lunes, 12 de enero de 2026

Ni Vichy Catalán ni agua de borrajas

 El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de ERC, Oriol Junqueras.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y su vicepresidenta primera, ministra de Hacienda y candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, comienzan 2026 poniendo en el centro del debate político interior un nuevo modelo de financiación autonómica. Un nuevo modelo de financiación autonómica, en una España que ni es del todo estado centralista, aunque el bipartidismo lo intenta día a día, ni es Estado federal, es siempre una caja de los truenos.

El modelo actual de financiación para las autonomías de régimen común, todas menos Euskadi y Navarra, lo grabó en el BOE el 18 de diciembre de 2009, el segundo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Ya cabalgaba la gran crisis del capitalismo neoliberal. Pero Zapatero había ganado las elecciones generales de abril de 2008 prometiendo el pleno empleo ciego a lo que se nos vendría encima. Tres años después, la ilusión óptica del capitalismo financiarizado en las democracias occidentales se desmoronaba. Llegaron recortes brutales para transferir dinero desde las rentas del trabajo a las rentas del capital con el objetivo de salvar la banca.

El pacto PSOE/PP en los estertores del gobierno de Zapatero para modificar el artículo 135 de la CE, y un año después la ley de estabilidad presupuestaria de Montoro, ya con Mariano Rajoy en el gobierno, suponían una absoluta toma de control de la capacidad política de las administraciones autonómicas y municipales por parte del gobierno central. Se trataba de garantizar que la manguera de los recursos públicos se dirigiera hacia la banca y los grandes oligopolios, independientemente de quién gobernarse en esos niveles territoriales. Una real involución democrática.

El debate sobre financiación autonómica será inevitable, tanto a nivel de estado como en los niveles territoriales. Entrará muy fuerte porque el PP gobierna la mayoría de las autonomías condicionado por Vox y porque existen posiciones soberanistas a las que el actual modelo autonómico, sin haciendas propias y con claras desigualdades territoriales estructurales, se les queda estrecho.

La propuesta de financiación autonómica que el tándem Sánchez/Montero pone sobre la mesa es fruto del acuerdo entre ERC y PSOE para investir como presidente de la Generalitat, en agosto de 2024, a Salvador Illa. Para ello, ERC abandonó su empeño independentista y lo recondujo hacia la permanente tensión con el gobierno central en financiación y competencias. Como hizo siempre el pujolismo. De algún modo, los de Junqueras quieren ocupar espacio en las lindes empresariales de los postconvergentes. Por eso Junts, cercada por Alianza Catalana, se opone retóricamente al mismo.

El déficit de financiación de las autonomías, sobre todo las del sur y las del litoral mediterráneo, entre las que se encuentran Cataluña y Andalucía, hace imprescindible un modelo que sea territorialmente justo y no enfrente a unos pueblos con otros. Un modelo que evite el dumping fiscal de las autonomías que rebajan impuestos propios o cedidos, pero mantienen la boca abierta para pedir más dinero al estado. Que rompa con el efecto capitalidad acaparado por el Madrid DF, donde se encuentran las sedes sociales de más del 50% de las empresas con mayor facturación del estado y se imputan las operaciones de las empresas públicas del Estado. Y, sobre todo, un modelo que garantice equidad territorial en los servicios públicos como la sanidad, la educación o la dependencia.

Publicado en La Voz del Sur

jueves, 8 de enero de 2026

Los vecinos del ático

atico 

Imaginemos una comunidad de vecinos en la que una familia que vive en el ático tiene mucha pasta, puede comprar armas y contratar a empresas de esas que se dedican a amedrentar inquilinos fuera de los procedimientos legales, cuando a estos se les sube el alquiler indiscriminadamente o, sencillamente el propietario quiere el inmueble para especular o transformarlo en apartamento turístico.

Un día cualquiera esa familia declara que todo lo que hay en la comunidad es suyo y que tiene que controlar todo lo que entre o salga de la misma, poner peaje a todos los productos, principalmente a los energéticos y a los de primera necesidad. La declaración la hace pública mediante una nota en el portal y la mete en los buzones de todos los vecinos. El título de la declaración es «Estrategia de seguridad del ático» y en ella se dice que «todos los bienes de las familias que viven en la comunidad pertenecen al ático». A eso le llaman doctrina.

Días después de publicar la declaración, los del ático contratan a una empresa desokupa para que los matones merodeen por el vecindario, repartan alguna hostia de vez en cuando y confisquen alguna que otra bolsa de la compra. Un mes después la familia del ático, por mediación de desokupa secuestra al padre de la familia que vive en el segundo. Lo acusa falsamente de traficar con mariguana; señalamiento que venía difundiendo en el barrio mediante el boca a boca para ir preparando el terreno la opinión pública.

Ejecutado el secuestro, el patriarca del ático envía un video al grupo de guasap de la comunidad exigiendo que o la familia del segundo le da todo lo que tienen en su frigorífico, paga peaje para entrar y salir y canaliza sus compras a través del ático, o los demás miembros de la familia correrán la misma o peor suerte. Si algunas familias vecinas critican la actitud, acusan de ilegalidad el secuestro y firman comunicados pidiendo paz, acuerdos y respeto mutuo, son amenazadas con ser las siguientes en sufrir las mismas consecuencias.

Basta este ejemplo para ver que el ataque terrorista a la soberanía de Venezuela y el secuestro de su presidente legítimo por parte de los EEUU, marca un antes y un después en la etapa neoliberal del capitalismo global. El punto de inflexión indica que el capitalismo sionista estadounidense se ha independizado del capitalismo global y del derecho internacional, rompiendo cualquier atisbo, por cínico e hipócrita que sea, de ejercicio diplomático del poder.

Sabíamos que los grupos de poder financieros estadounidenses, que controlan el sector de la energía fósil, la producción de armamento y los servicios bélicos, nunca han estado interesados en la democracia. Lo sabíamos, pero ya no es solo que el capitalismo sionista estadounidense vaya contra la democracia, es que están convirtiendo el mundo en una ciudad sin ley. Una ciudad sin ley es absolutamente la ley del más fuerte.

El 3 de enero de 2026 se rompió la farsa democrática de occidente, su supuesta superioridad moral. El apoyo estadounidense al genocidio israelí en Gaza y el cambio de posición respecto de la invasión rusa de Ucrania, dejando a la UE con el culo al aire, ya advertía que lo quieren todo, todo el tiempo, petróleo, recursos naturales y control total de flujos de materia y energía. Como escribe Dina Bousselham o inventamos o erramos. No será fácil, habrá que poner más cerebro que músculo, más cooperación entre amenazados y dañados y más comprensión de los límites ecosistémicos del capitalismo para pensar y construir la alternativa.

Publicado en Tu Periódico y en El Independiente de Granada

 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Navidad en Badalona

Xavier García Albiol, alcalde de Badalona esta Navidad.

Por los montes de Judea
Unos pastores bajaban
Diciendo: "Fuera de aquí"
A unos negros que allí estaban
Los negros lloraban
Y así le decían
"También pa los negros
Ha venido el Mesías"
Villancico de Triana Pura por tangos

Oír el nombre de Badalona siempre me llevó a Joan Manuel Serrat: “Qué bonita es Badalona, en invierno y en verano, con mantilla y barretina, a la sombra y al solano…” Estos días no, estos días de fiestas navideñas, como consecuencia del racismo fascista de su alcalde, Xavier García Albiol, el nombre del municipio catalán poblado de herencia genética andaluza, me lleva a uno de los villancicos andaluces más conocidos, Los Campanilleros. “A la puerta de un rico avariento llegó Jesucristo y limosna pidió, pero el rico en vez de la limosna, los perros que había se los achuchó. Y Dios permitió que los perros murieran de rabia y el rico avariento pobre se quedó.”

El guitarrista Manuel Serrapí Sánchez, Niño Ricardo, compuso el villancico inspirado en cantes cristianos de alba que entonaban los campesinos del sur para llamar al rezo de madrugada en las iglesias de los pueblos. La letra popular de Los Campanilleros la grabó por primera vez Manuel Soto Lozano, Manuel Torre, para la historia del flamenco, en 1929, y la popularizo, mediado el siglo XX, Pastora Pavón, La niña de los peines. La letra hace justicia, los perros murieron de rabia y el rico avariento pobre se quedó. Esa justicia que no existe en Badalona con las cuatrocientas personas inmigrantes que vivían refugiadas en un edificio de titularidad municipal, el antiguo instituto B9.

El Niño Ricardo era payo, llevaba de segundo apellido Serrapí, un apellido de origen catalán. Manuel Torre y Pastora Pavón eran gitanos. El villancico campesino tiene su origen en costumbres cristianas y es flamenco. Toda la pureza del flamenco, se resume en la palabra mestizaje, por eso el flamenco, que forma junto con nuestros acentos el idioma de Andalucía, es un mundo musical que se alea fácil con todos los universos.

Dejó dicho, Blas Infante, padre de la patria andaluza, para dejar claro que el etnicismo es un veneno para la humanidad, que quien vive en Andalucía es andaluz. En Badalona, como en Santa Coloma, L`Hospitalet o Cornellà o toda Cataluña, corre la sangre andaluza extirpada de su tierra por el franquismo. Qué ha pasado desde los años cincuenta del pasado siglo, qué ha pasado desde la hazaña de Manolo Vital en el 47. Qué ha pasado para que muy poca gente grite que si vives en Cataluña, da igual tu condición, lo tu situación legal, eres catalán. Qué ha pasado para que el cristianismo solo se use por los poderes políticos para ensalzar la iluminación, el consumo y la fiesta, al tiempo que se desprecia la condición humana.

El fascista Xavier Albiol, alcalde de Badalona, ha tirado a la calle a seres humanos en condiciones climatológicas que agravan su situación. Es una actitud asesina. El fascista Albiol ha arremetido contra la condición humana de personas en situación de intensa necesidad, como hace el estado sionista de Israel con el pueblo palestino del que Jesucristo forma parte. Pero no lo ha hecho solo, la sentencia judicial que ordena el desalojo, la puso en manos de la guardia urbana de Badalona, pero la ejecutaron los mossos d’escuadra junto con la policía nacional aplicando sus competencias en materia de inmigración.

Ni el gobierno municipal en manos fascista, ni el gobierno de la Generalitat en manos del PSC de Salvador Illa, ni el gobierno del estado en manos de Pedro Sánchez y su ministerio del interior, en manos del reaccionario Fernando Grande-Marlaska, pensaron siquiera en la condición humana de cuatrocientas personas arrojadas al barro bajo la lluvia. Tres administraciones poderosas que distendían dinero público a mansalva no fueron capaces de buscar una alternativa habitacional, digan, ni siquiera pensaron en ella. Para más INRI, cuando un grupo de quince inmigrantes, gracias a la labor de organizaciones sociales, iba a ser acogido en una iglesia, una concentración fascista impidió el refugio. Para evitar esta inhumanidad no intervinieron ninguno de los tres cuerpos policiales, el municipal, el catalán y el español.

