viernes, 30 de septiembre de 2022

Andalucismo y voluntad de poder


En ocho meses se celebrarán elecciones municipales en Andalucía. Aparte del PSOE, cuyo horizonte político es el regreso al bipartidismo monárquico, la izquierda en el estado español parece dividirse por el espacio en el que sitúa la línea del horizonte, fuera o dentro del cuadro del '78. La que asume los límites del cuadro buscará un proyecto concordante con el del PSOE. La que traza el horizonte fuera del marco quiere avances que se consoliden y duren, que sean difícilmente reversibles, es beligerante contra los poderes heredados del franquismo que habitan las estructuras del estado. También, aunque no estaba en los debates del 15M, parece tener interiorizada la plurinacionalidad de España. Digo parece porque con Andalucía duda.

Desde la constitución del 1978 ha habido dos proyectos de estado. Uno, el que representa la clave de bóveda monárquica, va desde Suárez a Sánchez. Dos, el que dibuja un horizonte de transformación fruto de la impugnación de régimen que significó el 15M y de la irresuelta cuestión territorial, lo representan Podemos, junto con fuerzas más o menos nacionalistas, como Els Comuns, Compromís, ERC, BNG, PNV o Bildu, incluso el PSV de Ximo Puig o el PSIB de Francina Armengol cabrían en ese conjunto. Todas ellas sitúan su contribución actual a la dirección de estado, en expresión de Pablo Iglesias, como elemento determinante para avanzar hacia un país más democrático, consiguientemente más federal/confederal.

Las izquierdas que comparten un horizonte situado fuera del cuadro borbónico son las atacadas con saña por todo el establishmen del régimen. Medios de comunicación, judicatura, cloacas policiales y alto funcionariado, actúan de líneas ofensivas. Montajes policiales, law fare, fake news y violencia política, ponen en práctica con precisión golpes blandos a la democracia. Ese bloque de dirección de estado no va a avanzar si en Andalucía no tiene fortaleza una izquierda andalucista con voluntad de poder. Sin un bloque andalucista de izquierdas reconocido y reconocible, la impugnación y el horizonte de transformación chocará con el Madrid es España y Andalucía su colonia interior. Piensen en el tamaño y población de Andalucía.

Los procesos relevantes de Podemos en Andalucía son buen ejemplo para intuir que existe un punto de máxima eficiencia para el que no se ha encontrado cartografía que dibuje su posición en el espacio político. Cuando los debates internos eran más o menos autonomía, más o menos capacidad de decisión propia, más o menos Andalucía nacionalidad histórica, más o menos poder territorial, las posiciones de Teresa Rodríguez arrasaban. Cuando el debate era más o menos voluntad de poder, más o menos querer entrar en los gobiernos con el PSOE para forzar cambios, más o menos institución, las posiciones de Pablo Iglesias arrasaban.

Llegarán las elecciones municipales, hay que decidir táctica y estratégicamente donde trazar la línea del horizonte andaluz. Unas alianzas son refugio, otras refuerzo. Unas pasado, otras futuro.

Publicado en La Voz del Sur y La Última Hora Noticias

lunes, 12 de septiembre de 2022

La revolución del Carrefour


Si IKEA trajo la república a nuestras casas, Carrefour va a traer la libreta de abastecimiento comunista. El CEO de la gran empresa de distribución y comercialización en hipermercados, de capital francés, lo vio a la primera, una vicepresidenta tercera y un ministro del Gobierno de España con competencias en consumo le han puesto una alfombra roja, militan en el PCE, para erigirse en una especie de Cáritas aconfesional.

Decenios de movimiento ecologista, de ecología política, en defensa de la vida y el comercio en los pueblos y ciudades, montones de programas electorales de la izquierda, incluida IU, contra la gentrificación, la destrucción de la vida comercial de los centros históricos y los núcleos urbanos consolidados, contra las prácticas oligopólicas de grandes distribuidoras que imponen precio de compra y precio de venta, contra los modelos de comercio y consumo que obligan, sin capacidad electiva de las y los consumidores, a coger el coche y hacer kilómetros para comprar lo necesario y, de paso, lo innecesario, y de repente se descubre que Carrefour es la solución para la revolución.

Sindicatos como CCOO poseen serios estudios en los que se demuestra que los hipermercados han destruido tres empleos por cada empleo precario que han creado. El ecologismo sabe de la insensatez ecosistémica de la ocupación del territorio agrario o natural circundante a las ciudades y pueblos para crear enormes superficies comerciales que funcionan como catedrales del consumismo. La economía sabe que el sector de la distribución alimentaria y productos de gran consumo funciona en régimen de oligopolio, puede imponer el precio de compra a proveedores y el precio de venta a consumidores. Las organizaciones agrarias saben que los grandes márgenes comerciales de los productos del campo, superiores a veces al quinientos o mil por cien, son consecuencia de posiciones dominantes de mercado.

Dos ministerios del Gobierno de España, han tenido la ocurrencia de pedir por favor ayuda a Carrefour, Mercadona, Lidl, Consum, Alcampo, El Corte Inglés, DIA, Aldi, Covalco, GM Food, Covirán, grandes de la distribución, para paliar los efectos de la profunda crisis inflacionista, que irá a más consecuencia de un factor de fondo y un catalizador acelerante, la crisis de raíz socioecológica del capitalismo en su choque con los límites planetarios y la guerra de Ucrania.

