domingo, 1 de octubre de 2023

Cinco votitos tiene la loba

(I-D) La secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030 en funciones, Ione Belarra; la ministra de Igualdad en funciones, Irene Montero; y la portavoz del partido Isa Serra; saludan en un acto de Podemos, en el Teatro Fernando de Rojas, CBA, a 16 de septiembre de 2023, en Madrid (España). El acto tiene el objetivo de reivindicarse como la “única fuerza transformadora” ante el riesgo de quedar invisibilizados dentro de Sumar. Asimismo, desde la dirección del partido, ‘’quieren que el acto sirva de rearme ideológico de los morados ante el nuevo curso político en el que mantienen la tensión con Sumar’’. Podemos pasó de 23 a 5 diputados en el Congreso tras las pasadas elecciones del 23 de julio. El evento se iba a celebrar en el barrio de Lavapiés, pero debido a la previsión de lluvias, ha sido trasladado al Círculo de Bellas Artes.
16 SEPTIEMBRE 2023;PODEMOS;FORMACIÓN MORADA;PARTIDO POLÍTICO;IZQUIERDA;UNIDAS PODEMOS;CBA;MITIN;CÍRCULO DE BELLAS ARTES;ERC
Ricardo Rubio / Europa Press
16/9/2023

La investidura fallida de Alberto Núñez Feijóo, amparada por Felipe VI, define un bloque reaccionario formado por el rey, VOX y el Partido Popular. Un bloque controlado y alimentado por las derechas mediáticas, las altas esferas de la Judicatura y los elementos familiares franquistas incrustados en el Estado profundo. PSOE y Sumar han legitimado la propuesta de investidura del candidato del PP sin chistar.

El presidente del Partido Popular gana tiempo para su consolidación como líder de la oposición, corrige su gran error de campaña (no ir al debate entre candidatos) y prepara la estrategia de la tensión permanente para la legislatura que se abre, con la implacable perspectiva de que el independentismo catalán consiga una amnistía que corrija los desmanes políticos y judiciales que llevaron al exilio y a la cárcel a personas que solo ejercían derechos democráticos.

Por su parte, Pedro Sánchez aprovecha la investidura fallida para pasar por la izquierda a Sumar. Óscar Puente ha suplido el “ruido” que Podemos hacía en los debates parlamentarios y en sus intervenciones públicas. Sánchez, que tiene calado a Sumar, necesita un ruido que exija pocas nueces. Sin el empuje de Podemos, el presidente en funciones del Gobierno prepara una legislatura fake en derechos sociales, feministas y ecológicos. Ruido contra el bloque reaccionario, pero no nueces para las clases populares, las mujeres o el medio ambiente.

El gran ausente de la investidura fallida ha sido Podemos, el partido de Estado que defendió siempre la plurinacionalidad, cuyo liderazgo habló con Puigdemont en el exilio y se reunió con los presos de ERC en la cárcel, dando carta de naturaleza política —como por obligación hace ahora el PSOE— a la cuestión independentista catalana. El partido que impugnó el bipartidismo, que logró los mayores avances democráticos desde la Transición, que naturalizó el Gobierno de coalición sufre, desde la foto de Valencia (de noviembre de 2021), codazos para sacarlo del escenario.

El enésimo veto de Yolanda Díaz a Podemos anuncia su exclusión del Gobierno de coalición. La bondad tiene límites; están en juego avances democráticos y derechos para las mayorías. No bastará la amnistía, es preciso un compromiso multilateral, como ha dicho Gabriel Rufián, o plurilateral en un país plurinacional, como diría yo, que busque una solución estable a la cuestión territorial. La extracción de concentración de poder centralista en Madrid para repartirlo en todas las escalas y, por supuesto, en la escala de las naciones políticas que integran el Estado (Galicia, Euskadi, Cataluña y Andalucía) debe ser un objetivo compartido.

Podemos tiene cinco votos, cinco votitos tiene la loba. Sumados a los del BNG (uno), Bildu (seis) y ERC (siete) son diecinueve. Una suma que, con Irene Montero en el Ministerio de Igualdad para consolidar derechos feministas y LGTBI y avanzar en ellos, tendría garantizada la representación gubernamental de la izquierda plurinacional y soberanista que defiende el avance en derechos sociales, territoriales y ecologistas.

Publicado en Diario Red

sábado, 23 de septiembre de 2023

Puigdemont, Urkullu y los pactos de la Moncloa

Europa Press / Europa Press

Tanto la propuesta de acuerdo histórico de Carles Puigdemont para negociar la investidura de Pedro Sánchez, como la propuesta del Lehendakari Íñigo Urkullu de una convención constitucional para reinterpretar la CE del 78 en términos plurinacionales, con bilateralidad entre Euskadi, Galicia y Cataluña, tienen relación con los Pactos de la Moncloa que, tras la muerte del dictador, prepararon la transición hacia un sistema democrático homologable en la Unión Europea de la época. Hay un hilo histórico que conecta las propuestas de las derechas vasca y catalana actuales con los pactos de la Moncloa.

Quieren llegar a un acuerdo de reparto de soberanías con el estado que permita a las elites burguesas de esos territorios manejar parte de las plusvalías del trabajo, ambientales y de la explotación de la función de reproducción social de las mujeres. Esas plusvalías de reparto las extrae el poder radicado en Madrid de la España vaciada, de sus propias clases trabajadoras y subalternas y de territorios que funcionan como colonias interiores, como es claramente el andaluz. Pedro Sánchez busca ese acuerdo con PNV y Junts, al que pretende arrastrar sin condiciones a las fuerzas de izquierdas, independentistas, soberanistas, plurinacionales o, sencillamente, sociales.

En la transición las elites vasca y catalana, junto con el postfranquismo, representado por UCD, la monarquía y el empuje social de PSOE, PCE, UGT y, sobre todo, CC.OO, alcanzaron un acuerdo histórico al que llamaron Pactos de la Moncloa. Se trataba de superar la crisis económica interna y preparar las bases constitucionales del régimen del 78. Los pactos de la Moncloa incrustaron el franquismo en la democracia, cargaron sobre la clase trabajadora el peso de la crisis y pretendieron excluir de soberanía propia al resto de territorios que no fuesen Euskadi, Cataluña y Galicia. Las dos primeras intenciones salieron según lo previsto.

La tercera no, Andalucía se cruzó en el camino por la irrupción poderosa del andalucismo político que reclamó “poder andaluz”. Eso forzó a los padres de la CE a incluir el leonino artículo 151 de la CE y, posteriormente, en 1983, a llegar a una acuerdo bipardista para redactar la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico para desdibujar la plurinacionalidad de Cataluña y Galicia (Euskadi tenía reconocimiento foral constitucional), a la vista de que Andalucía consiguió su estatuto de nacionalidad histórica en 1980, vía ejercicio del derecho a decidir, rompiendo todos los planes asimétricos.

Estos días Pedro Sánchez busca un pacto de investidura que le entregue soberanía fiscal y económica a las elites vasca y catalana, e ignore la necesidad de avances democráticos feministas, ecologistas y sociales. Una especie de nuevos pactos de la Moncloa pero sin la derecha española devenida ultraderecha. Como avanzadilla, Sumar (sin Podemos) se entrega a sondear y confrontar los límites de ese acuerdo de derechas en perfecta sintonía con el sanchismo. El PSOE le prepara a Yolanda Díaz lentejas, mientras la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ajusta la billetera.

Las izquierdas soberanistas y plurinacionales, Podemos, Bildu, BNG y ERC, saben que existe explotación de clase, ambiental y sobre las mujeres, pero también de unos pueblos sobre otros vía pactos entre sus elites económicas. Consiguientemente, al igual que los poderes de derechas vasco y catalán preparan su alianza de recuperación del bipartidismo, convendría pensar una alianza por la izquierda dirigida a la superación de lo que trajeron aquellos pactos de la Moncloa. El riego de no avanzar por ahí, a más de acrecentar las desigualdades ínter y extra territoriales, es que el bloque de ultraderecha que conforman PP, Vox y Felipe VI, utilice la desigualdad real entre pueblos para articular un nuevo “a por ellos” que impida el avance plurinacional republicano y las legítimas demandas de soberanía.

lunes, 18 de septiembre de 2023

El acuerdo histórico de Puigdemont y Andalucía

 El acuerdo histórico de Puigdemont, en la imagen de archivo, y Andalucía.

Ni unilateralidad, imposible en una Unión Europea a la que le cuesta aceptar lenguas de naciones sin estado, ni bilateralidad en un estado plurinacional. La investidura no debe ser solo una acuerdo entre representantes de elites de derechas nacionalistas con el PSOE sanchista. Con lentejas para el resto. Para que un acuerdo sea estable, requiere incluir la desigualdad entre territorios, pienso en Andalucía, la desigualdad de clase y las cuestiones feminista y ecologista.

Cualquier acuerdo territorial que resista el tiempo ha de ser plurilateral. Andalucía es una nación cultural y política cuya lengua son sus acentos. Si no está en el acuerdo estará contra el al estilo del “a por ellos” capitalizado por el PP y la ultraderecha madrileña. En la transición las elites vasca y catalana, junto con el postfranquismo, representado por UCD, la corona representada por Juan Carlos I y el empuje social representado por el PSOE, el PCE, UGT y, sobre todo, CC.OO, alcanzaron un acuerdo histórico, lo llamaron Pactos de la Moncloa. Se trataba de superar la crisis interna, agravada por la primera crisis del petróleo del siglo XX, tras la muerte del dictador, así nació el régimen del 78.