Cuando esté racismo sin sentido pasa delante de nuestras narices, debemos de preguntarnos qué mierda de Navidad estamos celebrando, si consentimos que la encarnación actual de Jesucristo, el dios de los pobres, en el cuerpo de la inmigración, sea vilipendiada y maltratada con total impunidad. Me gustaría que al oír el nombre de Badalona se me viniese a la cabeza, como siempre me ocurrió, la canción de Joan Manuel, pero a partir de esta Navidad se me viene Los Campanilleros y me pregunto dónde se perdió la sangre de la inmigración Andaluza en Cataluña y si podemos volver a recuperarla de la memoria para que ningún ser humano sea tratado como si fuese ilegal.

Publicado en La Voz del Sur

jueves, 4 de diciembre de 2025

'Por un sindicalismo combativo fuerte y andalucista'

Bandera de andalucía ondeando.

La clase trabajadora somos la inmensa mayoría de la población global. El bien esencial que poseemos en las sociedades capitalistas es la capacidad de producir mercancías y servicios para generar valor de cambio, valor de mercado. Clase trabajadora es también hoy día aquella que la legalidad le da la apariencia de autónomo o pequeño y, en ocasiones, mediano empresario.

Clase trabajadora es la jornalera, el trabajador de la hostelería, la conductora de autobús, la camarera de pisos, el obrero del metal, el comerciante de barrio, la panadera, el podólogo, la trabajadora sanitaria, el maestro, la profesora de instituto, el informático que teletrabaja o la teleoperadora que tiene el puesto de trabajo en su casa, la ingeniera o el abogado. Pero una cosa es la clase trabajadora y otra la conciencia de clase. Esto último, la conciencia de pertenencia a un grupo del que el capital extrae la sangre para su enriquecimiento, adscrita a la categoría de lo intangible, es lo que en tiempos de individualismo neoliberal, incrustado en la forma hegemónica de pensar el mundo, está muy fracturado.

La anulación de la conciencia de clase debilita la fuerza del conjunto de la clase trabajadora. Las luchas sindicales sectoriales son principalmente en tiempos de neoliberalismo asesino global, luchas de causa, luchas reivindicativas concretas. Las reivindicaciones de las y los trabajadores del campo, las reivindicaciones de los trabajadores del metal, las reivindicaciones de los bomberos forestales, las reivindicaciones del personal sanitario, las reivindicaciones de las y los funcionarios públicos, las reivindicaciones de los trabajadores de la limpieza, las reivindicaciones de las y los docentes, las de los conductores de autobús, las de las kellys, las de las y los trabajadores de la hotelería, las de los taxistas o las de los repartidores (riders) y muchas más, componen un conjunto diverso de reivindicaciones legítimas provocadas por causas que son comunes al modelo capitalista de explotación laboral.

Todas esas luchas, todas esas reivindicaciones legítimas, tienen factores comunes que las explican, factores comunes que revelan los elementos estructurales que las provocan. El neoliberalismo tiene como origen el choque del capitalismo occidental, depredador de combustibles fósiles y recursos naturales, con los límites planetarios. Límites que se perciben en las reservas disponibles y en la modificación de las condiciones biofísicas terrestres, afectando a la capacidad de resiliencia de la vida. La contaminación ambiental, la basura planetaria y el calentamiento global son las manifestaciones visibles de ese choque.

En el último cuarto del siglo pasado, este choque provocó una huida hacia el capitalismo especulativo, la economía del crédito para la clase trabajadora occidental, los mercados de futuros y la ficción de la compra-venta de los valores de mercado en las bolsas. La economía del crédito actúo como adormidera de los efectos de la precarización del trabajo y la bajada de salarios. La economía especulativa del puñado de ricos de occidente decidió trasladar la producción de bienes reales a China y el sur asiático, con la convicción de que así evitaban conflictos laborales y conflictos ambientales en tanto seguían enriqueciéndose en las bolsas. Así contribuyeron a la escasez de empleos en sectores hasta ese momento relevantes y al incremento de la precariedad laboral.

Este modelo se vino abajo con la crisis que arranca en 2008, momento en que se revela la falta de correspondencia entre los valores bursátiles y el mundo real. El control político que los dueños del capital, articulados en torno a la banca, los fondos buitre y las grandes energéticas, ya tenían sobre los estados occidentales a través del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, en aplicación de las “recomendaciones” neoliberales para desvincular la política monetaria de cualquier control desde el poder de los estados, democráticos o no, fuerza que su crisis sea pagada con recortes en el llamado estado del bienestar, en retrocesos salariales y en derechos de la clase trabajadora, para que los estados asuman el rescate de la banca.

Durante el último cuarto del siglo XX y el primero del siglo XXI, consecuencia de la huida hacia delante del capitalismo occidental por la vía de la especulación y el abandono de la producción de bienes de consumo reales, el sur global, América Latina, Asía y el continente africano, con el concurso de China convertida en potencia intelectual, tecnológica y financiera global, disputan la hegemonía productiva al capitalismo occidental. De modo que esta tercera fase del neoliberalismo ha decidido, en lugar de negociar y conveniar buscando intercambios aceptables, imponer un régimen de guerra global a la búsqueda del control total de las materias primas y las rutas por las que circulan los flujos de materia y energía necesarios para mantener el capitalismo occidental a flote. Eso es el trumpismo ante el que los estados europeos, a través de sus dóciles liderazgos, están arrodillados. La guerra en Ucrania, el genocidio del pueblo palestino en Gaza y Cisjordania y, estos días la presión bélica sobre Venezuela, son ejemplos clarividentes.

En este contexto global, la inercia de los dueños del capital, como estrategia continuada desde el origen del modelo neoliberal, los lleva a, por un lado, trabajar para concentrar el poder político de los estados en sus capitales, y por otro extraer de los mismos sus capacidades de decisión en materia de políticas públicas relacionadas con el bienestar de la clase trabajadora, desde la de vivienda hasta las culturales, pasando por la sanidad, la educación, la dependencia o las de igualdad. Se trata de que el poder institucional esté concentrado y de que solo tenga capacidades militares o coercitivas.

El apoyo que el capital occidental hace a las ultraderechas tiene como objetivo convertir en bienes de mercado todas las políticas públicas, con la sanidad, la educación y las pensiones a la cabeza, y mantener la rueda del crecimiento expoliando los estados para que gasten en la economía de la guerra. Pretenden así resolver sus problemas con la fabricación de armamento, asustando a las fuerzas sociales con las guerras y endureciendo las actuaciones represivas. Esa es actualmente la ultraderecha global, y para eso están trabajando las derechas clásicas europeas, más o menos liberales o más o menos conservadoras, con la dejación de las socialdemocracias liberales, cuando no con la proacción de las mismas, como vemos en España con la liberación de unos 40.000 millones de dinero público para armamento y belicismo con cargo al estado desde el año 2023 hasta la actualidad, siguiendo las instrucciones de la OTAN y Donald Trump.

Consiguientemente, el momento global es crítico, las luchas sindicales se recrudecerán dado que las políticas belicistas de raerme están afectando ya a los derechos laborales y públicos de las trabajadoras y los trabajadores. Por ello, una de las prioridades del sindicalismo andaluz pasaría, a nuestro entender, por combatir las causas estructurales, propias de Andalucía o compartidas con otros espacios territoriales, que provocan la emergencia de luchas sectoriales concretas. Por expresarlo de una manera sintética, avanzar desde la lucha por reivindicaciones concretas hacia las luchas contra las causas estructurales del malestar de la clase trabajadora.

El movimiento contra el genocidio del pueblo palestino no solo es de una justicia humana y humanitaria imperativa, es el símbolo de que caben alianzas tácticas y estratégicas de corte sindical que reflejen la capacidad de la clase trabajadora de unirse con una sola conciencia. Esto ha ocurrido en Andalucía en concentraciones, manifestaciones y huelgas, como la última huelga general del 15 de octubre por Palestina. Igualmente, puede ocurrir, y debería ocurrir, que las organizaciones combativas del sindicalismo andaluz, que no se pliegan a los límites que les imponen los poderes territoriales o la socialdemocracia liberal, se coordinen para fortalecerse y defender al pueblo andaluz mediante instrumentos de unidad de acción de carácter andalucista.

Todo ello, teniendo en cuenta que un sindicalismo andaluz combativo puede integrar el andalucismo, al reconocer que todos los indicadores de desigualdad, como el de pobreza, el de precariedad laboral, el de media salarial, el de barrios pobres, los de acceso a la vivienda, el de industrialización, el de inversión en sanidad o educación pública, el de listas de espera en dependencia, entre otros, y, en general, porque esto afecta a todos los indicadores, la especial afección sobre las mujeres de estas desigualdades estructurales, sobre las que recaen la reproducción de la clase trabajadora y los cuidados de la población considerada “sobrante” por el sistema.

La clase trabajadora andaluza es una, haya nacido en Andalucía o no, pero no podemos ignorar que la construcción de un futuro mejor pasa por reconocer los condicionantes que impone en el devenir histórico el territorio en el que se vive. Andalucía necesita un sindicalismo combativo fuerte y andalucista, que supere al sindicalismo amable con el bipartidismo monárquico, como condición para escapar de la condena de las desigualdades estructurales respecto de otros territorios por razones políticas históricas.

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Mario Ortega Rodríguez, presidente de la asociación Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta; Salvador Soler García, secretario, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, profesora Universidad de Granada, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Rubén Pérez Trujillano, jurista profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, miembro de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Marcos García Mariscal, abogado laboralista, Manuel Rodríguez Alcázar, técnico municipal; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Juan Manuel Sanz Marín, empresario; Antonio Aguilera Nieves, economista; Raúl Solís Galván, periodista; Belén Bravo Rodríguez, Arquitecta, profesora de urbanismo en la Escuela de Arquitectura de la UGR; Manuel Ruiz Romero, historiador andalucista especialista en Blas Infante; Sheila Guerrero Garzón, empresaria editora y presidenta de Tu Periódico; José Luis de Villar Iglesias, profesor de Derecho Constitucional e historiador andalucista.