Mientras se daban reacciones airadas de la derecha, del PSOE y del empresariado por razones distintas, el CEO de Carrefour se anticipó y ofreció al ministerio un paquete de 30 productos básicos domésticos por 30 euros, detrás podrán llegar el resto de grandes distribuidoras en una apariencia de competencia a la baja. Finalmente pagarán los pequeños y medianos productores y proveedores asentados en los distintos territorios a los que les apretarán bien las tuercas para tirar sus precios al suelo y estos a su vez apretarán sobre salarios y condiciones laborales. La práctica de la bajada temeraria de algún precio en la línea de supermercado es conocida, se bajan el pan o los pañales con el fin de que la clientela llegue a por ellos, compre todo lo demás y quede fidelizada. Lo mismo pero con el marchamo del gobierno y el plus de solidaridad es el fondo de esta ocurrencia. Como cuando la comunidad de Madrid entregó a El Corte Inglés la vacunación del Covid. A Carrefour le ha salido la mejor campaña de publicidad gratuita de su historia. El comercio de proximidad queda ojiplático pagando la factura eléctrica, la hipoteca o el alquiler y los impuestos con menos ventas.

Para luchar contra la escalada inflacionista de precios hay que ir a las causas, afrontar el problema de la dependencia y el exceso de consumo energético, acabar con el mercado marginalista que sigue produciendo beneficios caídos del cielo, montar una empresa de titularidad estatal para la producción y comercialización de la energía. Promover, dentro y fuera del gobierno, que la UE se salga del marco belicista de la OTAN que ha impuesto los intereses de un puñado de capitalistas de las armas y los combustibles fósiles. Las recetas para reequilibrar la desigualdad social, compensar y frenar el daño ecológico, y sobre la producción y el comercio de proximidad, que provocan los grandes  hipermercados, son la fiscalidad sobre los grandes beneficios y la fiscalizad ecológica por externalidades ambientales y sobre el tejido empresarial de pueblos y ciudades. Lo primero compete al gobierno del estado, lo segundo a las comunidades autónomas, que bien podrían beneficiarse de una ley marco para la fiscalidad ecológica sobre las grandes superficies comerciales. Además, si queremos comunismo del de verdad, una empresa pública de distribución alimentaria que compita con las privadas, tense los presos a la baja y fomente la producción y consumo agroecológico, o el fomento del cooperativismo de productores para que juntos se hagan fuertes en la distribución.

Una ocurrencia así viene a decir lo mismo que cuando se nos decía que privatizando todo el sector bancario, todo el sector energético, todo el sector de la telefonía, todo el sector del agua, de los transportes públicos, de los cuidados, de los residuos o la jardinería, la competencia entre empresas haría que bajasen los precios. No ha ocurrido nunca. Al contrario. Como no ocurrirá que la salud privada o la educación privada actúen por interés colectivo o bondad hacia el prójimo. IU/PCE pactó en su programa de gobierno con el PSOE en Andalucía, año 2012, un impuesto ecológico a las grandes superficies comerciales que no se llegó a implantar porque el PSOE, si no se le aprieta en serio, nunca cumple lo que pacta por la izquierda. Defendí ese impuesto en un texto de 2013 con el título Grandes superficies comerciales, un daño impagable.

Políticamente la revolución de la canasta básica del Carrefour, El Corte Inglés, Mercadona o Eroski, funciona como una cortina de humo para tenernos entretenidos y que olvidemos que hay que derogar la ley mordaza, promulgar ya una ley de vivienda que garantice el derecho constitucional, y pelear unos presupuestos expansivos antibelicistas y con fiscalizad justa. Pareciera que hay ministerios que se diferencian del PSOE y marcan perfil propio, pero en realidad, voluntaria o involuntariamente, ocultan esas cuestiones de fondo. Que nos regale el pan Carrefour no servirá de nada, porque nos va a llover a la intemperie uranio radiactivo en medio de huracanes, olas de calor, escasez y alza exorbitante de precios, en una economía que tenga uberizado hasta el sector alimentario. Caritas/Carrefour nos señala el suelo para que no miremos arriba, mientras el asteroide entra en la atracción gravitacional del planeta. Hay que decirlo.

Publicado en La Voz del Sur y La Última Hora Noticias

martes, 30 de agosto de 2022

Guerra y energía


Una situación critica en términos de precio de la energía está conduciendo a la alta política en Bruselas a replantearse el modo en que está regulado el mercado eléctrico en la UE. Pero la situación dramática estaba ya anunciada antes de la guerra de Ucrania, la guerra ha acelerado la visión de la segura catástrofe si seguimos sin querer afrontar el verdadero problema.

Los fósiles y la nuclear producen cambio climático, dependencia exterior extrema, concentración de poder, riesgos inasumibles para la humanidad, destrucción de países, expolio colonial, muerte, guerras y emigración. Desigualdad local y global.

La necesidad de reformar un mercado eléctrico intervenido en favor de los lobbies energéticos era evidente con guerra en Ucrania o sin guerra en Ucrania. Un mercado marginalista con normas para facilitar la acumulación de beneficios de los grandes grupos propietarios de productoras y comercializadoras es sencilla y llanamente capitalismo neoliberal. La formación de leyes en el estado solo para beneficio de unos pocos.

La causa principal, coyuntural, de la subida del precio de la energía es haber hecho una apuesta bélica para “solucionar” la guerra en Ucrania, en lugar de una apuesta diplomática que tal vez la hubiese parado en las primeras semanas. Disculpen la broma en la tragedia, lo salado no se borra con más sal ni lo dulce con mas azúcar, la guerra no se apaga con más guerra.

En lugar de ahondar en la diplomacia, y actuar decididamente a favor de la conversión del modelo energético hacia las renovables, con el vector hidrógeno, la política de la UE ha ido a equiparar como verdes la nuclear y el gas. Una aberración científica. En lugar de tomarse en serio la reducción drástica del consumo energético con políticas efectivas sobre el transporte, la edificación, la industria, la agricultura, el comercio o el consumo, se pretende sostener el sistema quemando carbón y aumentando la vida de las nucleares. Riesgo sobre riesgo.