Ese pacto incrustó el franquismo en la democracia naciente, cargó sobre la clase trabajadora el peso de la crisis y pretendió excluir de soberanía propia al resto de territorios que no fuesen Euskadi, Cataluña y Galicia. Los dos primeros acuerdos salieron según lo previsto. El franquismo permaneció en judicatura, policía, ejercito y alto funcionariado. Las elites económicas serían las grandes beneficiarias de privatizaciones de empresas estratégicas. La tercera no, Andalucía se cruzó en el camino gracias a la irrupción poderosa del andalucismo político de la mano del Partido Socialista de Andalucía que reclamó “poder andaluz”.

Estos días, mientras Feijóo fracasa, y en su partido muchos esperan el momento para devolverlo a su tierra envuelto en papel prensa madrileño, El PNV y el sanchismo, por mediación subalterna de Sumar, trabajan para convencer a Junts de que es preciso firmar un acuerdo de amparo a las elites vasca y catalana, ley de amnistía mediante. Puigdemont está fuertemente presionado por el empresariado catalán para que llegue a un acuerdo; María Jesús Montero, ministra de Hacienda y portavoz del PSOE, pone sobre la mesa la billetera del estado.

Un acuerdo así, excluyente del feminismo, la ecología y las demandas de equidad de otros territorios, principalmente el andaluz, fortalecerá el ariete reaccionario formado por la aleación de PP, Vox y Felipe VI. Un acuerdo así busca un nuevo reparto entre elites de las plusvalías del trabajo, ambientales y de las tareas de reproducción social de las mujeres. El acuerdo histórico que propone Puigdemont o la convención constitucional que propone el lehendakari Íñigo Urkullu, apuntan a unos nuevos Pactos de la Moncloa. Unos ganan, la mayoría pierde.

Para avanzar en un pacto con potencial republicano es preciso pensar un acuerdo entre pueblos, es preciso pensar en términos de plurinacionalidad plurilateral, no solo en términos de concesiones a Cataluña y Euskadi, con Madrid extrayendo capital de territorios colonizados como el andaluz. En ese acuerdo es determinante el pueblo andaluz para que la derecha no lo use como obstáculo a las legítimas demandas de soberanía de otros pueblos.

Tal vez la izquierda de estado y las independentistas y soberanistas, vasca, catalana y gallega pudiesen explorar, como hacen por la derecha PNV y Junts con el sanchismo, la posibilidad de una alianza estratégica plurinacional republicana para que un nuevo acuerdo histórico tenga en cuenta las desigualdades de clase y las territoriales, la defensa del feminismo y del ecologismo. Así el bloque reaccionario, formado por PP, Vox y Felipe VI, con la ayuda de medios de comunicación, judicatura y estado profundo franquista, al que se suman las comunidades gobernadas por PP y Vox, tendría más difícil torcer el pulso al imprescindible avance democrático plurinacional.

 Publicado en La Voz del Sur

lunes, 11 de septiembre de 2023

Andalucía es una nación

El jueves 31 de agosto el lehendakari Íñigo Urkullu en un importante artículo publicado en El País, excluía a Andalucía de la condición de nacionalidad histórica. El lehendakari propone un proceso neoconstituyente para la configuración plurinacional del Estado, en el que solo Galicia, Cataluña y Euskadi, con Navarra como comunidad foral, tendrían derecho a participar bilateralmente. La línea divisoria es la misma que quisieron imponer los padres de la CE de 1978. Solo serían nacionalidades históricas aquellas cuyo reconocimiento se hizo en la república antes del golpe de estado de julio del 1936. El trato de privilegio a Euskadi (y Navarra) quedaría justificado por fueros medievales pactados con la monarquía castellana. Monarquía y fascismo no pueden ser elementos de legitimación de ninguna nación, privilegio o bilateralidad.

El martes 4 de septiembre, Pablo Iglesias en Noticias Básicas, comentando la reunión de Bruselas entre Yolanda Díaz y Carles Puigdemont, incluía a Andalucía entre las cuatro naciones históricas que la CE reconoce, las otorgadas Galicia, Euskadi y Cataluña, y la que ganó esa condición en la calle (1977) y en las urnas (1980).

El jueves 7 de septiembre, la asociación Andalucía y Democracia publica un texto en CTXT con el título Andalucía es una nación en la España plurinacional. Un ejercicio de historia democrática del pueblo andaluz para refrescar la memoria y para exponer los hechos y datos que demuestran que Andalucía es una colonia interior, la pagafantas de inversiones, expolios y privilegios de Madrid, Cataluña y Euskadi y, consiguientemente, la que más necesita influencia y soberanía.

El viernes 8 de septiembre, el presidente andaluz propone a los grupos parlamentarios un Pacto en defensa de los intereses de Andalucía. Sólo el digital Fuentes de Andalucía, con el titular Moreno toca a rebato en defensa de los intereses de Andalucía, ata los cabos de la importancia del movimiento de Juan Manuel Moreno Bonilla. Si Ayuso y los medios de la capital del reino no detectan en su radar el desplazamiento al andalucismo del presidente andaluz, es porque están centrados en devolver a Galicia envuelto en papel prensa madrileña a Alberto Núñez Feijóo.

El presidente andaluz, a propuesta del referente histórico andalucista Alejandro Rojas Marcos, declaró el 4 de diciembre día de la bandera de Andalucía. Puede que se agarre al andalucismo para usarlo en beneficio partidista, de empresas externas, de clases ricas terratenientes, para mantener el estatus quo colonial y nuestra condición subalterna respecto de Madrid, Cataluña y Euskadi. Puede que emule lo que en su día hizo el PSOE. Pero también con ese movimiento podría ayudar a un tejido empresarial propio que tanto necesita Andalucía.

Andalucía es un pueblo cultural reconocible. Nueve siglos antes de que España tuviese su primera constitución en 1812, Córdoba, con alcantarillado e iluminación urbana, era capital del mundo, disponía de bibliotecas y centros de estudios. Al-Andalus era un conjunto de ciudades cuando Londres o Berlín eran villas medievales. Habrían de pasar cien años desde que se inició la construcción de la Mezquita para que en Asturias se pusiese la primera piedra de Santa María del Naranco. El primer renacimiento europeo es andalusí. Medina Azahara, la ciudad palaciega, se culmina veinticuatro años antes de que finalice el siglo X. Madrid es andalusí, Mohámed I de Córdoba, emir entre 852-886, ordenó la construcción de una alcazaba en el asentamiento preexistente. El topónimo, su patrón, al-Isidri y su patrona, al-Mudena, son andalusíes. Es historia.

Pero nada de eso debe contar para considerar que Andalucía es una nación. Es solo, nada más y nada menos, parte de la herencia cultural y política de la comunidad que habita la Andalucía del siglo XXI. Un pueblo deviene nación cuando se constituye políticamente. Andalucía lo hizo el 4 de diciembre de 1977, elevando su condición de nación al derecho a poseer instituciones de gobierno propias el 28 de febrero de 1980.

El PSOE hace tiempo que traicionó el andalucismo, las pruebas de la traición son Alfonso Guerra y Felipe González. La izquierda andaluza no ve que nuestra bandera republicana es la verdiblanca. La izquierda andaluza necesita interpretar políticamente la identidad mixta andaluza y española de las y los andaluces, coherente con nuestra condición de pueblo pacífico y mestizo. Esa interpretación debe servir para construir una propuesta andalucista que ambicione el poder en nuestro territorio y la influencia en el poder del estado español, emulando la ambición actual del nacionalismo vasco de izquierdas. Lamentable, cuanto menos, que Yolanda Díaz, Sumar, ignore Andalucía para representar la plurinacionalidad en el Estado.

Si la izquierda de estado y la izquierda andaluza no unen la voluntad de poder al reconocimiento de Andalucía como nación, no se abrirán las puertas para avanzar hacia un estado plurinacional republicano, ninguna suma sumará. Como afirma la asociación Andalucía y Democracia: Con Andalucía, todo. Sin Andalucía, nada.

Publicado en Diario Red

martes, 5 de septiembre de 2023

Andalucía es nación en la España plurinacional


Carta abierta al lehendakari Íñigo Urkullu


Señor Urkullu, con Andalucía, todo. Sin Andalucía, nada. Su artículo del pasado 31 de agosto en El País tiene el mérito de abrir el interesante proceso para un acuerdo territorial de largo alcance. Las propuestas del PNV son inteligentes, oportunas y de gran calado para el avance y la profundización democrática.


No obstante, nuestra crítica constructiva a la propuesta de Urkullu es dura y muy relevante para los intereses del pueblo andaluz. El lehendakari Urkullu sugiere explorar “un nuevo pacto utilizando la vía de la ´actualización de los derechos históricos`, tal y como establece la disposición adicional primera de la Constitución”. 


Para el pueblo cultural y político andaluz, para nuestra institucionalidad política, el argumento de los derechos históricos no puede ser válido con la exclusión de Andalucía. La condición de nacionalidad histórica fue conquistada desde las calles el 4 de diciembre de 1977 y, en las urnas, el 28 de febrero de 1980, algo que no se le pidió a Galicia, Cataluña y Euskadi. Aquel referéndum del 28-F imponía condiciones muchísimo más duras que las exigidas a Quebec o Escocia en sus respectivos referéndums de independencia.


