia en las relaciones sociales. La suma de las derechas formará un gobierno con la extrema derecha en su seno, un gobierno cuyos intereses no sólo están fuera de Andalucía, sino que son contrarios a Andalucía. Su candidata ni siquiera reside en Andalucía. La derecha y la ultraderecha quieren apropiarse de Andalucía para someterla al centralismo colonial, entregarla a los intereses de las fortunas radicadas en el paraíso fiscal que es Madrid. Son derechas que llevan todo este tiempo intentando enterrar el nombre de Andalucía bajo la palabra España.


Tenemos que decir a las claras que el actual gobierno andaluz de derechas sintoniza con la ideología de la barbarie. Si la derecha y la ultraderecha suman, como indican las encuestas, la barbarie entrará en el gobierno andaluz. Andalucía estará gobernada por gente que apoya llevar armas, que no reconoce la existencia de la violencia machista, que desprecia la ciencia y niega el cambio climático y sus consecuencias, que coquetea con los movimientos antivacunas y los terraplanistas. Gente que defiende que sólo quienes puedan pagárselo tengan asistencia sanitaria, educación u otros servicios imprescindibles para una vida digna y con igualdad de oportunidades.


Por todo eso, votar Andalucía este 19J es impedir que nuestra tierra se convierta en un valle de lágrimas para las mayorías sociales. Mayorías que necesitan justicia fiscal y no reducción de impuestos a las rentas altísimas o a los ricos. Andalucía necesita un gobierno que se tome en serio los grandes servicios públicos, que aumente la inversión en sanidad, educación, universidades, cultura, políticas de igualdad, tejido empresarial e industrial y protección ambiental. En definitiva, que se tome en serio nuestro Estatuto de Autonomía.


Votar Andalucía es votar para tener un gobierno que no busque el enfrentamiento con otros pueblos y naciones del estado. Para tener un gobierno que exija las inversiones que nos corresponde por tamaño territorial y poblacional y para reducir los déficits estructurales de inversión pública, que hasta ahora han servido fundamentalmente para profundizar en el poder centralista de Madrid. Madrid no es España y Andalucía no puede ser propiedad de Madrid.


Andalucía necesita un gobierno que exija inversiones ferroviarias que articulen nuestro territorio y lo conecten ágilmente con Europa y África. Un gobierno que exija inversiones en industria, que ponga Andalucía a la vanguardia de las energías renovables, de la agroecología, de la economía de la salud, de las tecnologías electrónicas, de la industria cultural. Un gobierno que reduzca nuestra dependencia de sectores como el turístico o la construcción, que van al límite de sus posibilidades de desarrollo. 


Andalucía necesita un gobierno que promueva una economía con mayor productividad y valor añadido, al tiempo que garantice trabajo digno, con derechos y reducción drástica del desempleo. Un gobierno que corte la sangría que supone la emigración de nuestra juventud, la mejor formada y peor tratada de la historia. Que reduzca los altos índices de pobreza, desigualdad y agresiones ambientales que sufre Andalucía.


Desde la asociación Andalucía y Democracia creemos que hay motivos más que suficientes para movilizarse, para ir a votar mirando al futuro, al progreso. Votar a la izquierda es poner nuestra fuerza como pueblo al servicio de nuestro futuro. Votar a la derecha es poner nuestra fuerza a trabajar en beneficio de intereses extraños a nuestra tierra. El 19J hay que votar con la alegría y la esperanza de que lo hacemos por nuestra matria, Andalucía.


Andalucía y Democracia


Publicado en La Voz del Sur y en Publico


lunes, 6 de junio de 2022

La opinión publicada ceniza


Escribe Ignacio Sánchez Cuenca en CTXT un artículo titulado La izquierda ceniza en el que acusa a la izquierda, no quiere ser explícito en el señalamiento, de no alegrarse con los pequeños logros sin tener por ello que renunciar a seguir en las denuncias y luchas contra las situaciones de opresión y desigualdad que se enquistan. Con buen criterio el texto ha sido enmarcado por Contexto y Acción con la palabra en mayúsculas DESMOVILIZACIÓN. De modo que no soy solo yo quien piensa que existe una opinión publicada ceniza, en el campo progresista. Siempre que la izquierda toca o puede tocar bola con poder real para transformar la realidad en favor de amplias mayorías sociales aparecen cenizos en el campo de la opinión publicada.

El caso está en que la intencionalidad del artículo es, a primera vista, elogiable. Alegrarse produce dopaminas, le viene bien a la izquierda ser alegre. La esperanza en la izquierda no nace del gruñido, ni de la melancolía, ni del anuncio del colapso. Alguien dijo alguna vez que ningún triste gana elecciones. Matizo lo de la esperanza en la izquierda, porque la izquierda no promete, como hace la religión, consecuencia de nuestras acciones en la tierra, un reino de los cielos. La izquierda busca que la vida para todo el mundo sea mejor y no un valle de lágrimas.