Esto ocurre en Europa, con una Alemania cogobernada por liberales, socialdemócratas y, atención, verdes (convertidos al belicismo), que vuelve a quemar carbón como en los tiempos de la lluvia ácida que dañaba la salud de la naturaleza, la agrícola y humana. ¿Quiénes mandan de verdad? En la agenda política de Macron y Scholz está incrementar el riesgo de accidente nuclear en territorio europeo alargando la vida de las viejas y obsoletas centrales nucleares. Parte del gas ruso que ya no llega se está sustituyendo por gas de fracking de EE.UU. La política ambiental, la lucha contra el cambio climático (qué verano estamos viviendo) y la reducción de la dependencia, a la mierda. Nuestra soberanía en manos del decadente imperio americano, de Rusia y de China. Qué listos nuestros gobiernos.

Para afrontar la escalada de los precios de la energía y sus consecuencias para las mayorías sociales y las empresas productivas es preciso parar la guerra. La principal política europea de defensa debería ser instigar una solución diplomática y no alimentar el combate. Sí mister Borrell, preferimos la mantequilla a los tanques, somos mejores que usted. Con la guerra están ganando los lobbies del armamento, los de la energía y las materias primas, y seguirán haciéndolo. El principal damnificado es el pueblo ucraniano pero toda la humanidad está en riesgo extremo.

En este momento los gobiernos europeos saben del riesgo de insurrección de la población, basta ver lo que está pasado en Reino Unido, los avisos en España, Alemania y Francia, y recordar las movilizaciones de los chalecos amarillos en Francia o el transporte en España. El fascismo acecha en Italia sin camuflaje. Es evidente que hay que intervenir sobre los precios de la energía y subvencionar su acceso a las capas más desfavorecidas. Acabar con el mercado eléctrico marginalista era una necesidad antes de la guerra en Ucrania, ahora es imperioso. Produce beneficios caídos del cielo a las eléctricas y energéticas, propiedad de señores que viven en mansiones lujosas para los que el mundo es un cortijo de su propiedad.

Pero no basta. Mucho menos quedarse solo en la extensión del “modelo ibérico”. Se precisa un verdadero control público de todo el proceso de producción, distribución y comercialización de la energía. Se precisa al estado como propietario. Son imprescindibles empresas públicas de energía y banca pública que las ampare en caso de necesidad. Empresas que, en competencia con las privadas, establecerían directamente las condiciones para que el acceso a la energía no fuese un factor determinante en el incremento de la desigualdad. Esa es la auténtica reforma del mercado energético que necesitamos en España. Y ayudar a parar la guerra. Dicen, como siempre, que no se puede, pero sí, sí que se puede.

Publicado en La Voz del Sur y en La Última Hora Noticias

domingo, 19 de junio de 2022

La suma no es más


Lo dramático de este artículo es que estaba escrito hace una semana. No lo publiqué para no meter distorsión en una campaña de la izquierda que ya venía cuesta arriba desde las fotos de la feria de abril.

Queda demostrado que tratar Andalucía como colonia cuando se viene por la izquierda no produce resultados. Los mejores resultados de Julio Anguita, andaluz de Córdoba, llevaban el marco “Convocatoria por Andalucía”. Nadie vino de Madrid tocando la gaita a decir lo que teníamos que hacer sin saber bailar sevillanas, mucho menos sin querer aprender a bailarlas. La foto de la feria de Sevilla lo dejó claro. Canjear Andalucía por Madrid se paga. Cuando el referéndum del 28F de 1980 la derecha ucedista pagó con 37 años aquello de “Andaluz este no es tu referéndum”.

Desde la foto de la feria de abril hasta el acto de Por Andalucía en Málaga el día 12 de junio, pasaron semanas sin que se viesen banderas de Andalucía de forma relevante, ni en el escenario ni entre el público. Las banderas no son trapos, como las palabras no son letras, son símbolos, tienen semántica y etimología. En Andalucía, la bandera republicana es la verdiblanca. La que Abu Asbag iben Arqam, poeta andalusí de la cora de Guadix, describe sobre la alcazaba de Almería en el siglo XI: Una verde bandera, que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón, despliega sobre ti un ala de delicia, que ella te asegure la felicidad al concederte un espíritu triunfante. La primera referencia escrita a una bandera europea. En Andalucía, desde 1977, la bandera de la libertad es la arbonaida. Por lo que significa: escuelas gratis medicina y hospital, que vuelvan pronto los emigrantes, haya cultura y prosperidad. La murga de los currelantes no se canta con gaitas ni con eses silbantes.

Andalucía es la clave de bóveda de un proyecto posible plurinacional para España. Que la haya tomado la derecha va a obstaculizar ese proyecto. Tamaño, población e identidad fuerte, tan fuerte como que no necesitamos idioma propio para sentir Andalucía en las venas. Nuestros acentos, diversos y del sur, y nuestro flamenco universal son nuestro idioma. Oír a Rigoberta Bandini, a la que podemos admirar, en los actos de Por Andalucía, da una idea de cómo se ignoraba nuestra fuerza cultural. Esa que hay que poner al servicio de un proyecto andaluz y de estado de profundización democrática, un proyecto plurinacional con Andalucía como la que más. Esa que es el imprescindible sostén para luchar contra las causas estructurales de nuestra desigualdad. Otra vez será para la izquierda andaluza, en Andalucía el andalucismo es pan de futuro.