Publicado en Fuentes de Información, Tu Periódico Andaluz, La Voz del Sur y El Independiente de Granada

 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

La propuesta de Gabriel Rufián

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián - Eduardo Parra / Europa Press

Provocan esta reflexión sobre frentes amplios en el Estado español dos piezas periodísticas recientes. La primera es una entrevista que Jaime Ferrán hace a Joan Tardà en La Opinión de Murcia, con motivo de la concesión del VII Premio Memoria Histórica de la Región de Murcia, otorgado por la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMHRM). Tardá es un destacado referente intelectual republicano e independentista catalán de ERC. El titular de la entrevista es “Joan Tardà, este sábado en Alhama: "O nos entendemos o nos van a matar a todos por separado". El encabezado recuerda inmediatamente lo que viene diciendo, con amplia repercusión en el mundo de la izquierda, el diputado de ERC Gabriel Rufián.

Cuando Jaime Ferrán pregunta a Tardà si aboga por hacer un frente común entre las distintas izquierdas catalanas y españolas, éste responde: “Tengo la impresión de que los partidos tienen que abandonar sus zonas de confort y establecer un debate sobre cómo y de qué manera se para al fascismo. Al republicanismo catalán le interesa que en el Estado español gobiernen las izquierdas porque solo así seremos capaces de superar la situación actual y encarar los retos que tenemos por delante.” A lo que el periodista contesta: “O sea, que quiere que aguante Pedro Sánchez.” Y aclara el premiado: “Se trata de conseguir que en el año 2027 la socialdemocracia continúe gobernando el Estado español. De igual manera que, en Cataluña, el republicanismo tuvo claro que era necesario investir al presidente Salvador Illa en las últimas elecciones.

El segundo es el último artículo que Iván Redondo publica en La Vanguardia este lunes, primero de diciembre de 2025, con el título La cota 46. El analista y eminente asesor político evalúa, de cara a hacer pronósticos para las futuribles elecciones generales, las posibilidades de que Pedro Sánchez pueda volver a conformar Gobierno frente al bloque formado por PP-Vox. El ex jefe de gabinete del autor de "Manual de resistencia", tras escudriñar la relación entre datos numéricos y LOREG, escribe: “Si el antiguo espacio de ruptura, a la izquierda del PSOE, no presenta, por tanto, una candidatura competitiva que intente pelear con Vox por la tercera plaza en las circunscripciones medianas y grandes, como acertadamente demanda Gabriel Rufián , dará igual la progresión del PSOE. Sin una candidatura única que rebose, al menos, los tres millones de votos, todo será bilis negra y frustración. Se trata de saber leer las virtudes de la LOREG. El epic fail al que se encaminan Sumar y los morados debería acabar. De no suturar esa herida, ese espacio entraría además en campaña sin su propósito: contener o limitar el empuje imparable de Vox y la aritmética de derechas. En el caso de recomponer el error Magariños, 11 circunscripciones bailarían entre Sumar-Podemos y Vox. En otras palabras, sin sutura, Vox arrasa. Con sutura, la cota 46 serían de saque 175 escaños de la derecha.

La conexión entre las “propuestas” de Joan Tardá e Iván Redondo, de las que Gabriel Rufián ha asumido el liderazgo, está trazada por la ley D´Hont sobre la España provincializada, que el motrileño Javier de Burgos dibujó en 1833 con el incipiente reinado de Isabel II. La densidad poblacional provincial y la LOREG de 1985 fundamentan la base matemática de la propuesta política de frentes amplios en Cataluña y el Estado. A la que, según lo expresado por sus destacados defensores, sólo podemos añadir el exclusivo objetivo político de sostener a Pedro Sánchez y el PSOE como hegemón de un futuro Gobierno de España que impida el gobierno de la ultraderecha.

El bloque reaccionario formado por la monarquía, la alta judicatura y otras profundidades hediondas del Estado, representado políticamente por PP y Vox, muestra a las claras, y a las bravas, como hemos visto en el lawfare contra Podemos, en el “a por ellos” y la persecución judicial de independentismo, en la violencia política e institucional contra el feminismo que representa Irene Montero, y en la condena al ya exfiscal general del Estado, su proyecto recentralizador de control absoluto del poder político desde la capital del reino, Madrid. Un proyecto acorde con las necesidades del capitalismo neoliberal sionista y occidental de concentración y absorción de los poderes políticos distribuidos territorialmente, para dominar el mundo desde muy pocos centros de poder. Un proyecto anti democrático, anti plurinacional y anti federal.

Contra ese proyecto ultraconservador Pedro Sánchez y el PSOE no oponen ni resistencia ni acción. Se doblegan al rearme, la complicidad con el genocidio, la promoción de la guerra en Ucrania, el consentimiento de la agresión permanente del trumpismo que gobierna EEUU contra América Latina, o la participación en políticas contra los derechos humanos, civiles y políticos de la inmigración. Contra ese proyecto el gobierno del PSOE/Sumar está plegado a los intereses de oligopolios bancarios, energéticos o inmobiliarios sin impulsar medidas efectivas que siquiera atenúen la precariedad laboral, la crisis habitacional, la pobreza, la desigualdad de género o el cambio climático.

La propuesta de Gabriel Rufián es matemáticamente consistente, la ha desgranado Iván Redondo. Desde luego no debemos despreciar la búsqueda de buenos resultados para la izquierda diversa y plurinacional. Lo que hemos de destacar de la propuesta son sus carencias. En el actual contexto global y europeo, con el fascismo cabalgando al galope, incrustado en el cerebro político del capitalismo neoliberal para defenderse del potencial de China y el sur global, la izquierda no debería aferrarse en exclusiva, ni al instante político ni a la matemática electoral. Es su deber dibujar verdaderos horizontes de transformación.

En el Estado español, el horizonte de transformación de la izquierda republicana plurinacional, no debería pasar por sostener sus cuotas de poder vinculadas a los actuales o furturibles gobiernos del PSOE, como buscó el Sumar de Magariños, como busca la súplica de unidad de IU en Andalucía y, ahora, explícita o implícitamente se expresa en la propuesta de Gabriel Rufián.

La izquierda de Estado plurinacional, el motor Podemos, como iluminó Redondo, y las izquierdas soberanistas habrían de sondear con empatía la posibilidad de alianzas estratégicas con auténtico calado de transformación, para las que la matemática sea la sal y no la substancia. Para las que la esperanza sea el viento y la vela la herramienta de las alianzas. La izquierda habría de trazar un plan para escapar de la condena que impone el bipartidismo monárquico fruto del franquismo engarzado en la Constitución del 78.

Desde luego, ese plan no puede pasar por poner en el frontispicio la necesidad de que Pedro Sánchez siga gobernando el Estado, con el interés para unos de ocupar un sillón en el despacho de al lado, y para otros de mantener la tensión de las demandas territoriales para así aguantar su espacio de representación nacionalista una vez liquidado el procés. Un futuro gobierno de izquierdas, progresista y plurinacional, debería ser la consecuencia práctica de un proyecto de freno y superación del momento reaccionario ultraconservador, con un proyecto republicano plurinacional y federal que garantice desde el minuto cero en el que gobierne o condicione el gobierno el abordaje de la democratización profunda del Estado.

Publicado en Diario Red

domingo, 30 de noviembre de 2025

¡Viva Andalucía Libre!

El pueblo andaluz, en una marcha reivindicativa.

El 4 de diciembre es el día nacional de Andalucía porque más de un millón de andaluces salieron en 1977 a las calles pidiendo estatuto de autonomía en las mismas condiciones constitucionales que le iban a ser otorgadas a Galicia, Euskadi y Cataluña. Fue un acto popular constituyente, el pueblo cultural que somos afirmó su carácter indeleble de pueblo político. Así condición, por sí, los pueblos y la humanidad, el actual mapa autonómico del estado.

El pueblo andaluz, que en los estertores del régimen franquista tenía en la emigración a más dos millones de personas, se echó a la calle para exigir ser en materia de soberanía política como el que más. Lo consiguió, dos años y tres meses después, ejerciendo el derecho a decidir en el referéndum del 28 de febrero de 1980. Ningún pueblo de la España plurinacional ha conseguido su reconocimiento mediante el voto popular.

Si lo olvidamos, como pretendió el PSOE una vez que se hizo con el control político de Andalucía en los años ochenta del pasado siglo, o lo convertimos en un pastiche folclórico, como hace el Partido Popular para vestirse de andaluz con la bandera y arrodillar nuestro poder político a intereses externos, estaremos condenados a la colonización permanente, la precariedad laboral, la emigración, en estos tiempos cualificada, y la desigualdad estructural de clase y de género, consecuencia de un modelo productivo enfocado a la depredación de recursos, el turismo insostenible, la agricultura intensiva y la hostelería de fin de semana. Mirad nuestras calles con las sucursales de CaixaBank, el banco de Santander o el BBVA.

Hoy, en tiempos de una ultraderecha fascista global que tiene en España caciques a su servicio para apropiarse de todo, incluida de la débil democracia de la que disfrutamos, el pueblo andaluz debe gritar alto, como aquel 4 de diciembre de 1977: ¡Viva Andalucía Libre!

¡Viva Andalucía Libre! Libre de especuladores, de mangantes, de caciques en consejos de administración de oligopolios, banca y multinacionales con sedes fuera de Andalucía. ¡Viva Andalucía Libre! Libre de precariedad y pobreza, de racismo y desigualdad, de machismo, patriarcado y transfobia.

¡Viva Andalucía Libre! Libre de violencia de género y discriminación. Libre de cazurros de ultraderecha y de indolentes. Libre machirulos desokupa con mucho músculo y poco cerebro. ¡Viva Andalucía Libre! Libre de la necropolítica que niega el cambio climático y sus consecuencias, que desprecia la vida privatizando la sanidad pública y que se trajea para preparar sus puertas giratorias.

¡Viva Andalucía Libre! Libre de universidades privadas para cambiar títulos por dinero, libre de la Formación Profesional como negocio, libre de la lobotomía social de la enseñanza concertada. ¡Viva Andalucía Libre! Libre de destrucción ambiental, de la agroquímica y de la ocupación de la naturaleza y el campo por las renovables, sin control ni planificación. Libre del agua como negocio y no como bien común.

¡Viva Andalucía Libre! Libre de los combustibles fósiles y la industria contaminante, libre de residuos nucleares, tóxicos y peligrosos. ¡Viva Andalucía Libre! Libre de barrios pobres y marginados, libre de pobreza infantil. Libre de salarios que no permiten llegar a fin de mes. ¡Viva Andalucía Libre! Libre de alquileres de vivienda imposibles, libre de hipotecas impagables, libre de fondos buitre y grandes propietarios, libre de banca colonial.

¡Viva Andalucía Libre! Libre de las bases de Morón y Rota, libre de políticas belicistas, libre de fachas trumpistas, libre de quienes no actúan contra el genocidio del pueblo palestino o entregan al pueblo saharaui a los grupos de poder que controlan a las élites marroquíes.

¡Viva Andalucía Libre!

Publicado en La Voz del Sur y en El Independiente de Granada

domingo, 9 de noviembre de 2025

Moreno Bonilla en la barbería

Juanma Moreno, este sábado en Fibes.