La línea de exclusión de Andalucía en la propuesta de Urkullu es dolorosamente expresa, aunque no explícita. El lehendakari otorga para su propuesta la condición de nacionalidades históricas exclusivamente a aquéllas reconocidas en la II República: Galicia, Cataluña y la propia Euskadi. Excluye u olvida que la nacionalidad histórica andaluza iba a ser reconocida en septiembre de 1936. Urkullu admite así el dictado del fascismo franquista para dejar a Andalucía fuera de su propuesta “neoconstituyente”.


Las nacionalidades otorgadas no pueden estar por encima de aquella que conquistó la misma condición política en las calles y en las urnas. Nos sorprende que el lehendakari apele a viejos fueros otorgados por los reyes de Castilla y a exclusiones impuestas por el franquismo. Pedir un avance soberanista en base a históricos servicios prestados a la monarquía es una legitimación de un régimen que deberíamos superar abriendo una vía republicana.


Añadimos que la “convención constitucional” que propone Urkullu ya tuvo un mal precedente en los llamados padres de la Constitución, que pretendieron relegar a Andalucía a autonomía de segunda categoría. La actual realidad del Estado de las Autonomías no es la que configura el Título VIII de la CE, sino el fruto del acuerdo de los partidos para frenar el impacto de Andalucía tras el 28-F de 1980 en el mapa autonómico, que pasó por amputar su Estatuto. También se aprobó la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico) que generalizó las instituciones a los diversos trozos en los que se dividió Castilla, provincias diversas y ciudades autónomas para rebajar el calado de una España con 4 nacionalidades que hubieran sumado la mitad de su población. El origen andaluz de la mutación constitucional de 1981, con Manuel Clavero Arévalo como oficiante del café para todos, obliga a Andalucía a estar dentro de cualquier nueva propuesta de avance plurinacional para garantizar su buen fin e impedir su tergiversación posterior.


Al PNV le interesa la profundización democrática en España, cierto que para remover los obstáculos para sus demandas soberanistas, pero no menos cierto que para reformar un estado federal/confederal, cuya unidad no va a poner en cuestión en el contexto geopolítico global y europeo que vivimos, a cuyo modelo territorial le crujen los pilares y las vigas maestras, debido a la continua y persistente deriva centralista y centralizadora, bajo las interpretaciones restrictivas de la CE, en particular de su título VIII, tanto por los dos partidos de régimen, PSOE y PP, como por las altos tribunales judiciales y el propio Tribunal Constitucional.


El Partido Nacionalista Vasco ha puesto sobre la mesa elementos de negociación para decidir su voto en la posible investidura para esta XV legislatura que apuntan con decisión hacia la profundización y la transparencia democrática. Utilizará su fuerza parlamentaria para que la judicatura española pueda investigar crímenes de genocidio y de lesa humanidad, modificar la ley de secretos oficiales para disminuir el tiempo de ocultación de determinadas acciones de Estado, acabar con la inviolabilidad del Rey cuando ejerza como jefe del Estado de acuerdo con la CE, eliminar el recurso previo de inconstitucionalidad contra los estatutos de autonomía y el carácter ejecutivo de las sentencias de su tribunal de Garantías, y modificar las normas que regulan el CNI para evitar casos de espionaje político como el Pegasus.


Reconocemos como legítima la aspiración a la negociación bilateral efectiva de las naciones de la España plurinacional con el Estado. Sin embargo, la bilateralidad en un estado plurinacional alberga una contradicción en su seno, pues si se reconoce que hay un estado llamado España, que contiene pueblos con aspiración a tener su propio estado, cualquier punto de acuerdo bilateral afecta a las otras bilateralidades. Es indiscutible que las comunidades con reconocimiento constitucional de sus derechos forales, Euskadi y Navarra, con sus exclusivos conciertos económicos, son las que tienen mejores indicadores sociales y económicos. Consiguientemente, cualquier negociación para avanzar requiere imprescindiblemente de la plurilateralidad, en la que Andalucía, el pueblo andaluz, deviene imprescindible por sí y por el resultado óptimo.


Andalucía no puede, no se va a dejar, seguir siendo la pagafantas de los acuerdos bilaterales financieros, fiscales, de reindustrialización o de cualquier otro tipo entre clases dominantes de los distintos territorios. Y no lo va a ser porque amparan y crean las condiciones para la desigualdad territorial y de clase. Andalucía no lo va a permitir.


Los datos en este sentido son tozudos. La desigualdad es el resultado del dominio político y económico centralista, principalmente de raíz madrileña, que mantiene, conserva y hace crecer las causas estructurales del sometimiento de Andalucía. Andalucía y Democracia lo ha expuesto en textos colectivos anteriores que se pueden encontrar en este enlace https://andaluciaydemocracia.blogspot.com, y explícitamente en un reciente texto con el título 28F de 2023, Andalucía colonia interior, que proponemos releer. Los datos demuestran que, independientemente de las mejoras objetivas en la calidad de vida en Andalucía desde la transición hasta la actualidad, como en el resto de autonomías, la desigualdad comparada con el resto de territorios ha aumentado.


Advertimos que sin Andalucía no será posible dar naturaleza constitucional al estado plurinacional. Andalucía es el pueblo cultural e histórico que tiene más necesidad de soberanía. Por población y tamaño, Andalucía podría ser la décimo sexta nación de la Unión Europea. El funcionamiento de Andalucía como colonia interior de otros territorios de España, fundamentalmente Madrid, se manifiesta en la economía extractiva a la que nos ha condenado la evolución centralista del modelo bipartidista surgido de la CE del 1978. 


El extractivismo colonial se manifiesta en el frente ambiental, que relega a Andalucía al papel de almacén de residuos, minería e industria contaminante, al turismo intensivo en manos de operadores ajenos a nuestra tierra, a la ocupación del territorio para el urbanismo de segundas residencias, a la destrucción y gentrificación de los núcleos urbanos e históricos y a la agricultura antiecológica. Todo ello con el consiguiente expolio de recursos hídricos, escasísimos en tiempos de cambio climático con consecuencias catastróficas claras.


Pero no solo. El extractivismo colonial se manifiesta también en la ausencia de sedes sociales de grandes empresas, en la emigración permanente de mano de obra cualificada (capital humano) produciendo en las familias duras fracturas emocionales. Se manifiesta en la práctica entrega de la banca andaluza y sus cajas de ahorros a entidades que tienen sus sedes sociales fuera de Andalucía. Hay un sangrante extractivismo cultural que nos expolia la identidad para usarla como símbolo de España ante el mundo (el flamenco a la cabeza), despreciando internamente los acentos y las raíces mestizas del territorio (Al-Andalus) en que se dio el primer renacimiento europeo. 


Todo ello agravado en los últimos años por el contexto europeo de dominio neoliberal y por las posiciones belicistas en la Unión Europea y de los partidos del régimen, PP y PSOE. En coherencia con lo que ocurre con otros pueblos colonizados, nuestra condición de subalternidad da argumentos a las posiciones centralistas o “bilateralistas” para acusar a Andalucía de comunidad subvencionada y receptora de miserables subsidios para la supervivencia de las clases más desfavorecidas.


En esta legislatura se va a hacer visible la confrontación política entre dos bloques. Uno reaccionario de raíz franquista formado por el Partido Popular y Vox, bajo el amparo del rey Felipe VI. Lo hemos visto al señalar al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, como primer candidato a la investidura tras las elecciones generales del 23 de julio. El bloque reaccionario se autodenomina constitucionalista, aunque son centralistas y monárquicos. El bloque democrático vendría a estar formado por los que defienden la plurinacionalidad del Estado y se sitúan en el campo feminista y de los derechos sociales y ambientales. El PSOE no tiene más remedio que situarse en el bloque progresista. No obstante, como en la legislatura anterior, lo hará agarrado al freno de mano.


Ante todo lo anterior, aventuramos que un pacto para la “actualización de los derechos históricos” que excluya a Andalucía provocará una reacción emocional contraria y activará el sentimiento andalucista. Sentimiento sometido en las últimas décadas gracias a la ingestión de somníferos administrados por el PP y el PSOE. El bloque reaccionario utilizará a Andalucía -ya lo está haciendo- para una supuesta “defensa de la igualdad entre todos los españoles”. En realidad, lo que busca es obstruir cualquier proceso legítimo de emancipación territorial, aunque sea a costa de  enfrentarnos -como hicieron con el “a por ellos”- a pueblos que legítimamente demandan soberanía.


Aviso para navegantes: sin el pueblo andaluz no será posible el proceso de “neoconstitucionalización” demandado por Urkullu. Sólo será viable con Andalucía y bajo la premisa de una plurinacionalidad que beneficie a todos los pueblos de España, se sientan nación o no. El pueblo andaluz no va a consentir quedar relegado a segunda categoría. Por eso es clave que Urkullu y todos los que le acompañen se abran a reconocer que, por derecho propio, Andalucía es una nación en la España plurinacional. Como la que más.