En Andalucía, la bandera republicana es la verdiblanca

El punto virtuoso del papel de Andalucía por sí, por los pueblos, por España, por la humanidad es el cruce entre la defensa de nuestros intereses y la voluntad de poder andaluz y poder en el estado, voluntad de gobierno y voluntad de sumar a un bloque de dirección histórica confederal capaz de defender un proyecto de ruptura con el régimen del 78. Como Melenchón en Francia pero a la española, es decir, a la andaluza.

Lo ha escrito Ivan Redondo, proyecto Yolanda Díaz sí, pero con el motor Podemos y creyéndose de verdad la plurinacionalidad en Andalucía. Veremos próximamente si la conductora ha gripado su futuro en la feria de abril. No porque Podemos sea lo más de lo más, sino porque es símbolo, como la bandera de Andalucía, de proyecto de voluntad de poder. No solo de voluntad de hacer el papel de una izquierda del PSOE dócil. Efectivamente los partidos no son lo relevante, lo relevante son los proyectos políticos que defienden. La suma no es más, ha quedado demostrado, la suma es tener un proyecto de estado que no sea un PSOE Bis, con el que parecen estar encantadas las baronías del PSOE, los poderes mediáticos madrileños y hasta las derechas centralistas. La suma no es tener un proyecto sin verdadera voluntad de poder, la suma no puede ser la construcción de un nuevo Ciudadanos con apariencia de PSOE por la izquierda, la suma no es afirmar la plurinacionalidad y bloquear el poder andaluz con alianzas forjadas en Madrid.

Publicado en La Voz del Sur y en La Última Hora Noticias

viernes, 17 de junio de 2022

Andalucía, ¿tierra de esclavos?


Andalucía es nuestra matria, tierra de promisión, espacio de cultura milenaria y ámbito por el que lucharon y se sacrificaron las generaciones pasadas. Este 19J Andalucía se juega seguir siendo tierra para la convivencia en paz de las actuales y futuras generaciones, o doblegarse como tierra de esclavos. Debemos construir un país próspero y culto y no un territorio de esclavitud sometido a los designios de capitales externos o a dirigentes de otros pueblos o regiones políticas. O sometido al centralismo de Madrid.

Por eso es tan importante en este momento votar pensando en Andalucía. ¿Y qué significa votar pensando en Andalucía el próximo 19 de junio? Significa elegir opciones electorales progresistas y de izquierdas. El voto progresista es una obligación de todos los que anhelamos una vida justa, digna y con igualdad de oportunidades para todo el que viva en Andalucía, haya nacido aquí o en otro lugar del mundo. Defendemos el voto ideológico porque es el que más puede beneficiar la vida de andaluces y andaluzas, de las empresas y de los autónomos de nuestra tierra, de nuestra nacionalidad histórica constitucional.


Pedimos el voto para la izquierda porque sabemos que, si el 19J vence la derecha, la desigualdad seguirá creciendo en los próximos años. Que si no gana la izquierda progresista peligrarán muchos derechos cuya conquista ha costado sangre y sufrimiento a varias generaciones de andaluces y andaluzas. Andalucía perderá el tren del progreso y será empujada al corral de las colonias de Madrid, relegada a la condición de patio trasero de España. Eso, que ya sucede de un tiempo a esta parte, se acelerará de forma vertiginosa si se registra una victoria rotunda de la derecha. Si el 19J gana la derecha, gana el patriarcado y pierden las mujeres de nuestra tierra.


La derecha se empeña en lucir la etiqueta de moderada, cuando en realidad su etiqueta es la de la indolencia, ha gobernado Andalucía de manera continuista y pasiva, mirando al pasado lejano y al pasado reciente, la ha gobernado apoyada desde fuera por quienes solo inyectan conflicto y violencia en las relaciones sociales. La suma de las derechas formará un gobierno con la extrema derecha en su seno, un gobierno cuyos intereses no sólo están fuera de Andalucía, sino que son contrarios a Andalucía. Su candidata ni siquiera reside en Andalucía. La derecha y la ultraderecha quieren apropiarse de Andalucía para someterla al centralismo colonial, entregarla a los intereses de las fortunas radicadas en el paraíso fiscal que es Madrid. Son derechas que llevan todo este tiempo intentando enterrar el nombre de Andalucía bajo la palabra España.


Tenemos que decir a las claras que el actual gobierno andaluz de derechas sintoniza con la ideología de la barbarie. Si la derecha y la ultraderecha suman, como indican las encuestas, la barbarie entrará en el gobierno andaluz. Andalucía estará gobernada por gente que apoya llevar armas, que no reconoce la existencia de la violencia machista, que desprecia la ciencia y niega el cambio climático y sus consecuencias, que coquetea con los movimientos antivacunas y los terraplanistas. Gente que defiende que sólo quienes puedan pagárselo tengan asistencia sanitaria, educación u otros servicios imprescindibles para una vida digna y con igualdad de oportunidades.


Por todo eso, votar Andalucía este 19J es impedir que nuestra tierra se convierta en un valle de lágrimas para las mayorías sociales. Mayorías que necesitan justicia fiscal y no reducción de impuestos a las rentas altísimas o a los ricos. Andalucía necesita un gobierno que se tome en serio los grandes servicios públicos, que aumente la inversión en sanidad, educación, universidades, cultura, políticas de igualdad, tejido empresarial e industrial y protección ambiental. En definitiva, que se tome en serio nuestro Estatuto de Autonomía.


Votar Andalucía es votar para tener un gobierno que no busque el enfrentamiento con otros pueblos y naciones del estado. Para tener un gobierno que exija las inversiones que nos corresponde por tamaño territorial y poblacional y para reducir los déficits estructurales de inversión pública, que hasta ahora han servido fundamentalmente para profundizar en el poder centralista de Madrid. Madrid no es España y Andalucía no puede ser propiedad de Madrid.