Recordemos aquel viejo chiste en el que un señor se estaba afeitando en la barbería, mientras el barbero y resto de clientela discutían de fútbol. El barbero manoteaba navaja en mano. Asustado el del afeitado, viendo que podía a acabar con el cuello rebanado, pegó un grito diciendo ¡arreglarse!

El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, está presentando estos días su libro. Empezó en Sevilla el pasado 3 de noviembre en las instalaciones de la Real Fábrica de Artillería, continuará este lunes 10 de noviembre en Granada en el Palacio de Congresos. La fecha del lanzamiento estaba perfectamente calculada. Antes de la navidad, como preparación a unas elecciones andaluzas que, caso de que Pedro Sánchez convocase las generales anticipadamente, el presidente ya había sugerido que las haría coincidir. El PSOE y el PP gustan de que el debate nacional tape Andalucía.

El libro lleva el título de Manual de convivencia y el subtítulo La vía andaluza. Título y subtítulo muestran perfectamente el marketing que pretende Juanma. El Manual de convivencia es una clara respuesta al Manual de resistencia, nacido en febrero de 2019 para que promocionar a Pedro Sánchez de cara a las elecciones generales, que convocó para abril de 2019, una vez investido en la moción de censura, cuya victoria le fabrico Podemos con Pablo Iglesias al frente. La intención del presidente andaluz es apelar al centro, un centro en el que da por hecho que se encuentra buena parte del voto que tiene y tuvo el PSOE.

Frente al PP de Ayuso, Mazón y otros presidentes autonómicos que cargan muertes en residencias y DANAs, fuego devastador y toneladas de mangoneo a sus espaldas, el presidente andaluz, quiere escaparse del pack de la necropolítica y de Vox con el expresivo marketing de La vía andaluza. A dios rogando y con el mazo dando, pura operación de venta de mercancía averiada, sostenida por el riego de cientos millones de euros a medios de comunicación de dentro y fuera de Andalucía.

El presidente Andaluz pretendía de aquí a las elecciones autonómicas un camino triunfal sobre la vía de la farsa andaluza, dando continuidad a las políticas que hacía el PSOE en Andalucía. Privatizaciones desbocadas en sanidad y educación (FP y concertada), derrama de poder económico a capital externo a Andalucía (CaixaBank), tiempo de espera para intervenciones quirúrgicas récord en el estado, ausencia de política de vivienda, política fiscal favorable a un puñado de fortunas, mercado laboral público y privado totalmente precarizado.

Desinversión en políticas de igualdad y hacia la discapacidad y la dependencia, política urbanística destructora del medio agrario y natural, desprecio a la movilidad sostenible que articule el territorio andaluz, ausencia de política industrial que no sea extracción y minería, ignorancia del cambio climático y ausencia de políticas preventivas o alineamiento con Madrid en materia de financiación autonómica para seguir pagándole la fiesta al centralismo de Isabel Díaz Ayuso.

Esa es la verdadera vía andaluza de Moreno Bonilla, vestirse de santo, ir a misa, a los toros y presentar su libro con cara de no haber roto un plato. Pero se le han atravesado en el camino la crisis de los cribados, que afecta directamente a millones de andaluzas, y los gritos de asesino a Carlos Mazón, proferidos por las familias de los muertos en la DANA, por causa de su indolencia y de la infamia de sus políticas públicas. Moreno Bonilla presenta su libro mientras pide a Vox y PP, su propio partido, que “se dejen de politiqueo” y lleguen a un acuerdo.

Habla de centro y convivencia pero pide un acuerdo con Vox en Valencia, como el mismo hizo en su primera legislatura. Como el personaje del chiste, el presidente andaluz, al que le gustaría que se hablase exclusivamente de su libro como si fuera el libro de los milagros, grita ¡arreglarse!, para tener tiempo de continuar con una farsa que ya no tapan ni las hagiografías de su Canal Sur.

Publicado en La Voz del Sur

 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Carlos Mazón en las obras de la avenida Cervantes

A la izquierda, protesta por las obras en Cervantes, a la derecha, Carlos Mazón.

A ustedes, lectoras y lectores les parecerá una exageración vincular la actuación de Carlos Mazón, presidente dimitido de la Generalitat valenciana por causa de su gestión criminal de la DANA, con la política de obras del actual gobierno municipal de Granada, liderado por la alcaldesa Marifrán Carazo. Les demostraré que no.

La derecha y la ultraderecha, también la derecha light que representa el PSOE en materia de política fiscal y económica, tienen como prioridad el beneficio de lobbies empresariales como el hostelero, el turístico, el de la construcción, el energético, el bancario, o de grandes grupos empresariales interesados en controlar los mercados de la vivienda, la sanidad, la educación o los cuidados.

En los últimos años la agenda para luchar contra el calentamiento global ha sido escondida bajo la alfombra del olvido para que desconozcamos las causas de las grandes catástrofes ambientales. En los últimos años, a fuerza de demonizar la política del bien común, de lo colectivo, de los cuidados, de los animales y del medio ambiente, se ha ocultado que lo que nos protege como personas y como sociedad, no es nuestra capacidad personal de gasto o de crédito por mucho sueldo que tengamos, sino las políticas de estado que invierten en servicios públicos gestionados desde lo público. En los últimos años se nos ha convencido de que el de al lado o el de abajo son la causa de nuestros males, y no el mil millonario que no paga impuestos, defrauda o corrompe.

La ideología económica de la derecha busca sostener el beneficio privado en pocas manos, nunca el bien común. Las obras en Granada están alimentadas por la pista del dinero, no por mejorar la calidad de vida, también la vida económica del pequeño y mediano comercio. Las obras de Granada que talan árboles, siembran granito y dispersan amianto, promueven el cambio climático y alimentan la muerte lenta por enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Las obras de Granada son obra de la necropolítica.

El alma de Carlos Mazón está también en las obras de la avenida Cervantes, ejecutadas con la oposición vecinal y del empresariado trabajador de la zona, porque es el alma del capital que defienden las derechas, no la del bien común, por mucha cara de santo que pongan quienes las impulsan.

Publicado en El Independiente de Granada

 

miércoles, 8 de octubre de 2025

El disolvente y el colorante

El portavoz de IU Andalucía y Secretario General del PCA, Ernesto Alba - Álex Zea / Europa Press

Las futuras elecciones andaluzas, que el presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, dice que convocará al agotar la legislatura, o que las hará coincidir con las generales si Pedro Sánchez las adelanta para el Estado, están dando que hablar en múltiples medios de comunicación y redes sociales sobre la unidad o no unidad de la izquierda andaluza. El factor común de esos dimes y diretes es que Podemos es la mala de la película y que Podemos Andalucía está siendo dirigido desde Madrid.

El manifiesto “Andalucía se levanta” que pedía la unidad de la izquierda en Andalucía, hecho público durante el mes de agosto, al que se adhirieron, a título personal, personas relevantes de la dirección de Podemos Andalucía, entre ellas su secretaria general, Raquel Martínez, el parlamentario por Córdoba y coportavoz de Podemos Andalucía, José Manuel Jurado, y Diego Cañamero, militante de la CUT y de la ejecutiva de Podemos Andalucía, expuso el hecho de que había diferencias estratégicas entre la dirección política estatal de Podemos y la dirección andaluza.

Resulta evidente, como así ha sido desde los orígenes de Podemos, que las decisiones relevantes que afectan a cada territorio del Estado se toman consultando a la militancia de ese territorio. Resulta evidente que son las bases militantes en cada territorio las que decidirán en primarias las candidaturas a la presidencia de la Junta y las de cada una de las ocho provincias. Esto está en cuestión por mucho que se difame con lo contrario.

La cuestión de fondo sobre la unidad de la izquierda no es la democracia interna de Podemos o de Podemos Andalucía. La cuestión de fondo es cómo abordar el siguiente ciclo político, si subordinados a quienes actúan prácticamente igual que el PSOE adaptándose en cada momento a los límites que éste impone, o presentando un proyecto de ruptura con esos límites. Esto es lo que habrá de dirimir democráticamente la militancia de Podemos Andalucía.

El PSOE ha tardado dos años en reconocer el genocidio del pueblo palestino, cuando la infamia israelí ha sobrepasado todas las retinas. El PSOE ha asumido la Europa del rearme sin pestañear, el PSOE actúa discursiva y legislativamente sin ninguna ambición social, feminista, ecologista, pacifista o en materia de derechos humanos de la inmigración. El PSOE no ha trabajado durante esta legislatura ni un solo avance en derechos de ningún tipo, ni de vivienda, ni de salud ni de educación.

El PSOE aún no se ha tomado en serio la derogación de la ley mordaza. El PSOE pactó la renovación del CGPJ con el Partido Popular, manteniendo las cúpulas judiciales en el ámbito de la derecha y la ultraderecha. El PSOE busca pactos con el PP en materia de oligopolio eléctrico o de banca. El PSOE cede ante el independentismo catalán en materia de ordinalidad o de inmigración, apuntando en la dirección de ahondar en la justicia territorial o el desprecio a los derechos de quienes se juegan la vida buscando un futuro digno.

Todo en el PSOE es una operación de camuflaje para disolver, como ha hecho siempre, el empuje de las movilizaciones que demandan justicia, paz y derechos. Con el genocidio también. El grupo que comparte gobierno con Pedro Sánchez, Sumar, en el que se encuentra Izquierda Unida, lleva toda esta legislatura actuando de colorante de ese disolvente de la fuerza de la izquierda que es el PSOE.

La última demostración de esto, son las declaraciones de Ernesto Alba, secretario general del Partido Comunista de Andalucía, al formalizar su candidatura para las primarias de Izquierda Unida de cara a las elecciones andaluzas. Alba definió al actual gobierno de España como el más progresista de la historia reciente, citando entre las medidas conseguidas el ingreso mínimo vital, la reforma laboral, la subida del salario mínimo y la gestión de la pandemia, todas ellas conseguidas, no por el gobierno actual, sino por el anterior en el que Podemos tuvo un papel disruptivo relevante.

Manifiestamente Sumar, IU y, en Andalucía, Por Andalucía, con su llamamiento insistente a la unidad de la izquierda, solo pretenden actuar de colorante rojo del disolvente en cuyo envase pone PSOE. Es lo que hicieron cuando querían permitir que el PSOE gobernase en minoría con Ciudadanos allá por 2015, es lo que hicieron dentro del gobierno con Podemos cuando se alinearon con las tesis de que Podemos hacía ruido, es lo que hicieron cuando sugerían que Irene Montero tenía que ceder al empuje de las togas y la progresía mediática para destruir la ley del solo sí es sí.