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Mario Ortega Rodríguez, presidente de la asociación Andalucía y Democracia; Pilar Cuevas López, vicepresidenta; Salvador Soler García, secretario, abogado Stop Desahucios y derechos humanos; Antonia Agudo González, abogada; Iván Casero Montes, ingeniero y agroecólogo; Adelina Sánchez Espinosa, profesora Universidad de Granada, coordinadora Erasmus Mundus Estudios de Género; Rubén Pérez Trujillano, jurista profesor de la UGR; Carmen Reina López, arquitecta; José Bejarano López, periodista, vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Elisa Cabrerizo Medina, médica forense del comité investigación restos Valle de los Caídos; Manuel Machuca González, escritor y farmacéutico; Blanca Parrilla Muñoz, maestra y antropóloga; Francisco Garrido Peña, profesor de la Universidad de Jaén; Marcos García Mariscal, abogado laboralista, Manuel Rodríguez Alcázar, técnico municipal; Francisco Calvo Miralles, ingeniero industrial; Juan Manuel Sanz Marín, empresario; José Luis de Villar Iglesias, doctor en Historia y profesor de Derecho de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla; Raúl Solís Galván, periodista.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Olas de calor, Rubiales, PNV y Lehendakari Urkullu

El mes de agosto que dejamos atrás ha sido el mes de las olas de calor, el mes glorioso de las campeonas del mundial de fútbol enfrentadas al machismo de Rubiales, el mes de las propuestas del PNV para negociar la investidura de Pedro Sánchez y la del Lehendakari Íñigo Urkullu para abrir un proceso que lleve a una interpretación plurinacional de la CE. Las rogativas de Alberto Núñez Feijóo no cuentan dado que se encamina a una investidura fallida.

El PNV quiere utilizar su fuerza para que la judicatura española pueda investigar crímenes de genocidio y de lesa humanidad, abrir el melón de la ley de secretos oficiales, acabar con la inviolabilidad del Rey cuando no actúe en funciones de jefe de Estado, eliminar el recurso previo de inconstitucionalidad contra los estatutos de autonomía y el carácter ejecutivo de las sentencias del su tribunal de Garantías, y modificar las normas que regulan el CNI para evitar casos de espionaje político como el Pegasus. Son propuestas para la profundización democrática del Estado, anticipadas por otros partidos como Podemos, ERC, Bildu o Junts, independientemente de que el PNV necesite agruparlas ahora porque Bildu puede sobrepasarlos en en apoyo electoral en Euskadi.

Por su parte el Lehendakari Urkullu propone abrir un proceso bilateral de negociación entre Galicia, Euskadi y Cataluña con el Estado español para lograr un pacto de interpretación plurinacional de la CE de 1978. El Lendakari sabe, y por eso plantea las condiciones para su exclusión indicando que solo las comunidades forales y las que en la república fueron reconocidas son nacionalidades históricas, que Andalucía accedió a la condición constitucional de nacionalidad histórica por la vía del artículo 151 de la CE ejerciendo el derecho a decidir en 1980. Fue el golpe de estado fascista en julio del 1936, el que impidió el reconocimiento del mismo estatus para Andalucía en septiembre del mismo año como estaba previsto. No debería ser el franquismo el que establezca la división entre quienes son nacionalidades históricas y quienes no, sino los pueblos que así lo deciden.

Agosto ha concentrado en España hechos que ratifican que los temas que demandan respuestas políticas urgentes por parte de las fuerzas progresistas son la lucha contra el cambio climático y sus efectos, la consolidación y avance en el proyecto feminista, y la creación de las condiciones ambientales e institucionales para la profundización democrática y la estabilización de un nuevo modelo territorial que tenga en cuenta la plurinacionalidad del Estado y las demandas de soberanía de los pueblos que se sienten pueblos culturales y políticos.

En esta legislatura, si se forma gobierno, y esto va a depender esencialmente de la flexibilidad del PSOE y de la elasticidad del independentismo catalán, se van a hacer visibles dos bloques. Un bloque reaccionario amparado por Felipe VI, y un bloque democrático formado por los partidos soberanistas, Sumar y Podemos, en el que el PSOE, que apoyó la aplicación del 155 a Cataluña, no tiene más remedio que estar, aún agarrado al freno de mano de los motores ideológicos progresistas del cambio: el feminismo, la ecología y la plurinacionalidad.

Buenas señales serían que, ademas de la negociación con Junts y ERC, los actores llamados a formar gobierno recuperasen el empuje feminista de Irene Montero, dándole a ella y a su equipo continuidad en el ministerio de Igualdad, que se tomasen muy en serio las propuestas negociadoras del PNV para la profundización democrática y que abordasen decididas políticas estructurales que pongan la defensa contra el cambio climático y sus efectos en el centro de la agenda política. Lo del lehendakari Urkullu lo dejo para mejor ocasión, pero anticipo que ningún proyecto de avance plurinacional será posible sin la connivencia de Andalucía y sin un horizonte republicano.

Publicado en Diario Red

lunes, 31 de julio de 2023

Sumar no suma, Podemos vive

 Yolanda Díaz, la candidata de Sumar.

Los números electorales son datos que hay que interpretar en función de la historia, los contextos, los acontecimientos y las expectativas. Comparar los resultados de Sumar con los de Unidas Podemos solo puede hacerse reconociendo el valor de las contingencias. Otra cosa sería comulgar con aquello que en 'Amanece que no es poco' decían los lugareños a su alcalde “alcalde todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. Sumar no era imprescindible, la unidad de la izquierda existía, se llamaba Unidas Podemos. 

Sumar es la construcción política de un proyecto electoral pensado por Yolanda Díaz, el PCE y la antigua ICV (ahora Los Comunes). La dimisión de Pablo Iglesias de la Secretaría General de Podemos, provocó de urgencia que designara a una de las figuras con mejor imagen del espacio electoral de cambio, la ministra de trabajo Yolanda Díaz, después vicepresidenta segunda del gobierno en sustitución del propio Pablo Iglesias, para liderar el espacio de unidad con el objetivo de hacerlo crecer. Iglesias había dicho: “ya no sumo, me han convertido en un chivo expiatorio.” La misión de Díaz era de ampliar el espacio electoral, no reducirlo.

Bajo la búsqueda obsesiva de una nueva unidad vestida de proceso de escucha y construcción programática participada, estaba una nueva apuesta estratégica basada en la aproximación a las posiciones del PSOE, para lo cual era precisa la sustitución del peso de Podemos por los pesos futuribles de IU, Compromís y Más Madrid, fuerzas políticas que pensaron en momentos críticos con mucho presíng mediático, dejar pasar a Pedro Sánchez para que gobernase en solitario (incluso con Ciudadanos). Se trataba de reducir la voz reivindicativa de impugnación de los acuerdos del régimen del 78, para evitar los ataques mediáticos indiscriminados y, así, hacer crecer el espacio de representación de la izquierda. Lo que ocurre es que esa estrategia está indefectiblemente subordinada a la aceptación de los límites del PSOE y no a la acción para el logro de políticas de izquierda, ecologistas, feministas y plurinacionales.

La alianza táctica/estratégica de Yolanda Díaz con el PCE, la antigua ICV, Más Madrid y Compromís ha logrado el objetivo estructural que podríamos resumir en un “quítate tú para ponerme yo”. El motor Podemos vive en boxes. Los éxitos de Sumar están por ver. Lo cierto es que aún en un contexto mediático de alabanza hacia su lideresa, al contrario que los contextos en los que se ha movido siempre Podemos, ha perdido 700.000 votos respecto de Unidas Podemos, Compromís y Más Madrid en noviembre de 2019. La comparación con el 28M de este mismo 2023 es tan retorcida como irrisoria. Mientras se intentaba forzar a Podemos a entrar sin condiciones en la coalición de Sumar el baile de encuestas le otorgaban en ocasiones hasta 50 diputados. La propia encuesta del CIS, cuyo presidente el Sr. Tezanos presume de ser quien más se ha aproximado a los resultados del 23J, en plena campaña electoral otorgaba a Sumar entre 43 y 50 escaños. Han sido 31. Es obvio que Sumar no ha sumado, ni para el objetivo que estaba llamada a cumplir su líder, ni sobre las expectativas que le auguraban sus propios pronósticos y las encuestas.

Que el resultado electoral arroje un empate a 171 entre el bloque de izquierdas y el bloque de ultraderecha, se debe a acontecimientos emergentes cuando la cosa estaba perdida: El candidato del PP emponzoñando el debate cara a cara con Sánchez, la periodista Silvia Intxaurrondo enfrentándose a Feijóo por la mentira de la subida de las pensiones con el IPC, Zapatero entrando a lo podemita en campaña, valorando la figura de Irene Montero y los logros del hasta ese momento ignorado gobierno de coalición, y, por último, lo más importante, el gran error de Alberto Núñez Feijóo de no acudir por cobardía al debate a cuatro en TVE dejando su representación en manos del líder de Vox, Santiago Abascal. Esos acontecimientos lograron in extremis activar el voto de la izquierda, frenar el trasvase de votos del PSOE al PP y acumular voto útil sobre Sánchez a la vista del parecido con Díaz.

España puede ir hacia una repetición electoral o hacia un gobierno de coalición cuya base parlamentaria sea democrática y plurinacional. PNV y Junts, caso de que Sánchez sea investido, condicionarán por la derecha las políticas del gobierno. Podemos vive, así que mientras eso ocurra la agenda de profundización democrática plurinacional en la que pueden coincidir tantos las derechas nacionalistas como las izquierdas soberanistas tendrá voz en la izquierda.

Haría bien Yolanda Díaz en lograr un acuerdo previo de Sumar con Podemos antes de afrontar la negociación con el PSOE y con el resto de partidos que habrán de investir a Pedro Sánchez. Un acuerdo que no puede ser más que un acuerdo estratégico para esta legislatura que cuente con la autonomía política del motor ideológico y con la necesidad de una alianza republicana con las fuerzas soberanistas de izquierdas de las distintas realidades plurinacionales del estado. Un acuerdo con Podemos que debe priorizar y no relegar al último momento como ha venido haciendo hasta ahora, sin vetos a Irene Montero ni ninguno de sus liderazgos. Si esto no se hace así la coalición de fuerzas progresistas llamada Sumar estará anunciando su propio fracaso.