Andalucía necesita un gobierno que exija inversiones ferroviarias que articulen nuestro territorio y lo conecten ágilmente con Europa y África. Un gobierno que exija inversiones en industria, que ponga Andalucía a la vanguardia de las energías renovables, de la agroecología, de la economía de la salud, de las tecnologías electrónicas, de la industria cultural. Un gobierno que reduzca nuestra dependencia de sectores como el turístico o la construcción, que van al límite de sus posibilidades de desarrollo. 


Andalucía necesita un gobierno que promueva una economía con mayor productividad y valor añadido, al tiempo que garantice trabajo digno, con derechos y reducción drástica del desempleo. Un gobierno que corte la sangría que supone la emigración de nuestra juventud, la mejor formada y peor tratada de la historia. Que reduzca los altos índices de pobreza, desigualdad y agresiones ambientales que sufre Andalucía.


Desde la asociación Andalucía y Democracia creemos que hay motivos más que suficientes para movilizarse, para ir a votar mirando al futuro, al progreso. Votar a la izquierda es poner nuestra fuerza como pueblo al servicio de nuestro futuro. Votar a la derecha es poner nuestra fuerza a trabajar en beneficio de intereses extraños a nuestra tierra. El 19J hay que votar con la alegría y la esperanza de que lo hacemos por nuestra matria, Andalucía.


Andalucía y Democracia


Publicado en La Voz del Sur y en Publico


lunes, 6 de junio de 2022

La opinión publicada ceniza


Escribe Ignacio Sánchez Cuenca en CTXT un artículo titulado La izquierda ceniza en el que acusa a la izquierda, no quiere ser explícito en el señalamiento, de no alegrarse con los pequeños logros sin tener por ello que renunciar a seguir en las denuncias y luchas contra las situaciones de opresión y desigualdad que se enquistan. Con buen criterio el texto ha sido enmarcado por Contexto y Acción con la palabra en mayúsculas DESMOVILIZACIÓN. De modo que no soy solo yo quien piensa que existe una opinión publicada ceniza, en el campo progresista. Siempre que la izquierda toca o puede tocar bola con poder real para transformar la realidad en favor de amplias mayorías sociales aparecen cenizos en el campo de la opinión publicada.

El caso está en que la intencionalidad del artículo es, a primera vista, elogiable. Alegrarse produce dopaminas, le viene bien a la izquierda ser alegre. La esperanza en la izquierda no nace del gruñido, ni de la melancolía, ni del anuncio del colapso. Alguien dijo alguna vez que ningún triste gana elecciones. Matizo lo de la esperanza en la izquierda, porque la izquierda no promete, como hace la religión, consecuencia de nuestras acciones en la tierra, un reino de los cielos. La izquierda busca que la vida para todo el mundo sea mejor y no un valle de lágrimas.

Sánchez Cuenca se comporta como el profe que regaña al alumnado que asiste a clase por el comportamiento indolente de quienes no asisten. Regaña a la izquierda que empuja mejoras desde el gobierno por el comportamiento de quienes no quieren gobernar en su pureza o de quienes, gobernando, llevan el freno de mano echado para limitar el alcance de sus promesas electorales. Del mismo modo que otros enmarcan los déficit educativos del comportamiento social, en la culpabilidad de los centros de enseñanza y su personal docente, cuando en realidad buena parte del problema está en los mensajes que lanzan las grandes cadenas de televisión a padres, madres, niños y niñas con su programación basura y sus fake, su griterío sin argumentos y su falta de interés por la verdad. Ni el feminismo, ni la ecología, ni la lucha contra la xenofobia, la homofobia o la desigualdad, triunfarán si antes no ha triunfado la democracia en los grandes medios. Y si no ha triunfado es por una cuestión de propiedad, de capital, de quien tiene el parné, aunque pueda haber ejemplos de que el oligopolio mediático puede enfrentarse con inteligencia comunicativa.

Le disculpo a Sánchez Cuenca, la alusión a la energía nuclear de fusión, que pone como ejemplo de esperanza que la izquierda no es capaz de admitir. El autor de La izquierda ceniza no sabe de lo que habla en este tema. Sin entrar en que esa energía hace decenios que siempre se promete para de aquí a cincuenta años, desconoce por completo las consecuencias políticas de tamaña concentración de poder energético y las entrópicas, físicas, de una disponibilidad de energía atómica a ojos humanos infinita.

Pero al tema. Me pregunto: ¿a qué izquierda actual se refiere con el calificativo de ceniza? Y, si existe, ¿tiene ocupado tanto espacio como el autor hace ver? ¿No estará contribuyendo Sánchez Cuenca a amplificar su importancia como aquello de "No pienses en un elefante"? Yo lo que veo es una izquierda en el gobierno que consigue cosas, algunas muy relevantes en plena pandemia, y a otras izquierdas y menos izquierdas del bloque de investidura que tensan al PSOE por la fuerza de los números en el Congreso a posiciones sociales, progresistas, ecologistas, feministas republicanas y plurinacionales. ¿No será que el problema está en que los grandes medios de comunicación públicos y privados son muy mayoritatiamente de derechas y alimentan, como si de un fantasma se tratase, la idea de la existencia real de una izquierda ceniza? Para que periodistas, tertulianos y demás progresía mediática hable de que el problema es la izquierda ceniza, cuando en realidad el problema son ellos mismos y el propio PSOE, cuyo freno de mano a los avances echa chispas produciendo carbonilla y cenizas en el motor del cambio hacia una profundización democrática.