Con todos los respetos a las posiciones de cada quien, si el análisis para la unidad que se hace es exclusivamente matemático según la fórmula D´Hont, entonces lo mejor es que el disolvente y el colorante hagan coalición electoral, así a lo mejor logran algún escaño más para enfrentar a la derecha y la ultraderecha. Es lo que están proponiendo los líderes de IU en Asturias. Siempre será mejor eso, que intentar diluir a Podemos y a Podemos Andalucía para anular el potencial de cambio avalado por su valentía, su honestidad y su inteligencia política.

Publicado en Diario Red

lunes, 6 de octubre de 2025

Mamografías y mamandurrias

Como en la fábula de la rana y la olla, el gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla está destruyendo lenta e implacablemente el sistema sanitario público andaluz. Si la rana cae en una olla de agua hirviendo, salta inmediatamente para no cocerse. Pero si cae en una olla de agua fría a la que se calienta lenta e implacablemente, se irá adaptando a la transformación térmica hasta que su vida sea imposible.

El deterioro de la sanidad pública andaluza, vía contención de la inversión y privatización del gasto, comenzó hace algunos lustros con el partido predecesor en el gobierno andaluz, el PSOE, agravado en la etapa de gobierno de Susana Díaz, empujada por los recortes que redireccionaban la inversión pública a salvar los bancos. Las movilizaciones en defensa de la sanidad andaluza de 2016 y 2017, contribuyeron a sacar del gobierno en 2018 a la última presidencia de la Junta de Andalucía en manos del PSOE, entonces aliado con Ciudadanos.

La salud es lo primero. El escándalo de las dos mil mamografías con diagnóstico de cribado dudoso guardadas en los cajones informáticos del SAS, supone un aumento brusco del calor aplicado a la olla sanitaria en la que las y los andaluces nos cocemos lentamente. Una onda térmica de indignación se propaga en Andalucía. Decenas de miles de mujeres ya no se fían del sistema público. Las que puedan tocarán a las puertas de la privada creyendo que las tratarán mejor cuando en realidad quedarán atrapadas en una tela de araña sin más interés que el beneficio como ya ocurre en los EE.UU. Las que no, sumarán a la indignación, el miedo.

Para mayor agravio a Andalucía, la empresa a la que se le tienen contratados los cribados para prevenir el cáncer de mama tiene su sede social en Madrid. De este modo, el dinero público, fruto del trabajo del pueblo andaluz, acaba reflejado en la contabilidad de Isabel Díaz Ayuso. Es un ejemplo idóneo para demostrar que el PIB que se produce en Andalucía acaba imputado en la contabilidad madrileña, como si aquí nos tocásemos la barriga mientras una empresa, cuyos beneficios imputa en Madrid, analiza las tetas de las andaluzas.

Fue Esperanza Aguirre, compañera del señor Moreno Bonilla, la que popularizó el término mamandurrias para atacar subsidios y subvenciones dirigidos a la población más necesitada o a entidades sin ánimo de lucro dedicadas al bien común. En realidad, las mamandurrias son las ingentes cantidades de dinero, procedente del esfuerzo de la clase trabajadora y del expolio de los servicios públicos, que se dirigen a grupos empresariales a los que la protección de lo común les importa cero, el mismo cero que al partido gobernante en Andalucía.

Las declaraciones pidiendo perdón del presidente andaluz y anunciando parches verbales, para los que los colectivos sanitarios ya han dicho que no disponen de medios ni materiales ni humanos para aplicarlos, y las de la consejera de Salud, Rocío Hernández, "no es que las mujeres estuvieran desatendidas o que haya habido retrasos es que es verdad que no estábamos informando",  pretenden bajar la temperatura de la olla para que nos sigamos cociendo lentamente hasta que ya no tenga remedio. 

El gobierno del señor Moreno Bonilla prende seguir concediendo mamandurrias para sus futuras puertas giratorias y las de sus familiares. Cuando el presidente andaluz y las voces del Partido Popular afirman que la inversión en sanidad andaluza no ha parado de crecer en relación a años anteriores, lo que están diciendo es que no han parado de aumentar las mamandurrias a empresas radicadas en otros territorios del estado que no son el andaluz.

Los riesgos de la salud andaluza, simbolizado estos días en el riesgo de agravar el cáncer de mama de las mujeres andaluzas, son, sin duda, las mamandurrias de Partido Popular. Poco nos movilizamos, las movilizaciones son todavía muy pequeñas para la gravedad del problema que tenemos encima.

Publicado en La Voz del Sur

domingo, 5 de octubre de 2025

Árboles, vial y política en la avenida de Cervantes

Una de las protestas vecinales contra el proyecto del PP.

La Avenida de Cervantes es el eje central de un barrio de todas todas. Cervantes tiene vida propia. Está cuajado de pequeño y variado comercio. Ferreterías, fruterías, peluquerías, carpinterías, bares, cafeterías, churrerías y restaurantes. Carnicerías, charcuterías, supermercados, pastelerías, panaderías, estanco, reparación de calzado, librerías, papelerías, óptica, farmacia, taller de lavado y reparación de vehículos. Hasta gimnasio y centro de yoga tiene el barrio. Tiene la iglesia de Monserrat, el colegio del Ave María, el colegio público Sancho Panza, varios institutos a cinco o diez minutos, escuelas infantiles, asociación de vecinos, academias de enseñanza y muchas cosas más.

Lo que une toda esa vida comercial y social al vecindario es una identidad labrada por el tiempo. Una identidad cultural vinculada al paisaje urbano del barrio de Cervantes. Un paisaje urbano en el que el vial de servicios, el arbolado y la vegetación funcionan como nexos de unión emocionales entre las generaciones que habitan el barrio y quienes lo visitan o transitan.

El proyecto de remodelación de la avenida de Cervantes es un exceso que solo busca expoliar dinero público, un atentado a la vida del barrio a su identidad cultural. Un atentado que dañará al medio ambiente y al comercio, un atentado que, de ejecutarse, será irreversible para las generaciones vivas e indignante para las generaciones futuras.

El atentado contra Cervantes hará el barrio igual a otros barrios heridos por el granito. Acérquense por las remodelaciones de la calle Primavera, la calle Alhamar, la calle Arabial, la avenida de la constitución o, ahora en ejecución, la aberrante y granítica remodelación de la calle Emperatriz Eugenia. Todas esas remodelaciones son atentados contra la Granada eterna. Ejecuciones a favor del cambio climático y la contaminación atmosférica. Quienes permiten empecinados la aberración que se va a acometer en el barrio de Cervantes son políticos y políticas adscritas a un partido concreto, y no a otros.

Siempre hay un vínculo entre política y partido político. Un partido político, no es otra cosa que una institución que defiende organizadamente un tipo de políticas. Es normal que muchos y muchas vecinos de Cervantes hablen de que la movilización en favor del barrio, simbolizada en la defensa de los árboles y el vial, no es asunto político. En realidad, quieren decir que la defensa del barrio no es asunto partidista porque no les cabe en la cabeza que el partido al que votaron sea el mismo que les va a destruir el barrio sin conmiseración y sin tener encuesta su opinión.

Decía Voltaire, en tono de plegaria, que la palabra político significaba, en su origen primitivo, ciudadano, y hoy, gracias a nuestra perversidad, ha llegado a significar el que engaña a los ciudadanos. ¡Devolvedle, Señor, su antiguo significado!

No es el Señor el que va a intervenir en el significado de la palabra político. Solo podemos hacerlo la generación viva enfrentando lo irracional con movilización colectiva, defendiendo el barrio, sus árboles y su vial, y, en su momento, actuando con nuestro voto.

Publicado en El Independiente de Granada

 

jueves, 14 de agosto de 2025

Unidad, qué bonito nombre tienes

Irene Montero e Ione Belarra, en un acto de Podemos.

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Miguel Hernández

Apelar a la unidad de la izquierda es hermoso, pero no sirve para nada si detrás de esa invocación solo hay un análisis matemático coyuntural que ignora el pasado, el momento histórico y la construcción de un horizonte estratégico de futuro esperanzador, pese a que como es habitual muchas personas bienintencionadas piensen que es la mejor solución.

La izquierda transformadora que irrumpe en 2014, está situada insistentemente en la diana de la unidad. Sin embargo ha sido la que más unidad ha promovido desde su nacimiento. Unidades electorales malogradas, con el nombre de Unidas Podemos o Adelante Andalucía. Coaliciones que, junto con la estrategia de bloque de dirección de estado con fuerzas soberanistas, dieron la mayor cantidad de representación política y los mejores frutos para mejorar la vida de la gente. La unidad estaba hasta que la presión exterior del régimen (cloacas, lawfare, bombardeo comunicativo y violencia política), consiguió romperla con no poca ayuda interior. La operación Sumar responde a esa historia.

Nos encontramos en un momento histórico en el que debemos comprender que lo que está pasando a escala global no es algo circunstancial que puede cambiar con un cambio de gobierno en los EEUU. La socialdemocracia liberal en España no tiene proyecto político ajeno a la inercia de sostener su estructura organizativa sobre lo que le quede, cada vez menos, de poder en el estado, y la izquierda vinculada al PCE parece no querer salir del bucle desde el que legitima y sostiene a un PSOE entregado al régimen de guerra. La negativa e incapacidad del gobierno de Pedro Sánchez para plantear un auténtico horizonte democrático de transformación, puede hacer que el trumpismo por la vía de Feijóo y Vox gobierne el estado con la mayoría de territorios autonómicos.

La línea de confrontación izquierda-derecha que dibuja este horizonte de sucesos está trazada con tres pinceles interconectados ideológicamente. Uno, la destrucción total del estado social y el desprecio por los derechos básicos como el de la vivienda o los derechos humanos y democráticos de la inmigración, potenciando solo las funciones para la coerción y el rearme. Dos, en la España diversa y plurinacional, la presión para la recentralización del poder en las instituciones con residencia en la capital del reino, porque el capitalismo trumpista precisa de reducir la complejidad para facilitar su dominio. Y tres, el genocidio palestino tolerado para que la dinámica del sur global se atemorice bajo la amenaza de lo que EEUU es capaz de hacer por sí solo o a través del sionismo israelí.

Esa línea de confrontación define el parteaguas de los dos bloques que se están configurando en el plano político, un bloque de izquierdas plurinacional con distintos grados de soberanismo y (con)federalismo, que habría de llegar a alianzas cooperativas, electorales o no, y un bloque formado por la masa ultra reaccionaria de PP, Vox.