Publicado en La Voz del Sur

lunes, 24 de julio de 2023

España es Cataluña

Decía el más andalucista de todos los parlamentarios que Podemos metió en 2015 en el parlamento Andaluz, José Luis Serrano, que Andalucía no es España, España es Andalucía. La virtud y la tragedia identitaria andaluza resumida en una frase que la demoscopia cultural confirma. La comunidad capaz de dibujar un mapa autonómico plurinacional, como nacionalidad histórica a partir del referéndum del 28F de 1980, era la que prestaba su identidad cultural a España para que fuese usada en Madrid como chiste, en la emigración con desprecio y en el mundo con admiración.

Las elecciones generales del 23J han situado a Cataluña en una posición a la andaluza de 1977, o contribuye a dibujar un mapa de España plurinacional, democrático, europeista y antifascista, o el no pasarán trazado el domingo en todo el territorio español con los pinceles de Euskadi, Cataluña y, sospecho hasta ver los análisis numéricos que pronto saldrán a la luz, el feminismo, o da pie a una nueva repetición electoral que hará más difícil para el electorado sostener su voto contra la ultraderecha madrileñizada representada por PP/Vox.

Pero la responsabilidad no puede recaer solo sobre el independentismo catalán, es hora de un auténtico parlem. Es hora de que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz reconozcan que el manual de supervivencia, que en cierto modo es el manual de supervivencia de la izquierda en todo el territorio español, está escrito con las indicaciones estratégicas del nacionalismo catalán y vasco y del podemismo republicano plurinacional. La palabra no la tiene solo Puigdemont.

El electorado de izquierdas puede hoy estar feliz. Partido Popular y Vox no tienen números. El PSOE resiste creciendo en votos, Sumar aguanta sin sumar, el gobierno de coalición puede reeditarse, el carácter plurinacional de España contra la ultraderecha centralista es clave. El motor Podemos tendrá que salir de boxes. La precampaña y la campaña electoral comenzaron con tristeza y desasosiego, el acto de Sumar de Magariños anunció un reparto territorial trágico que se consumó el 28 de mayo de este mismo año. La derecha cabalgaba a lomos de los grandes grupos mediáticos y de las encuestas de pago, liberado Feijóo de su imagen de moderado, Voz toreaba en los gobiernos del PP allá donde daban los números. Las señales de alarma del neofascismo dejaron de ser de advertencia, desaparecían las concejalías y las consejerías de igualdad y se prohibían conciertos y obras teatrales. Hechos consumados.

Todo eso ocurría sin que los dos actores llamados a enfrentarse en España a la ultraderecha reivindicasen con fuerza ideológica el feminismo, la plurinacionalidad, el gobierno de coalición con sus logro, ni mucho menos el pacifismo frente a la guerra en Europa y la Europa guerrera. Todo empezó cambiar tras el destrozo que Feijóo hizo de Sánchez en el debate de Antena 3. Zapatero lo vio y decidió ser un Rambo electoral. Luego vinieron las dos milagrosas ayudas de la RTVE que el PSOE regaló en esta legislatura al PP. La periodista Silvia Intxaurrondo reveló simbólicamente al mentiroso candidato del PP, el debate a tres hizo el resto dado el garrafal error de su candidato de no acudir, por cobardía, para hacer un catenaccio en un partido que creía ganado. El debate movilizó el voto de la izquierda, recuperó la esperanza y visibilizó tanto parecido entre Sáncchez y Díaz que contribuyó a un tiempo a levantar el voto de Sumar por la izquierda y a facilitar la transferencia de voto útil a PSOE.

Ahora para formar gobierno la izquierda habrá de tener en cuenta que Cataluña no es España, España es Cataluña. Parlem. Y no olvidar que avanzar es derribar barreras y romper candados, para avanzar hay que democratizar el CGPJ, los ministerios de estado y RTVE, como mínimo.

Publicado en Diario Red

 

lunes, 17 de julio de 2023

Negacionismos, poder y combate ideológico

Los negacionismos del cambio climático, de las causas estructurales de la desigualdad de género y del derecho de los pueblos políticos y culturales a su soberanía que abraza abiertamente la ultraderecha española, PP-Vox, tienen una conexión ideológica fuerte. El Partido Popular es garantía de retrocesos legislativos, no solo volver a leyes de interrupción del embarazo que tutelan e infantilizan a las mujeres, también liquidar las políticas de igualdad y contra la violencia de género o derogar la legislación que ha introducido fiscalidad o derechos laborales feministas y de los cuidados. Temeroso de perder voto femenino, Feijóo no asume abiertamente los postulados de Vox, pero justifica, atrapado en la amplificación mediática de los neofascistas, las posiciones negacionistas de sus aliados ideológicos. Igualmente, la ultraderecha forma un pack que une el desprecio por las causas ambientales con la negación del calentamiento global y sus efectos económicos y ecosistémicos devastadores. Feijóo promete frenar el avance de las renovables, ampliar la vida de las centrales nucleares, políticas de agua tan insostenibles como inútiles y liquidar toda legislación que ordene el territorio y la actividad productiva teniendo en cuenta los límites para la vida.

El negacionismo de las causas estructurales de la desigualdad y de los efectos reales del calentamiento global actúa culturalmente contra la conexión ideológica entre el ecologismo y el feminismo: Poner la vida en el centro. Poner la vida en el centro es, en este momento de crisis geopolítica derivada de la crisis de límites del productivismo, la premisa más revolucionaria para construir un proyecto de largo alcance para la izquierda. La virulencia de los ataques contra el feminismo, simbolizado a nivel mundial, español y europeo por Irene Montero, con la intención de desvirtuar sus logros políticos, tiene que ver con que el capitalismo es un devorador de tiempo. El tiempo de las mujeres, el tiempo acumulado en la naturaleza y el tiempo de la clase trabajadora. Quienes declinan actuar contra el cambio climático, tampoco quieren legislar contra la desigualdad de género, ni a favor de la reducción de la edad de jubilación, el tiempo de trabajo o la conciliación familiar.

Para mantener débiles las líneas de fuerza del proyecto emancipador ecofeminista de las izquierdas, es imprescindible limitar la democracia territorial, la capacidad de autogobierno de los pueblos. El denominador común entre la reforma del artículo 135 de la CE, la aplicación del 155 a Cataluña y la regla de gasto para controlar los presupuestos de las instituciones es la limitación de la soberanía territorial. Los grandes poderes económicos del estado dominados por capital exterior, multinacionales y fondos de inversión, ponen todo su esfuerzo en centralizar el poder. Así reducen la complejidad de actores con los que tratar, e imponen con más facilidad las políticas dedicadas a su voraz enriquecimiento.

La conexión ideológica del negacionismo antifemimista, antiecologista y de la plurinacionalidad de España de la ultraderecha española, PP-Vox, demuestra que son capataces bien pagados de un puñado de propietarios del mundo capaces de llevarnos a guerras (ignorada la de Ucrania en esta campaña electoral), destruir estados, ecosistemas y derechos de las mujeres sin ápice de remordimiento moral. El buenísimo frente a ellos es tan inocente como inútil. Quizá Zapatero se haya dado cuenta y ha decidido agitar una campaña electoral a la que el PSOE y Sumar salieron a la defensiva, bajo la premisa de no molestar con ruido, escondiendo el motor de empuje de la izquierda en un garaje subterráneo. Tenemos la esperanza que que aprovechen esta última semana de campaña para corregir las ausencias y aumentar la fuerza del combate ideológico.

Publicado en Diario Red

lunes, 10 de julio de 2023

Tigres en el jardín

En el jardín europeo de Josep Borrell hay tigres. Los tigres gobiernan Italia, Polonia y Hungría, participan en los gobiernos de Suecia, Finlandia y Países Bajos. Influyen o arrastran a todos los gobiernos de derechas hacia posiciones ultra. Están en la mayoría de los parlamentos y en el parlamento europeo. Han destruido la socialdemocracia europea, hace tiempo devenida socioliberal, incapaz de plantear un proyecto común de defensa de la Europa democrática, esto es, de defensa de los derechos humanos y de los derechos políticos, sociales, ambientales de las mayorías.

Todo es consecuencia del choque del capitalismo con los límites planetarios: escasez de recursos y alteración biofísica ambiental. Desde el último cuarto del siglo pasado las crisis de crecimiento se afrontan desconectando la economía financiera de la productiva. Primero fue la economía del crédito, de los futuros bursátiles, de la fábrica en China y del préstamo fácil para tapar la deflación de los salarios y el aumento de la desigualdad. Fue el “España va bien” del PP y la “Andalucía imparable” del PSOE. Cuando en el modelo que desahució el futuro de toda una generación chocó el debe con el haber, llegó la crisis de 2008.

Pero la crisis de crecimiento del capitalismo es implacable, se necesita cada vez más para cada vez menos. Los límites planetarios son un abismo. Con la fábrica en China, la clase trabajadora sufre las acometidas de los recortes en derechos para que los estados sigan inyectando capital en el mundo financiero. El BCE está al servicio indisimulado de la gran banca. El puñado de capitalistas de EE.UU vive del expolio gracias a la fábrica de dólares de la Reserva Federal y a la sexta flota. Latinoamérica, India, África, parte de Asia y Oriente Medio se defienden de su dependencia. La guerra es entre el si no me das te mato del imperio y el si me das te doy del peligro amarillo. Salvo en Latinoamérica, el capital no tiene izquierda que le haga frente, la France Insoumise y Podemos son dos anomalías europeas.