Sánchez Cuenca se comporta como el profe que regaña al alumnado que asiste a clase por el comportamiento indolente de quienes no asisten. Regaña a la izquierda que empuja mejoras desde el gobierno por el comportamiento de quienes no quieren gobernar en su pureza o de quienes, gobernando, llevan el freno de mano echado para limitar el alcance de sus promesas electorales. Del mismo modo que otros enmarcan los déficit educativos del comportamiento social, en la culpabilidad de los centros de enseñanza y su personal docente, cuando en realidad buena parte del problema está en los mensajes que lanzan las grandes cadenas de televisión a padres, madres, niños y niñas con su programación basura y sus fake, su griterío sin argumentos y su falta de interés por la verdad. Ni el feminismo, ni la ecología, ni la lucha contra la xenofobia, la homofobia o la desigualdad, triunfarán si antes no ha triunfado la democracia en los grandes medios. Y si no ha triunfado es por una cuestión de propiedad, de capital, de quien tiene el parné, aunque pueda haber ejemplos de que el oligopolio mediático puede enfrentarse con inteligencia comunicativa.

Le disculpo a Sánchez Cuenca, la alusión a la energía nuclear de fusión, que pone como ejemplo de esperanza que la izquierda no es capaz de admitir. El autor de La izquierda ceniza no sabe de lo que habla en este tema. Sin entrar en que esa energía hace decenios que siempre se promete para de aquí a cincuenta años, desconoce por completo las consecuencias políticas de tamaña concentración de poder energético y las entrópicas, físicas, de una disponibilidad de energía atómica a ojos humanos infinita.

Pero al tema. Me pregunto: ¿a qué izquierda actual se refiere con el calificativo de ceniza? Y, si existe, ¿tiene ocupado tanto espacio como el autor hace ver? ¿No estará contribuyendo Sánchez Cuenca a amplificar su importancia como aquello de "No pienses en un elefante"? Yo lo que veo es una izquierda en el gobierno que consigue cosas, algunas muy relevantes en plena pandemia, y a otras izquierdas y menos izquierdas del bloque de investidura que tensan al PSOE por la fuerza de los números en el Congreso a posiciones sociales, progresistas, ecologistas, feministas republicanas y plurinacionales. ¿No será que el problema está en que los grandes medios de comunicación públicos y privados son muy mayoritatiamente de derechas y alimentan, como si de un fantasma se tratase, la idea de la existencia real de una izquierda ceniza? Para que periodistas, tertulianos y demás progresía mediática hable de que el problema es la izquierda ceniza, cuando en realidad el problema son ellos mismos y el propio PSOE, cuyo freno de mano a los avances echa chispas produciendo carbonilla y cenizas en el motor del cambio hacia una profundización democrática.

Eso sí, como se está demostrando en la campaña electoral andaluza, tanto el candidato del PSOE como Pedro Sánchez lucen en sus mítines y entrevistas todos los logros que les ha sacado la izquierda ceniza con inteligencia, alegría y tesón. ¿No será que hay una opinión publicada que, queriendo o sin querer, está tratando, como hicieron cuando Julio Anguita, reducir la actual fuerza gubernamental de la izquierda a ceniza para que su señalamiento cenizo se cumpla de verdad? A Anguita, desee posiciones similares, lo llamaron también iluminado y cenizo. ¿No será que en la capital del reino se oyen cantos de sirena para que la izquierda gourmet se desprenda de la izquierda para acabar luego achicharrada entre las cenizas?

miércoles, 27 de abril de 2022

Que Andalucía vote por Andalucía

El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha convocado elecciones arrastrando los pies. Toda la legislatura agradecido, en la práctica, al legado de Susana Díaz. Ninguna iniciativa política en defensa de intereses transversales del sistema productivo andaluz. Continuidad. Andalucía sufre un gobierno mortecino, dependiente de los intereses partidistas del PP con sede en la capital del reino.

Si la autonomía andaluza, conseguida mediante la movilización, 4D de 1977, y el ejercicio del derecho a decidir, 28F de 1980, se relaciona con la educación y la sanidad pública, el retorno de la emigración, la asunción de la cultura propia como elemento de identidad universal y con la prosperidad transversal y su distribución territorial, el presidente andaluz es antiandalucista, tanto como el nacionalismo español de Ciudadanos o Vox.

Todo lo que simbólicamente representa la bandera de Andalucía va en retroceso. El gobierno del PP y Ciudadanos ha ignorado derechos sociales, ambientales, laborales, de género, de memoria histórica, y culturales. Un imposible retorno al pasado de la economía del crédito y la especulación urbanística. Desarrollo agrario, industrial y tecnológico, cero. Desempleo estructural, emigración cualificada, escasez de oferta pública de empleo y precariedad laboral, mil. Privatizaciones, adelante España.