En este contexto poner en el centro la apelación a la unidad de la izquierda, teniendo en cuenta además que siempre se aprovecha contra el potencial de la izquierda transformadora, es ignorar la historia reciente, sin autocrítica por parte de quienes han contribuido decididamente a debilitarla. La construcción de un horizonte de esperanza que, por supuesto, también tenga en cuenta lo electoral, requiere una ruptura previa con lo que el PSOE está representando en este momento histórico. Con estas mimbres un gran número de personas de izquierdas que están hastiadas de la política, por creer imposible derrotar al bipartidismo, podrán volver a ilusionarse.

Unidad es una bonita palabra a la que nadie puede oponerse, para construirla debemos entender el sentido histórico de las tres heridas de Miguel Hernández, la del amor, la de la muerte, la de la vida. La del perdón, la de la ruptura, la de la esperanza.

Publicado en La Voz del Sur

domingo, 10 de agosto de 2025

Pensar el andalucismo en el siglo XXI

Pensar el andalucismo en el siglo XXI | TuPeriódico Soy

Blas Infante nace en el siglo XIX, lo asesinan los fascista españoles la madrugada del diez al once de agosto de 1936. Siglo XX. Cuando escribo este texto se van a cumplir ochenta y nueve años de la vileza cometida en el km 4 de la Carretera de Carmona. Termina el primer cuarto del siglo XXI. Es momento de recordar la figura y el pensamiento del padre de la patria andaluza, no como añoranza, sí como esperanza. El mundo vive extenuante los efectos infames de la crisis del capitalismo occidental. Lo que de democracia y derechos se ha construido con sacrificio y muerte en Europa y Andalucía está en completo riesgo. Los actuales liderazgos europeos están arrodillados ante el fascismo estadounidense. Las bases del imperio en territorio andaluz cooperan con la muerte en Oriente Medio ayudando al estado terrorista de Israel.

Durante el último cuarto del siglo XX, el Andalucismo de la transición recoge y adapta al contexto histórico el pensamiento de Blas Infante. En 1971 se funda en Mairena del Alcor ASA (Alianza Socialista de Andalucía) por quienes luego liderarían el PSA (Partido Socialista de Andalucía). No olvidamos la relevancia del PSA, y de su líder, Alejandro Rojas Marcos, en el impulso de las grandes movilizaciones del pueblo andaluz el 4 de diciembre de 1977, las cuales consiguieron condicionar las posiciones del resto del espectro político, siendo determinantes para que Andalucía accediese mediante el ejercicio del derecho a decidir, en unas condiciones normativas casi imposibles, a la autonomía plena que iba a ser concedida en la CE del 1978 solo a los pueblos gallego, catalán y vasco.

Estamos cerrando el primer cuarto del siglo XXI. El pueblo andaluz ha mejorado sus condiciones de vida, solo faltaría que hubiésemos empeorado en términos absolutos en el marco de la UE. No obstante, las condiciones estructurales de desigualdad se mantienen en términos relativos. Tenemos una economía colonizada por grandes empresas con domicilio social fuera de Andalucía, dependiente de sectores con poco valor añadido que se mantienen explotando mano de obra precaria e inmigrante, con especial intensidad de desigualdad en los empleos de las mujeres. Una economía destructora de territorio y naturaleza. Una economía a su albur, con los gobiernos español y andaluz que consienten el expolio de lo público y no actúan decididamente contra la emergencia habitacional y la crisis de acceso a la vivienda de una mayoría de la población.

Como pronosticó hace décadas la ecología política, la crisis de límites biofísicos planetarios a la que conduce el modelo de extracción, producción y consumo del capitalismo, solo puede ser abordada desde el polo democrático reduciendo la dependencia de insumos, materias primas y energía, e imitando la capacidad de resiliencia de la vida en la naturaleza, biomimesis. Este abordaje choca directamente con la esencia del capitalismo: la acumulación y concentración indiscriminada de capital en pocas manos a costa del expolio de la vida y los recursos naturales.

Para que esa rueda no vuelque debe girar constantemente alimentada por el tiempo y la vida de los pueblos, el tiempo y la vida de la clase trabajadora, el tiempo y la vida de la inmigración, el tiempo y la vida de la naturaleza y, por último, pero quizá lo más importante por revolucionario en este siglo XXI, el tiempo y la vida de las mujeres. El tiempo y la vida son las categorías que conectan todo tipo de explotación material y cultural al servicio de los dueños del capital. Esa explotación ocurre sobre los territorios que habitan los pueblos culturales, algunos de los cuales han devenido pueblos políticos. Lo más parecido sociológicamente hablando a un ecosistema natural es un pueblo cultural.

La obra de Blas Infante tiene su mayor valor histórico en la creación de las bases para que el pueblo andaluz, de cultura milenaria reconocible universalmente, tomase conciencia de pueblo político. El fascismo lo asesinó tan solo un mes antes de que el estado republicano español fuese a aprobar el primer estatuto de autonomía política de Andalucía, al igual que había aprobado los estatutos gallego, catalán y vasco. El andalucismo de la transición consiguió que el pueblo cultural que somos, consolidase sus instituciones políticas de autogobierno. Ahora están en riesgo debido a que la crisis del capitalismo estadounidense, representado por un neoliberalismo faccioso, necesita liquidar la capacidad de autogobierno de los pueblos y concentrarla en virreinatos que rindan pleitesía arrodillados en sus campos de golf. Un capitalismo genocida como lo demuestra su connivencia con el asesinato por bombas, balas y hambruna del pueblo palestino.

Pensar el andalucismo para el siglo XXI requiere, pensar global y actual local. Requiere pensar las alianzas con otros pueblos del estado, con los pueblos ibéricos, mediterráneos, africanos y latinoamericanos de los que el pueblo andaluz es parte y fruto mestizo. Pensar en la integración del feminismo y el ecofeminismo como ideologías revolucionarias imprescindibles para la emancipación de la humanidad. Pensar en la inmigración y proteger sus derechos y su dignidad. Pensar en la transición ecológica a una economía verde.

Pensar, más allá de procesos electorales, en el fortalecimiento de la autoconciencia andaluza, la cual, fruto de siglos de historia, es una aleación cultural valiosísima para enfrentar el racismo con el que el capitalismo occidental está peleando a unos pueblos con otros en su propio beneficio. Pensar el andalucismo del siglo XXI no puede ignorar la necesidad de trasformar el estado español para que no siga estando en manos de la herencia franquista. Pensar el andalucismo del siglo XXI es pensar en nuestra bandera republicana, la verdiblanca, como parte de un proyecto de estado republicano, plurinacional y (con)federal en el que, como exaltó José Luis Serrano Andalucía sea como la que más. Pensar el Andalucismo del siglo XXI es pensar que con Andalucía todo y sin Andalucía nada.

¡Viva Andalucía Libre!

Publicado en Tu periódico andaluz

lunes, 4 de agosto de 2025

La propuesta de Gabriel Rufián

Gabriel Rufián en el Congreso.

Desde la izquierda, me tomo en serio la propuesta de Gabriel Rufián, no la desprecio como hace su camarada Oriol Junqueras. La tomo en serio, al igual que lo han hecho Iván Redondo desde posiciones progresistas moderadas o José Antonio Zarzalejos desde posiciones a la derecha. Gabriel Rufián es fruto, como el pueblo andaluz, del mestizaje cultural y, como el pueblo catalán, del mestizaje político. Tal vez por eso le es más fácil mirar desde afuera de los límites endomórficos de su partido.

El globo terráqueo está a punto de superar las 450 ppm de CO₂ atmosférico. Esto nos sitúa, según la ciencia más destacada, en un contexto de riesgo irreversible en la lucha contra el cambio climático y sus efectos. Los líderes de la UE con Ursula von der Leyen a la cabeza, han concedido a Donald Trump un acuerdo sobre gasto en armamento para la OTAN correspondiente al 5% del PIB hasta 2035, aranceles del 15% para la exportación a los EE.UU. y compra de combustibles fósiles para los próximos tres años por valor de 750.000 millones de dólares. La UE ha aceptado sin chistar que Rusia es el enemigo militar y China el enemigo económico, pero quien arrodilla a los pueblos europeos es Donald Trump y la corte anglosionista de Wall Street, que consienten y ayudan a Israel a matar con hambre, sed y balas al pueblo palestino, descomponiendo la posibilidad de paz e igualdad en todo el planeta.

La situación del gobierno de Pedro Sánchez, fruto de su conformismo y falta de visión estratégica, es más que crítica. Pensar que con liquidar a Podemos iba a capitalizar suficiente voto para sostener la farsa democrática del Estado español, y que de esta manera iba a ser aceptado como mal necesario para la función de dar apariencia democrática a la monarquía parlamentaria que sobrenada las cloacas policiales, judiciales y mediáticas, es no comprender el momento global del capitalismo estadounidense. Estos señores de los aranceles y la guerra no necesitan a la socialdemocracia liberal, a la que califican de comunista, izquierdista y hasta marxista. No la necesitan para vestir ningún santo bipartidista porque van decididamente a por los vestigios de democracia que puedan quedar. Lo quieren todo todo el tiempo en su declive imparable frente al sur global y los BRICS.

Desde la irrupción de Podemos en 2014, fruto político callejero de la crisis metabólica de 2008, la única mayoría posible para sostener un gobierno que no fuese de derecha ultra o de ultraderecha, era la que podía conformar el PSOE con la izquierda transformadora, la cual no tuvo más remedio que reconocer pronto que el Estado español era plurinacional, y con los soberanismos periféricos. Pedro Sánchez leyó el momento y en mayo de 2017, camuflado de podemita y federal, venció a la oficialidad de su partido representada por la escasa astucia de Susana Díaz. Solo cinco meses después apoyó la aplicación del artículo 155 de la CE a la Generalitat de Cataluña.

En los últimos diez años, hemos vivido los intentos de destrucción de Podemos, primero mediante las cloacas, la pseudo justicia española y las grandes corporaciones mediáticas. Después con la operación Sumar. En esta etapa se ha revelado que el PSOE ni es de izquierdas ni acepta la plurinacionalidad del estado, salvo cuando no tiene más remedio para sujetar lo que le queda de poder, y que la izquierda que ahora pide desesperadamente unidad es una mera muleta del mismo, capaz de traicionar sin miramiento a quienes con generosidad le tendieron la mano para montar algo lo más parecido a un frente amplio que hemos conocido. Ahora, la corrupción bipartidista ha vuelto a florecer sobre raíces que ahondan los estratos de la transición española tutelada por el franquismo, sus poderes económicos y la CIA.

Con la caída de la socialdemocracia liberal y de todo lo lleva en su sentina de escombros, se abre una etapa de gobierno de España con PP y VOX, ya se convoquen las elecciones en lo que queda de 2025, en 2026 o al acabar la legislatura en 2027. Eso es lo altamente probable. Contra eso, la propuesta de Gabriel Rufián es una propuesta, aunque difusa e indefinida, decente. Una propuesta que, para que sea verdaderamente atractiva no puede nutrirse solo de la matemática electoral y las expectativas de corto plazo. Es preciso trabajarla para que tenga solidez estratégica y capacidad de sustituir a la socialdemocracia liberal derechizada que hoy por hoy representa el PSOE, razón por la cual es incapaz de plantar cara a la ultraderecha que viene.