Eso sí, como se está demostrando en la campaña electoral andaluza, tanto el candidato del PSOE como Pedro Sánchez lucen en sus mítines y entrevistas todos los logros que les ha sacado la izquierda ceniza con inteligencia, alegría y tesón. ¿No será que hay una opinión publicada que, queriendo o sin querer, está tratando, como hicieron cuando Julio Anguita, reducir la actual fuerza gubernamental de la izquierda a ceniza para que su señalamiento cenizo se cumpla de verdad? A Anguita, desee posiciones similares, lo llamaron también iluminado y cenizo. ¿No será que en la capital del reino se oyen cantos de sirena para que la izquierda gourmet se desprenda de la izquierda para acabar luego achicharrada entre las cenizas?

miércoles, 27 de abril de 2022

Que Andalucía vote por Andalucía

El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha convocado elecciones arrastrando los pies. Toda la legislatura agradecido, en la práctica, al legado de Susana Díaz. Ninguna iniciativa política en defensa de intereses transversales del sistema productivo andaluz. Continuidad. Andalucía sufre un gobierno mortecino, dependiente de los intereses partidistas del PP con sede en la capital del reino.

Si la autonomía andaluza, conseguida mediante la movilización, 4D de 1977, y el ejercicio del derecho a decidir, 28F de 1980, se relaciona con la educación y la sanidad pública, el retorno de la emigración, la asunción de la cultura propia como elemento de identidad universal y con la prosperidad transversal y su distribución territorial, el presidente andaluz es antiandalucista, tanto como el nacionalismo español de Ciudadanos o Vox.

Todo lo que simbólicamente representa la bandera de Andalucía va en retroceso. El gobierno del PP y Ciudadanos ha ignorado derechos sociales, ambientales, laborales, de género, de memoria histórica, y culturales. Un imposible retorno al pasado de la economía del crédito y la especulación urbanística. Desarrollo agrario, industrial y tecnológico, cero. Desempleo estructural, emigración cualificada, escasez de oferta pública de empleo y precariedad laboral, mil. Privatizaciones, adelante España.

El bloque de dirección de estado, en definición estratégica de Pablo Iglesias, es plurinacional. Sin reconocimiento de la plurinacionalidad es imposible tener fuerza de cambio progresista. El PSOE juega en el pliegue entre España entendida como un corsé centralista monárquico limitante de derechos, lo que asume como partido del régimen, y la España plurinacional, mosaico con características políticas, económicas y culturales diversas, obligado por los números parlamentarios.

El neoliberalismo busca la anulación de los poderes territoriales para reducir la complejidad de sus relaciones de fuerza. El federalismo republicano, confederalismo si quieren, es el marco político más potente para enfrentarse al proyecto de la derecha de poner el estado al completo servicio de las elites globales. Ignorar políticamente la potencia política y cultural de Andalucía, como elemento decisivo en el avance hacia la democratización del estado, es dejar las puertas abiertas para la expansión de la ultraderecha. Lo que hizo el PSOE susanista hasta que las elecciones de 2018 lo extrajeran del poder.

El presidente andaluz colocó en su solapa la corona real sobre el escudo de Andalucía. Vasallaje. Un proyecto andaluz que aspire a gobernar de verdad democratizando las relaciones de poder, debe poner en el centro el republicanismo federal. Las elecciones andaluzas del 19 de junio las convoca un presidente que arrastra los pies para eludir los debates que a Andalucía importan. El frente progresista, con voluntad de poder, conformado en torno a Podemos Andalucía e IU-A, ha de activar la esperanza instigando que Andalucía vote por Andalucía.

domingo, 10 de abril de 2022

Andalucía, la bandera es nuestra esperanza

Se aproximan las elecciones andaluzas. Toni Valero, líder de IU Andalucía, reflexionaba en Córdoba sobre el frente amplio andaluz. Su discurso definía un amplio marco progresista para cultivar la esperanza: el andalucismo de izquierdas federal y republicano, clave de bóveda para que Andalucía se defienda a sí misma y sume en un estado plurinacional justo. Ese marco trazado con los vectores del feminismo, el ecologismo y el socialismo es la puerta de la esperanza en Andalucía.

Que el PP está maniatado por Vox es una realidad tangible. Imposible un PP centrado, europeísta y democrático por mucho que Feijóo se empeñe y Sánchez ayude. Da lo mismo que sea estrategia de comunicación o trasunto veraz, la moderación práctica del proyecto conservador español es, hoy por hoy, una ilusión óptica. El PP, tres veces condenado por corrupción, lleva en su cogote el rugido neofascista. Si fiscalía y justicia investigan en serio el latrocinio comisionistade Ayuso y Almeida, consumado mientras morían ancianos abandonados en las residencias y circulaban fakes con ataúdes en la Gran Vía, se limitará el campo de reconversión del voxificado PP, al tiempo que se fortalecerá, por desplazamiento espectral, el espacio de ultraderecha.

Los medios de comunicación españoles, domiciliados en Madrid, han construido un fortín ultra. Las elecciones andaluzas revelarán si los grandes grupos de comunicación están dispuestos a achicar el espacio de Vox o a sostenerlo. Andalucía no tiene ecosistema mediático propio. La prensa y las televisiones hechas desde Madrid despacharon a Albert Rivera en tres semanas, a Pablo Casado en tres días. ¿Derribarán a Vox? No está en sus planes. Ese es el gran problema de la supuesta estrategia de moderación de Núñez Feijóo y Moreno Bonilla.