Para mantener la dinámica del crecimiento, los dueños del dinero saben que es preciso recluir a las mujeres en las tareas impagadas de cuidados y reproducción, que es preciso considerar todo, cultura y medio ambiente incluidos, como bienes de mercado dispuestos a la propiedad privada y el expolio, que es preciso tener en la inmigración mano de obra esclava sin derechos. Además, el choque del crecimiento contra los límites planetarios obliga al capital a extraer de las políticas de bienestar allá donde existen. Los sistemas sanitarios y educativos se privatizan, las prestaciones se recortan, los derechos sociales, de las familias, las mujeres y la infancia se anulan, los servicios públicos se externalizan con concesiones leoninas a grupos de inversión, las inversiones en infraestructuras se regalan bajo el camuflaje de la colaboración público-privada, que no es otra cosa que dinero público para beneficio privado.

Es en este contexto, con una Europa otanista metida en la guerra de Ucrania, donde crecen las posiciones ultra. El capital con los medios de comunicación en su poder fomenta el negacionismo del cambio climático, de los derechos de las mujeres, de los derechos humanos, tanto de los trabajadores con ciudadanía como, y sobre todo, de las personas inmigrantes. Para controlarlo todo atacan los derechos territoriales de los pueblos. No solo necesitan atontar y disciplinar a la población para que no perciba al auténtico enemigo, necesitan concentrar el poder para manejarlo a su antojo, por eso tratan de destruir la democracia territorial, la soberanía municipal, autonómica y nacional de los pueblos políticos y culturales con y sin estado.

Las tigres ya están en los jardines de municipios y comunidades autónomas de España. El Partido Popular de Ayuso, Feijóo y Moreno Bonilla los alimenta con carne cazada por Vox. Los tigres son la excusa para destruir la vida comunitaria. El jardín europeo era el jardín de la clase media: clase trabajadora, profesionales especializados y PYMES, amparada por el estado del bienestar, son los tigres de la ultraderecha los que lo destruyen. No vale enfrentarse a los tigres y quienes los alimentan inclinando la cerviz hacia el centro político. No hay causas en el centro. Tampoco es cuestión de simpatía, espíritu dialogante y fotos chuli. Se trata de determinación para que los tigres no devoren la democracia a las órdenes de un puñado de personajes capaces de pagar sumas millonarias a mercenarios de la comunicación en prime time.

Publicado en Diario Red

 

lunes, 3 de julio de 2023

Derogar el sanchismo

La consigna “derogar el sanchismo” proclamada por la ultraderecha de cara a las elecciones generales del 23 de julio es un acierto. Derogar el sanchismo tiene la potencia del símbolo, una vez enunciado no hay que explicar nada. El mensaje de futuro de “derogar el sanchismo” es liquidar el presente y volver al pasado. Sirve al tándem PP/Vox que se ha impuesto en las pasadas elecciones autonómicas y municipales. Feijóo es un meritorio de la extrema derecha enraizada en la capital del reino. Valencia, Baleares, Extremadura, Murcia, demuestran que los votos del neofranquismo serán aceptados sin sonrojo alguno allá donde se necesiten.

La ultraderecha ha instalado en el electorado la pregunta Sanchismo sí o no. Entretanto PSOE y Sumar juegan al catenaccio defensivo. Antes respondieron a otra pregunta formulada por la misma extrema derecha, Podemos sí o no; no. Los hechos son los hechos. Lo dicen a las claras o entre líneas, Enric Juliana, Iván Redondo, José Luis Rodríguez Zapatero, El Gran Wyoming, y muchas y muchos más. Mal negocio dinamitar el pilar central de los logros progresistas del gobierno de coalición. No obstante, libertad de expresión aparte, nadie debería dejar de votar flanco izquierdo.

Frente a “derogar el sanchismo”, ¿qué hay al otro lado? Pedro Sánchez ratificando su sumisión al imperio, su falta de compromiso con la paz, estrenando la presidencia española de la UE con un viaje a Kiev, mientras hace tourné en campos enemigos donde conseguir votos es más difícil que transmutar el hierro en oro. El sustrato de guerra inyecta miedo e induce al electorado al mercado de certezas reaccionarias. Por su parte, Yolanda Díaz no encuentra la consigna que resuma su proyecto de estado. Al contrario que PP y Vox, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, tras las connivencias en el gobierno, se comportan como ciclistas que pedalean sin sentido. El primero pide el voto útil, la segunda no condensa en un mensaje ni la esperanza, ni su diferencia con el PSOE, ni su proyecto de estado. Hasta la editorial de este domingo de El País les pedía que espabilasen con el temor de que España caiga en las garras de una ultraderecha que alimenta el retroceso democrático de la UE.

En la caminata dominguera, antes de escribir estas líneas, uno escucha el programa de debate de Canal Red que dirige Laura Arroyo, Zona Comanche, y se alegra. En el último, Felipe VI: ¿El rey de la derecha?, uno encuentra frases lanzadas por Manu Levín como ésta: “La república es el proyecto democrático de los pueblos de España”. O el resumen de un proyecto republicano plurinacional que hace Rafa Mayoral en estos términos: “La derecha monárquica tiene una crisis institucional y una crisis en el proyecto económico y social que ha sostenido esa institucionalidad, por eso solo tiene un camino, el reaccionario. La reflexión que hay que hacer en la izquierda es cómo resolvemos la posibilidad de conformar una mayoría republicana, esa es la clave de bóveda, y en torno a qué: La cuestión de la plurinacionaliad, la garantía de los derechos civiles y políticos, la garantía de los derechos económicos y sociales, y en el siglo XXI, la garantía de los derechos feministas y de los derechos de la madre tierra, configurarían un proyecto para salir del neoliberalismo.”

Los programas se escriben negro sobre blanco y, en el bipartidismo de régimen, si te he visto no me acuerdo. Tuvo que llegar Podemos para que el PSOE cumpla a duras penas sus acuerdos con la izquierda. Lo ha expresado El Gran Wyoming en un corte de entrevista que podéis ver aquí. “Derogar el sanchismo” es liquidar el gobierno de coalición. Frente a eso cabe defender la coalición y trazar un horizonte democrático como el que describe Rafa Mayoral, con Andalucía como la que más, pues, sin el pueblo andaluz, el proyecto republicano será imposible. Andalucía, por tamaño, identidad e historia, tiene el potencial para inclinar la balanza a favor de un proyecto de profundización democrática para sí y por todos los pueblos de España.

Publicado en Diario Red

lunes, 26 de junio de 2023

Motor Ideológico

La ideología de ultraderecha es la herramienta política del capitalismo en una época en la que el planeta vive una crisis ecológica sin precedentes. El neoliberalismo supone la toma de los estados para centralizar el poder en pocas manos y legislar exclusivamente en favor de un puñado de ricos. Para la ideología neoliberal, los países de África y América Latina son minas de recursos naturales, Oriente Medio, Libia, Irak e Irán, pozos de petróleo y gas, China, los países sur asiáticos e India, las fábricas sin derechos del mundo y Europa el territorio donde sacrificar la democracia. En este contexto Rusia es una anomalía nuclear llena de agua, petróleo, gas y recursos mineros.

En la era de la escasez de recursos materiales para mantener viva la producción de capital, el crecimiento, la economía capitalista necesita de cuatro expolios permanentes, el expolio de recursos naturales con la consiguiente destrucción ambiental, el expolio de los derechos de las mujeres y su reclusión bajo el dominio del hombre, el expolio de los cuerpos de las personas inmigrantes, y la liquidación de los derechos laborales y de ciudadanía para financiar la deuda de los estados. Las guerras, la extorsión a los gobiernos de izquierdas electos con la participación de judicaturas y medios, los estados fallidos, la guerra de Ucrania, y el disciplinamiento de las poblaciones bajo el dominio de estados autócratas y centralistas, son las formas con las que opera el terror del capital.

En la batalla desatada del capitalismo contra la democracia, los partidos de ultraderecha son instrumentos a sus órdenes. Los objetivos políticos de los capitalistas son, resumidamente, cuatro. Uno, la concentración del poder en pocas manos para hacerlo manejable, están contra de la federación o confederación del poder político. Dos, el disciplinamiento de las mujeres para que se dediquen gratuitamente a las tareas de reproducción social, todas aquellas que no tienen precio pero sí valor para la vida, los cuidados. Tres, la anulación de cualquier protección ambiental para que la naturaleza entregue su tiempo de vida acumulado durante millones de años sin tasa de retorno; legado de deuda y muerte para las generaciones futuras. Y cuatro, el mantenimiento de una bolsa de inmigrantes que entreguen su tiempo y su cuerpo en forma de trabajo esclavo sin derechos.

Si se percibe cómo el capital afronta el objetivo de destruir la democracia, concentrando la distribución territorial del poder político, promoviendo el antifeminismo, aniquilando cualquier legislación de protección ambiental, cultural o patrimonial, matando personas inmigrantes en las fronteras, no es difícil comprobar que la ultraderecha europea, con la española, PP y Vox en papel destacado, es el brazo armado de un puñado de personas muy ricas dispuestas a todo. Si el capital agrede con su aparato ideológico, el pueblo no puede defenderse sin ideología. La ideología es la forma cultural de interpretar, concebir y dar respuesta al mundo. Si no insertamos en nuestras mentes ideología para la igualdad, la protección ambiental, los derechos humanos, de las generaciones futuras y de la vida no humana, el camino lo andará la barbarie.