La propuesta de Gabriel Rufián necesita de la alianza cooperativa entre los soberanismos, cualquiera que sea su profundidad y el territorio que pisen, y la única fuerza de estado, Podemos, con visión republicana plurinacional que ha demostrado que no se pliega al PSOE en virtud de intereses de corto alcance. La propuesta de Gabriel Rufián necesita, imprescindiblemente, de sentido de estado de las fuerzas nacionalistas de los territorios sin estado. La propuesta de Gabriel Rufián necesita del aporte federalista del territorio que construyó, contra todo pronóstico, el actual estado autonómico, Andalucía. La propuesta de Gabriel Rufián serviría para empezar a proponer un nuevo armazón ideológico que enfrente el actual momento histórico dibujado entre las tinieblas de la izquierda europea.

La propuesta de Gabriel Rufián ganaría fuerza si se labra sobre el mestizaje de los pueblos ibéricos, como el andaluz y el catalán, en una suerte de alianza para combatir lo que se nos viene encima, que no es otra cosa, como bien ha visto el portavoz de ERC en el Congreso, que la destrucción sistemática de los derechos democráticos y los avances feministas, y, como preocupa al analista de derechas, José Antonio Zarzalejos, el frente entre la recentralización del estado y los autogobiernos.

El capitalismo occidental estadounidense va a por todas. Necesita expropiar la vida y el tiempo de la naturaleza, la vida y el tiempo de las mujeres, la vida y el tiempo de las personas migrantes, la vida y el tiempo de la diversidad de género y cultural, la vida y el tiempo de los pueblos europeos, los con estado y los sin estado. A esa tarea es a la que se va a dedicar el futuro gobierno del PP y VOX por medio de la coerción y la persecución.

Por eso, la propuesta de Gabriel Rufián es una propuesta decente, digna de tener en cuenta tanto dentro de ERC, como por las fuerzas nacionalistas periféricas, como por la izquierda trasformadora no subalterna del PSOE que representa Podemos. Digna de ser pensada a nivel de estado con carácter estratégico y aplicada tácticamente en los distintos niveles electorales y territoriales. Gabriel Rufián nos propone que dejemos de mirar nuestro ombligo, porque mientras lo hacemos exponemos la cabeza a la guillotina trumpista que manejarán, como verdugos pagados, PP y Vox.

Publicado en La Voz del Sur

jueves, 31 de julio de 2025

Una ciudad como un bosque

bosque mo

Si nuestra ciudad fuera como un bosque amaríamos los árboles que la habitan, no los dañaríamos, curaríamos sus enfermedades y acompañaríamos sus desdichas. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, los edificios imitarían a los árboles y aprovecharían la energía solar que atina en sus azoteas, tejados y fachadas; como las hojas realizan su función clorofílica, la fotosíntesis urbana de calor, energía solar térmica, y electricidad, energía solar fotovoltaica, evitaría gases cargados de molestias. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, el aire que acaricia los valles de sus ríos revolotearía en fuentes y calveros para colarse por los balcones en verano. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, las hojas caerían en otoño para que el sol calara los ventanales.

Si nuestra ciudad fuera como un bosque, ríos y acequias juguetearían a la vista, y tendríamos riberas, paseos con olmos, castaños y alamedas. En el bosque, las aceras serían amplias y llenas de banquitos a la sombra, las paradas de autobús no quemarían, como quema la chapa metálica de sus asientos. Sería raro ver un coche o una moto, porque el bosque invita al paseo y al encuentro. El ruido no existiría y solo conoceríamos el rumor de la vida en el bosque.

Si nuestra ciudad fuera como un bosque, los desechos serían mínimos y reciclables. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, sus pavimentos serían porosos y no recolectarían el calor del verano, ni el frío del invierno. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, la recorrerían tranvías y bicicletas. Si nuestra ciudad fuera como un bosque estarían prohibidas las altísimas torres de hormigón y cristal. Si nuestra ciudad fuera como un bosque no nos importaría mancharnos de vez en cuando los zapatos, ni que los niños jugaran con la tierra. No nos molestaría el piar de los pájaros ni el pulular de la vida en los arriates.

Si nuestra ciudad fuera como un bosque el arte inundaría sus rincones. El aire estaría oxigenado y limpio. Si nuestra ciudad fuera como un bosque, las constructoras y los arquitectos serían amigos de todos y no solo de alcaldes y concejales de urbanismo. Si nuestra ciudad fuera como un bosque habría muchas gentes que entienden que el debate está donde están las necesidades de las personas, y no donde están las ilusiones ópticas de la codicia.

Pero, nuestra ciudad se convierte en escombro de arboleda. Sus calles son cauces grises sin orillas, sus plazas techos de piedra que despiden el calor de los motores que alberga la oquedad oscura de aparcamientos subterráneos.

Presiente, siempre, la ciudad, nuevas agresiones infames… Y se cumplen.

lunes, 21 de julio de 2025

Madrid en España o España en Madrid

 Juan Manuel Moreno Bonilla, saluda a Salvador Illa en la misa rociera en la Sagrada Familia - Kike Rincón / Europa Press

El sueño húmedo de la burguesía catalana es una gran coalición formada por un PP con las formas de Juan Manuel Moreno Bonilla y un PSOE que se parezca al PSC de Salvador Illa. Este pasado domingo La Vanguardia publicaba una entrevista al presidente andaluz en el lugar más privilegiado de su portada digital. Jordi Juan y Enric Juliana lo tratan como si fuese un santo.

San Juan Manuel Moreno Bonilla el que quita impuestos a los ricos, abre la mano al urbanismo sin escrúpulos, entrega la universidad a San Ignacio de Loyola, contrata sanidad privada para corregir el abandono de la pública, cierra unidades de educación sin tocar la concertada, aumenta las horas de religión, abandona al alumnado con necesidades educativas especiales, deja si medios a los bomberos forestales, desprecia a los trabajadores del metal o permite que los pueblos y ciudades estén tomados por AirB&B sin acometer el gravísimo problema de acceso a la vivienda.

A la derecha de la entrevista, la columna del director, Jordi Juan, titulada "El éxito de la moderación", presenta un desiderátum imposible: “Moreno e Illa encarnan la esperanza para un futuro de consenso entre el PP y el PSOE”. La Vanguardia, fiel a su línea editorial confía en un retorno al bipartidismo de régimen que pivote sobre el nacionalismo catalán y vasco. Para ello la Andalucía dócil, ahora del PP y antes del PSOE, es condición sine qua non.

El diario catalán, influyente en todo el estado, presta voz a la burguesía catalana, cuyos intereses son parte esencial de su línea editorial. Las burguesías territoriales catalana y vasca saben que sus intereses estarían a salvo con un gobierno en minoría de Alberto Núñez Feijóo, no dependiente de Vox, apoyado desde la bancada del Congreso por un PSOE en catatónico. Empujar la gran coalición es un intento desesperado de las elites periféricas del estado autonómico, con la intención de seguir contando con su parte del pastel del régimen, se substancie con inversión del estado para ampliar el aeropuerto del Prat, o con la adopción del principio de ordinalidad en la financiación autonómica.

La gran coalición es imposible. La impedirá el Madrid ayusista que emite y ejecuta desde la capital del reino su poder monárquico. En Madrid DF se amamanta el trumpismo, fase senil del neoliberalismo. En los cenáculos de poder madrileños el cálculo está hecho, el PP gobernará con Vox y acometerá contra la esencia misma del estado autonómico. Por otro lado, si el PSOE que va a legar Pedro Sánchez intentase siquiera jugar a la gran coalición caería en picado. Madrid en España o España en Madrid es la dicotomía que dibuja la línea de confrontación de modelo de estado que reaparecerá en el nuevo ciclo electoral. Aún no sabemos si inaugurado por unas elecciones generales, por unas elecciones andaluzas o por sendas al mismo tiempo como parece que pretende el presidente andaluz.

La intención del neoliberalismo respecto del poder de los estados se resumen en dos líneas estratégicas. De un lado liquidar las competencias que tengan que ver con los servicios públicos, la economía y la fiscalidad, dejándole solo las relacionadas con la coerción. Y de otro, simplificar los poderes políticos con los que tengan que entenderse los dueños del capital concentrando todo el poder en un punto. El último ejemplo en la UE es la intención de eliminar la participación directa de las regiones en la distribución de los fondos europeas, centralizando toda la gestión y todas las decisiones en las capitales. Se podrá hablar catalán en Bruselas, pero los euros  dirigidos a la economía del rearme pasarán por Madrid, previa decisión de la Comisión sobre a dónde y en qué deben ser destinados.

El régimen de guerra es la evolución táctica del neoliberalismo para que unos pocas manos se apropien de todo todo el tiempo en su confrontación con China y los BRICS. El régimen de guerra exige coerción y concentración de poder. El régimen de guerra ya ha optado por liquidar lo que queda de democracia. La distribución territorial del poder es, para ello, un obstáculo. No hay política sin territorio, no hay democracia sin poderes democráticos territorializados. Las burguesías vasca y catalana lo ven venir y buscan aliados en el PSOE o en la apariencia de moderación del presidente andaluz. La izquierda plurinacional y las izquierdas soberanistas quedarán condicionadas en sus propuestas de avances democráticos por la nueva línea de confrontación territorial. Madrid en España o España en Madrid.

En el estado español todo debate sobre avances en derechos socioeconómicos, feministas o ecologistas, acaba atravesado y condicionado por la cuestión territorial. Las líneas de confrontación que interesan a las izquierdas, no pueden ignorar este hecho. El nuevo ciclo político y electoral pondrá sobre el terreno de juego la idea que cada quien tenga del estado español. O Madrid en España o España en Madrid. La primera permitirá fortalecer la democracia, los poderes territoriales y los avances democratizadores, la segunda nos lleva al abismo antidemocrático. De ahí la necesidad de cooperación entre quienes interpretan en sus propias orquestas territoriales, sin pintar nada, y quienes quieren que las diferentes orquestas acompasen sus objetivos en defensa de los intereses de todos los pueblos de España.

Publicado en Diario Red

lunes, 14 de julio de 2025

No es lo mismo ser que estar

Preocupación en Sumar porque no logran tener visibilidad en la crisis con Israel

Hay una izquierda que está dentro del gobierno de la guerra. No es lo mismo ser que estar. Hay una izquierda que lanza ultimátums, que separa su futuro en el gobierno de su futuro en Andalucía. Dice que es por Andalucía, pero Andalucía alberga las dos principales bases de la OTAN del estado, que a su vez son las bases europeas que más apoyo logístico han prestado al ataque estadounidense a Irán. «Que si Morón que si Rota», en Carlos Cano, como en los griegos el pensamiento, está todo lo que a Andalucía concierne.