El presidente andaluz del PP pedirá el voto útil del PSOE con el argumento de que así anulará su dependencia de Vox. Pretende capturar el voto del hundimiento de Ciudadanos y aumentar el espacio por el llamado “centro izquierda”. Tiene sentido, la marca PSOE-A es una vieja conserva en la despensa de parte de su electorado más derechizada. Los dóberman se soltaron contra Cataluña, ladran en Madrid y campean en Andalucía. Si le dan los números Juan Manuel Moreno Bonilla gobernará con Vox.

La izquierda andaluza aventura la construcción estratégica de la esperanza. Pensar en términos electorales hoy es pensar más allá de los resultados en las elecciones andaluzas. La ambición política requiere activar un proyecto andaluz engarzado en un proyecto democratizador de estado. Sumar es responsabilidad y lealtad, la unidad basada en puestos en listas es trágica. La esperanza andaluza la cantó Carlos Cano“Amo mi tierra, lucho por ella, mi esperanza es su bandera, verde, blanca y verde”. Las banderas, como las palabras, tienen semántica y etimología. La andaluza es pueblo cultural e histórico, federal y republicano, es democracia y derechos. Lo que Toni Valero expuso como elementos sonoros constitutivos del frente amplio andaluz. La verdiblanca debe ocupar lugar privilegiado en ese proyecto federal de la izquierda andaluza. La bandera es su esperanza, la esperanza es nuestra bandera.

lunes, 4 de abril de 2022

Feijóo usa la palanca andaluza


Ignorar una comunidad de tamaño territorial y poblacional equiparable a Austria o Portugal, con sensibilidad histórica electoral progresista, al contrario que Castilla y León, es tácticamente falta de ambición de victoria, estratégicamente carencia de proyecto de país. Andalucía con más del triple de población que Galicia, aporta al Congreso sesenta y un representantes, Galicia veintitrés.

Alberto Núñez Feijóo no ignora Andalucía, se apoya en Juan Manuel Moreno Bonilla, oculta el España es Madrid de Isabel Díaz Ayuso, y marca distancia con Vox afirmando la diversidad del estado de las autonomías. En el XX Congreso Nacional Extraordinario del PP, celebrado este pasado fin de semana en Sevilla, Feijóo se definió en la España que dibujó Andalucía en la constitución de 1978 y ratificó en referéndum el 28 de febrero de 1980. El nuevo presidente Popular busca gobernar España algún día abriendo la posibilidad de apoyo al PNV y a la derecha catalana, algo imposible con un PP montaraz que siguiese la estela de Vox.

Pedro Sánchez ignora Andalucía. Al contrario que en Cataluña, donde depositó todo su potencial con el exministro Salvador Illa, el PSOE en el sur es la continuidad de Susana Díaz sin Susana Díaz. El mismo que agarró la bandera de España contra Cataluña alineado con el discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017, el que abrió la cancela a los dóberman de Vox. Antes había olvidado la bandera andaluza de los derechos sociales, deteriorado el Servicio Andaluz de Salud y la educación pública, y aplicado los recortes de Rajoy con disciplinada “lealtad institucional”. El candidato, desconocido fuera de Sevilla, Juan Espadas, parece menos autonomista que el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, menos que el Núñez Feijóo del discurso del sábado, 2 de abril, en la capital andaluza.

Feijóo intentará recuperar el gobierno del estado para la derecha trazando un mapa estratégico conservador con línea de fuerza atlántica, Andalucía-Madrid-Galicia. Sobre ese eje fortalecerá el conservadurismo hispano e intentará reducir el campo dóberman. Si la fiscalía europea tira de la manta de los contratos pandémicos de Madrid, le será de utilidad para debilitar el voxismo liderado por Díaz Ayuso y su apoyo mediático madrileño. El eje conservador atlántico es el pasado, el mismo pasado que el PSOE añora cuando tira del freno de mano de los avances sociales, ambientales, de género y democráticos dentro y fuera del gobierno de coalición.

La confrontación estratégica para el avance progresista democratizador pasa por el empuje de la línea mediterránea europeista: Andalucía-País Valencià-Cataluña. Como dice Enric Juliana: mapas, mapas, mapas. El proyecto estratégico de estado federal es la idea fuerza del progresismo democrático en España. Andalucía, por su peso, inclinará la balanza hacia el eje atlántico o hacia el mediterráneo. Al bipartidismo conservador puede enfrentarse un proyecto de bloque histórico democrático con voluntad de poder, voluntad de gobierno de estado, defendido sobre un contrafuerte de federal. El PSOE tendrá que decidir pasado o futuro; Feijó le tenderá trampas bajo el epígrafe de pactos de estado.

Al PP le ha salido bien su XX Congreso celebrado en Andalucía. No sería raro que el presidente andaluz convocase elecciones para junio. ¿Para qué esperar más en tiempos políticos tan convulsos pudiendo surfear con Feijóo la estela de la “moderación”? Sin oposición auténtica por parte del PSOE, la urgencia en la izquierda andaluza cobra intensidad. Se requiere un proyecto estratégico electoral federal que apunte al futuro. Sin liderazgo aún definido en Andalucía, su fuerte identidad cultural y progresista vería con buenos ojos que el potente liderazgo estatal de Yolanda Díaz, demostrada su capacidad de gestión, ayudase en el sur.

Lo importante no es las sumas de siglas, aunque sea bienvenida. Demasiada mitología mediática interesada en amplificar la idea de división de la izquierda andaluza, como si Andalucía fuese Sevilla. Lo relevante es un proyecto propio que afronte los problemas estructurales de la tierra que dibujó el mapa autonómico del estado. Partimos de un sistema de salud pública debilitado, un sistema educativo en estado crítico, mucha precariedad laboral y desempleo, desindustrialización, desarticulación territorial por ausencia de ferrocarril, centralismo de poder capitalino, deterioro de las condiciones de vida en el campo, y de una economía que, a pesar de nuestro potencial renovable, está enchufada a los fósiles.