El bloque de dirección de estado, en definición estratégica de Pablo Iglesias, es plurinacional. Sin reconocimiento de la plurinacionalidad es imposible tener fuerza de cambio progresista. El PSOE juega en el pliegue entre España entendida como un corsé centralista monárquico limitante de derechos, lo que asume como partido del régimen, y la España plurinacional, mosaico con características políticas, económicas y culturales diversas, obligado por los números parlamentarios.

El neoliberalismo busca la anulación de los poderes territoriales para reducir la complejidad de sus relaciones de fuerza. El federalismo republicano, confederalismo si quieren, es el marco político más potente para enfrentarse al proyecto de la derecha de poner el estado al completo servicio de las elites globales. Ignorar políticamente la potencia política y cultural de Andalucía, como elemento decisivo en el avance hacia la democratización del estado, es dejar las puertas abiertas para la expansión de la ultraderecha. Lo que hizo el PSOE susanista hasta que las elecciones de 2018 lo extrajeran del poder.

El presidente andaluz colocó en su solapa la corona real sobre el escudo de Andalucía. Vasallaje. Un proyecto andaluz que aspire a gobernar de verdad democratizando las relaciones de poder, debe poner en el centro el republicanismo federal. Las elecciones andaluzas del 19 de junio las convoca un presidente que arrastra los pies para eludir los debates que a Andalucía importan. El frente progresista, con voluntad de poder, conformado en torno a Podemos Andalucía e IU-A, ha de activar la esperanza instigando que Andalucía vote por Andalucía.

domingo, 10 de abril de 2022

Andalucía, la bandera es nuestra esperanza

Se aproximan las elecciones andaluzas. Toni Valero, líder de IU Andalucía, reflexionaba en Córdoba sobre el frente amplio andaluz. Su discurso definía un amplio marco progresista para cultivar la esperanza: el andalucismo de izquierdas federal y republicano, clave de bóveda para que Andalucía se defienda a sí misma y sume en un estado plurinacional justo. Ese marco trazado con los vectores del feminismo, el ecologismo y el socialismo es la puerta de la esperanza en Andalucía.

Que el PP está maniatado por Vox es una realidad tangible. Imposible un PP centrado, europeísta y democrático por mucho que Feijóo se empeñe y Sánchez ayude. Da lo mismo que sea estrategia de comunicación o trasunto veraz, la moderación práctica del proyecto conservador español es, hoy por hoy, una ilusión óptica. El PP, tres veces condenado por corrupción, lleva en su cogote el rugido neofascista. Si fiscalía y justicia investigan en serio el latrocinio comisionistade Ayuso y Almeida, consumado mientras morían ancianos abandonados en las residencias y circulaban fakes con ataúdes en la Gran Vía, se limitará el campo de reconversión del voxificado PP, al tiempo que se fortalecerá, por desplazamiento espectral, el espacio de ultraderecha.

Los medios de comunicación españoles, domiciliados en Madrid, han construido un fortín ultra. Las elecciones andaluzas revelarán si los grandes grupos de comunicación están dispuestos a achicar el espacio de Vox o a sostenerlo. Andalucía no tiene ecosistema mediático propio. La prensa y las televisiones hechas desde Madrid despacharon a Albert Rivera en tres semanas, a Pablo Casado en tres días. ¿Derribarán a Vox? No está en sus planes. Ese es el gran problema de la supuesta estrategia de moderación de Núñez Feijóo y Moreno Bonilla.

El presidente andaluz del PP pedirá el voto útil del PSOE con el argumento de que así anulará su dependencia de Vox. Pretende capturar el voto del hundimiento de Ciudadanos y aumentar el espacio por el llamado “centro izquierda”. Tiene sentido, la marca PSOE-A es una vieja conserva en la despensa de parte de su electorado más derechizada. Los dóberman se soltaron contra Cataluña, ladran en Madrid y campean en Andalucía. Si le dan los números Juan Manuel Moreno Bonilla gobernará con Vox.

La izquierda andaluza aventura la construcción estratégica de la esperanza. Pensar en términos electorales hoy es pensar más allá de los resultados en las elecciones andaluzas. La ambición política requiere activar un proyecto andaluz engarzado en un proyecto democratizador de estado. Sumar es responsabilidad y lealtad, la unidad basada en puestos en listas es trágica. La esperanza andaluza la cantó Carlos Cano“Amo mi tierra, lucho por ella, mi esperanza es su bandera, verde, blanca y verde”. Las banderas, como las palabras, tienen semántica y etimología. La andaluza es pueblo cultural e histórico, federal y republicano, es democracia y derechos. Lo que Toni Valero expuso como elementos sonoros constitutivos del frente amplio andaluz. La verdiblanca debe ocupar lugar privilegiado en ese proyecto federal de la izquierda andaluza. La bandera es su esperanza, la esperanza es nuestra bandera.