La traducción en España de cualquier proyecto democrático en cualquier región, territorio o nación de las que forman el estado, pasa por defender sin fisuras el feminismo y sus símbolos, el ecologismo y sus causas, el republicanismo frente a la monarquía, el federalismo plurinacional como alternativa al centralismo radicado en Madrid, los derechos humanos de las personas inmigrantes y el antibelicismo. Ese es el motor ideológico de la izquierda, un motor que pasa por no ceder bajo ninguna acusación de ruido ni ninguna petición de sumisión o silencio.

Publicado en Diario Red

domingo, 25 de junio de 2023

Si eres buena persona, votar izquierda es imperativo categórico

 ¿Bien o mal? ¿Derecha o izquierda?

Sumar es ir a votar izquierda el próximo 23 de julio. Con más ganas si hay posibilidad de salida de alguna representación de Podemos. No solo para que no gobierne la extrema derecha, sobre todo para consolidar los avances en derechos y mantener viva una agenda democrática. Nos falta derogar la ley mordaza, renovar el CGPJ para sacarlo de las garras ultraderechistas, hacer que RTVE sea veraz sin que juegue a la farsa. Nos faltan políticas sociales, feministas y ecologistas. Nos falta educación y sanidad pública. Nos falta erradicar la cultura mediática, judicial e institucional de la corrupción. Nos falta internalizar la plurinacionalidad del estado.

El PSOE nunca quiso el gobierno de coalición. Tras el 15M de 2011 entregó al PP la reforma del artículo 135 de la CE por orden de Obama y Merkel. Así puso por delante el instinto depredador de la banca. La docilidad del PSOE con el FMI, el BCE y la CE, troika, preparó el triunfo del PP con más de once millones de votos. Llegaron tiempos de suicidios, paro y pobreza. En 2014, tras la irrupción de Podemos, con la maquinaria judicial de los desahucios a tope, el paro desatado y millones de familias cabalgando el hambre y la precariedad, la ley mordaza, la reforma laboral sanguinaria en pleno vigor y las pensiones miserables, el PSOE regaló por dos veces al partido de M. Rajoy en los papeles de Bárcenas el gobierno de España, en diciembre de 2015 y tras la repetición electoral de 2016, aunque podía gobernar con Podemos.

La sentencia condenatoria de la Gürtel hizo que Pedro Sánchez llegara al gobierno de España en junio de 2018 con una moción de censura en la que no creía. Pablo Iglesias le sumó los escaños de Unidas Podemos y los de los nacionalismos vasco y catalán. Hicieron falta dos elecciones más, abril de 2019, veto mediante a Pablo Iglesias alegando insomnio, y noviembre del mismo año, con la irrupción de Vox, para que Sánchez se viese obligado a gobernar con Unidas Podemos.

Esta ha sido una legislatura muy complicada, pandemia y guerra de Ucrania. Se han producido multitud de avances en derechos sociales, feministas, laborales y de los animales, a fuerza de Podemos y con la resistencia del PSOE. La presencia de Unidas Podemos en el gobierno ha obligado al PSOE a proteger a las mayorías sociales. Pero acaba la legislatura con un Pedro Sánchez otanista que entrega el discurso de la igualdad y el feminismo a la ultraderecha, que elude lucir la utilidad del gobierno de coalición, y que, tras dar cancha a Yolanda Díaz para que achique a Podemos, llama al voto útil para laminar el voto por su izquierda.

Termina la legislatura con Pedro Sánchez traicionando lo más ideológico del legado de su gobierno: igualdad y derechos sociales. Así alimenta a la ultraderecha que tapa con la bandera de España y el antifeminismo sus intenciones de regreso a un país sin libertades, un país donde la protección sea exclusiva para la economía rentista y el capitalismo financiero improductivo. Por eso, en este momento, votar izquierda, más si Podemos puede salir, aunque sea bajo el nombre de Sumar, es para las buenas personas un imperativo categórico.

 Publicado en La Voz del Sur

lunes, 19 de junio de 2023

Bienvenida la ansiada unidad

Por fin tenemos la ansiada unidad, ya podemos votar sin muchas dudas. El votante de izquierdas solo tendrá que elegir entre el PSOE y Sumar. La llamada izquierda a la izquierda del PSOE se presenta unida. Bueno, en Cataluña, Galicia y Euskadi, podrá elegir también a ERC, BNG o Bildu. Lo mismo que en 2019 pero con Podemos dentro de Sumar. En Andalucía, si estás en Cádiz, podrá elegir la opción soberanista Adelante Andalucía. Hasta aquí, el número de opciones electivas con capacidad de obtener representación son las mismas que en 2019, salvo en Cádiz que hay una más.

¿Dónde se ha reducido el arco elegible de la izquierda? En Madrid y Comunitat Valenciana, donde Podemos queda en posiciones subalternas de Más Madrid y Compromís. En el resto de territorios es el mismo arco de 2019 con Podemos subsumido en Cataluña bajo la antigua Iniciativa per Cataluña con la denominación actual de Los Comunes, y en el resto bajo el PCE con el nombre de Izquierda Unida. Las fuerzas Aragonesista, Cha, y de Illes Balears, Mes, no tenían capacidad de obtener representación. El proyecto canario Drago no existía en el 2019, estaba en Podemos, es imposible imaginar cuánto suma. Las demás siglas son, eran, electoralmente marginales. La cosa iba de partidos no de programa.

Visto lo cuantitativo, observemos las características cualitativas de la ansiada unidad. La primera, el programa que, aún desconocido, ha sido elaborado por equipos y personas de mucho prestigio, con amplia cualificación y mucho anclaje universitario. Es la escucha. La segunda, que el feminismo de clase, pese a los enormes avances, no lo simboliza Irene Montero. La tercera, que las relaciones con las fuerzas independentistas, que han apoyado las medidas progresistas y de izquierdas del gobierno de coalición, salvo ERC la reforma laboral, quedan diluidas. La entrega de de Barcelona al PSC con los votos de Comunes y PP, es una demostración práctica.

La cuarta, corolario de las anteriores, es que Podemos deja de ser relevante como fuerza de empuje, tanto en la definición táctica como en la estratégica. El “motor Podemos” acuñado por Iván Redondo, como quería la operación sumar, queda en el garaje. Ni más “ruido” ni más relaciones preferentes con Bildu o ERC. El horizonte estratégico de futuro habrá de definirlo la líder del espacio unificado, Yolanda Díaz, de acuerdo con las fuerzas políticas que han resultado de su agrado.

En Granada, podré votar como cabeza de lista a Martina Velarde, secretaria general de Podemos Andalucía, mujer de convicciones andalucistas, una de las personas que más ha trabajado en esta legislatura por la ampliación de derechos que han beneficiado especialmente a las y los andaluces. El 23J veremos la fuerza electoral de la unidad. Ojalá se reedite el gobierno de coalición, ojalá sea imposible un gobierno PP-Vox. Votemos con determinación, demos la bienvenida a la ansiada unidad.

Publicado en Diario Red

miércoles, 14 de junio de 2023

Vámonos que nos vamos

Está es la Calle del Aire. Aquí hablaré de ventolinas, vendavales, torbellinos o huracanes, meteorología en el clima de la época. También sobre las calmas chichas. Imagina esta calle en algún lugar de Andalucía. Discúlpa el bacile, Andalucía tiene costa este y costa oeste, linda con Latinoamérica, con África, con Europa y con el oriente hasta la China, la India y el Japón. Pueblo político, con el idioma de sus acentos, nuestra pureza es la impureza, cultura y sangre mestiza. ¡Ea!

Las batallas de época son las del ecologismo, el feminismo, la justicia social y la territorial. No se pueden dar sin gente, por eso un medio de comunicación veraz es imprescindible, por eso el nacimiento de Canal R(e)d es una epifanía. El gobierno de coalición avanza cercado por la mentira que busca confundir al ruido con las nueces. No se entiende a quienes piden que el motor de empuje, la vela mayor, el timón firme, desaparezca. Menos Podemos no es más.

Año 2023, electoral. Elecciones municipales, un buen puñado de autonómicas y al postre las generales. La izquierda parte de un buen balance, achicharrado por el vapor hiriente que emite la olla mediática madrileña. Incluida RTVE, vergüenza de ente público, entregado a las derechas por Pedro Sánchez a cambio de un pacto fallido de renovación del Consejo General de Poder Judicial.

Las cifras del paro mejoran, el empleo estable aumenta, el IMV progresa adecuadamente, las pensiones crecen sin miseria. El SMI desde 2018 sube casi el 50%. Se avanza fuerte en derechos feministas, ejemplo en el mundo, protección de las familias diversas y derechos de los animales. Se topa el gas para limitar el precio de la luz. Se protege a familias vulnerables de la inflación, potenciada por la guerra de Ucrania.

El presidente cada vez que ha ido a Nueva York se ha reunido con fondos buitre inmobiliarios. Por eso ha costado la primera ley vivienda de la democracia. Empujada con determinación por Podemos, Ione Belarra, y acordada con ERC y EH Bildu, como tantas cosas. Una alianza estratégica que consigue que el PSOE salga de su zona de confort con el gran capital y los fondos buitre.Pedro Sánchez ha trabajado para liquidar el consentimiento de la ley del solo sí es sí. Quiere romper la caja de cambios feminista para debilitar a Irene Montero. Es dura esa caja de cambios. Con la derogación de la ley mordaza arrió velas. Por cosas así, y por su posición proOTAN como sargento de los marines de los EE.UU, está interesado, como la derecha, en que la fuerza que transforma no tenga fuerza. Sumarse a esa línea estratégica es obstaculizar la profundización democrática.¡Ea! Vámonos que nos vamos.