Los marcos progresistas de la justicia federal, la auténtica bandera blanquiverde, están en los campos semánticos de la ecología y el feminismo bajo el paraguas de defensa y reivindicación de derechos sociales y democráticos. Soberanía, con voluntad de tener peso en la transformación del estado, con voluntad de poder, voluntad, no de Pepito Grillo, sino de gobernar dentro y fuera de Andalucía.

El campo democrático progresista necesita la fuerza de Andalucía para tener fuerza en el resto de España. La Andalucía progresista, construyendo su futuro, puede ayudar estratégicamente a construir el del estado. Núñez Feijóo y Moreno Bonilla no ignoran Andalucía, por eso se disponen a usar la palanca andaluza para afianzar su conservadurismo. Pedro Sánchez y Juan  Espadas, si lo saben lo ignoran. La izquierda progresista, feminista y verde ni debe ni puede desconocer el peso del sur.

Publicado en La Última Hora

martes, 8 de marzo de 2022

Contra el ardor guerrero

 


La invasión de Ucrania por Rusia es un acto criminal e ilegal. Las cifras de refugiados son el mayor indicador de la barbarie de la guerra iniciada por Valdimir Putin. La guerra es el fracaso de la diplomacia. Pinta que la verdadera intención de llegar a acuerdos con Rusia por parte de los EE.UU y la UE ha brillado por su ausencia. Lo que sabíamos es que el gobierno ruso pedía que Ucrania no se integrase en la OTAN. Moscú no podía entender la implantación de misiles a menos de seiscientos kilómetros del Kremlin.

Dos crisis similares el siglo pasado se saldaron con acuerdos diplomáticos, la de los misiles de Cuba y la de los Pershing en la alemania federal. Los misiles con capacidad nuclear se retiraron. Eran tiempos de guerra fría, la escasez de combustibles y de materias primas, junto con el cambio climático, no se habían revelado como auténticos límites a los modelos productivistas de un lado y otro del telón de acero.

Los EE.UU tienen gravísimos problemas internos y externos. Se han visto con el asalto al capitolio y con la retirada de Afganistán. Su hegemonía imperial está en decadencia. China, sin actitud gendarme bélico, ha conseguido ser la fábrica del mundo, mantiene relaciones comerciales de mutuo interés con multitud de países. El sudeste asiático, India, Pakistán, más de la mitad de África y buena parte de América latina tienen fuertes vínculos de mercado de materias primas y manufacturas con China.

Europa, a las órdenes del neoliberalismo angloamericano, entregó las fábricas a China y el modelo neoliberal de política financiera al FMI. La crisis que emerge en 2008 es la de un modelo económico que vivió durante, al menos, dos décadas con los pies colgando, sin conexión con la economía real. La economía del crédito quebró y arrastró España a la catástrofe. Sufrimiento, desahucios, suicidios, emigración cualificada, precariedad, ausencia de oferta de empleo público, sumen y sigan.

Llegó la pandemia y reveló la verdadera situación de Europa. Dependencia de materias primas, productos sanitarios y tecnológicos, dependencia agraria y, lo peor, dependencia energética. Todo ello sin política exterior propia ni modelo defensivo desconectado de los intereses del imperio americano.

España se ha puesto a la cabeza europea del ardor guerrero. Ni Makron en Francia, potencia nuclear con el mayor ejercito de la UE, ni Scholz en Alemania, enganchada al gas Ruso, ni Draghi en Italia, con fuertes intereses comerciales en Rusia, hinchan tanto el pecho bélico como el presidente del gobierno de España. Aquel viejo OTAN de entrada no, que dijeron que no era para entrar en su estructura militar, ha devenido un OTAN sí con todas las consecuencias. Borrel es el máximo representante de la antidiplomacia europea al servico de intereses geoestratégicos que condena a Europa a la dependencia y la decadencia.

Sé que vivimos un momento critico. No soy amigo de la certeza. Le leí una vez a George Steiner que la ciencia está llena de verdades enterradas. Me parece que hay una parte de la izquierda que no ha comprendido el momento histórico. Que, con sus razones, vive anclada emocionalmente en un tiempo mítico de luchas anterior a la bomba de Hiroshima. Costó mucho que la izquierda interiorizara la fuerza de la razón del feminismo. El ecologismo, con su pacifismo inherente, son vectores contituyentes del ecofeminismo. Alinearse con el PSOE de Sánchez en su ardor guerrero y el envío de armas ofensivas a Ucrania, para que la población se enfrente a uno de los ejercitos más poderosos, tecnificado y nuclear, es una nueva forma de subalternidad. Enfrentarse a Rusia con la OTAN, única forma de equilibrar el conflicto, es un suicidio nuclear colectivo.

Cuando vengan los próximos recibos de la luz, cuando la inflación se salga de todo límite, cuando llenar el depósito sea un drama en el bolsillo, cuando el peso de los salarios se reduzca ante el precio de las cosas de consumo habitual, cuando las cancillerías europeas se reúnan para decidir quién y cómo paga la factura directa e indirecta de los daños de guerra, al PSOE le bajará la fiebre bélica. Porque las intenciones son, como siempre, que la factura de esta guerra de invasión de Rusia la paguemos el pueblo llano, como siempre. Unos lo pagarán en muerte y otros deteriorando su vida y sus derechos.

La paz y la diplomacia son el único camino camino. Hoy no a la guerra es no al envío de armas a Ucrania para que muchachos, hombres y ancianos sean carne de cañón ruso.

Publicado en La Voz del Sur