No es lo mismo ser que estar, canta Alejandro Sanz. Nadie duda que esa izquierda es de izquierdas, como nadie duda que la mayoría del electorado del PSOE es de izquierdas. Otra cosa es que su acción política esté a la izquierda. No es lo mismo ser que estar, es distinto. Hay una izquierda que se sienta a la siniestra de Pedro Sánchez, pero no está haciendo de izquierda. El dinero se va con facilidad a las armas y se extrae de los servicios públicos, del Fondo de Liquidez Autonómica o del freno a las políticas feministas. No es lo mismo ser que estar.

Hay una izquierda que afirma que hay una «gobierno que asume la responsabilidad de afrontar la destrucción de la corrupción que ha caracterizado al sistema político español», que, contenta y satisfecha por las propuestas de Pedro Sánchez ante el congreso de los diputados, en su comparecencia para rendir cuentas por la corrupción del PSOE que han practicado sus dos últimos secretarios de Organización, declara que «hay legislatura». Pero el problema no es si hay o no legislatura, el problema es que haya o no haya gobierno progresista (no diré siquiera de izquierdas).

Hay una izquierda que prefiere ser del gobierno del rearme, del 5% del PIB para la OTAN, de 10.500 millones comprometidos ya para gasto en defensa, que irán en su mayor parte a la industria de la guerra que dirige el fascista Donald Trump. Una izquierda que prefiere ser a estar, porque estar es actuar. Una izquierda que no actúa para impedir que el gobierno siga comerciando con el estado terrorista y genocida de Israel. Un gobierno que dice ser progresista pero que está completamente escorado a la derecha.

Hay una izquierda que es de izquierdas que argumentó a favor del recorte a las prestaciones de los parados de 52 años. Una izquierda incapaz, no ya de exigir medidas de izquierdas en materia de derecho a la vivienda, sino de forzar al menos que el presupuesto del ministerio de vivienda, del cual solo se ha ejecutado el 32% del año 2024, se destine a bajar el precio de los alquileres y a ampliar la oferta de vivienda social, sin prebendas fiscales para los tenedores del negocio. Una izquierda sumada a los sindicatos «mayoritarios», UGT y CCOO, que consiente la ampliación subrepticia de la edad de jubilación hasta los 71 años, montando así una vía de escape para cuando las pensiones miserables se vayan imponiendo.

No es lo mismo ser que estar, es distinto. Se puede decir ser de izquierdas pero estar en otro lado. Con el PSOE ha ocurrido desde el principio de la transición, ahora, además, con el peligro bélico del momento trumpista, ya no se oculta, ni es ni está. La puerta de entrada a la ultraderecha y el fascismo, la abre el PSOE por circular con el freno de mano puesto y el volante girado a la derecha. Hoy, estar en su gobierno es ser cómplice de su acción. Estar en su gobierno, es unir tu futuro a su futuro.

Nos adentramos en un nuevo ciclo político, un ciclo hegemonizando por quienes quieren destruir toda función social del estado para dedicarlo en exclusiva a la guerra y la coerción. Pensar la estrategia y la táctica desde la izquierda solo en términos electorales es la condición de posibilidad del fracaso y la desesperanza. La socialdemocracia liberal europea ha atado su futuro al rearme trumpista, estar a su lado es acompañarla al desastre que ella misma alimenta y promueve. Estar con quienes se empeñan en estar a su lado sería buscar la misma condena.

En el Estado español, lo que se viene encima no es solo una acometida contra los derechos sociales de las clases medias y populares, lo quieren todo, todo el tiempo. Lo que prepara la ultraderecha significada en Vox y el PP de Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y Juan Manuel Moreno Bonilla es convertir en legal el estado profundo ilegal que opera desde las cloacas, los medios concentrados en Madrid DF y la alta judicatura. El objetivo es acabar con cualquier atisbo de poder distribuido territorialmente, convertir autonomías en protectorados administrados por virreyes.

No es lo mismo ser que estar. Se puede ser, pero si no se está en el lado del parteaguas que se sitúa en contra del gasto en rearme, que afecta a la inversión social, de la OTAN, del Genocidio, de los retrocesos en políticas de género, del olvido de la inversión en un sistema preventivo y productivo verde o de las prebendas para propietarios, inútiles para acabar con el problema de la vivienda, entonces no se está en la izquierda.

Ese parteaguas define al sindicalismo que la izquierda debe potenciar al igual que define las alianzas de futuro que se deben promover. No es lo mismo ser que estar. En Andalucía, después del conflicto del metal en Cádiz, resulta evidente que hay un sindicalismo que está y uno que es, pero no está. En Andalucía resulta evidente que hay partidos y opciones políticas que están y son y otras que son y no están. Como en el resto del estado, en Andalucía más, la esperanza se construye con el efecto sinérgico de la cooperación entre la izquierda más soberanista y la que está comprendiendo el estado plurinacional (con)federal. No es lo mismo ser que estar, es distinto.

Publicado en Tu Periódico Andaluz

domingo, 13 de julio de 2025

Geografía de un sueño

Manifestación por la autonomía de Andalucía, 1977 - YouTube

Dijo escrito el poeta sevillano Luis Cernuda que Andalucía es un sueño que algunos andaluces, y andaluzas, llevamos dentro. Por contra, España es una realidad impuesta, las más de las veces con el ejercicio de la violencia. El vínculo entre la concepción mono color de la España una y el ejercicio de la violencia contra la clase trabajadora, las mujeres, el medio ambiente o las diferentes culturas, incluyendo las de las nacionalidades inmigrantes, es un vínculo reaccionario cuando no, fascista.

El vínculo entre la ley mordaza, la aplicación del 155 de la CE al independentismo catalán, la represión policial y judicial a los trabajadores del metal en Cádiz o Murcia, la coacción y destrucción desde las cloacas del estado de adversarios políticos, la contaminación química del Mar Menor o la obstrucción al reconocimiento de la humanidad en la inmigración, está construido sobre la concepción de un estado, cuya fuerza ejecutiva radica en Madrid y cuyos operadores, electos o no, no consienten que nada se mueva en contra de los intereses para los que trabajan.

La fuerza de las políticas extractivas de la sangre del trabajo, del tiempo de las mujeres, de la vida de las personas migrantes, de los recursos naturales y del sudor del campo, tiene un vínculo estrecho con el desprecio e intento de anulación de las realidades culturales y políticas por la vía de la concentración de poder en la capital del reino de España. Se trata de anular cualquier conato de autogobierno, o reivindicación de soberanía, para convertir los territorios en protectorados o colonias administrados al servicio de los poderes enraizados en la metrópoli, desde la que turbo alimentan a los dueños del capital, esencialmente estadounidense, acomodado en los acertadamente llamados fondos buitre.

Aquí quería llegar. No hay política sin territorio. Como escribe a menudo Enric Juliana: mapas, mapas, mapas. El actual dibujo autonómico del estado español (ahora ya no hablaré de España) es obra de Andalucía. Cuando se recuerdan los grandes hitos de movilizaciones populares que han contenido el avance de la ultraderecha desde el postfranquismo y la etapa democrática, se olvida el gran hito fundacional de la España autonómica. La movilización de dos millones de andaluzas y andaluces el 4 de diciembre de 1977, en las calles de las capitales de las ocho provincias y en las calles de la novena provincia andaluza, Barcelona, (también en menor medida en las de Madrid y Bilbao), para equiparar su estatus político al de las naciones que iban a ser reconocidas constitucionalmente en 1978 como exclusivas nacionalidades históricas.

Para cultivar el territorio sobre el que habrá de nacer una república (con)federal plurinacional, es imprescindible interiorizar la fuerza política de un pueblo, el andaluz, mestizo y no independentista, para cuyo reconocimiento universal no ha necesitado nunca idioma propio. Mapas, mapas, mapas. Andalucía con sus casi nueve millones de habitantes, con su costa este y su costa oeste, con sus olivares, sus campiñas y sus vegas, con sus sierras, gatas y doñanas, es una fuerza telúrica.

Andalucía es una nación de ciudades, la inmensa mayoría de la población está concentrada en poblaciones de más de 20.000 habitantes, decenas de municipios podrían ser por población capitales de provincia. Mapas, mapas, mapas. Andalucía tiene cuatro conurbaciones con poblaciones que van desde los más de 500.000 habitantes, como el área metropolitana de Granada y su entorno próximo, pasando por la Málaga metropolitana litoral, o Cádiz y su bahía, hasta el más del millón y medio de habitantes en la gran conurbación de Sevilla.

Mapas, mapas, mapas. Percibir Andalucía como una comunidad agraria y atrasada, y al pueblo andaluz como solo aspirante a limpiar hoteles, servir raciones o emigrar, es un sesgo impuesto desde el gran emisor de centralismo colonial, Madrid DF. Mapas, mapas, mapas. Mapas de geografía humana que nos hablan de nuestra sangre negra, gitana, morisca, judía, norteña y latinoamericana. Mapas de geografía política, que nos hablan de Granada y Almería, cunas milenarias de la verdiblanca. Mapas de acentos y culturas comarcarles. Mapas de anhelos y necesidades. Mapas de reivindicación y lucha jornalera, forestal, metalera, kellys, taxis, estudiantes, universidades, AMPAs, profesionales de la sanidad, los cuidados o la educación.

No hay política sin territorio. Conocer los mapas de Andalucía, es la primera condición de posibilidad para abonar un republicanismo andaluz que luche por sí y coopere en la construcción de un estado que desborde las vínculos reaccionarios entre el capital y la coerción de la diversidad. Las y los andaluces una vez dibujamos el mapa autonómico del estado haciendo nuestro sueño realidad.

Ahora, las y los andaluces de conciencia, debemos dibujar el mapa republicano plurinacional clamando al resto de pueblos del estado para que cooperen en beneficio propio y del conjunto. Una cooperación que pasa por buscar sinergías entre las posiciones más soberanistas y las más (con)federalistas. Andalucía es un sueño que algunos andaluces y andaluzas llevamos dentro, un sueño que podemos hacer realidad en alianza con el resto de pueblos ibéricos.

Como cantó Carlos Cano en sus Coplas de Emilio el Moro, con letras completamente actuales: “No sé por qué te lamentas en vez de enseñar los dientes, ni por qué llamas mi tierra aquello que no defiendes.” Esta geografía de un sueño va por los trabajadores del metal en Cádiz, símbolo de dignidad de las clases trabajadoras del mundo.

Publicado en Diario Red