Publicado en DIARIO RED

lunes, 12 de junio de 2023

Votar por Irene Montero

 

La pregunta que intento responder es cómo votar el legado de Irene Montero. La declaración de Ione Belarra, en el entorno de las dos de la tarde del 9 de junio, comunicando la decisión del Consejo de Coordinación de Podemos, avalada por el 93% de las cincuenta y dos mil personas que votaron en veinte horas, para entregar la confianza se decidiese lo que se decidiese, responde al óptimo posible en este momento. Si Podemos no aceptaba la unidad de la izquierda iba a ser despedazado en campo abierto, culpándole de todos los males pasados, presentes y futuros.

Es imposible que aceptar la unidad con Sumar en condiciones inaceptables, con vetos directos e indirectos a líderes tan relevantes como Irene Montero, Pablo Echenique o Rafa Mayoral, fuese una decisión sin la aprobación explícita de estas personas. Las honra profusamente. Los vetos, negados tres veces como San Pedro negó a Jesucristo, existieron. A la cabeza de los vetos estaba la presidenciable Yolanda Díaz, pagando así a quienes la llevaron a estar donde está.

Excluir a la mejor ministra feminista, progresista y de izquierdas de todos los tiempos, de un puesto relevante en la listas electorales, es una carga de plomo en la mochila de Yolanda Díaz. La soberbia de quienes han fraguado Sumar impedirá enmendar semejante infamia, denunciada hasta por la Fundación Internacional de Derechos Humanos. Ojalá se rectifique a la vista de cómo la carroña ultraderechista, que emite radiación atómica desde Madrid, se ha lanzado sobre el cuerpo de Irene. Lean a José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, a ver si son capaces de atravesar el campo de hienas hasta el final.

Desde que Pablo Iglesias dimitió YD, con su grupo de fieles procedentes del PCE y de la antigua ICV, se fue alejando del podemismo y retornando a los parámetros de una izquierda más parecida a la que vino a sustituir la fuerza quincemayesca. La caminata hacia atrás ha sido apoyada por medios desde la ultraderecha hasta la progresía y la izquierda, por el propio Pedro Sánchez, a la búsqueda de una izquierda que se constriña a los límites que el imperio y las fuerzas económicas neoliberales y liberales de la Unión Europea marcan como insuperables.

Las próximas elecciones generales pintan mal para Pedro Sánchez y la izquierda. Atacar y participar con silencios cómplices de los ataques a Podemos, no solo reduce el espacio electoral de la fuerza violentada, reduce el campo simbólico y cultural del progresismo. La consecuencia son los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y municipales. Pedro Sánchez, Yolanda Díaz, Joan Baldoví e Íñigo Errejón, al predicar la unidad, con Podemos en trastero, se han aliado con la España monárquica, que desde Madrid coloniza los cerebros del resto de territorios para extraer capital ambiental, capital humano y capital monetario de todos ellos.

La pregunta que debemos hacernos es cómo votar el 23J para votar el legado de Irene Montero. Si no se vota, su sacrificio y su trabajo habrán sido inútiles. El día después será, si cabe, más importante. Nunca cuanto peor mejor. Es preciso intentar salvar todo lo que se pueda de los avances conseguidos en esta legislatura gracias a Podemos y su alianza estratégica con Bildu y ERC. Seré explícito, quiero que salga Ione Belarra, quinta por Madrid, Lilith Verstrynge, cuarta por Barcelona, y todas las personas de Podemos que encabezan listas o tienen posibilidades en otras provincias.

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La decisión de Yolanda Díaz

 

Hasta el viernes nueve de junio Sumar y Podemos tienen margen para acordar una candidatura de unidad. Esperemos que quede inteligencia pragmática en Yolanda Díaz y su equipo. La pasada semana la llamada a conseguir la unidad de la izquierda señaló la puerta de salida a Irene Montero. Querer recluir a Podemos en la sentina de escombros es un error que puede estrellar su proyecto contra la espuma del desencanto. Ni las bases orgánicas de Podemos, ni las bases electorales del cambio, ni mucho menos el feminismo de clase, se verán concernidos por una suma con Podemos escondido en la bodega de carga.

Destacados analistas han puesto de relieve que el proceso errático de Sumar, con el inadecuado manejo de los tiempos, ha contribuido a desconcertar al electorado del cambio. El acto de Magariños alimentó el desasosiego. Pedir la unidad y avanzar sin Podemos genera desconcierto. Hablar de escucha, decir que esto no va de partidos, pero visibilizar guiños con partidos para ocupar puestos en las listas es incoherente. Los resultados electorales del pasado 28M son la consecuencia.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, a la vista de que el gran perjudicado en las elecciones municipales y autonómicas ha sido el PSOE, ha adelantado su objetivo de volver al bipartidismo monárquico con una izquierda subalterna del régimen del 78. Sánchez ha dado la orden de merendarse a Sumar en las elecciones del 23 de julio. Para ello podemiza su discurso adelantando a Yolanda Díaz por la izquierda. Es lo que hizo para ganar a Susana Díaz. Un indicador de que el potencial votante de Sumar sin el factor diferencial de Podemos puede preferir al PSOE como voto útil.

La unidad es un mito en el campo de la izquierda, un fin en sí mismo. Se impone la matemática de la ley D´Hont. El debate de la unidad hurta pensar la línea del horizonte estratégico. La derecha tiene trazadas con nitidez las líneas defensivas de la España monárquica. Son el estado centralista contra Cataluña y Euskadi y el estado machista contra el feminismo de clase. Del lado de esa derecha se ha situado siempre el PSOE cuando de debilitar la fuerza de transformación de Podemos en su alianza estratégica con ERC y Bildu se trataba.

Reformar con el PP en 2011 el artículo 135 de la CE, alinearse con Rajoy para la aplicación del 155 en Cataluña, o pactar la liquidación del consentimiento en la ley del solo sí, junto con la indolencia para renovar el CGPJ o derogar la ley mordaza, definen la función del partido que aglutina la mayor parte de voto progresista. Ignorar eso deja a Pedro Sánchez todo el campo de maniobra para pedir el voto útil. Tanto en solitario como dentro del bloque de Sumar, Podemos representa el empuje de transformación que ni el PSOE ni la derecha española desean. Yolanda Díaz debe decidir antes del nueve de junio si Sumar es un PSOE bis o un proyecto que aspire, no a suplantarlo, sino a sustituirlo.

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sábado, 10 de junio de 2023

Valentía, inteligencia, democracia y generosidad

Ione Belarra, secretaria general de Podemos, junto a Echenique.

Si hacemos memoria desde que en 2014 irrumpió Podemos en el escenario político, de lo difícil que ha sido llegar al gobierno, de las veces que miles de personas han votado internamente para tomar decisiones relevantes, de los montones de veces que sus líderes han salido a apoyar a campo abierto a aliadas y aliados de otros partidos,  o de otras corrientes internas, que estaban siendo vilipendiados y perseguidos, sin ser correspondidos a la inversa, si repasamos el catálogo de disidencias que podrían haber tenido la paciencia para gestionarlas internamente; si recordamos los momentos en que quienes hubiesen dejado pasar al PSOE con Ciudadanos, o quienes se negaban a entrar en un gobierno con el PSOE, han sido utilizados por enemigos políticos de gran tamaño, no podemos más que alegrarnos de lo logrado por Podemos.

Si tuviese que adjetivar las virtudes de Podemos, serían la valentía, la inteligencia, la democracia y la generosidad. Hace falta mucha valentía y mucha inteligencia para avanzar cercados por el odio, acosados por el poder judicial, tiroteados por mercenarios periodísticos, y con toda la estructura del poder heredero del franquismo en contra. Hace falta mucha convicción de democrática para llevar a consulta a las personas inscritas tanto para la elección de modelos y cargos como para  la definición de estratégicas o toma de decisiones relevantes, yo no la había visto nunca. Hace falta mucha generosidad para que quienes vencían en los procesos internos no liquidaran a los perdedores. Basta recordar la salida para Madrid que se le dio a Errejón o la capacidad de liderazgo que mantuvo en Andalucía Teresa Rodríguez, a pesar de estar en contra de entrar al gobierno. Nunca se les señaló la puerta de salida, se fueron.

Esas virtudes políticas dignifican a Podemos al acordar con Sumar un pacto electoral para el 23 de julio. Un pacto en el que no es posible olvidar el veto a Irene Montero, la desaparición de las listas de Rafa Mayoral y Pablo Echenique, el boicot planteado por Compromís en la Comunitat Valenciana, o la relegación a puestos de segunda en Madrid o Barcelona de mujeres tan relevantes como Ione Belarra o Lilith Vestringe.

Valentía, inteligencia, democracia y generosidad para intentar reeditar un nuevo gobierno de coalición que impida que la ultraderecha gobierne retrocediendo en todo lo conseguido. Para no lanzar las naves del partido, con las más de cincuenta mil personas que votaron apoyando la decisión que tomase el consejo de coordinación, contra los acantilados. Valentía, inteligencia, democracia y generosidad para poner por delante los intereses de las mayorías sociales a los intereses personales, para seguir pensando un proyecto republicano, plurinacional y feminista, agarrado a la territorialidad, no subalterno de los límites que el PSOE marca a los avances democráticos. Valentía, inteligencia, democracia y generosidad para limitar el daño contra el movimiento político de izquierdas más determinante que tiene España.

Lo dicho, más vale un mal acuerdo que una buena guerra.

 Publicado en La Voz del Sur